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colagorda
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Ataque a Pearl Harbor


La Marina Imperial Japonesa lanzó su ataque a Pearl Harbor en la mañana del 7 de diciembre de 1941. El ataque sorpresa a Pearl Harbor, en la isla de Oahu en Hawai, fue dirigido a la Flota del Pacífico de la Marina de los Estados Unidos y las fuerzas aéreas que defendían la zona.

El ataque dañó o destruyó doce buques de guerra y 188 aeronaves, dejó a 2.403 militares y 68 ciudadanos estadounidenses muertos. El Almirante Isoroku Yamamoto planeó el ataque como el inicio de la Campaña del Pacífico de la Segunda Guerra Mundial, que fue dirigido por el vicealmirante Chuichi Nagumo, quien perdió a 64 militares. Sin embargo, los tres portaaviones estadounidenses de la Flota del Pacífico no estaban en el puerto y por lo tanto no fueron dañados. Estados Unidos pudo recuperarse entre unos seis meses a un año. La opinión pública estadounidense vio el ataque como un acto de traición y se unió fuertemente en contra del Imperio Japonés, que salió victoriosa en la acción, aunque finalmente resultó derrotado en 1945.

Para referirse al ataque se pueden utilizar también los nombres de Bombardeo de Pearl Harbor y Batalla de Pearl Harbor pero lo más común es Ataque a Pearl Harbor o simplemente Pearl Harbor.




Conflicto: Segunda Guerra Mundial, Guerra del Pacífico
Fecha: 7 de diciembre de 1941
Lugar: Pearl Harbor, Hawai
Resultado: Victoria táctica japonesa

Combatientes

Estados Unidos Japón

Comandantes

Husband Kimmel (USN)
Walter Short (USA) Chuichi Nagumo (IJN)


Fuerzas

8 acorazados, 6 cruceros, 29 destructores, 9 submarinos, ~390 aviones 6 cargueros, 2 acorazados, 3 cruceros, 9 destructores, 441 aviones, 5 mini submarinos

Bajas

2.403 muertos; 5 acorazados hundidos, 3 dañados; 3 cruceros hundidos; 3 destructores hundidos; 188 aviones destruidos, 155 aviones dañados 29 aviones destruidos, 55 aviadores muertos, 5 mini submarinos hundidos, 9 marinos muertos, 1 capturado.


Desde la Primera Guerra Sino-japonesa del año 1895, el ejército japonés dirigió sus miras a China como única salida a su política expansionista, presionando al gobierno nipón para su pronta ocupación. Este clima bélico y expansionista se alimentó aun más con la victoria sobre Rusia en la guerra que enfrentó a ambos países en el año 1905, creciendo en el sector militar la consideración de ser imbatibles. Los militares y la oficialidad de la Marina nipona acabaron constituyendo un partido político que presionaba para hacerse con el mayor poder posible y rebelarse contra los Estados Unidos por haberles forzado en 1921 a aceptar un tratado de limitación naval.

Japón había tomado Manchuria en 1931 y llevaba inmerso en la Segunda Guerra Sino-japonesa contra China desde 1937. En el año 1931, aprovechando el sabotaje chino sobre las vías del ferrocarril surmanchuriano, el ejército nipón invadió China para, en pocos meses, acabar ocupando por completo toda Manchuria. Tras Manchuria, el expansionismo nipón fijó su próximo objetivo en la Mongolia interior, la cual también fue invadida en poco tiempo y unida a Manchuria y Corea con el nombre de Mau-Mong.

En 1934, Japón anunció que su Marina de guerra no se sometería a las limitaciones del Tratado de Washington, tras lo cual, durante el año siguiente ocupó Pekín, Nankín y buena parte de la costa china, forzando al Gobierno de Chang Kai Shek a retirarse a Chungking. Durante 1941 las tensiones entre el Imperio Japonés y los Estados Unidos aumentaron a causa de estos incidentes militares.

Los Estados Unidos y el Reino Unido reaccionaron ante las acciones militares de Japón en China imponiendo un embargo de metal en bruto seguido por uno de petróleo, una congelación de bienes y el cierre del Canal de Panamá para naves japonesas. Las negociaciones diplomáticas alcanzaron su punto culminante con la Nota de Hull el 26 de noviembre de 1941, el cual fue descrito por el primer ministro Hideki Tojo como un ultimátum. El embargo petrolero era especialmente peligroso para Japón, pues carecía de recursos petroleros propios.

Los líderes japoneses decidieron que sólo les quedaban tres opciones: ceder ante las demandas de los Estados Unidos y el Reino Unido y retirarse de China, esperar que la escasez de petróleo debilitara a sus fuerzas, o aumentar las dimensiones del conflicto e intentar adquirir las fuentes de petróleo del Sudeste asiático. Finalmente se decidieron por esta última opción.

Los japoneses estaban tremendamente impresionados con la Batalla de Tarento del Almirante Andrew Browne Cunningham, donde unos cuantos biplanos Swordfish ingleses lanzaron una ofensiva desde un portaaviones mucho más cercano a los objetivos que la base principal británica en Alejandría, inhabilitando a la mitad de la flota italiana y forzando su retirada a Nápoles.

Yamamoto envió una delegación naval a Italia, que concluyó que una versión más grande y mejor soportada que la brillante maniobra de Cunningham podría forzar a la flota estadounidense a retirarse hasta California, dando tiempo para alcanzar la "Gran Esfera de Co-Prosperidad del Sudeste Asiático" — lo que implicaría tomar el control de las reservas petroleras de las Indias Orientales Holandesas, que permitiría incrementar la capacidad defensiva. Más importante aún, la delegación regresó a Japón con el secreto de los torpedos de poca profundidad que los ingenieros de Cunningham habían ideado.

El objetivo del ataque a Pearl Harbor era neutralizar el potencia naval estadounidense en el Océano Pacífico, así fuese temporalmente, como parte de un ataque coordinado y simultáneo con el teatro de operaciones. El mismo Almirante Yamamoto admitió que un ataque exitoso solo ganaría aproximadamente un año de libertad de acción para Japón. La planificación para un ataque en búsqueda de nuevos avances militares comenzó en enero de 1941 y las prácticas para la misión empezaron a mediados del año, cuando el proyecto fue finalmente aprobado luego de cierto debate interno en la Marina Imperial. El ataque dependía de los torpedos, pero las armas de la época requerían de aguas profundas cuando eran lanzados desde el aire.

En el verano de 1941, Japón creó y probó en secreto torpedos que podían ser lanzados desde las aguas poco profundas de Pearl Harbor. Los esfuerzos dieron como resultado el torpedo Tipo 95, que causó la mayoría de los daños a las naves estadounidenses. Los técnicos de armas japoneses también produjeron bombas especiales de penetración de blindaje, al incorporar aletas en proyectiles navales de 14 y 15 pulgadas. Lanzadas desde 10.000 pies (~ 3000 m), serían capaces de penetrar las cubiertas blindadas de los destructores y cruceros estadounidenses amarrados en Pearl Harbor.


La decantación de las posiciones


En julio de 1940, los japoneses aprovecharon la mala situación francesa para presionar al Gobierno de Vichy y acabar ocupando la colonia francesa de Indochina, lo cual entrañaba una sería amenaza para las colonias inglesas de Birmania y Malasia, y para las Filipinas, ocupada por los estadounidenses.

En 1940, la flota americana del Pacífico se concentró en las islas Hawai como medida de presión sobre Tokio. Roosevelt tomó la decisión el 25 de julio de congelar los bienes nipones en los Estados Unidos, y seis días más tarde, la prohibición de exportar herramientas y combustible a Japón. Ésta última medida enfureció particularmente al gobierno nipón; el petróleo era vital para continuar la guerra contra China. Japón no se podía permitir renunciar a sus principios territoriales sobre China, ya que eso haría decaer los ánimos del Ejército, posibilitando un golpe de estado contra el poder civil.

El hombre clave del ataque japonés hacia la flota aeronaval de Pearl Harbor fue el almirante Yamamoto, conocedor de las estrategias de la Armada británica y de la tecnología naval de las diferentes bases británicas desplegadas por el Pacífico. Al conocer los horarios de fondeación de los barcos estadounidenses en el puerto los fines de semana, Yamamoto eligió la madrugada del domingo día 7 de diciembre como la fecha adecuada para el ataque por sorpresa.

El 26 de noviembre de 1941, una flota que incluía seis portaaviones comandada por el Vicealmirante japonés Chuichi Nagumo dejó la Bahía de Hitokappu en las Islas Kuriles con destino a Hawai bajo las órdenes de estricto silencio de radio. Los portaaviones involucrados en el ataque fueron: Akagi, Hiryu, Kaga, Shokaku, Soryu, y Zuikaku. Escoltando a esta parte de la flota estaban dos destructores rápidos, dos cruceros pesados, un crucero liviano, nueve destructores y tres submarinos de flota. Los portaaviones tenían un total de 423 aviones, incluyendo cazas Mitsubishi A6M "Zero", bombarderos de torpedo Nakajima B5N "Kate" y bombarderos Aichi D3A "Val". La fuerza de acción japonesa y su grupo aéreo era más grande que cualquier fuerza aérea atacante anterior. Acompañando a la flota estaban ocho petroleros para repostaje en el camino. Además la Fuerza Avanzada de Expedición, que estaba conformada por veinte submarinos de flota y cinco minisubmarinos de dos hombres, fue enviada a aguas hawaianas a recoger inteligencia y hundir cualquier nave estadounidense que intentase huir de Pearl Harbor durante el ataque aéreo.

Estado de preparación de Estados Unidos



Las fuerzas estadounidenses de inteligencia civil y militar reunieron entre ambas información suficiente para anticipar la agresión japonesa semanas o tal vez meses antes del ataque. Hubo numerosas advertencias para las fuerzas armadas en Pearl Harbor el día del ataque. Estas fuentes de información han podido aumentar el nivel de alerta y hacer que el ataque hubiese sido un fracaso o por lo menos no tan dañino.

El Ejército y la Marina estadounidenses habían interceptado varios mensajes significativos pero la distribución de esta información fue incompleta, contradictoria o insuficiente. Se enviaron avisos a las fuerzas estadounidenses en el Océano Pacífico durante noviembre de 1940. A pesar de la creciente información insinuando una nueva fase de agresión japonesa, hubo poca información específica a Pearl Harbor.

Comandantes estadounidenses fueron advertidos de que el lanzamiento de torpedos en aguas poco profundas era posible, pero no apreciaron completamente el peligro planteado por los torpedos secretos japoneses. Pensando que Pearl Harbor tenía defensas naturales ante ataques de torpedo, la Marina estadounidense decidió que era innecesario proteger adicionalmente el puerto con redes y desconcertadores de torpedos. Debido a una escasez de aviones, no se patrullaba el puerto con mucha frecuencia y en el momento del ataque, el ejército estaba entrenando en lugar de estar en alerta. La mayoría de las armas defensoras estaban guardadas y sin munición, ya que ésta se almacenaba en otras armerías. Para no ofender a los propietarios de las armas, los oficiales no las dejaron dispersas en propiedad privada.



Rompiendo negociaciones



Parte de los planes japoneses para el ataque incluían el romper negociaciones con los Estados Unidos 30 minutos antes del ataque. Diplomáticos de la embajada japonesa en Washington, incluyendo al embajador japonés, Almirante Kichisaburo Nomura y al representante especial Saburo Kurusu, habían estado conduciendo extensas charlas con el Departamento de Estado acerca de las reacciones de los Estados Unidos al movimiento japonés sobre Indochina en el verano.

Justo después del ataque, un largo mensaje fue enviado a la Embajada desde la Oficina de Relaciones Exteriores en Tokio (codificado con la máquina criptográfica Purple), con instrucciones de enviarlo al Secretario de Estado Cordell Hull poco después de que el ataque planeado fuera a empezar (13:00 hora de Washington). Debido a las demoras en el descifrado y la transcripción, el personal de la Embajada no pudo cumplir con sus instrucciones. El largo mensaje de ruptura de las negociaciones fue enviado mucho después de que el ataque empezara.

Los registros japoneses admitidos como evidencia en una audiencia del congreso mostraron que los japoneses no habían siquiera escrito una declaración de guerra hasta después que oyeron noticias del ataque exitoso a Pearl Harbor. La declaración de guerra de dos líneas finalmente fue entregada al Embajador Grew unas diez horas después que finalizara el ataque. Se le permitió enviarla al gobierno de Estados Unidos donde fue recibida el lunes por la tarde.

Estados Unidos había descifrado ambas partes del mensaje final mucho antes que la Embajada Japonesa hubiera terminado. El decodificar la segunda parte fue lo que llevo al general George Marshall a enviar su famosa advertencia a Hawai esa mañana, la cual terminó siendo entregada por un joven mensajero japonés-estadounidense, al general Walter Short en Pearl Harbor varias horas después de la finalización del ataque. El retraso se debió a que el General Marshall había salido de maniobras cuando la Marina pidió usar el sistema de comunicación del Ejército y a las dificultades con las comunicaciones del Ejército, por lo que fue finalmente transmitido por cable comercial y de alguna manera perdió carácter de urgente.

Desde noviembre del año 1940, el espionaje norteamericano conocía la clave secreta nipona, además de estar capacitado para descifrar mensajes diplomáticos y militares entre Tokio y su consulado en Honolulu, acerca de la situación de Pearl Harbour, la isla de Oahu y la escuadra del Pacífico estadounidense.


En dos notas enviadas a finales de noviembre, Estados Unidos pidió a Japón el abandono inmediato de su actitud antiamericana, a lo que Tokio respondió con otro mensaje de réplica a las propuestas americanas. Roosevelt pudo adivinar la inminencia de la entrada de su país en la guerra, pero se limitó a esperar un pretexto mínimo, pero válido para convencer a la renuente población de su país de la conveniencia de entrar en el conflicto.


El ataque



Los primeros disparos estadounidenses de la II Guerra Mundial y las primeras bajas del ataque a Pearl Harbor ocurrieron cuando el Ward atacó y hundió un mini-submarino a las 06:37. Cinco mini-submarinos de la clase Ko-hyoteki planeaban atacar naves estadounidenses con torpedos después del comienzo del bombardeo aéreo. Ninguno de estos cinco submarinos regresó sano y salvo a su base, y solamente los restos de cuatro de ellos habían sido hallados hallados, el año 2002 se localizó el submarino que hundió el Ward. Del total de diez tripulantes de los cinco submarinos, nueve murieron y el único sobreviviente, Kazuo Sakamaki, fue capturado, siendo el primer prisionero de guerra de los estadounidenses en la II Guerra Mundial. Un reciente análisis fotográfico del Instituto Naval de los Estados Unidos indica como muy probable que un mini-submarino lograra entrar a puerto y disparar con éxito un torpedo al West Virginia. Se desconoce la disposición final de este submarino.


En la mañana del ataque, el estación de radar "Opana Point" del Ejército estadounidense detectó a la fuerza japonesa, pero la alerta fue confundida con la prevista llegada de aviones estadounidenses y fue descartada. Algunos navíos comerciales pudieron haber informado de tráfico "inusual" de radio. Numerosos aviones estadounidenses fueron derribados a medida que el ataque se aproximaba; al menos uno de ellos transmitió por radio una alerta algo incoherente. Otras alertas estaban aún siendo procesadas o en espera de confirmación cuando comenzó el ataque.

El ataque a Pearl Harbor empezó a las 7:53 del 7 de diciembre, hora de Hawai, es decir, a las 3:23 del 8 de diciembre, hora de Japón. Los aviones japoneses atacaron en dos oleadas; un total de 353 aviones llegaron a Oahu. Los vulnerables aviones torpederos encabezaron la primera oleada de 183 máquinas, aprovechando los primeros momentos de sorpresa para atacar lo que se esperaba fueran portaaviones y acorazados, mientras que los bombarderos atacaban en picado las bases aéreas estadounidenses en Oahu, comenzando por Hickam Field, la más grande, y Wheeler Air Field, la principal base de aviones de caza. Los 170 aviones de la segunda oleada atacaron Bellows Field y Ford Island, una base aeronaval y de infantería de marina en el centro de Pearl Harbor. La única oposición provino de aviones P-36 Hawk y P-40 Warhawk que realizaron 25 salidas y del fuego de la artillería naval antiaérea.


Los tripulantes de los barcos despertaron con el sonido de las bombas y los gritos de "Equipos de incendio y rescate tomen posición" y "Todos a cubierta, nos bombardean". A pesar de la falta de preparación, que incluía depósitos de municiones cerrados y aviones agrupados, hubo personal militar estadounidense que prestó servicios distinguidos durante la batalla. El contraalmirante Isaac C. Kidd y el capitán Franklin Van Valkenburgh, comandante del Arizona, se precipitaron al puente de ese navío para dirigir las operaciones de defensa, hasta que ambos resultaron muertos por la explosión de la santabárbara (depósito donde se almacena la pólvora en las embarcaciones) de proa causada por una bomba de perforación de blindaje, que estalló junto a una de las torretas de la batería principal de cañones de proa. A ambos se les galardonó a título póstumo con la Medalla de Honor. Durante el ataque, el alférez Joe Taussig puso a su navío, el Nevada, en línea de navegación desde un arranque en frío. Un destructor logró ponerse en marcha con sólo cuatro oficiales a bordo, todos ellos alféreces, ninguno de los cuales contaba con más de un año de servicio. Esta nave operó en el mar durante cuatro días hasta que su comandante pudo abordarla. El capitán Mervyn Bennion, comandante del West Virginia, dirigió con calma a sus hombres durante la batalla hasta que fue alcanzado por la metralla de una bomba que estalló en el Tennessee, que se hallaba fondeado junto al West Virginia. Probablemente el héroe más famoso sea Doris "Dorie" Miller, un cocinero afroamericano del West Virginia, quien yendo más allá de su deber tomó control de una ametralladora antiaérea que no estaba siendo utilizada, tarea para la cual no tenía entrenamiento, y la utilizó para abrir fuego contra los aviones atacantes, derribando al menos uno, mientras las bombas estallaban a su alrededor. Se le otorgó la Cruz de la Marina. En total, catorce marineros y oficiales recibieron la Medalla de Honor. Una condecoración especial, la Medalla Conmemorativa de Pearl Harbor, fue posteriormente otorgada a todos los veteranos militares del ataque.

Noventa minutos después de iniciarse, el ataque había concluido. Habían perdido la vida 2.403 estadounidenses, entre ellos 68 civiles, muchos de ellos alcanzados por proyectiles antiaéreos que cayeron sobre Honolulú, y otros 1.178 habían sido heridos. Dieciocho navíos habían sido hundidos, incluyendo cinco acorazados.

Casi la mitad de los muertes norteamericanos —1.102 hombres— fueron a causa de la explosión y el hundimiento del Arizona. Fue destruido cuando un proyectil de 40 cm fue soltado desde un bombardero a gran altitud, que atravesó ambas cubiertas blindadas y detonó el compartimento frontal donde se almacenaban las armas. El casco del Arizona se convirtió en un monumento para todos los que fallecieron ése día, la mayoría de los cuales todavía están dentro del barco.

El Nevada intentó salir hacia el mar, pero se le ordenó permanecer amarrado para evitar bloquear la entrada del puerto. El Nevada, que ya había sido dañado por un torpedo y por el fuego de proa, fue el objetivo de muchos bombarderos japoneses mientras se alejaba navegando. Soportó más impactos de las bombas de 250 libras (113 kg) que cuando estaba amarrado en puerto.



El California fue tocado por dos bombas y dos torpedos y la tripulación lo habría podido mantener a flote si no se les hubiera ordenado abandonarlo, ya que estaban aumentando la potencia de las bombas de achique. La corriente estaba arrastrando hacia el barco combustible ardiendo del Arizona y del West Virginia. El Utah, desarmado, fue agujereado dos veces por los torpedos. El West Virginia fue tocado por no menos de siete torpedos, el séptimo de los cuales destrozó el timón del barco. El Oklahoma fue golpeado por cuatro torpedos, de los que los dos últimos impactaron por encima del cinturón de su armadura lateral. El Maryland fue tocado por dos proyectiles de 40 cm, pero ninguno de ellos causó daños graves.

Aunque los japoneses se centraron en los acorazados principales, no ignoraron el resto de los objetivos. El crucero ligero Helena fue disparado con torpedos y la conmoción de la ráfaga volcó el dragaminas vecino Oglala. Dos destructores en dique seco fueron destruidos cuando las bombas penetraron sus tanques de combustible. El fuel derramado se incendió y provocar la inundación del dique seco lo único que hizo fue que el combustible subiera de nivel, lo que quemó por completo los barcos. El crucero ligero Raleigh fue golpeado y agujereado por un torpedo. El crucero ligero Honolulu fue dañado pero volvió al servicio. El destructor Cassin fue volcado y el Downes, también un destructor, fue gravemente dañado. El navío de reparaciones Vestal fue también gravemente dañado y encallado. El planeador Curtiss fue dañado.

La mayoría de los 188 aviones norteamericanos que fueron destruidos y de los 155 que fueron dañados, recibieron los impactos en tierra. Los ataques a los barracones mataron a más pilotos. El fuego amigo derribó varios aviones. Entre los japoneses 55 pilotos y nueve tripulantes de submarino sucumbieron durante el ataque. De los 441 aviones de Japón (350 de los cuales tomaron parte en el ataque) se perdieron 29 durante la batalla (nueve en la primera oleada y veinte en la segunda) y otros 74 fueron dañados por fuego antiaéreo desde tierra. Más de veinte de los aviones que aterrizaron a salvo en los portaaviones eran irreparables.

Nagumo decide retirarse después de dos ataques



Algunos oficiales de alto rango y pilotos de vuelo insistieron a Nagumo para lanzar un tercer ataque con el objetivo de destruir los depósitos de almacenamiento de petróleo, los almacenes de maquinaria y los diques secos de Pearl Harbor. Los Estados Unidos habían considerado la vulnerabilidad de los tanques de almacenamiento de combustible antes de la guerra y habían comenzado en secreto, la construcción de los tanques de fuel de Red Hill, a prueba de bombas, antes del ataque japonés. La destrucción de estas instalaciones habría aumentado considerablemente las dificultades de la Marina de los Estados Unidos, ya que las instalaciones inmediatamente más próximas, accesibles a la flota, se encontraban a varios miles de millas al este de Hawai en la costa oeste estadounidense. Algunos historiadores militares han sugerido que la destrucción de los tanques de petróleo y las instalaciones de reparación habrían perjudicado a la flota norteamericana del Pacífico más gravemente de lo que lo hizo la pérdida de varios buques de guerra. Nagumo decidió renunciar a un tercer ataque en favor de la retirada por varias razones:

* La eficacia de la defensa antiaérea mejoró mucho durante el segundo ataque, en comparación con el primer ataque, y dos tercios de las pérdidas japonesas habían tenido lugar durante la segunda oleada, debido en parte al hecho de que los norteamericanos estaban alerta. Un tercer ataque podría haber supuesto pérdidas aún mayores.
* Los dos primeros ataques habían utilizado esencialmente toda la aviación preparada disponible, por lo que un tercer ataque habría llevado algún tiempo de preparación, dando quizás a los estadounidenses tiempo para buscar y atacar a las fuerzas de Nagumo. La situación de los portaaviones estadounidenses seguía siendo desconocida para Nagumo.
* Los pilotos japoneses no habían practicado ataques contra las instalaciones de Pearl Harbor y la organización de ese tipo de ataque habría llevado aún más tiempo, aunque varios de los líderes de los ataques insistían en un tercer ataque de todos modos.



* La situación del combustible no permitía permanecer en la estación norte de Pearl Harbor por mucho más tiempo. Los japoneses actuaron al límite de sus habilidades logísticas para apoyar el ataque de Pearl Harbor. La permanencia en esas aguas por mucho más tiempo habría supuesto el riesgo de haber funcionado con un nivel de combustible inaceptablemente bajo.
* La coordinación de un tercer ataque hubiera sido tal que la aviación habría vuelto probablemente a los portaaviones después del anochecer. Las operaciones nocturnas desde los portaaviones estaban poco dominadas.
* El segundo ataque había prácticamente cumplido con la misión: neutralización de la flota estadounidense del Pacífico.
* Existía un cierto peligro al quedarse cerca de un mismo sitio durante mucho tiempo. Debido al miedo que existía de un supuesto ataque por parte de los americanos. Los japoneses habían tenido mucha suerte al haber escapado a la detección durante su viaje desde el Mar Interior hasta Hawai. Cuanto más tiempo se quedaran en los alrededores de Hawai, estarían en una situación de mayor peligro frente a los submarinos estadounidenses y los portaaviones norteamericanos ausentes.
* Se necesitaban los portaaviones para apoyar el principal ataque japonés hacia el "área de recursos del sur", las Filipinas, las Indias Orientales Holandesas, Malasia y Birmania, ataque que tenía como objetivo conseguir petróleo y otros recursos. El gobierno japonés había rehusado completamente permitir el ataque ya que supondría utilizar cobertura aérea del frente del sur, y Nagumo estaba bajo las órdenes estrictas de no arriesgar su mando más de lo necesario. Como durante la planificación del ataque, con los juegos de guerra habían previsto que se podrían perder entre dos y cuatro portaaviones, Nagumo debió sentirse agraciado al no sufrir ninguna perdida y no quiso tentar a la suerte.

Reacciones inmediatas


Pocas horas después de que inició el ataque a Pearl Harbor (sin embargo, al día siguiente, 8 de diciembre de 1941, al otro lado de la línea internacional de cambio de fecha), las tropas japonesas iniciaron un ataque matutino en los Nuevos Territorios de Hong Kong, seguidos de ataques en las Filipinas, Isla Wake, Malasia, Tailandia así como el hundimiento de las naves Prince of Wales y Repulse.




El presidente Roosevelt firma la Declaración de Guerra contra Japón el día después del ataque.

El 8 de diciembre, el Congreso de los Estados Unidos declaró la guerra a Japón, siendo el único voto en contra el de Jeanette Rankin. Los Estados Unidos estaban iracundos por el ataque y porque no habían recibido una notificación de ruptura de relaciones previa, considerando ambas acciones como traicioneras. Roosevelt firmó la declaración de guerra el mismo día, refiriéndose al anterior como "una fecha que vivirá en la infamia" al dirigirse a la sesión conjunta del congreso. Continuando la intensificación de la movilización militar, el gobierno de los EE.UU. comenzó a adoptar una economía de guerra.

El ataque a Pearl Harbor unió a una nación dividida como casi nada más pudo haberlo hecho. De la noche a la mañana, unió a los estadounidenses contra Japón y probablemente hizo posible la posición de rendición incondicional tomada por las Fuerzas Aliadas. Por ello, algunos historiadores creen que el ataque a Pearl Harbor condenó a Japón a la derrota puesto que despertó al gigante dormido, ya que, independientemente de que los depósitos de combustible o los talleres de máquinas hubieran sido destruidos, o de que los portaaviones hubieran sido sorprendidos en puerto y hundidos, la capacidad industrial de los Estados Unidos, una vez movilizada, fue capaz de proveer gran cantidad de recursos en los escenarios tanto del Pacífico como del Atlántico.

La percepción de la naturaleza traicionera del ataque a Pearl Harbor también despertó temores de sabotaje o espionaje acerca de los estadounidenses de ascendencia japonesa y fue un factor en el subsiguiente confinamiento de los japoneses en los Estados Unidos.

La Alemania nazi declaró la guerra a Estados Unidos el 11 de diciembre, cuatro días después del ataque japonés. Aunque Hitler no tenía la obligación de hacerlo bajo los acuerdos del Pacto Tripartito, quizás se decidió por un exceso de confianza. Esto indignó doblemente al pueblo estadounidense lo que permitió a los Estados Unidos entrar abiertamente al escenario europeo de la guerra apoyando al Reino Unido, acciones que retardaron por un tiempo una respuesta completa de Estados Unidos en el Pacífico.

Tanto el comandante de la Marina, el contralmirante Husband E. Kimmel, como el comandante del Ejército, el teniente general Walter Short — cuyo cuerpo del Ejército del Aire tenía la responsabilidad sobre las defensas aéreas de la base— fueron relevados de sus cargos poco después del ataque. Fueron acusados de abandono del deber por por no haber dispuesto preparativos de defensa suficiente. Algunos historiadores han sugerido que Kimmel y Short fueron utilizados como "chivos expiatorios", ya que la inteligencia no les había revelado información crucial, pero los militares rechazaron exonerar de forma consecuente a los oficiales.

En cuanto a sus objetivos principales, el ataque a Pearl Harbor fue un éxito táctico que superó las expectativas planeadas. Su ejecución tiene pocos ejemplos semejantes en la historia militar de cualquier época, al menos a corto y medio plazo. Ni siquiera el ataque sorpresa de los británicos en la base naval de Taranto fue tan devastador en términos de daño causado (aunque tuvo mayores implicaciones estratégicas al neutralizar la flota Italiana). Debido a las graves pérdidas en Pearl Harbor y la subsiguiente invasión a las Filipinas, el Ejército estadounidense fue incapaz de llevar a cabo acciones significativas en el Pacífico durante los siguientes seis meses. Con la flota estadounidense fuera de acción, Japón estuvo temporalmente libre de preocupaciones sobre la potencia naval de su rival. Se lanzó a conquistar el suroeste de Asia, el Pacífico suroccidental y extendió su alcance al Océano Índico.

Aunque Pearl Harbor fue el ataque más importante en territorio estadounidense durante la Segunda Guerra Mundial, no fue el único.


Efectos a largo plazo



Una opinión común es que los japoneses fueron víctimas del llamado mal de la victoria debido a la facilidad con que obtuvieron sus primeras victorias. A pesar de la percepción de esta batalla como un golpe devastador hacia los Estados Unidos, sólo cinco embarcaciones de la Marina se perdieron de forma definitiva. Estas cinco embarcaciones fueron los acorazados Arizona, Oklahoma, el viejo acorazado Utah (usado después como barco objetivo) y los destructores Cassin y Downes; además, mucho material útil pudo ser salvado de la destrucción, incluyendo dos torretas principales del Arizona. Las mayores pérdidas se debieron a la explosión del polvorín del Arizona y al vuelco del Oklahoma. Cuatro barcos que se hundieron durante la batalla fueron posteriormente izados y devueltos a la actividad, incluyendo los acorazados California, West Virginia y Nevada. California y West Virginia tenían un efectivo sistema de defensa contra torpedos que aguantó excepcionalmente bien, a pesar de la dureza de los ataques que tuvieron que soportar, permitiendo que la mayoría de sus respectivas tripulaciones pudiese salvarse. Muchos de los acorazados que se salvaron, fueron reparados y reforzados de nuevo, permitiéndoles hacer frente a las amenazas japonesas.



De los 22 navíos japoneses que tomaron parte en el ataque, sólo uno sobrevivió a la guerra. En 2005, el único barco de los Estados Unidos que aún sigue a flote y que estuvo en Pearl Habor durante el ataque es el guardacostas Taney.

A largo plazo, el ataque sobre Pearl Habor fue una estrategia no disimulada que resultó errónea para Japón. En efecto, el almirante Yamamoto, quien concibió el ataque de Pearl Harbor, había predicho que incluso un ataque exitoso sobre la flota norteamericana no permitiría ganar una guerra contra los Estados Unidos, ya que la capacidad de producción estadounidense era demasiado grande. Uno de los principales objetivos japoneses era destruir los tres portaaviones norteamericanos que se encontraban anclados en el Pacífico, pero estos realmente no estaban presentes —el Enterprise volvía de una travesía, el Lexington había partido unos días antes y el Saratoga se encontraba en San Diego siendo reparado en el Puget Sound Naval Shipyard. El hecho de poner la mayoría de los navíos de guerra de los Estados Unidos fuera de circulación era considerado —en los dos ejércitos y por la mayoría de observadores en todo el mundo— como un éxito tremendo para los japoneses.

El Ataque a Pearl y el acorazado como concepto bélico


La eliminación de los acorazados, casi todos anticuados respecto a los que tenía Japón dejó a los Estados Unidos sin otra elección que confiar en los pocos portaaviones (tenía 6) y sus submarinos, siendo éstos la mayor parte de lo que había quedado indemnes; también fueron éstos las armas con las que los Estados Unidos frenaron y revirtieron el avance japonés, solamente el accionar del USS Enterprise hundió a un mayor número de naves japonesas y derribó a un mayor número de aviones que cualquiera de sus pares japoneses. La pérdida de los acorazados resultó ser realmente menos importante de lo que Japón había pensado antes del ataque y también menos relevante que lo que tanto Japón como los Estados Unidos habían pensado justo después del ataque, de hecho, el ataque japonés a Pearl Harbor dio literalmente como resultado el hundimiento del concepto del acorazado como arma principal, en efecto, el Japón tenía en sus modernísimos e impresionantes acorazados, su fortaleza, despúes de los Yamato, no se construyeron nunca más acorazados en todo el mundo.

Una de las proyecciones de la estrategia japonesa fue pensar que la última y decisiva batalla del Pacífico sería entre navíos de ambos bandos, un enfrentamiento épico al estilo de la Batalla de Tsushima; de hecho siempre el entrenamiento y la construcción misma de la batalla, comandada por Yamato estuvo pensada para esa ocasión, es decir, asestar en una batalla decisiva un ataque contundente a la flota norteamericana. (Esta batalla se predecía en las cercanías de las islas Marshall). Como resultado Yamamoto construyó, entrenó y puso a punto a sus acorazados para una batalla decisiva que nunca tuvo lugar.


Importancia histórica


Sólo tuvo un pequeño impacto militar debido al fallido intento de la Marina japonesa por hundir portaaviones de Estados Unidos, pero aunque los portaaviones hubieran sido hundidos, no hubiera ayudado significativamente a Japón. El ataque arrastró firmemente a los Estados Unidos y a su economía industrial y de servicio a la Segunda Guerra Mundial, lo que llevó a la derrota del Eje en todo el mundo. El primer ministro del Reino Unido, Winston Churchill, al enterarse que el ataque a Pearl Harbor había por fin dirigido a Estados Unidos hacia la guerra, escribió "Estando saturado y saciado con emoción y sensación, fui a la cama y dormí el sueño de los seguros y agradecidos". (Winston Churchill, The Second World War, vol. 3, p. 539). La victoria aliada en esta guerra y el subsiguiente surgimiento de Estados Unidos como una potencia mundial dominante le ha dado forma a la política internacional desde entonces.

En términos de historia militar, el ataque a Pearl Harbor marcó el surgimiento del portaaviones como el centro del poder naval, reemplazando al acorazado como piedra angular de la flota. Sin embargo, no fue sino hasta después de las batallas del Mar del Coral y Midway, que este adelanto se hizo aparente para los poderes navales del mundo.

Punto de vista japonés sobre el ataque



Yamamoto estaba descontento con la sincronización de la ruptura de las negociaciones. Comúnmente se piensa que dijo: "Me temo que todo lo que hemos hecho no es sino despertar a un gigante durmiente y haberle forzado a tomar una resolución terrible", pero parece que esta frase fue escrita para la película de 1970 Tora! Tora! Tora!. Aunque quizá las palabras no fueron pronunciadas por Yamamoto, la frase parece recoger sus sentimientos acerca del ataque. Hay una grabación suya del año anterior en la que dice "Puedo moverme a mis anchas durante seis meses... después de eso no albergo esperanzas de tener éxito".

En 1942, Saburo Kurusu, antiguo embajador japonés en Estados Unidos, hizo unas declaraciones en la que trazó la "inevitabilidad histórica de la guerra en Asia oriental". Dijo que la guerra era una respuesta a la larga agresión de Washingon hacia Japón. De acuerdo con Kurusu, las provocaciones empezaron con el incidente de la San Francisco School y las políticas racistas de los Estados Unidos hacia los inmigrantes japoneses, y culminaron con el beligerante asunto del metal de desecho y el boicot petrolero de Estados Unidos y los países aliados. Sobre el ataque de Pearl Harbor en sí mismo dijo que fue originado en respuesta directa al ultimátum virtual (Nota de Hull)), del gobierno de los Estados Unidos y que el ataque sorpresa no fue a traición porque cabía haberlo esperado. De hecho, en Pearl Harbor, la flota había comenzado a realizar juegos de guerra y entrenamientos antes del ataque japonés. Sin embargo, los estadounidenses nunca habían imaginado que el ataque viniera sin ninguna declaración de guerra, además de que habían infravalorado las capacidades japonesas.

Sesenta años después esas opiniones siguen siendo válidas en Japón. Por ejemplo, el periódico Japan Times, el primer diario de Japón en lengua inglesa, ha publicado una serie de columnas a principios de los 2000 que se hacen eco de los comentarios de Kurusu en referencia a Pearl Habor [5]. Situando Pearl Harbor en su contexto, los escritores contrastan repetidamente los miles de soldados estadounidenses muertos en el ataque con los cientos de miles de civiles japoneses muertos más tarde como resultado de los ataques aéreos de Estados Unidos . Un columnista disculpa el ataque de esta manera:

"El ataque de Pearl Harbor no fue una táctica brillante, sino una parte de la estrategia basada en la creencia de que un espíritu firme como el hierro y hermoso como la flor del cerezo podía superar a la superioridad material de Estados Unidos. Esta estrategia resultó defectuosa y la derrota total de Japón la seguiría."

En 1991 se rumoreaba que Japón iba a presentar una disculpa oficial a Estados Unidos por el ataque. Por el contrario, la disculpa no vino en la forma que muchos esperaban. El Ministerio japonés de Asuntos Exteriores hizo unas declaraciones en las que decía que en 1941 Japón había intentado hacer una declaración de guerra formal a Estados Unidos a la 1 de la tarde, hora de Washington, 25 minutos antes de la hora en que había sido previsto que comenzaran los ataques a Pearl Habor. Parece ser que el gobierno japonés se estaba refiriendo al "mensaje de 14 partes" que no rompió ni siquiera formalmente las negociaciones, permitiendo declarar la guerra. Sin embargo, debido a los numerosos retrasos, el embajador japonés fue incapaz de hacer la declaración hasta mucho después de que los ataques hubieran comenzado. La disculpa del gobierno japonés de 1991 sólo hacia referencia a este retraso.





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George Armstrong Custer



George Armstrong Custer (New Rumley, Ohio, 5 de diciembre de 1839 - 25 de junio de 1876)


Introducción



General del Ejército de los Estados Unidos, muerto en la batalla de Little Bighorn (25 de Junio de 1.876), al mando de doce compañías del 7º Regimiento de Caballería. Llamado "Hi-Es-Tzie" ("Cabellos Largos") por los indios y requerido para incorporarse a las fuerzas que combatían contra las tribus indias de las praderas, se mostró favorable al desalojo sistemático de la población indígena y su confinamiento en reservas. Su enfrentamiento con Toro Sentado y Crazy Horse, líderes lakotas que mandaban una coalición de sioux, arikara, cheyennes, arapahoe y otras tribus, se llevó a cabo en condiciones tácticas desfavorables.
Tras dividir a sus tropas en tres grupos -en contra de la opinión de sus oficiales- y desoir el consejo de los exploradores crow que le acompañaban, prefirió enfrentarse a un contingente de guerreros superior en número, conocedores del terreno, que defendían sus últimos reductos. Lo que parecía una fácil victoria de los chaquetas azules acabó siendo el mayor desastre militar del ejército de los Estados Unidos tras la Guerra Civil.

Biográfia



Considerado entre sus admiradores como un líder carismático y audaz (del mismo modo que para otros la megalomanía y la prepotencia eran los rasgos característicos de su personalidad), George Armstrong Custer se graduó (el último de una promoción de cuarenta) en la academia militar de West Point en 1.861 e inmediatamente obtuvo destino como Segundo Teniente, al inicio de la Guerra Civil entre la Unión y la Confederación.



Durante la contienda, obtuvo resonantes victorias en situaciones estratégicas difíciles, basadas -según se cuenta- en arriesgadas maniobras de ataques relámpago y rápidos desplazamientos de la tropa. Así por ejemplo, en Gettysburg, Custer hizo frente a la Caballería confederada del reputado General Jeb Stuart's -imbatido hasta entonces-, cargando contra su vanguardia (con el apoyo de las unidades de artillería al mando de Pennington) y haciéndole retroceder. En Winchester, con poco más de quinientos soldados de Michigan (conocidos por los sobrenombres de "corbatas rojas" o los "Wolverines"), derrotó a toda una brigada de caballería, capturando setecientos veinte presioneros. Antes de que la guerra terminara, Custer había sido promovido al rango de Mayor General.




Con el final de la Guerra Civil Custer fue destinado al oeste de las Llanuras Centrales, donde se ganó una gran popularidad combatiendo contra los indios. Se le asignó el mando del 7º Regimiento de Caballería de los Estados Unidos, con el rango de Teniente Coronel y en 1.867 fue destinado al Fuerte Riley, en Kansas. Durante su primer año de destino, fue expedientado por los cargos de "ausencia no autorizada", "uso inadecuado de propiedades del gobierno", "abandono de heridos", y "ejecución de desertores sin juicio previo". Suspendido de empleo y sueldo durante un año, volvió al mando a tiempo de protagonizar una de las mayores masacres cometida por el ejército federal: la ocurrida en 1.868, en las proximidades del Río Wichita, (en el entonces Territorio Indio de Oklahoma), al conducir el ataque sobre el campamento de los Cheyenne del Sur del jefe Marmita Negra (Black Kattle), en el que perdieron la vida más de un centenar de indios, entre ellos, un gran número de mujeres y niños y el propio Marmita Negra. Custer contaba entonces con ventiocho años de edad.
Cuando la presión de los colonos sobre la región de las Black Hills y los territorios cercanos forzó a los indios del medio oeste a abandonar las reservas, Custer fue destinado, junto a su Regimiento al Fuerte Abraham Lincoln, en Territorio de Dakota.
En mayo de 1.876, Custer fue integrado en la campaña contra las tribus "hostiles" de la región -coordinada por el General Terry-, en la que el 7º Regimiento fue encargado de asumir la posición de vanguardia de la columna que partía de Fort Lincolm hacia el oeste y que debía encontrarse con la del Coronel Gibón y la del General Crook en algún punto de Montana, dentro de una maniobra envolvente, que devino en un fracaso estrepitoso para el ejército y que tuvo su máximo exponente en la batalla de Little Bighorn.


La última batalla de Custer


En el invierno de 1876, conminados a asentarse en reservas, miles de indios defendieron su territono. La consecuente batalla resultaría una de las más polémicas de la historia de Esfados Unidos.

En los primeros meses de 1876, la región de Black Hills en Dakota del Sur bullía de febril actividad. La difícil convivencia entre los indios de la zona y los blancos había llegado a su punto más delicado en el invierno anterior, y se percibía que el territorio sufriría cambios importantes y tal vez sangrientos. Las tropas de blancos se adiestraban. Los jefes indios conferenciaban. Todos esperaban un estallido. Los problemas habían iniciado dos años antes, cuando la Séptima Caballería, comandada por George Armstrong Custer, hizo un reconocimiento en el llamado Gran Espacio Tribal Sioux, en el oeste de Dakota del Sur. Su objetivo aparente era emplazar un nuevo puesto militar para proteger a las tierras indias de las incursiones ilegales de los colones blancos. Pero la verdadera misión de Custer era hallar oro, y el joven oficial no decepcionó a los periodistas que lo acompañaron ni a las hordas de estadunidenses que esperaban noticias en el este. Corrió la voz de que habia "oro entre las raíces del pasto".



Llegó luego una ola de gambusinos, y para 1876 cientos de blancos pisoteaban los terrenos sagrados de caza de los sioux, sin ninguna consideración al Tratado del Fuerte Laramie, que garantizaba a los indios las tierras de Dakota "mientras creciera el pasto y corriera el agua". Los líderes sioux trataron primero de razonar con los funcionarios gubernamentales, para recordarles sus obligaciones. Pero cuando fue obvio que no recibirían ninguna protección, miles de indios salieron de la reserva para vivir en las aún prístinas colinas de la vecina Montana. La Oficina de Asuntos Indios respondió con el ultimátum de que debían volver a la reserva: a partir del 31 de enero de 1876, todo indio que permaneciera en "territorio no cedido" sería considerado enemigo y afrontaría el encarcelamiento o la ejecución sumaria. Al considerar que no tenían otra opción que hacer la guerra si el ejército cumplía la amenaza, Caballo Loco, de los sioux oglala, y Toro Sentado, de los sioux hunkpapa, citaron a una reunión a los demás jefes sioux y a sus aliados cheyenes. Aunque las tribus no acostumbraban vivir o pelear juntas, ahora necesitaban unir fuerzas. Acordaron acampar en un ancho valle al lado del río Little Bighorn. Contando con unos 2 500 guerreros, los indios decidieron luchar encarnizadamente y morir si fuese necesario.



"Suficienfes indios para todos"


El ejército de EUA, por su parte, tenía órdenes de hacer cumplir el ultimátum. Bajo el mando del general Alfred H. Terry, el 22 de junio de 1876 se planeó una ofensiva en tres frentes que supuestamente tomaría por sorpresa a los indios. Custer, con 10 años de experiencia en combates contra los indios de la región, comandaría uno de los contingentes menores, la Séptima Caballería, integrada por 600 hombres. Terry quería que Custer estuviera en la vanguardia del ejército, frente al campamento indio. Una vez ahí, debería ocultarse hasta el día 26, cuando el resto de las tropas de Terry tomarían posiciones al otro lado del valle. Entonces las tres fuerzas atacarían simultáneamente. Esta estrategia parecía garantizar la victoria a Terry, pues los indios tradicionalmente empleaban la guerrilla como estrategia. Con base en la experiencia de anteriores escaramuzas, se suponía que, al enfrentarse a las fuerzas combinadas de Terry, los indios huirían en todas direcciones, convirtiéndose así en blancos fáciles para los fusileros del ejército. Pero Terry no tomó en cuenta el impredecible temperamento de Custer. Tal vez debió hacerlo, pues Custer tenía, entre sus colegas oficiales, la negativa reputación de ser insubordinado y vanidoso. De hecho, el oficial de 36 años había comparecido ante una corte marcial 10 años antes, para responder por los cargos de ausentarse del mando, desobedecer órdenes, exponer a sus tropas y no dar trato militar a los desertores. Aunque Custer era egresado de la academia militar de West Point y se había distinguido en la Guerra Civil como el general honorario más joven del Ejército de la Unión, nunca demostró tener ningún talento para la estrategia militar o el liderazgo. Sus soldados aprendieron con duras experiencias que Custer tampoco daba mucha importancia a la seguridad en el campo de batalla. Su estilo de combate era arremeter contra el enemigo, y más de una vez expuso innecesariamente las vidas de sus soldados para llevar a cabo una maniobra espectacular. El que mantuviera un puesto de mando durante tantos años se debía tanto a su brío como a su desenvoltura, pues nadie mejor que Custer para lucir una caballeresca apariencia, con su dorada melena hasta los hombros, su complexión fornida, sus brillantes ojos azules, la apostura militar al cabalgar y sus ostentosos uniformes. Tenía el don de codearse con altos funcionarios y sus poderosos aliados intercedieron para perdonarle los errores.

Tal vez debido a su actitud arrogante, uno de sus colegas oficiales dijo a Custer cuando éste salió el 22 de junio de su campamento base: "No seas codicioso. Hay suficientes indios para todos. Espéranos."


Mando dividido


Pero en la Historia consta que Custer no esperó. Desde que salió de la base condujo a sus tropas hacia su destino, a velocidad vertiginosa, marchando de día y de noche, hasta quedar exhaustas. En su primera noche de marcha sus hombres comentaron entre sí que, aun tomando en cuenta el carácter de Custer, en esa ocasión el temperamental comandante estaba extrañamente tenso y excitado. Confió a sus oficiales la razón por la que rechazó la oferta de Terry, de contar con un batallón adicional de caballería y una batería de armas: no le parecían necesarios, pues consideraba que tan sólo la Séptima Caballería era más fuerte que cualquier cosa que lanzaran los sioux. La mañana del 25 de junio, Custer y su agotada columna se encontraban ya a pocos kilómetros del campamento indio, según los informes proporcionados por su grupo de avanzada. A pesar de las instrucciones de Terry, Custer ordenó a sus tropas tomar posiciones. Su primer movimiento fue enviar a una compañía para que protegiera al lento tren de abastecimiento. Luego envió al capitán Frederick W. Benteen y a 125 soldados a una misión de reconocimiento que los alejó del campo de acción. Después ordenó al mayor Marcus Reno y a 140 hombres ir a la punta sur del campamento sioux. Finalmente, Custer ordenó a sus cinco compañías restantes, que sumaban un total de 215 hombres, que lo siguieran mientras se preparaba para lanzarse de frente contra el enemigo. Lo acompañaron sus hermanos Boston y Thomas Custer, su sobrino Henry Armstrong Reed y su cuñado James Calhoun. Nada puede explicar los actos de Custer, aun considerando su historial de oficial impetuoso y a veces temerario. No sólo desobedeció explícitamente las órdenes del general Terry, de esperar hasta el día siguiente para un asalto conjunto, lo que en sí era una grave infracción a las reglas militares, sino que también descartó los informes de sus espías, quienes, al observar desde las colinas el campamento sioux, notaron que había varias aldeas indias en una zona del valle de 5 km de largo. Incluso Cuchillo Sangriento, el espía favorito de Custer, lo previno de que había más guerreros sioux que balas en los cintos de sus soldados. ¿Qué fue lo que empujó a Custer a emprender su temeraria aventura? Los historiadores lo discuten desde entonces. Algunos han sugerido que pensaba que los espías sioux habían visto la llegada de su tropa, y ante la sospecha de encontrarse vigilado, trató de sacar el mayor provecho de una situación adversa, atacando antes de que los indios pudieran huir o defenderse. Otros, menos benévolos hacia Custer, han propuesto que simplemente demostró lo que sus soldados decían de él a sus espaldas: que era un patético oficial de caballería, con demasiado exhibicionismo y vanidad, y con poco sentido común.




Rumbo al Valle de la Muerte



Todo lo que se sabe con certeza es que poco después del mediodía del 25 de junio, cuando el sol caía a plomo sobre la tierra, Custer alzó su espada, dando la señal tradicional de avance, y condujo su caballo a la entrada del valle hacia el asalto. Sus 200 soldados, tal vez menos seguros que él de la victoria, lo siguieron para enfrentarse con aproximadamente 2.000 guerreros indios hostiles. Mientras tanto, cumpliendo las órdenes de Custer, Reno y su destacamento atacaron una de las aldeas. Fueron detenidos casi en el acto por una masa de guerreros al mando del jefe hunkpapa Agallas. Los hombres de Reno se replegaron en desorden: varios de ellos cayeron de sus caballos y se les dejó morir. Para crear confusión, los guerreros encendieron la hierba y se alzó fuego y humo por doquier. Reno se asustó. Ordenó a sus soldados restantes replegarse a unos riscos a casi 2 km de distancia. Ahí, Reno avistó la columna de Benteen y corrió para encontrarse con él. Benteen, convencido de que se le había enviado a una misión estúpida, inició la retirada y, al oír los disparos, supuso que encontraría a Custer. Pero en vez de eso se topó con Reno y se enteró de que Custer llevaba al resto de sus tropas a la entrada del valle. Benteen no supo qué hacer: el destacamento de Reno se encontraba en un estado lamentable y había perdido a la mitad de sus hombres, muchos caballos y casi todo su parque. Reno y Benteen decidieron que su posición era extremadamente peligrosa y que deberían evitar los enfrentamientos hasta que llegara el tren de abastecimiento. Al caer la noche, se ocultaron lo mejor que pudieron, mientras los pavorosos cantos de los guerreros resonaban a distancia.



¿Héroe y mártir?


Nunca se supo con precisión qué ocurrió esa tarde con los soldados de Custer, pero parece que el impetuoso oficial de caballería se dirigió directamente a las fuerzas de Caballo Loco, quien era uno de los mejores estrategas engendrado por las sioux, y que había pasado la mañana del 25 de junio con ansiedad. "!Ho-ka hey!", dijo a sus hombres.''!Es un buen día para luchar! !Es un buen día para morir!" Entonces ordenó a sus guerreros prepararse para la batalla. Conforme Custer se acercaba, con sus tropas rebasadas en número por las de los indios, el sioux oglala Caballo Loco salió a su encuentro en la punta noroeste del valle. Eran ya las 16:00. Al mismo tiempo, Agallas y otros sioux, que una hora antes habían repelido a Reno y a Benteen, dieron un rodeo y se toparon con la pequeña tropa de Custer en un ataque desde el flanco. Según el testimonio de Lobo Valiente, uno de los indios combatientes, los soldados de Custer pelearon valerosamente hasta el final. Pero a 20 minutos del primer disparo no quedó un solo hombre vivo del contingente de 215. "He estado en muchas batallas difíciles", recordó Lobo Valiente, "pero nunca vi hombres tan valerosos" Al día siguiente, Benteen y Reno fueron atacados de nuevo, pero esta vez de un modo más bien esporádico. Caballo Loco y los demás ya sabían del avance del general Terry y al mediodía levantaron el campamento, dejando la duda a lo que quedó de la Séptima Caballería sobre la suerte corrida por Custer y sus hombres. El 27 de junio, Reno y Benteen supieron la verdad. Llegaron las tropas de Terry y hallaron en una colina el sitio de la "última incursión" de Custer. Aunque muchos oficiales tenían sus propias teorías acerca de cómo Custer tuvo ese final, todo se lo guardaron para sí. Ante el público, Custer figuró como héroe y martír, y cuando se formó una corte investigadora para hallar a los culpables de las pérdidas, los partidarios de Custer quisieron hacer de Reno el chivo expiatorio. Luego de 26 días de audiencias, la corte exoneró a Reno pero no inculpó a Custer. Al final, sólo los sioux fueron declarados culpables del asesinato de Custer, y las represalias fueron más feroces que nunca. El año 1876 era, después de todo, el centenario de la declaración de Independencia de EUA y cundía en el país un sentimiento de orgullo nacional y de invencibilidad. Dos años después, la mayoría de los indios que derrotaron a Custer y a su Séptima Caballería fueron capturados o expulsados a Canadá. Caballo Loco, que sintió no tener más opción que conducir en 1877 a los oglala a una reserva, fue acusado de instigar una rebelión y se le ejecutó de inmediato: se alegó que eso había ocurrido cuando se opuso al arresto.




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Ataque a Truk. Los americanos devuelven la visita a Pearl Harbor




Mapa de la Laguna de Truk situada al NE de Guinea, en la Micronesia.


Inmediatamente se hubo producido el ataque a Pearl Harbor, las fuerzas estadounidenses no concederían ni un sólo respiro a los japoneses ya que, tras el apoyo de toda una nación (en un principio reticente a su entrada en guerra) a su presidente Roosevelt, se pondría en marcha un plan de ataque en donde, como objetivo principal, se contemplaba acabar con aquellos puntos vitales con los que demoler ese hostigador imperio nipón.

La operación de limpieza iniciada por las fuerzas norteamericanas sobre el Pacífico Central desataría una importante ofensiva que desencadenaría más de un violento choque de fuerzas.

El brazo armado japonés: la poderosa línea Maginot, era la auténtica clave del imperialismo nipón sobre el Pacífico y el mantenimiento de la misma descansaba en la labor de enclaves tan determinantes como era la isla de Truk. Esta base nipona, la más importante en el Pacífico con capacidad para albergar a todos los buques conocidos de la flota nipona, prometía convertirse en una de las hazañas más rentables de la campaña y así lo aseguraría el propio servicio de inteligencia en Washington al comprobar que dicho enclave geográfico se había convertido en una base estratégica vital para el mantenimiento del imperio y para la continuación del mismo.

Al igual que el Estrecho de Gibraltar ha suscitado a lo largo de la Historia una gran interés por su localización estratégica como punto de contacto entre el Océano Atlántico y el Mar Mediterráneo, las isla de Truk era el sistema de comunicaciones de un imperio creciente y punto de unión y gestión de Japón con todas las empresas desarrolladas por su imperio tanto en el Pacífico Norte, Sur, Este como del Oeste. Muchos siglos de atracción han compartido ambos enclaves debido a su magnífico entorno estratégico, militar, o simplemente comercial.

Una vez originado el estallido toda la prensa, incluso la española, se hizo eco de los acontecimientos:

"Washington 17 de Febrero, 11 noche. Ataque naval a Truk (Carolina).
El departamento de Marina anuncia que fuerzas navales norteamericanas han atacado Truk, gran base naval japonesa en el corazón del archipiélago de las carolinas. El ataque comenzó ayer. EFE"


El texto del comunicado hecho público por el departamento de Marina decía:

"En la mañana del día de ayer, potentes fuerzas navales de la Flota norteamericana del Pacífico comenzaron un ataque contra la base naval japonesa de Truk, con la intervención de varios centenares de nuestros aviones. No hay más detalles."

Truk era un difícil obstáculo y así lo había reconocido el servicio de inteligencia estadounidense en Washington; el hecho de que se atacase directamente y cada media hora este objetivo, era una consecuencia directa ante la tentativa aliada por introducir una cuña en la base estratégica más importante que el Japón poseía en los mares del Sur y, al mismo tiempo, una vía de acceso a otro gran objetivo en la carretera hacia Tokio: Manila. El consecuente parte japonés tras la sorprendente notificación del ataque a la isla de Truk también fue reflejado en la prensa española:

"Tokio 18 de Febrero, 1 tarde. El Cuartel General imperial comunica:
Fuerzas aéreas enemigas atacan la isla de Truk, en el archipiélago de las carolinas, desde la mañana del día de ayer, 17 de Febrero. Se carece de detalles acerca del desarrollo de la batalla. EFE"






El 4 de Febrero de 1944, dos aviones de clase PB4Y se embarcaron en un vuelo de reconocimiento sobre la base naval de Truk a partir del cual lograron comprobar la existencia en la laguna de Truk de un amplio número de barcos de guerra incluyendo barcos de tonelada 71.659 como el Mushashi y 2.800 de tripulación; junto a otros barcos mercantes y de transporte. También se pudo documentar un gran número de aviones nipones y varias pistas de aterrizaje. En el amanecer del día 17 de Febrero de 1944, en el Pacífico central y a 100 millas de la base nipona de Truk, las fuerzas estadounidenses darían comienzo a la denominada "operación Hailstone".

Al igual que los japoneses en Pearl Harbor, los estadounidenses emplearon el factor sorpresa para atacar con rapidez la base estratégica de Truk a partir de sus poderosas formaciones de aviones embarcados en portaaviones. Los navíos que conformaban la Task Force 58 emplearía la "táctica por turnos" que daría salida a un importante número de aviones F6F Hellcats que invadirían, en cuestión de una hora, el espacio aéreo de este Gibraltar del Pacífico.





Desde 5000 metros de altura los bombarderos de clase Dauntless y los torpederos de clase Avenger soltaban su munición sobre los barcos japoneses que operaban en ese momento en Truk e incendiando con sus bombas cualquier infraestructura que pudiese albergar cualquier atisbo de reconstrucción de la fuerza nipona sobre la isla. Esta vez no se cometería el error japonés cometido en Pearl Harbor y la base quedaría inservible.





Los antiaéreos japoneses desplegados tanto en tierra como en los barcos, resultaron en todo momento muy intensos y en ningún momento desaparecería en los pilotos estadounidenses el temor de ser abatidos y ser cogidos presos. Muchas habían sido las terroríficas historias que habían circulado entre las filas aliadas sobre el deplorable final que le deparaba al prisionero japonés en la base de Truk. La situación de la guerra había alcanzado una gravedad sin precedentes en el imperio nipón debido al hostigante asedio de su zona vital.

Una de las noticias publicadas en el diario ABC de Febrero de 1945 recoge la declaración estadounidense sobre la importancia de la operación :

"Desde hace tiempo se viene llamando a Truk el "Pearl Harbor" del Japón.
Se cree que el ataque aéreo contra Ponape, el lunes, solamente fue una operación para desviar la atención nipona de la poderosa Escuadra que se dirigía a Truk".


A pesar de la opinión de muchos estudiosos y veteranos de guerra norteamericanos debemos afirmar que en ningún momento dicho valor ha resultado exagerado ya que los japoneses llegaron a considerar este enfrentamiento como "una de las más difíciles y duras experiencias de la guerra en el Pacífico"; la cuestión radica en que la base instalada en las islas Carolinas, Truk, simbolizada el pilar de la estrategia naval nipona que tantos éxitos les había proporcionado en el Pacífico Central. Tras la primera oleada de ataques se continuó, en la nocturnidad, con un incesante fuego sobre las humeantes construcciones, barcos, aviones en ruinas... Las defensas japonesas se encontraban inservibles y, tras el ataque del día anterior, pocos eran los navíos dotados de antiaéreos que les pudiesen hacer frente.





Desde hace tiempo se viene llamando a Truk el "Pearl Harbor" del Japón.
El factor sorpresa ideado por los nipones efectivamente resultó ser de gran utilidad pero, en esta ocasión, perfeccionado tras el importante descubrimiento del radar. Es sabido que los pilotos del portaaviones estadounidense USS Enterprise habían sido entrenados en el uso del radar en sus planes sobre el objetivo; ventaja, en cambio, que si hubiese llegado a manos niponas y éste hubiese sido operacional, mantener un secreto como el ataque a Truk o a su homólogo Pearl Harbor hubiesen sido realmente difícil así como poder hacer efectiva la victoria en lugar de la derrota. El ritmo de las operaciones se fue acelerando y los ataques a distintos puntos de las islas Carolinas, aunque estuviesen neutralizadas, se sucederían hasta septiembre de 1944, cuando la fuerza de portaaviones rápidos norteamericana campaba por el Pacífico rumbo el siguiente objetivo: las islas Filipinas.

Así se cuenta el relato del desarme de uno de los mitos estratégico-navales más destacados durante la Segunda Guerra Mundial y cuyas posteriores victorias sobre no menos importantes fortalezas se tornarían hacia las fuerzas norteamericanas debido al buen ritmo alcanzado tras la irreducible isla de Truk.

Fuerzas:

USA
9 portaviones
45 buques de guerra variados
10 submarinos
589 aviones

Japón
3 cruceros
8 destructores
5 buques de guerra variados
50 mercantes
350 aviones


Bajas:

USA
1 portaviones dañado
25 aviones derribados

[u]Japón/[u]
3 cruceros hundidos
6 destructores hundidos
3 buques de guerra hundidos
32 mercantes hundidos
250 aviones destruidos



TRUK EN LA ACTUALIDAD


Hoy en día Truk presenta esta bella imagen:




Todavía se pueden ver restos de la antigua base nipona:






Es un buen destino para los amantes del buceo (es un lugar muy frecuentado). En sus aguas se pueden encontrar restos de la batalla:




Pero no todo son restos de una guerra pasada. Truk también guarda en sus aguas imagenes como estas:






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"Si los que hablan mal de mí supieran lo que pienso de ellos... hablarian aun peor"

"Que gran vasallo si hubiere buen señor..."


"Solo hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana. Y no estoy tan seguro de la primera"

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Un excelente post, Elrohir!

Saludos
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FELICIDADES!!!!
este post no viene mal a nadie....lo que ya se mirara con mas tiempo...
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Batalla de Waterloo



El emperador Napoleón tuvo que abandonar España precipitadamente a comienzos de 1809 a causa de la reanudación de la guerra por parte de Austria. El archiduque Carlos, hermano del emperador, que había reorganizado su ejército y se mostraba dispuesto a oponerse a la reciente extensión del dominio francés en Italia, lanzó en abril una ofensiva sobre Baviera.


Napoleón, a pesar de que tuvo que recurrir a un ejército en el que abundaban ya los extranjeros y los contingentes más jóvenes, dio de nuevo muestras de su superioridad militar. En el mes de abril marchó sobre el Danubio e hizo retroceder a los austriacos hacia sus propias fronteras.
El 13 de mayo entró en Viena y después de una larga y dificultosa persecución del archiduque Carlos hacia Bohemia, consiguió derrotarlo en Wagram el 5 de julio. El tratado de Schoenbrünn, firmado el 14 de octubre de 1809, volvía a imponer a Austria nuevos recortes territoriales que favo recían a Baviera, Varsovia y al propio zar, mientras que Francia se adjudicaba los territorios de Trieste y Dalmacia que recibían el nombre de Provincias Ilíricas. En abril de 1810, habiéndose divorciado de la estéril emperatriz Josefina , Napoleón se casó con la hija de Francisco I , la archiduquesa María Luisa, con lo que entroncaba así con la casa Habsburgo.


Al año siguiente nacería el hijo y heredero de Napoleón al que se le otorgó el título de rey de Roma. Durante estos años se afirmó más el despotismo imperial y se fueron perdiendo aquellas características revolucionarias que estaban en los orígenes mismos del ascenso al poder de Napoleón. Ese despotismo lo sufrió en primer lugar la Iglesia católica, y una muestra de ello fue la detención del papa Pío VII el 6 de julio de 1909 y su reclusión en el palacio episcopal de Savona. Los cardenales que se negaron a asi stir a su boda con la archiduquesa María Luisa fueron despojados de sus bienes y desterrados a provincias. En general, los católicos mostraron su desacuerdo con las medidas de Napoleón y se organizaron asociaciones religiosas secretas. El despotismo imperial se manifestó también en la represión policial contra todos aquellos que podían ser objeto de sospecha. Hubo muchos encarcelamientos sin intervención de la justicia en las prisiones del Estado de Vincennes, Mont Saint Michel, Joux y otras.



La censura no sólo afectó a los periódicos, que quedaron reducidos a cuatro y que fueron obligados a reproducir los artículos del diario oficial Moniteur, sino a los escritores como Mme. de Staël , cuyo libro De l'Allemagne fue confiscado y destruido en 1810. La policía se convirtió, como decía una circular de 1805, en "el poder regulador que, sensible en todas partes sin que sea percibida, detenta en el Estado el lugar que tiene en el Universo el poder que sostiene la armonía de los c uerpos celestes cuya regularidad nos llama la atención sin que podamos adivinar la causa... Cada una de las ramas de la administración posee una parte que la subordina a la policía". Esa policía no estaba en manos de una sola persona, ya que eso hubiese sido demasiado peligroso. Fouché había sido apartado y junto al ministerio de la Policía, regido por Savary, se organizó una policía particular para cada ministerio y para el mismo Napoleón.La gran política de expansión y el mantenimiento de un gran ejército repartido por toda Europa exigía, por otra parte, un considerable esfuerzo económico que comenzó a recaer fundamentalmente sobre los bolsillos de los contribuyentes franceses a medida que disminuían los fondos de la Caja del Extraordinario, alimentada por los beneficios de las guerras. Los prefectos de los diferentes departamentos eran apremiados para recaudar más impuestos en unos momentos en que se iniciaba precisamente una crisis e conómica.



La producción de riqueza en Francia había sido estimulada por la especulación, por el restablecimiento del orden y de la seguridad, por la intervención del Estado que había regulado las relaciones laborales, y por el propio bloqueo continental que había promovido la industria nacional. Sin embargo, las dificultades comenzaron a aparecer en 1811 a causa de la incapacidad del Imperio de abastecer a una Europa continental aislada del resto del mundo. Tanto en los puertos mediterráneos como en los hanseáticos y atlánticos, se registraba una paralización del comercio y las redes de comunicación interiores que tuvieron que abrirse no fueron suficientes para mantener las corrientes de intercambio existentes hasta entonces. Además, los países aliados y vasallos tenían la impresión de que los intereses franceses prevalecían sobre todos los demás, pues se impusieron unas tarifas aduaneras preferenciales para los productos industriales franceses. Las quejas contra el sistema continental se hacían más intensas en los países del oriente europeo. La dominación napoleónica no solamente imponía un régimen económico desventajoso para todos estos territorios, sino que ejercía una dictadura militar que anulaba las diversas nacionalidades existentes en ellos. Tarde o temprano, estos sentimientos iban a convertirse en revuelta contra aquella dominación. Sólo hacía falta una coyuntura favorable y esa coyuntura iba a facilitarla la campaña de Rusia. Desde la paz de Tilsit en 1807 se había venido aceptando la existencia de dos imperios en Europa: el de Napoleón en Occidente y el del zar Alejandro I . Dicho equilibrio aparecía sellado por la amistad entre los dos mandatarios, aunque ni la ambición sin limites del emperador francés ni la disposición del zar ruso, reacia a dejar de participar en la política europea, hacían extremadamente sólido su acuerdo. El segundo matrimonio de Napoleón con María Luisa de Austria dio lugar al estrechamiento de la amistad franco-austriaca y con ell a a la aparición de un nuevo reparto de influencias en Europa.
Los motivos de fricción con Rusia no escaseaban y entre ellos podían contarse el asunto del gran ducado alemán de Oldenbourg, que pertenecía al cuñado de Alejandro y que había sido ocupado por Francia; la cuestión de Prusia, donde Napoleón se negaba a abandonar la línea del Oder; y el propio bloqueo continental cuya estricta aplicación estaba arruinando a Rusia que mostraba una actitud flexible ante el creciente contrabando y se negaba a aceptar la imposición de las mercancías francesas. Pero la chispa que hizo saltar el conflicto se produjo en el gran ducado de Varsovia, al que Alejandro consideraba como una amenaza.




El 8 de abril de 1812, Alejandro conminó a Napoleón a que retirase todas sus tropas a la orilla izquierda del Elba, pero éste, lejos de hacerle caso, preparó un formidable ejército de alrededor de 700.000 hombres, de los cuales sólo un tercio eran franceses y cuyas vanguardias atravesaron el río Ni emen a finales del mes de junio. Daba inicio así la última y la más terrible de las grandes campañas de Napoleón. Durante los años de 1811 y 1812, la tensión creciente entre los dos aliados de Tilsit había favorecido el reforzamiento de sus respectivas alianzas. Napoleón había obligado a Prusia a asegurarle el paso por su territorio y además había obtenido de ella aprovisionamientos a cuenta de la indemnización de guerra que aún no había sido satisfecha, y un contingente de 20.000 hombres. Austria se había comprometido a ofrecer a Napoleón un ejército de 30.000 soldados a cambio de la restitución de las Provincias Ilíricas. Por su parte, el zar había obtenido el apoyo de Suecia mediante un acuerdo con Bernadotte por el que a cambio debía ayudar a éste a conquistar Noruega a los daneses. Sus diferencias con los turcos quedaron también resueltas por el tratado de Bucarest (mayo 1812), con lo quedaba con sus espaldas libres de preocupaciones. La campaña de Rusia, a pesar del impresionante ejército que reunió en aquella ocasión, fue desastrosa para Napoleón. El problema no estaba en el ejército rival, que se hallaba formado por unos contingentes que no llegaban a la mitad de las tropas francesas, sino en las enormes distancias que éstas se vieron obligadas a recorrer en unas condiciones verdaderamente precarias a causa de la táctica de "tierra quemada" que practicaron los rusos. No era fácil asegurar el abastecimiento de aquellas masas humanas que se pusieron en marcha para atravesar un territorio devastado voluntariamente por sus habitantes para dificultar el avance del enemigo.




El duro invierno de aquellas latitudes fue otro factor que jugó en contra del ejército napoleónico, y el historiador ruso Tarlé ha puesto de manifiesto también en el mismo sentido la importancia de la acción de la guerrilla surgida de entre los campesinos rusos. Sin duda, las condiciones en las que se vio obligado a desenvolverse aquel ejército eran muy distintas de aquellas otras de las tierras italianas en las que Napoleón había demostrado su pericia y su eficacia. Por otra parte, el ejército napoleónico no había evolucionado mucho desde la época revolucionaria. Como señala Georges Lefèbvre, "era una improvisación continua, cuyo poder reside en la exaltación del valor individual y en el genio de su jefe. En la organización de las diferentes armas, las innovaciones fueron de una importancia mediocre". Su principio de que "la guerra debe abastecer a la guerra", que había funcionado en campañas anteriores a causa de la brevedad de su duración y de la posibilidad de vivir sobre el terreno, no iba a servir en un país en el que todos los recursos habían sido destruidos. Napoleón organizó la campaña de Rusia dividiendo a su ejército en tres columnas: la primera debía marchar sobre Riga, en el norte; la segunda debía dirigirse hacia el sur para invadir Ucrania; la tercera, y la más importante, se encaminaría hacia Moscú bajo el mando directo del propio emperador. A pesar de su rápido avance, Napoleón no acertó a li brar una batalla decisiva con su enemigo que no cesaba de retroceder.


El 26 de junio llegó a Vilna, el 24 de julio a Vitebsk y a Smolenko el 16 de agosto. El comandante de las fuerzas rusas, Kutusov, decidió librar batalla ante Moscú y se estableció en Borodino con 120.000 hombres. Desde el día 5 al 7 de septiembre tuvo lugar un sangriento combate que dio un resultado indeciso. Napoleón no se atrevió a utilizar su Guardia Imperial para mantenerla en la reserva y eso permitió que los rusos pudiesen batirse en retirada ordenadamente. El 14 de septiembre los franceses entraron en Moscú que fue prácticamente destruida por un voraz incendio. ¿Fueron los soldados franceses o fueron los propios vencidos, los culpables de aquella catástrofe? Para algunos historiadores, el incendio fue causado por la falta de precaución de algunos soldados de Napoleón al encender fuego para calentarse en las casas de madera. Otros acusan al gobernador de Moscú, Rostopchin, quien, aunque siempre lo negó, se había llevado en su retirada las bombas contra incendios. Napoleón esperó vanamente durante unas semanas a que el zar le hiciese una oferta de paz, pero el 19 de octubre, temiendo que se le echara encima el invierno, ordenó la retirada. La vuelta fue terrible. El hambre, la fatiga, la falta de provisiones, el continuo hostigamiento de los cosacos y, sobre todo, el frío que hizo su aparición con unas temperaturas que alcanzaban los -20° , diezmaron a aquel ejército que daba una imagen bien distinta de la que había ofrecido al comienzo de la campaña. Después de innumerables penalidades, los supervivientes llegaban a Vilna el 9 de diciembre. De los 700.000 hombres que habían partido seis meses antes, sólo quedaban 100.000. De resto, unos habían muerto en los campos de batalla, pero la mayoría había perdido la vida en el camino y otros habían sido hecho prisioneros.Napoleón se había adelantado a su ejército para volver a París el 18 de diciembre, al enterarse de que el general republicano Malet había urdido una conspiración para hacerse con el poder el 23 de octubre, haciendo correr el rumor de la muerte del emperador. Aunque el golpe había fracasado y Malet había sido ejecutado, Napoleón quiso averiar personalmente cuál era la situación en la capital de Francia y hasta qué punto había peligrado el trono. Al volver a París, cedió el mando de las tropas al general Murat, pero la Grande Arrnée había dejado prácticamente de existir, con lo que faltaba el principal sostén del Gran Imperio.



Con el desastre de Rusia surgieron por todas partes nuevos intentos de librarse del yugo napoleónico. A la resistencia nacionalista se unían el fracaso del bloqueo y las agitaciones en el interior de Francia de aquella oposición contraria al Imperio que ahora recobraba nuevo aliento. En 1813, el todopoderoso Napoleón se hallaba ya en una franca fase de declive. Paradójicamente, donde con más fuerza surgió ese movimiento nacionalista fue en Prusia, la única potencia europea que no había pactado hasta entonces con Bonaparte. El l evantamiento de Prusia arrastró a toda Alemania, donde sus escritores habían llamado a los patriotas a la "guerra de liberación". Fichte , con sus Discursos a la nación alemana; Arndt, con su Catecismo a los soldados alemanes, y numerosos poetas, con sus panfletos y escritos, contribuyeron a despertar el sentimiento nacional. Presionado por esta opinión, Federico Guillermo firmó la paz con el zar Alejandro el 28 de febrero de 1813 (tratado de Kalich), y declaró disuelta la Confederación del Rin, conminando a los príncipes a abandonar a Napoléón. El barón de Stein, que se hizo cargo del gobierno prusiano después de la paz de Tilsit, había emprendido una importante labor de modernización administrativa, social y política que fue continuada por su sucesor Hardemberg. En el aspecto militar, también se había llevado a cabo en los últimos años una profunda reorganización, con el asesoramiento de uno de los más grandes teóricos de la guerra, Clausewitz , hasta convertir al ejército prusiano en una moderna máquina de guerra que nada tenía que envidiarle al ejército de Napoleón. De esta forma, en 1813 Prusia estaba perfectamente preparada para hacer frente a un Bonaparte en declive. Austria se mantenía expectante porque trataba de conseguir algunas ventajas de la situación de Francia, pero al darse cuenta de que Napoleón no accedería a sus deseos mediante la negociación, declaró rota la alianza con Francia el 14 de abril de 1813. Suecia, con el príncipe Bernadotte a la cabeza, entró también en escena, y Gran Bretaña y España no hicieron más que continuar la lucha que mantenían desde hacía varios años. Así es que todas las grandes potencias europeas acudían por primera vez unidas y simultáneamente a acabar de forma definitiva con el Imperio napoleónico.



A pesar de las dificultades por las que había atravesado en la campaña de Rusia, Napoleón había sacado fuerzas para organizar un nuevo ejército, una buena parte de c uyos integrantes habían sido reunidos de entre las tropas que ocupaban España. Según Godechot, en la primavera de 1813, el ejército francés tenía de nuevo en pie de guerra alrededor de 1.000.000 de soldados, lo que le daba una aplastante superioridad sobre rusos y prusianos, cuyas tropas no superaban conjuntamente mucho más de los 100.000 hombres. Pero la moral de los franceses ya no era la misma y el propio Napoleón mostraba ya claros síntomas de cansancio y de agotamiento y no tenía esa claridad de visión de estratega de la que había hecho gala en los primeros años del Imperio .La campaña comenzó a finales de abril, cuando las tropas francesas entraron en Sajonia. En Lutzen fueron atacadas por los prusianos, pero pudieron seguir adelante hasta llegar a Bautzen el 21 de mayo, donde batieron a los rusos. Sin embargo, los ejércitos ruso y prusiano pudieron retirarse a tiempo y comenzaron a maniobrar en la frontera austriaca con el objeto de arrastrar al canciller austriaco Metternich a su campo. Éste se limitó a mediar y, a sugerencia del mismo Napoleón, presentó un plan de armisticio a los contendientes que fue aceptado el 4 de junio (Pleiswitz). Estaba claro que unos y otros necesitaban ganar tiempo para reorganizarse y recuperar fuerzas. Napoleón rechazó las condiciones de los aliados que le pidieron la supresión del ducado de Varsovia y de la Confederación del Rin, la autonomía de las ciudades hanseáticas, la restitución de las Provincias Ilíricas y la independencia de Holanda. En agosto se reanudó la guerra y el 26-27 de ese mes obtuvo Napoleón la última de sus grandes victorias en Dresde. No obstante, tuvo que replegarse hasta Leipzig para evitar quedar encerrado y allí se libró la "batalla de las naciones" entre el 16 y el 18 de octubre. Fue un encuentro encarnizado en el que los franceses perdieron a 60.000 hombres. En la retirada, una epidemia de tifus hizo aún más dramático el repliegue hacia el otro lado del Rin. Alemania recuperaba sus fronteras de 1804 y Francia se veía amenazada por una invasión de los aliados. El último asalto de esta guerra contra Napoleón se iba a desarrollar en suelo francés. Lo único que hacía falta es que los aliados se pusieran de acuerdo en los objetivos. Alejandro de Rusia quería entrar en París para desquitarse del incendio de Moscú y dictar desde allí sus condiciones de paz. Prusia quería también una victoria total, pero desconfiaba de una hegemonía rusa. Gran Bretaña quería separar la acción de Napoleón con la de Francia, a la que no quería aniquilar para poder mantener el equilibrio en Europa.
Era partidaria de la independencia de Bélgica y por consiguiente no aceptaba el mantenimiento de las fronteras del Rin. Austria quería también el mantenimiento del equilibrio, pero no le importaba que Napoleón siguiese al frente de una Francia inofensiva y que se mantuviesen las fronteras del Rin. Por eso Metternich intentó hacer un ofrecimiento de paz a Napoleón sobre la base de un retroceso a las "fronteras natur ales" de Francia que no fue aceptada.Los aliados iniciaron la ofensiva el 21 de diciembre de 1813 cogiendo por sorpresa a Napoleón, que no esperaba el ataque hasta la primavera. El avance se efectuó por las cuencas de los afluentes del Sena en un movimiento convergente que tenía como meta la capital francesa: Bülow, con los anglo-prusianos, descendió por el valle del río Oise; el viejo general Blücher, con los prusianos, lo hizo por el valle del Marne; Schwarzenberg, al mando de las tropas austriacas y rusas, por el del río Marne. Pero Napoleón, en un esfuerzo de recuperación que sorprendió a sus enemigos, consiguió hacerles frente por separado y detener su avance. Los aliados, ante este imprevisto, quisieron negociar y a este propósito se convocó una reunión en Chatillon-sur-Seine el 7 de febrero de 1814, a la que Napoleón envió como su representante a Caulaincourt. Pero las conversaciones se interrumpieron ante las exigencias de los franceses que entrevieron la posibilidad de batir por separado a los austri acos y a los prusianos. El 9 de marzo, Gran Bretaña, a través de su ministro Castlereagh , exhortó a los aliados a reforzar la coalición mediante la firma del tratado de Chaumont, por el cual las cuatro principales potencias: Inglaterra, Rusia, Austria y Prusia, se comprometían a permanecer unidas durante veinte años y a impedir que Napoleón se mantuviera en el poder. No obstante, Napoleón no cedía, pero sus maniobras no consiguieron detener la marcha de los aliados que se presentaron ante París el día 30 de marzo, obligando a capitular a la capital de Francia que carecía de defensa. Todavía intentó Napoleón lanzar a lo que quedaba de su ejército para recuperar París, pero sus mariscales más ilustres, entre los que estaban Ney , Lefèbvre, Moncey Oudinot, se negaron a seguirle y le pidieron que abdicase. Bertier de Sauvigny cree que la Francia de 1814 había seguido a Napoleón más por miedo o por inercia que por entusiasmo o confianza. El p ueblo, cansado de una guerra constante, deseaba la paz, no importaba a qué precio.



El día 6 de abril, en Fontainebleau, el emperador firmaba su renuncia cuando en París el Senado había ya instituido ante los aliados un gobierno provisional presidido por Talleyrand hasta que llegase el rey Luis XVIII con el que había de restaurarse la Monarquía de los Borbones en Francia. Unos días más tarde, el 10 de abril, Wellington culminaba su avance desde la Península derrotando al general Soult en Toulouse, sin que ninguno de los contendientes supiese aún que Napoleón había ya capitulado.Los vencedores habían acordado enviar a Napoleón a la isla de Elba, frente a la costa meridional de Italia, donde recibiría una dotación anual por parte del gobierno francés. A María Luisa y a su hijo se les concedía el ducado de Parma así como unas rentas a la familia Bonaparte.El Tratado de París, firmado el 30 de mayo de 1814, obligaba a Francia a volver a sus fronteras de 1792, aunque se le respetaban algunos pequeños territorios como Mulhouse, Montbéliard, Chambéry, Annecy, Avignon y el condado Venasino, así como las colonias de Martinica, Guadalupe, Guayana, la isla de la Reunión y las factorías del Senegal y de la India.


De esta forma, y aunque Napoleón tuviera que volver todavía a materializar un nuevo intento de recuperar el poder en aquel episodio conocido como los "Cien Días", terminaba todo un ciclo en la historia de Europa que había situado a todo el continente bajo la égida de uno de los personajes más sobresalientes de todo el siglo XIX y del que se han escrito incontables obras y estudios de carácter muy diverso, hasta convertirlo en un auténtico mito. Pero no sólo en el terreno historiográfico, la figura de Napoleón ha suscitado una gran atención, también los grandes músicos -Beethoven , Schumann , Schönberg, Prokofiev -, el cine, la literatura, y hasta la sociedad de consumo, se han sentido atraídos por la personalidad y por la obra de aquel petit caporal corso que llegó a emperador.Con motivo del bicentenario de la Revolución francesa se planteó entre algunos historiadores la polémica de si el hecho revolucionario en sí y, consiguientemente la obra napoleónica, eran, o no, un fenómeno inevitable para dar paso a una Europa profundamente cambiada y en expansión como fue aquella que nació en los albores del siglo XIX. Y aunque hay que reconocer que las corrientes de cambio profundo que movieron el mundo hacia adelante en aquellos tiempos habían comenzado antes de 1789, con la Revolución americana, con la impetuosa revolución industrial y con las revoluciones científica y cultural y con las transformaciones económicas que se estaban operando en todas partes, resulta difícil pensar que sin los acontecimientos que se produjeron en Francia a partir de 1789 y sin la participación de l os genios individuales que le dieron impulso, la historia hubiera transcurrido por donde transcurrió. Quizá la clave de este cuarto de siglo con el que se abre la Historia Contemporánea sea -como ha afirmado David Thompson- en que fue demasiada la historia que se desarrolló en tan poco tiempo. El viejo orden hubiese desaparecido de cualquier forma, pero podría haber desaparecido más lenta y pacíficamente. Y de cualquier forma, "aquellos tiempos -como afirma el historiador inglés- fueron superabundantes de energías, extraordinariamente ricos en incidentes épicos y ejercieron un extraño atractivo y fascinación para las generaciones posteriores".



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SUPERCAVITACIÓN, FÍSICA APLICADA A LA GUERRA SUBMARINA




Cuando el submarino ruso K-141 Kursk se hundió en Agosto de 2000, se difundieron rumores sobre si las causas de las misteriosas explosiones que enviaron el navío al fondo del mar de Barents estaban relacionadas con las pruebas de un nuevo torpedo de alta velocidad.

Algunos meses más tarde, cuando el empresario americano Edmond Pope fue arrestado en Moscú bajo cargos de espionaje, se dijo que había estado intentando comprar los planos de un torpedo de alta velocidad.

Aunque los detalles de ambos casos no han sido desvelados, hay evidencias de que ambos incidentes giran entorno a una increible y poco conocida tecnología que permite desplazamientos de alta velocidad para las naves submarinas que la empleen, así como para las armas que estas naves transportan.

Estas velocidades son del orden de cientos de kilómetros por hora e incluso superando la velocidad del sonido en el agua, mientras que la mejor tecnología submarina actual permite desplazamientos hasta un máximo de 140 kilómetros por hora. Esta capacidad de obtener altas velocidades se basa en un fenómeno físico llamado supercavitación.



Prototipo de torpedo con tecnología de supercavitación


Es necesario repasar algo de física antes de comprender cómo es posible esta idea. El problema que detiene a los torpedos es la resistencia: todo objeto, sin importar su forma, sufre más o menos resistencia cuando se mueve dentro de un fluido (gaseoso como el aire o líquido como el agua de mar). Una de las fuentes de la resistencia es la fricción de la superficie, que es la fuerza que se requiere para superar la delgada capa de fluido que se mueve sobre la superficie del cuerpo en movimiento. Todo esto sucede en la superficie de un avión, por ejemplo, pero el agua tiene el inconveniente de que es muchas veces más densa que el aire, generando mucha más resistencia. Así, toda solución debe ser repensada para aplicarse en otro ambiente.





Peor todavía, la energía que se necesita para superar la resistencia es proporcional al cubo de la velocidad de un objeto. Así que cada mejoramiento de la propulsión, que en teoría agregaría más velocidad al torpedo, no hace más que hacerlo apenas más rápido.

A comienzos de los años 60s, Mikhail Merkulov, trabajando en el Instituto Hidrodinámico de Kiev, se dio cuenta de que la solución estaba en un fenómeno llamado "cavitación". Era en realidad una idea peligrosa. Para cualquier arquitecto naval, la cavitación es una amenaza, y no una aliada.

Cuando un cuerpo se mueve rápidamente dentro de un fluido, la presión en los distintos puntos del cuerpo (supongamos que es una hélice que está girando) se reduce. Cuanto más rápido se mueve el cuerpo, más baja es la presión. Pero cuando la presión se reduce tanto como para igualar la presión del vapor del fluido, el estado líquido no puede mantenerse. Sin tener la suficiente presión como para mantenerse juntas, las moléculas del líquido se vaporizan y forman "cavidades", o burbujas. Su efecto no es inocente: pueden destruir las hélices de un barco, y por eso los arquitectos navales tienen que hacer tantos cálculos en este punto.

En las bombas, turbinas y hélices, la cavitación lleva a dos problemas principales. Las burbujas distorsionan los patrones de flujo, reduciendo así la eficiencia. Por otra parte, eventualmente, las burbujas llegan a regiones de alta presión y colapsan, creando olas de choque microscópicas de gran violencia, lo suficiente como para excavar franjas en el metal expuesto.

Bajo ciertas condiciones, una sola burbuja o supercavidad se puede formar, envolviendo los objetos en movimiento casi por completo. Newton llegó a dibujar los principios básicos en su Principia Mathematica, de 1687. Un cuerpo con supercavitación tiene una resistencia extremadamente baja, porque la fricción sobre su superficie es casi inexistente. En lugar de estar rodeado de agua, se rodea del vapor de agua que se forma en la burbuja. Como el vapor tiene una densidad y viscosidad mucho menor que el agua líquida, el cuerpo puede avanzar mucho más rápido.

Pero no es tan simple: la supercavitación es difícil de obtener.



Cavitación natural en las puntas de las hélices


El cuerpo que quiera usar la supercavitación debe estar moviéndose a una gran velocidad: al menos a 180 km/h, según algunos expertos. Esa es una velocidad muy superior a la de los torpedos actuales. Por otra parte, la forma de la cabeza también tiene que ser diferente: los expertos militares hablan de que, en lugar de ser hidrodinámica, debería ser chata. Así, a grandes velocidades, el fluido es forzado a moverse desde el borde de la cabeza con tanta velocidad, en un ángulo especial, que no toca la superficie del cuerpo.

Por eso, en un cuerpo supercavitatorio, solamente la cabeza causa una resistencia significativa, ya que es la única parte que está en contacto real con el agua líquida. Sin embargo, estamos ante una paradoja: cuanto más chata sea la cabeza, más alta será la resistencia. Es por eso que hay que conseguir un punto medio, y las mejores cabezas serían las que están ligeramente curvadas.

El asunto es que la resistencia total se reduce enormemente una vez que se alcanza un régimen de supercavitación, y luego aumenta linealmente con la velocidad (y no geométricamente). Mucha de la teoría todavía no está en papel, ya que se trata de cálculos muy complicados y fórmulas que no pueden experimentarse en laboratorios. Sin embargo, muchos creen que es así.

Marshall Tulin, que luego fue director del Laboratorio de Ingeniería Oceánica en la Universidad de California en Santa Bárbara, propuso utilizar la supercavitación para reducir el arrastre en los hidrofoils, doblando así su velocidad. Pero luego la idea se desechó, ya que estos aparatos no se hicieron muy famosos. Todo el proyecto desapareció.

Pero cuando el trabajo de Tulin fue visto por Merkulov, él se dio cuenta de que la supercavitación podía crear un torpedo extremadamente rápido. A pesar de todo, como siempre sucede en estos casos, había un problema: si solamente la cabeza del torpedo tocaba el agua, las hélices convencionales no iban a funcionar, ya que no sirven de nada si rotan dentro del vapor. Era necesario inventar una nuevo forma de propulsión submarina.

La solución era simple pero radical: montar un motor cohete en la parte de atrás. Los cohetes funcionan incluso en el espacio exterior, ya que no necesitan aire ni ningún otro fluido para iniciar y mantener su combustión. Además, dan una potencia bastante grande con poco combustible.

Como siempre, la idea era simple, pero muy difícil de llevar a la práctica. Además de todos los problemas generales, había un par de problemas particulares. El primero: lograr la estabilidad del torpedo. El segundo, encontrar los materiales lo suficientemente fuertes como para impedir que la cabeza del torpedo se destruyera frente a las enormes presiones del agua.

Por otra parte, a la velocidad en que se movía, la burbuja no podía ser lo suficientemente grande como para envolver a todo el torpedo. Así que se decidió que debía ser diseñado de manera que generara una burbuja artificial, haciendo que parte del impulso del cohete saliera a través de la cabeza. Esto hace que, si el objeto no es lo suficientemente rápido, se cree una especie de "ventana" por donde pueda pasar.


El "Shkval" ruso

Según algunos expertos, los prototipos de este torpedo soviético aparecieron en los 80s, pero todavía necesitaban mucho trabajo. De acuerdo a estos mismos expertos, se necesitó cerca de una década para hacer que se pudiera producir un torpedo eficaz. En 1995 Rusia reveló la existencia de un misil submarino de enorme velocidad, del tipo no guiado, que no tenía equivalentes en Occidente. Se lo llamó BA-111 "Shkval", refiriéndose a una violenta tormenta de viento que suele traer nieve. El modelo había estado en servicio desde hacía unos años. La idea era que al dispararlo el buque blocado no tuviera tiempo de realizar maniobras evasivas, o que estas fueran de escasa utilidad.



Una de las pocas, sino la única, fotografía conocida del torpedo de supercavitación ruso


Se considera al Shkval como un arma de venganza, es decir, un arma que se lanza de manera paralela a un torpedo enemigo (pero obviamente en sentido contrario). En los proyectos anteriores (del cual se cree se deriva esta maravilla rusa), la idea permitía forzar al buque lanzador o al torpedo una maniobra evasiva, logrando entonces cortar los cables de los avanzados torpedos hiloguiados (que gracias a esto pueden evitar las contramedidas).

Aparentemente disparado desde un tubo de torpedo convencional de 533 mm, el Shkval tiene un alcance relativamente corto, de cerca de 7,5 kilómetros. Sin embargo, hay que tener en cuenta que a esta distancia, su velocidad lo hace mortal. El torpedo deja el tubo a 50 nudos (cerca de 100 km/h), para luego pasar a los 360 km/h (unos 100 metros por segundo, o 230 millas/hora o 200 nudos). Esta velocidad es tres o cuatro veces más rápida que los torpedos convencionales; los 7 kilómetros serían recorridos en poco más de un minuto.

Como lo indica los procesos explicados anteriormente, el torpedo ruso lograría su velocidad gracias a un cohete sólido, produciendo una corriente de burbujas de gran presión desde la nariz. En el caso de que llevara una cabeza nuclear táctica con espoleta de tiempo, ni siquiera necesitaría golpear el blanco. Para colmo, no parece existir hasta ahora una contramedida evidente, lo que pone al resto de las fuerzas navales en aparente desventaja. El Shkval no tiene un sistema de guía que pueda ser interferido o confundido: solamente un piloto automático. Sin embargo, los rusos han dado a publicidad una variante con sistema de guía, que cambia de velocidad para facilitarla.

Un prototipo del Shkval modernizado fue exhibido en Abu Dhabi en 1995, pero luego se descartó. Se diseñó un modelo mejorado, que tenía una cabeza no nuclear convencional y un sistema de guía, lo que mejoraba mucho su eficacia. Las primeras pruebas de este torpedo se llevaron a cabo en la primavera de 1998 por parte de la Flora Rusa del Pacífico.





Se creó entonces una oficina para vender y publicitar el Shkval-E; Rusia comenzó a vender su versión convencional, no nuclear, en la exhibición IDEX 1999 en Abu Dhabi. El sistema requiere que el sistema lanzador determine los parámetros del blanco (velocidad, distancia y vector), para luego alimentarlo al piloto automático del misil. Luego del lanzamiento, no se puede cambiar la trayectoria ya que el misil no tiene un sistema de guía.

Sin embargo, el problema vuelve hacia el torpedo superrápido, que es en cambio un arma ofensiva de gran potencia. Es también un arma mucho más complicada, y muchos se preguntan por sus límites, especialmente por su velocidad máxima. A pesar de que los científicos militares no dejan ver sus cálculos ni los datos logrados en la realidad, no hay en teoría una velocidad límite específica. Los soviéticos vieron al Shkval como el comienzo, y no como el final.

Todo esto no ha dejado de generar respuestas por parte de otros países, particularmente de Estados Unidos. El 5 de abril de 2000 Edmond Pope y un cómplice ruso fueron arrestados en Moscú bajo cargos de espionaje científico militar. Pope era un capitán retirado de la US Navy que había trabajado en inteligencia naval por mucho tiempo, lo cual no hacía más que escabrosa la situación. Según indicaron las autoridades rusas, Pope había estado buscando información sobre los planes del misil submarino; de hecho el arresto se dio durante una conversación con un científico ruso que había trabajado en el proyecto. Al poco tiempo se arrestó también a Daniel Kiely, encargado de un laboratorio de investigaciones de la universidad de Pennsylvania, laboratorio que había desarrollado torpedos para la US Navy por mucho tiempo. Su testimonio no hizo más que dificultar la posición de Pope.

No es nada extraño que EEUU esté interesado en obtener datos de esta tecnología, además todo indica que ellos mismos están experimentando con estos conceptos. Un arma de este tipo puede desnivelar un combate futuro, y de una manera drástica.


La alternativa estadounidense

Para la época en la que el Shkval apareció, los EEUU ya había comenzado su propio programa de aparatos supercavitatorios. Se concentraba en otro tipo de arma: balas submarinas.

Las balas convencionales, una vez que entran al agua, se ven detenidas por la resistencia y quedan a la deriva cuando han penetrado el agua hasta un metro aproximadamente. Los expertos del departamente creado para ese proyecto se dieron cuenta de que, teniendo un proyectil diseñado de otra manera, la supercavitación podía hacer que esa distancia se aumentara, y que la velocidad fuera al mismo tiempo muy grande.

Esta idea se probó en 1997, apenas unos años luego del éxito del torpedo de supercavitación ruso. Un proyectil sin propulsión propia, con una cabeza chata especialmente diseñada, y disparado desde un arma submarina, rompió la barrera del sonido en el agua: 5.400 km/h, o 1,5 km/s. Claro que, careciendo de una propulsión secundaria que la mantuviera acelerando, el proyectil rápidamente bajó su velocidad. Pero demostró que la idea funcionaba y la supercavitación era posible.

Las balas con supercavitación están siendo bien empleadas por la US. Navy. La idea es tirotear minas submarinas para destruirlas, pero utilizando un arma montada en un helicóptero. En la actualidad, como se mencionó antes, las balas tradicionales no pueden hacer ese trabajo ya que se desvían apenas pasado el metro de profundidad. El RAMICS (Rapid Airborne Mine Clearance System, Sistema Rápido de Limpieza de Minas Aerotransportado) utiliza un cañón Gatling de 20 mm, del tipo convencional. La principal ventaja de este sistema es que hay que rediseñar el proyectil, pero no el arma que lo dispara.





Con sus cabezas aplastadas, las balas salen del cañón, guiado por laser, cuando el helicóptero está a una altura segura de 350 metros sobre la superficie del agua. Luego de chocar con ella, logran viajar sin desviarse unos 12 metros, siendo capaces en ese trayecto de destrozar una mina submarina. Todo eso, teniendo en cuenta que luego de atravesar 12 metros de agua, tiene que tener suficiente energía cinética como para atravesar la mina o al menos dañarla lo suficiente como para que explote.

Tal parece que el sistema ya ha sido probado en tierra y en el agua, utilizando un helicóptero Cobra. Es una solución muy barata para deshacerse de un arma muy peligrosa, cuya remoción siempre es lenta y costosa.


El desarrollo iraní


Y no solamente ellos se preocuparon por desarrollar un arma similar. A finales de marzo de 2006 se conoció la noticia mundialmente de que Irán había probado con éxito lo que ellos denominan el misil submarino más veloz del mundo. En los videos difundidos por CNN y otras cadenas se puede ver cómo el misil en cuestión es arrojado al agua de punta, mientras el motor se enciende, y deja una veloz estela en la superficie del agua. Este primer lanzamiento fue en el Golfo Pérsico, en el marco de una maniobras militares. Las autoridades se enorgullecieron entonces de ser uno de los dos países del mundo en poseer esta tecnología, además de su velocidad, que rondaría los 100 metros por segundo. Según dijeron, esto era mejor que los 25 m/s de los modelos rusos, que sin embargo reportan una velocidad similar a la del modelo iraní.

Desde ese momento se discute sobre la posibilidad de que Rusia haya exportado parte de la tecnología a Irán. Es poco probable que este país haya logrado desarrollar un aparato tan sofisticado en tan poco tiempo; además, teniendo otros campos armamentísticos en los cuales aplicarse, ¿para qué gastar dinero en un arma tan exótica, que aunque pueda ser mortífera, nunca ha sido probada a gran escala ni en combate? Si Rusia no transfirió la información o experiencia necesaria, es posible que ésta haya salido de científicos ex-soviéticos que hayan vendido sus secretos a esta nación árabe.


El futuro

Hay gran cantidad de obstáculos en el camino del desarrollo de semejante aparato. Es posible que todavía se requiera un sistema de propulsión potente pero compacto. Una solución propuesta es la del cohete que tenga como combustible el aluminio. Usaría al agua como su oxidante, de manera que no necesitaría llevar una reserva de oxígeno. El único problema es que el aluminio que no reacciona y se quema, se recubre rápidamente de una capa de óxido de aluminio, que inhibe cualquier otra reacción química posterior. Para evitar esto, se piensa en un sistema que inyecte aluminio en polvo en un vórtice de agua, lo que mantendría a la mezcla en movimiento y en reacción constante.

Pero también está el problema de las maniobras. El Shkval se pensó sin controles ni timones: básicamente es una bala de cañón submarina. Se gastó mucho empeño en lograr que el proyectil quedara estabilizado durante el viaje: hubiera sido imposible pedirle más a los diseñadores. El torpedo de supercavitación aprovecha, al menos por ahora, su gran velocidad y sorpresa para hundir a su presa.

Pero en el futuro algunos se atreven a pensar en más. El nuevo problema es que, para controlar el curso, las aletas tienen que tocar el agua, aumentando así la resistencia que tanto se trató de eliminar. Sin embargo, es un pequeño precio a pagar por la posibilidad de maniobrar un objeto que viaja a tanta velocidad.



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LA BATALLA DE HASTINGS



La Batalla de Hastings fue un enfrentamiento decisivo entre las tropas de Harold II, último rey sajón de Inglaterra, y los invasores normandos del futuro Guillermo I de Inglaterra. Se decidió el 14 de octubre de 1066 en Hastings, cerca de Londres, y terminó con la aplastante victoria de Guillermo. Harold II murió en la batalla y con él el dominio sajón sobre Inglaterra, que a partir de entonces quedó unida políticamente al Ducado de Normandía, en el norte de Francia. Las disputas en torno al gobierno de este último territorio serían las causantes últimas de la Guerra de los cien años entre las coronas de Francia e Inglaterra.





Antecedentes

La invasión normanda se produjo en medio de serias disputas sobre quién debía ser el nuevo rey de Inglaterra. A la muerte de Eduardo el Confesor en 1066, el nuevo trono quedó vacante, ya que Eduardo no tenía hijos. Los nobles sajones se reunieron entonces en el Witenagemot (asamblea general) y eligieron como nuevo rey a Harold Godwinson, conde de Wessex y victorioso general en las guerras contra Gales y Escocia. A éste le unía además un ligero parentesco con Eduardo, pues era su cuñado.

Naturalmente, no todos veían esta sucesión con buenos ojos. Durante el reinado de Eduardo habían proliferado las rencillas entre los sajones y los normandos, los descendientes de los antiguos conquistadores vikingos de Inglaterra. El propio Eduardo se había mantenido en el trono gracias al apoyo danés, y también se encontraba emparentado con el duque Guillermo de Normandía (descendiente también de vikingos y primo de Eduardo) y Harald III, rey de Noruega y Dinamarca. Guillermo de Normandía era bastardo y por tanto no podía acceder al trono, pero Eduardo tenía tan buena relación con él que llegó a prometérselo antes de morir. Además de este pretexto, Guillermo contaba con la ventaja que le brindaba el apoyo de la Iglesia de Roma (que buscaba aumentar su influencia en un reino sin religión oficial como Inglaterra), los nobles anglonormandos y algunos sajones importantes, entre ellos Tostig Godwinson, conde de Northumbria y hermano de Harold.



Flota de invasión según el Tapiz de Bayeux (1073-1083) que representa la invasión de 1066. Barco de guerra de Guillermo el Conquistador


Harald III fue el primero en mover ficha, invadiendo Inglaterra desde el norte con una flota de 300 barcos y 5000 hombres, más los apoyos brindados por Tostig. Sin embargo, cuando su ejército marchaba hacia el sur para tomar Londres, los hombres de Harold II le salieron al paso y entablaron batalla sobre el puente de Stamford, cerca de York, el 25 de septiembre. La batalla de Stamford Bridge fue una aplastante victoria para los sajones, en la que murieron 4500 invasores noruegos (incluido Harald) y se destruyó el 90% de su flota; se la considera por ello el ocaso de las invasiones vikingas. Los escasos 500 supervivientes embarcaron en los 30 barcos restantes y volvieron a Noruega después de que el hijo de Harald, Olaf -que sobrevivió a Stanford Bridge, donde luchó junto a su padre-, firmara una declaración en la que se comprometía a no invadir Inglaterra jamás.

El peligro vikingo había quedado conjurado y ya sólo restaba esperar movimientos de Guillermo. Éste ya estaba planeando una invasión mientras Harald y Harold aún combatían en la isla, reuniendo un ejército de 7000 hombres que embarcaron en 600 naves. El número de caballos que marcharon en el ejército de Guillermo se desconoce, pero se sabe que fue enorme para la logística de la época. Hasta entonces nadie había embarcado tantos equinos con vistas a una invasión, pero a pesar de las críticas, Guillermo se salió con la suya y a la postre, el papel de la caballería en el enfrentamiento con los sajones resultó decisivo para la victoria normanda. El 28 de septiembre desembarcó en Pevensey (Sussex) y tomó posesión de Inglaterra mientras agarraba un puñado de arena. Posteriormente, sus tropas se dirigieron al norte hasta Hastings, en el camino de Londres, donde decidió acampar. Se construyó entonces un fuerte de madera de gran tamaño como base para las tropas.


Ejércitos





Desde Northumbria, Harold descendió con sus tropas rápidamente hasta el camino que unía Hastings con Londres, con el fin de bloquear la previsible marcha normanda sobre la capital del reino. Alrededor de la mitad de sus fuerzas (compuestas únicamente por infantería) las componían los huscarles (Housecarls), las tropas de élite sajonas fuertemente armadas que dependían directamente del rey, siendo el resto miembros de la milicia local de Hastings, los Fyrdmen. El equipo de los segundos, con escasas excepciones, era notablemente inferior al de los huscarles. Ciertos autores sostienen que si Harold hubiese llamado a la batalla a la milicia londinense, The Furth, habría ganado el combate sin problemas, pero el caso es que el sajón no lo hizo. Es probable que la falta de tiempo y las prisas por bloquear el paso a Guillermo le impulsaran a marchar a la batalla sin la demora que supondría esperar a que los londinenses acudieran a su llamada y se armasen. Por otra parte, acababa de aplastar sin problemas una sublevación en toda el área de Yorkshire apoyada además por una invasión noruega, todo ello con sólo los hombres que en ese momento estaban bajo su mando. Es probable que no creyera necesario llamar a más soldados, pues si su ejército había podido con Tostig y Harald juntos, era de esperar que también podría con Guillermo.

Sin embargo, había una importante diferencia entre los ejércitos normandos y los de los vikingos o los sajones. Mientras éstos disponían de un ejército a la antigua, formado por infantería poco diferenciada o especializada en un método de lucha, el de Guillermo era un exponente de los nuevos ejércitos imperantes en Europa Occidental. Contaba con cuerpos diferenciados de arqueros y ballesteros, hombres de armas a pie y caballería pesada. Además de sus vasallos normandos, Guillermo contaba también con los hombres y caballos aportados por sus aliados bretones, franceses y flamencos.


La Batalla


Preparativos





Las fuerzas se desplegaron al amanecer del día 14 de octubre de 1066 a unos 10 kilómetros y medio de Hastings. Con el fin de rechazar mejor los ataques normandos, las fuerzas de Harold ocuparon la cima de la colina de Senlac. A su derecha había un terreno pantanoso, mientras que el flanco izquierdo estaba protegido por el arroyo de Asten. Los normandos quedaban por tanto obligados a atacar de frente y cuesta arriba, lo que otorgaba una gran ventaja de partida a las fuerzas sajonas. Harold dispuso en la retaguardia a los Fyrdmen, mientras que delante de ellos se apostaron los veteranos y bien pertrechados huscarles, prestos a defender sus posiciones de cualquier ataque normando.

Por su parte, Guillermo dispuso a los arqueros (armados tanto con arcos normales como largos -longbows-, que serían la estrella de los ejércitos ingleses posteriores) y ballesteros en primera fila, seguidos de la infantería. Por último, situó la caballería que él mismo comandaba en la retaguardia. Los infantes y jinetes bretones se dispusieron en el flanco izquierdo, mientras que los franco-flamencos se dispusieron en el flanco derecho, todos ellos protegidos a su vez por las líneas de arqueros.


Primera Fase


A las nueve y media de la mañana los arqueros normandos comenzaron la batalla lanzando una nube de flechas contra las filas sajonas, mientras trataban de ganar terreno y debilitar las primeras filas del enemigo para destruir así su ventaja inicial. No consiguieron el objetivo esperado, pues los hucarles pudieron repeler esta agresión sin apenas sufrir pérdidas formando su tradicional muralla de escudos e iniciando luego un contraataque. Avanzaron ligeramente sobre el campo de batalla, sin abandonar del todo sus posiciones, y vertieron sobre los arqueros normandos una lluvia de jabalinas, a las que siguieron flechas y franciscas (hachas arrojadizas). Los arqueros se protegieron entonces tras las filas de la infantería normanda, que avanzó y entró en combate cuerpo a cuerpo con los huscarles. El arrojo y la veteranía de los hombres de Harold causó entonces numerosas bajas entre los invasores que obligaron a éstos a retroceder una hora después del inicio del combate.


Segunda Fase





El fracaso de la infantería puso nervioso a Guillermo, que decidió recurrir al plato fuerte de su ejército, la caballería pesada mandada por él mismo y su medio hermano Odo de Bayeux. Los huscarles de Harold se protegieron de nuevo tras sus grandes escudos ovoides, mientras atizaban con sus hachas de guerra a los caballeros normandos y sus aliados. Esta peculiar forma de guerrear terminó con otro nuevo fracaso para los normandos, poco acostumbrados a ella, aunque los sajones sufrieron esta vez bastantes bajas. Los bretones, que habían avanzado con mayor rapidez que los normandos y los flamencos y entrado en contacto antes con la muralla de escudos, se vieron especialmente afectados por la defensa sajona. Ante esta situación, los bretones comenzaron a huir del campo de batalla en dirección suroeste, dejando desprotegido el ala izquierda de la línea de avance normanda. Fue entonces cuando una división de huscarles sajones y numerosos milicianos cometieron el error de perseguirles, rompiendo las hasta entonces férreas líneas sajonas. Mientras tanto, la caballería normanda se encontraba en serios apuros y el propio Guillermo fue derribado de su caballo. El pánico se apoderó de las filas normandas durante unos minutos, pero sus hombres consiguieron recogerle de nuevo y evacuarlo de la primera línea de batalla, seguido del resto de la caballería. La infantería (bastante debilitada) volvía ahora a llevar la iniciativa, unida estrechamente a las filas de arqueros.

Llegado este momento se produjo el punto de inflexión de la batalla. Si Harold hubiese mantenido sus tropas bajo control y ordenado atacar en ese momento a los normandos, es seguro que hubiese ganado el combate de forma aplastante.


Tercera Fase





Guillermo montó de nuevo en su caballo por sí mismo y se quitó el casco para demostrar a sus hombres que se encontraba perfectamente. En ese momento ordenó a la caballería atacar de nuevo, esta vez al grupo de Fyrdmen que se había adelantado imprudentemente en el frente, y lo destruyó. Acto seguido, Guillermo decidió sacar provecho del punto débil de los sajones (su mala organización) y, a lo largo de la mañana, mandó realizar una carga tras otra que sólo combatía con el enemigo durante unos instantes, para luego finjir una retirada. Los sajones rompían entonces filas para perseguir a los normandos, a lo que éstos respondían atacándolos de nuevo por sorpresa y diezmándolos. En los intervalos entre una carga y otra de la caballería, la infantería se encargaba de plantarle cara a los huscarles e inmovilizarlos en sus posiciones.


Cuarta Fase





A media tarde los normandos decidieron cambiar la rutina de combate y un cuerpo de caballería logró deslizarse entre el arroyo de Asten y las filas sajonas. Sorprendió entonces a otro grupo de Fyrdmen por detrás y lo aniquiló fácilmente, retornando luego a sus posiciones anteriores tras la infantería y los arqueros.

Mientras esto sucedía, la infantería avanzó nuevamente para atacar una vez más a los huscarles y milicianos supervivientes. Tras una carga que provocó bastantes bajas en ambos lados, los arqueros normandos lanzaron una nueva lluvia de flechas sobre los sajones, que se vieron obligados a pelear con los escudos levantados. La infantería normanda volvió a atacar protegida con la lluvia de flechas. Este ataque combinado causó bajas catastróficas entre los sajones: los que no caían por los espadazos del enemigo, lo hacían bajo el impacto de sus flechas.

En una última carga, la caballería normanda avanzó rápidamente de nuevo y cercó a los huscarles sajones, que fueron masacrados. Entre ellos cayó el rey Harold II, herido mortalmente entre los ojos por una flecha enemiga. Los pocos soldados sajones que quedaban en pie abandonaron apresuradamente el campo de batalla y se dispersaron, ocultándose en el bosque cercano. Durante el resto del día y en los sucesivos hubo escaramuzas entre los sajones supervivientes y las tropas normandas que fueron enviadas a asegurar los bosques de los alrededores, pero la batalla ya había terminado con una indiscutible victoria normanda.



Parte del tapíz que representa la muerte de Harold II


Los sajones huyen tras perder la batalla


Consecuencias




Figura representando a Guillermo el Conquistador tras ser coronado rey de Inglaterra, en el museo de Bayeux


Guillermo aplastó cualquier resistencia hasta llegar a Londres, donde se coronó rey de Inglaterra el día de Navidad de 1066 en la Abadía de Westminster. La mayoría de los reyes ingleses y luego británicos han continuado esta tradición.

Inglaterra, especialmente en el norte y centro, fue devastada durante los nueve años siguientes por las guerras entre los normandos de Guillermo y los sajones, apoyados otra vez por los daneses. Finalmente, el ahora rey Guillermo I el Conquistador se hizo con el control absoluto del reino e introdujo numerosas reformas en Inglaterra, a imagen y semejanza de las que imperaban entonces en Francia y países limítrofes. Las tierras de los nobles sajones que se negaron a someterse fueron repartidas entre los caballeros normandos del rey, que pasaron a administrarlas en calidad de señores feudales. Se construyeron también numerosos castillos en Inglaterra, tanto como baluartes frente a escoceses (derrotados y sometidos a vasallaje por Guillermo en 1072) y galeses, como medidas para someter de forma más eficaz al pueblo inglés. El ejército se reformó a imagen y semejanza del normando y el Cristianismo fue elevado a religión oficial del Reino de Inglaterra, donde hasta entonces había convivido junto a toda clase de cultos paganos de origen celta, germano o vikingo. La Iglesia Romana también consiguió importantes lotes de tierra y un gran número de siervos que trabajasen en sus nuevos monasterios. Finalmente, los nobles normandos pasaron a ser una clase social totalmente apartada del resto de la población, los únicos que podían llegar a obtener cargos de responsabilidad y los dueños de numerosos privilegios, entre ellos la propiedad de los bosques y el permiso exclusivo de recoger leña o cazar en ellos (algo que, hasta entonces, había sido una actividad libre en la isla). Los nobles pasaron a ser los dueños absolutos de la vida de sus siervos, a los que podían castigar como quisieran si no respetaban las leyes que se les imponían. Suele decirse que Guillermo I, y la Batalla de Hastings que le llevó al trono inglés, sirvieron para sacar a Gran Bretaña de su estado atrasado y periférico y convertirla en una de las potencias occidentales del Medievo.

La naturaleza electiva de la Monarquía fue abolida y sustituida por otra hereditaria, por lo que a la muerte de Guillermo éste fue sucedido por sus hijos Guillermo II y posteriormente Enrique I. Los descendientes de Guillermo trasladaron cada vez más la base de su poder a Normandía, a la que consideraban una parte más de su reino; esto condujo a la larga al prolongado enfrentamiento con Francia conocido como Guerra de los cien años, pues los franceses seguían considerando el ducado de Normandía como una parte de su país donde el rey de Inglaterra no era más que un señor feudal al servicio del monarca francés como cualquier otro.




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La batalla de Washita. 1868






Eran las 3 de madrugada cuando Custer pretendia Salir de Camp Supply, en plena tormenta, pero Sheridan se opuso, Custer le expllicó que durante la tormenta ningun enemigo podría verlo ni localizarles, Custer deseaba a toda costa la tormenta y mal tiempo.

Desde la partida del fuerte, la columna recorrió 22 kilómetros, y acamparon en un pequeño valle sombreado con leña caída. La tormenta iba remitiendo. Cuando amaneció, el campamento estaba lleno de conejos, así que el plato del dia fue;”estofado de conejo”, Custer envió a sus exploradores en busca de algo, huellas, guerreros, lo que fuera. Las noticias que le trajeron fue que estaba todo despejado durante kilómetros a la redonda, ”ni un indio a la vista”.



George Armstrong Custer


Custer aprovechó para realizar un pequeña partida de caza él llevandose a los exploradores y dos francotiradores de la unidad de Cooke. Consiguieron cazar un búfalo y varios ciervos.

Al dia siguiente siguieron avanzando. Una vez recorridos 27 kilometros, decidieron acampar de nuevo. Había muchos conejos, por lo que los perros armaron tal embrollo que se mandaron degollar a todos menos a dos, los de Custer, que al parecer eran muy obedientes. Más tarde siguieron hacia el oeste, y ordenó al mayor Elliot avanzar para buscar algun rastro de los hostiles.



Mayor Joel Elliot


La columna tuvo que detenerse a orillas del rio Canadian, el rio era largo y liso, tuvieron que buscar durante mas de 2 horas para atravesarlo, finalmente encontraron un sitio donde tuvieron que cruzar rapidamente. Custer avanzó hasta lo alto de una colina mientras la tropa atravesaba el rio, a lo lejos pudo divisar un jinete que se dirigía hacia el.

El jinete era Jack Corbin, un explorador que iba con el mayor Elliot. Le dijo que habian encontrado una partida de guerra con huellas frescas (alrededor de unos 150 guerreros). El mayor Elliot estaba siguiendo las huellas.

Custer ordenó que 80 hombres se quedasen con la caravana de Suministros y ordenó avanzar la columna al encuentro con Elliot. Se encontraron con él alrededor de las 9 de la noche cerca del rio Washita. Custer ordenó no hablar, no encender hogueras, no fumar y no hacer ruido. Después de subir a un risco y observar el campamento (aunque era de noche) preparó un plan.

La columna se dividiría en cuatro unidades, dos atacarían desde el lado más cercano del rio y otras dos atacarían por retaguardia. Las cuatro convergerían en el centro del poblado.

Custer esperó una hora antes del amanecer, en cuyo momento desplegó a sus hombres, ordenó dejar los capotes y efectos personales a solas en un punto antes del ataque, el caballo de Custer ”Dandy”, se impacientaba cada vez más en el silencio. Debían atacar todos a las primeras notas de ” Garryowen”, que la banda tocaría para iniciar el ataque.

Custer ordenó al teniente Cooke que sus francotiradores de élite formaran en filas de a 4 tras de Custery así hicieron.

Cuando Custer iba a ordenar la carga, un disparo sobresaltó a todos, provenía del campamento, así que Custer salió disparado hacia el poblado y todos sus hombres le siguieron. Todos gritaban a la vez que cargaban, en el poblado todo el mundo corría y muchas armas salían desde las tiendas indias disparando; todo era confuso, había muchos indios que salían a su encuentro a caballo, sin duda intentaban atraer a los soldados fuera del campamento, pero no funcionó, los soldados dispararon contra todo, guerreros, mujeres, niños, todos huían o se refugiaban en matorrales. Soldados luchando mano a mano contra los indios, disparando, los indios oponían una feroz resistencia.





Custer y algunos soldados recuerdan a una mujer que tenia en sus brazos a un niño blanco (sin duda secuestrado), de unos 10 años, cuando fueron a liberarle, sacó un cuchillo y le destripó, la mujer cayó abatida antes de dar otro paso por una descarga de los soldados. Aunque de esto hay varias versiones, otra cosa que se recuerda era al capitán Benteen, contra un guerrero que cargó hasta 3 veces contra el capitán, Benteen intentaba persuadirle que se rindiera, pero cuando cargó por cuarta vez, Benteen lo mató, más tarde se averiguó de que era el hijo del jefe.

Custer temía por el teniente Bell, el cual tenía que haber aparecido ya con un par de carretas que había dejado en el punto donde dejaron los capotes y empezó la carga. De pronto apareció intentando deshacerse de unos indios que les atacaban, los indios escaparon y al fin pudo llegar hasta Custer, de inmediato se estableció un hospital, las bajas no habían sido muy numerosas, se habían perdido menos de 40 hombres entre muertos y heridos.

La lucha en el poblado apenas duró unos minutos, aun cuando fueron necesarias varias horas para liquidar a los guerreros aislados que se escondían en los barrancos y las brozas. Custer contabilizó un total de 103 luchadores caídos (según se dice, únicamente pudieron catalogarse como tales a 11 pieles rojas; Jefe Olla Negra, pequeña roca, hombre malhumorado, caballo azul, lengua de oso, dientes rojos, oso ciego, pequeño corazón, pájaro rojo, oso alto, oso blanco, los restantes se dice que eran mujeres, niños y ancianos, aunque esto es muy dudoso.)



Jefe Olla Negra


Una historia en el Tribune de nueva York, contada por un testigo que no se identificó, comparó el campo devastado con un matadero de animales. Da la sensación de que por el poblado hubiera pasado Gengis Khan.

Cuando la situación se apaciguó, Custer envió destacamentos para que rodearan y atraparan a todos los ponis indios. Tan pronto como la zona de combate quedó consolidada , sumó el botín; -573 pieles de búfalo, 241 monturas, 47 rifles, 35 revólveres, 90 moldes para fabricar balas, 4000 flechas, unos 500 kilos de tabaco, , etc, etc, también varias bolsas de harina con imprenta del departamento del interior.

Custer permitió que interpretes y oficiales se quedasen con lo que quisieran, y también caballos, tras lo cual 53 mujeres y niños recibieroni instrucciones para que cogieran algunos ponis, aunque algunos tuvieron que recorrer las 60 o 70 millas que les separaban del campamento base a pie.

Tras interrogar a varios indios, les informaron de que río abajo había más poblados. Prueba de ello es que los guerreros se iban concentrando en las alturas del valle, aunque no atacaban por miedo a lastimar a los rehenes. Custer podía verlos, y cada vez eran mas, así que decidió salir de allí, el mayor Elliot había salido con 18 soldados tras un grupo río abajo y no se sabia nada de él.

Como estaba oscureciendo, la concentración de guerreros cada vez era mayor. Custer decidió volver. Su principal miedo era que atacasen a la caravana de suministros dejada unas millas atrás, con 80 hombres. Si la atacaban, no podrían volver, no podrían sobrevivir en territorio hostil, sin munición, forraje, agua y víveres.

Dado que ya era imposible salir de allí sin entablar combate debido a la gran cantidad de guerreros congregados, Custer decidió un amago, hizo montar en columna de a 4 y se dirigió río abajo, al ver eso, los guerreros pensaron que iban a atacar los siguientes poblados, sus hogares, y una gran desbandada se dirigió a proteger a sus familias, acto seguido, Custer dio media vuelta y puso rumbo hacia las carretas.

Los indios habían robado durante el ataque los capotes y abrigos de los soldados, (se los quitaron y dejaron antes de cargar hacia el poblado) así que tuvieron que marchar en mangas de camisa bajo un frío glacial. Hacia las dos de la madrugada acamparon y encendieron fuegos para calentarse, tomar café, y comer lo que quedaban de raciones. Custer les dejó descansar un poco ya que era la primera vez que descansaban desde hacia mas de 24 horas. Al alba volvieron a partir y a media mañana se encontraron con la caravana. Una vez allí consiguieron abrigos para resguardarse del frío.


El 29 de noviembre de 1868, Sheridan recibió un telegrama que así decía;

-Órdenes de campaña. Orden número 6.

El comandante general anuncia a su unidad la derrota, por parte del 7º Reg. de caballería , de una enorme fuerza de indios, cheyennes, que, liderados por Olla Negra, y apoyados por los arapahoes a las órdenes de pequeño cuervo y los kiowas a las órdenes de satanta, en la mañana del 27 de noviembre de 1868, sufrió una perdida de 103 guerreros en el río Washita, cerca de las Antílope Hills, en territorio Indio.


Tras comunicarle el 1 de diciembre la inminente llegada del 7º, Sheridan se vistió de Gala.


Custer, igual de consciente de tan excepcional momento, detuvo al séptimo y los reagrupo a todos antes de avanzar por el horizonte. Puso a sus salvajes batidores osage a la cabeza, cuyos tupés trenzados arrastraban ríos de plumas y ornamentos de plata , llevaban escudos, rifles y lanzas, con cueros cabelludos colgados de ellas.

Detrás de los guías osage cabalgaban los guías blancos, en especial California joe y Corbin, tras de ellos iban los exploradores civiles del teniente Silas pepoon, a continuación iba el fornido George Armstrong Custer, metido en sus pantalones de gamuza con flecos, a horcajadas en un precioso semental negro.

Tras él iban los cautivos, niños y mujeres, viudas y huérfanos, en mantas y pieles, las mujeres tenían la vista clavada al frente, sin desviarla un solo momento. Los soldados rasos y la intendencia cerraban la marcha.

Custer salió de la formación y saludó a su Jefe, mientras la banda tocaba Garryowen. Brillaba un agradable sol y la nieve comenzaba a derretirse, aquella noche el general pudo observar la tiende que Custer se había traído de recuerdo.

Suena como a un final feliz, pero la realidad es que los soldados del 7º Reg. Traían la moral por los suelos, debido a que el destacamento integrado por dieciocho soldados de caballería mandados por el Mayor Joel Elliot, no había retornado al iniciar la persecución de unos guerreros durante el ataque al campamento en Washita.


LA MASACRE DEL MAYOR ELLIOT

Al principio nadie le dio importancia, Custer y los demás estaban tan excitados que no repararon en la persecución que iniciaba Elliot, aunque al final de la tarde antes de irse del Washita, Custer envió una pequeña partida, pero poco pudo avanzar debido a las concentraciones de indios, la excusa que dio Custer en “My Life in the Plains” fue; como faltaba una hora para oscurecer, se tuvo que realizar un esfuerzo, para deshacerse de la importante concentración de indios que merodeaban por las colinas.

El sargento Ryan; escribió tiempo después que Custer si ordenó la búsqueda, pero tuvieron que abandonarla debido a la gran cantidad de indios.

Durante casi 2 semanas, nadie supo nada del paradero de Elliott y sus hombres.

A principios de Diciembre, finalmente Custer salió del campamento Base, le acompañaba Sheridan y 10 compañías del 19º de voluntarios de Arkansas y un periodista (DeBenneville Keim).

La ruta que siguieron era casi idéntica, Sheridan deseaba contemplar el campo de batalla del Washita, pero principalmente todos tenían en mente a Elliot, querían saber que había sido de él.

Sobre el 10 de diciembre cruzaron el río Canadian, y siguieron adelante, al llegar al Washita, pudieron contemplar muchas cosas, lobos alimentándose de carne, urracas, cuervo... Algunos cuerpos indios habían sido colocados sobre árboles, muchos atados con mantas, otros se enterraron en otros lugares más adecuados y alejados, como el jefe Olla Negra.

Mientras Custer le enseñaba a Sheridan la táctica utilizada, en lo alto de una ladera patrullas seguían rastreando las faldas del valle en busca de indicios que llevasen hasta Elliot, próximo al río, encontraron el cadáver de un soldado cuyo cráneo estaba tan apaleado que no pudieron identificarlo, a unos doscientos metros mas abajo, yacían los cuerpos de todo el grupo, todos ellos boca abajo plagados de flechas, varios habían sido decapitados.

El doctor Lippincott, realizó un lista de las atrocidades, hoy día se guardan en el archivo F421 de los archivos nacionales de los Estados Unidos;

* “Carric William, cabo, compañía H: orificio de bala en el hueso parietal derecho, ambos pies cercenados, pene seccionado, garganta cortada.

* “Downer Thomas, soldado compañía I; orificio de flecha en región estomacal, tórax cortado, varias heridas de herida de arma blanca.

* “Desconocido: cabeza, mano derecha y pene seccionados, tres agujeros de bala y nueve de flechas en la espalda.


Solo nombró estos 3, podéis imaginar a los demás. En cuanto a Elliott, tenía dos orificios de bala en el cráneo y otro en la mejilla, mano y pene cortados y garganta acuchillada, cortes en ambas pantorrillas y el meñique cortado.

No se sabe a que indios se perseguía, pero se sabe que los soldados estuvieron cabalgando río abajo, llama la atención de que el agua estaba muy fría, en un punto, tuvieron que salir por la profundidad del río, por eso no encontraban inicialmente rastro de ellos.

Su última batalla se ha reconstruido a partir de pruebas dispersas y por las “poco creíbles” declaraciones de los indios, nadie pensaba que más abajo había mas poblados indios, Comanches, Kiowas, arapahoes, (Custer atacó el primer poblado, que era el cheyenne). Elliot debió pensar lo mismo, que el poblado rodeado era el único y para cuando pudo averiguar que se dirigía hacia un terreno “plagado de indios” ya era demasiado tarde, se dice que los primeros guerreros en llegar a fueron los Arapahoes, liderados por “Cara empolvada” y “Mano izquierda”.

Tras las declaraciones años después de los guerreros, y las pistas halladas, se ha llegado a la conclusión de que Elliot dio ordenes de desmontar, soltar los caballos y tenderse tras un matorral de hierba con los pies juntos, mirando hacia fuera, como los radios de la rueda de un carromato. Según parece no fue buena idea, por que apenas podían ver entre los matojos y era notablemente visible desde la otra orilla del río, donde se apostaron los guerreros y fueron eliminando uno a uno a los soldados.

Los indios contaron que los hombres de Elliot estaban asustadísimos, disparaban sin apuntar, el grupo pudo resistir en torno a una hora, los soldados se las apañaron para matar a un solo guerrero, (según versión india, difícil de creer) llamado “Tabaco”. También se dice que el que mató a Elliot, era un indio llamado ”Gran Vaca”.

Benteen resumió el fiasco de Elliot en una carta dirigida a William Degress de Saint Louis, haciéndola publica en el diario “DEMOCRAT de Saint Louis”, diciendo que el destacamento de Elliot fue hallado en circulo, desnudos y mutilados. La carta traía una bonita referencia hacia Custer:

”-Mientras Elliott luchaba por su vida a 1 milla , el comandante se dedicaba a inventariar el equipo capturado y a hacer alardes de su puntería con el rifle”.

Es bien sabido el odio que sentían mutuamente, por lo que no es imparcial. Unos dicen que retiró su regimiento sin asegurarse de la suerte de Elliot y otros que se intentó enviar una patrulla en su busca. Depende de los bandos, unos odiaban a Custer y otros le alababan, por lo que sus testimonios no son imparciales.




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Última edición por Elrohir; 27-Jan-2007 a las 13:40
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Elrohir
 
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Batalla de Calabria (Junio de 1940)



Al frente de la Flota del Mediterráneo de la Royal Navy estaba el Almirante Sir Andrew Cunningham, quien ante las desventajas y problemas que se le presentaban, opto por una estrategia que parecía descabellada para una flota inferior a la del adversario, no quiso ponerse a la defensiva, en cambio decidió atacar, una táctica de hostigamiento y daño al enemigo en cada oportunidad que se les presentará podría abrir el camino hacia la victoria final.

Para entonces la Flota inglesa en Malta se había retirado a la base de Alejandría, por lo que esta acción a los ojos de los italianos parecía defensiva.En las primeras 4 semanas de guerra, los navíos ingleses patrullaban las aguas del Mediterráneo desde Gibraltar y Port Said, persiguiendo a los submarinos italianos y bombardeando posiciones en África del Norte, la táctica del almirante Cunningham era la de sacar a los italianos de sus puertos y presentar batalla en mar abierto.

Para la evacuación de Malta se organizaron convoyes de material y personal rumbo a Alejandría, intentando darles la protección adecuada para su seguridad.Para tal tarea se acordaron en que 2 convoyes, uno ligero transportando personal y evacuados, otro lento transportando bastimentos saldrían en julio, esta era una buena oportunidad para que la flota italiana les causará grandes daños.

Los navíos de la Flota navegaban en 3 grupos, a la vanguardia iba el vicealmirante Tovey a bordo del Orion, navío que mandaba a la Séptima División de Cruceros a la cual pertenecían el Neptune, Sydney, Gloucester y el Liverpool acompañados por el navío australiano Stuart que era el conductor de la flotilla.El grupo central estaba formado por el acorazado Warspite en el que venia el almirante de la Flota del Mediterráneo, rodeado por los destructores Nubian, Mohawk, Hero, Hereward y el Decoy.Unas millas detrás de ellos venían dos acorazados más lentos el Royal Sovereign al mando del contraalmirante Pridham Wippell y el segundo acorazado el Malaya, junto con el portaaviones Eagle y 10 destructores más.



Destructor HMS Hero




Crucero HMAS Sydney


La primer confrontación sucedió el 7 de julio a la medianoche cuando el Hasty uno de los destructores escolta del Royal Sovereign, descubrió a un submarino italiano navegando en la superficie a unos 1000 m de distancia, cambiando el rumbo de manera inmediata y aumentando la velocidad, sin embargo el submarino logro sumergirse y la estela de su torreta paso muy cerca al destructor, el Hasty lanzó cargas de profundidad, viendo subir a la superficie parte del casco del submarino seguida de una extensa mancha de aceite, 5 minutos después se escucharían explosiones submarinas que procedían del submarino, por lo que se le dio por destruido.Cuando el Hasty después de 25 minutos logro unirse a toda velocidad con los demás destructores de la escuadrilla, pudo divisar a otro submarino sin esperar lo atacó con cargas de profundidad, percibiendo una mancha grande de aceite, por lo que se tuvo la seguridad de que al menos estaría averiado.



Portaviones HMS Eagle



Acorazado HMS Warspite


Estos acontecimientos daban indicios de que los italianos atacarían a la Flota en cuanto se hiciera a la mar, por lo que los informes que debían de suministrar los observadores de los movimientos de la Flota italiana se esperaron con gran ansiedad.A la madrugada del día siguiente llegaron los primeros informes desde el Phoenix, uno de los submarinos de la Royal Navy que patrullaba el Mediterráneo central, 2 acorazados y 4 destructores italianos se encontraban a la mitad de distancia entre Bengasi e Italia, navegando hacia el Sur, el Phoenix intento atacarlos pero por encontrarse más allá del limite del alcance de los torpedos su ataque fue inútil.

La presencia de tales fuerzas indicaba que la Flota italiana intentaba proteger convoyes con destino a Libia o se disponía a cruzar el Mediterráneo con el propósito de detener el avance de la Flota inglesa, en Malta salieron algunos aviones de reconocimiento para vigilar el movimiento de los navíos italianos.



Acorazados RN Cavour y RN Giulio Cesare


Pronto empezarían una serie de ataques por aire contra la Flota inglesa, fueron 7 ataques contra el Warspite entre el mediodía y las 7 de la noche, mientras que alrededor de 80 bombas cayeron cerca del Royal Sovereign y su escolta, en 6 diferentes ataques.Todos estos ataques aéreos se hicieron a gran altura, por lo que estaban lejos los aviones de los detectores y además estaban fuera del alcance de las baterías antiaéreas, aunque estos ataques no ocasionaron ningún daño, pero los cruceros del vicealmirante Tovey tuvieron mala suerte, fueron atacados varias veces durante la tarde de ese día, pero en el último ataque al caer la noche, una bomba hizo impacto directo en el puente del Gloucester, su comandante Garside, murió instantáneamente con 6 oficiales y 11 marineros, hubo además 9 heridos de gravedad, toda la estructura del puente quedo reducida a escombros.

Pronto llegarían mas informes desde el Phoenix, hidroaviones anunciaban que 2 acorazados, 6 cruceros y 7 destructores se encontraban a 160 km al norte de Bengasi y con rumbo al Norte, todas estas circunstancias hacían pensar que los italianos intentarían evitar que la Flota se internará en el Mediterráneo central, al día siguiente la Flota entera navegaba hacia el Oeste con rumbo hacia Tarento, posponiendo al salida de los convoyes de Malta.Informes aéreos llegaron sobre las fuerzas italianas, acorazados, cruceros, destructores, a unos 232 km de distancia del Warspite, no se sabia la posición exacta y además había confusión ya que un crucero pesado italiano con artillería de 20 cms se parecía demasiado a un acorazado. Pero lo que si era un hecho es que los italianos tenían una fuerza de 2 acorazados, 18 cruceros y 30 destructores aprox., que intentarían oponerse a 3 acorazados, 5 cruceros y 16 destructores.

Al mediodía se dieron ordenes al Eagle para que diera salida a sus aviones torpederos con rumbo a la Flota italiana que se encontraba a 144 km, pero los 9 Swordfish fueron recibidos con fuego antiaéreo en cuanto se acercaron a los navíos italianos, al darse cuenta del ataque aéreo los italianos viraron de inmediato.A las 2:15, los informes daban por seguro la concentración de todas las unidades italianas dispersas, por lo que la Flota inglesa buscaba una posición para cortar el rumbo hacía Tarento, como los cruceros ingleses eran menores en número a los italianos el Warspite se adelanto al Malaya y al Royal Sovereign para alcanzar a los cruceros, mientras que el Gloucester al estar averiado recibió ordenes de retroceder y prestar apoyo al Eagle.

Por fin a las 2:50, una larga línea de humo blanco fue señalada a babor por el Orion, y en seguida se avistaron 3 destructores y 4 cruceros, 4 minutos después se divisaron los magníficos acorazados italianos junto con varios cruceros y una gran cantidad de destructores, de pronto todo el horizonte se había llenado de barcos.

Estudiando la situación el vicealmirante Tovey ordeno que los navíos se dirigieran al Noreste para evitar el combate mientras llegaba el Warspite para que les prestase ayuda, casi de manera inmediata los italianos abrieron fuego, varias salvas de los cruceros y destructores italianos alcanzaron a los navíos del vicealmirante Tovey, el Neptune y el Liverpool que se encontraban a unos 18 km abrieron fuego seguidos del Orion y el Sydney, pero el fuego italiano era mas intenso y certero, además de que los destructores italianos se habían infiltrado en las líneas inglesas y disparaban sus cañones de 12 cm, los cañones ingleses de 15 cms intentaban contestar al fuego de los cruceros enemigos mientras que los destructores italianos estaban fuera de alcance de la artillería de 10 cm, el fuego italiano no podía ser contestado de manera
efectiva, un proyectil exploto muy cerca del Neptune alcanzando al aeroplano de a bordo por lo que tuvo que ser arrojado al mar, el Warspite entraba en acción mientras que las superestructuras de los acorazados italianos se empezaban a ver en el horizonte a las 3:10, 16 minutos después disparaban sus primeras salvas a una distancia de 23500 m contra un crucero, impactándolo, de inmediato cambio el fuego contra cruceros más pequeños, que tuvieron que virar envueltos en humo.Adelantándose al Royal Sovereign, el Malaya se esforzó en alcanzar al Warspite, que había virado un poco al Este, a las 3:40 los destructores ingleses se apartaron para adoptar una posición de ataque, 5 minutos después el Eagle dio salida a una escuadrilla de Swordfish y el Warspite lanzo al aire a sus aviones de reconocimiento, a las 3:50 toda la Flota inglesa navegaba hacia el Noroeste en busca de los navíos italianos.

A las 3:53, el Warspite divisó a los 2 acorazados italianos (estos eran el Cavour y el Cesare de 23000 tons. y artillería principal de 32 cms) a 23000 m de distancia, este era el momento que los ingleses estaban esperando!, por lo que el Warspite abrió fuego de inmediato, los italianos contestaron, había sido localizado el Warspite!, mientras que los destructores ingleses intentaban escapar del peligro de ser impactados por algún disparo sin destino, el fuego ingles se volvía cada vez más preciso por lo que a las 4:00 se pudo ver como se hacia blanco en la base de la chimenea delantera de uno de los acorazados, por lo que los destructores italianos recibían la orden de lanzar cortinas de humo para retirarse, los 2 acorazados viraron, cubriéndose con la espesa humareda.Solo16 andanadas había disparado el Warspite, el Malaya también había disparado pero por estar a mayor distancia, todos sus disparos se quedaron cortos.

Mientras los navíos estaban en combate llegaron los primeros aviones, iniciando su ataque, sus principales objetivos obviamente eran los acorazados, pero a causa del humo, la confusión en la línea enemiga y la dificultad de distinguir exactamente a los navíos italianos desde el aire, los aviones atacaron por error al crucero Bolzano que navegaba a menor velocidad ya que había sido alcanzado por 3 proyectiles de 15 cm; los Swordfish atacaron sin temer a la artillería antiaérea lanzando sus torpedos a pocos cientos de metros de los navíos italianos, acertando a un crucero.Los destructores ingleses se concentraron a proa del Warspite y tanto ellos como los navíos del vicealmirante Tovey fueron fuertemente atacados por los cruceros enemigos que intentaban proteger la retirada de sus acorazados, el acorazado italiano alcanzado por el proyectil era el Cesare, era un impacto de la artillería de 38 cm, que se impacto en las calderas, por lo que su velocidad quedo reducida a 18 nudos.



Crucero RN Bolzano


A las 4:15 la flotilla de destructores italianos inicio un movimiento transversal, pero su ataque no tuvo efecto alguno, mientras que los destructores ingleses recibían la orden de contestar al fuego enemigo y el Warspite con sus andanadas obligaba a los cruceros italianos a esconderse en las cortinas de humo.El fuego ingles continuaba, ahora concentrándose contra los destructores que de inmediato rompieron su formación, dispersándose y buscando su salvación envueltos de humo, hacía el Este.Al parecer los italianos ya no querían batalla, lo que intentaban era atraer a la Flota inglesa a la masa de humo donde había una concentración de submarinos italianos, pero advertido el almirante Cunningham decidió cambiar el rumbo hacia el Norte, a las 5 de la tarde ya no se veía ningún navío italiano.



Acorazado HMS Royal Sovereign


Al Oeste, la costa de Calabria se podía ver a una distancia de 40 km, por lo que esperaban ataques aéreos que no tardaron en llegar, entre las 5 y las 7 de la tarde hubo 6 ataques, siendo el Eagle y el Warspite los objetivos, pero las bombas al ser arrojadas a gran altura, no hicieron impacto directo, solo caían cerca de los destructores y cruceros.La Flota italiana se dirigía hacia el estrecho de Messina, por lo que aviones de reconocimiento informaban el movimiento de esta Flota, al parecer existía gran desorden, ya que los observadores de los aviones ingleses pudieron ver como algunos bombarderos italianos arrojaban sus bombas contra su propia Flota, hecho que fue confirmado al ser interceptado un mensaje del almirante italiano.

Los italianos estaban satisfechos con su mediocre táctica en la batalla, esto lo indicaba un mensaje del comandante en jefe a bordo de uno de los acorazados al almirante en jefe de la escuadra de cruceros: “ Al almirante Paladini.Gracias de todo corazón por la excelente ayuda que me ha prestado”.A lo que contestó el almirante Paladini: “Gracias en nombre de mi escuadra y reciba mi admiración por el combate que ha sostenido”.

En Italia, el jefe de las Fuerzas Armadas italianas, almirante Riccardi, consideró el resultado de la batalla como una gran victoria, en un comunicado especial publicado en Roma, que decía:

“ El 9 de julio, 3 grupos de unidades enemigas fueron avistados por nuestros aviones y submarinos en el Mediterráneo oriental navegando hacia e Oeste.Nuestros aviones atacaron con violencia y acierto a los navíos enemigos, incendiando a varios y hundiendo a uno.También un submarino atacó y hundió a un destructor.A pesar de estos ataques, el enemigo avanzó hacía el Mediterráneo central, en donde le salió al encuentro una fuerte formación naval italiana.Un intenso combate hasta que el enemigo se dispersó en retirada.Uno de nuestros navíos resulto averiado, sufriendo 24 muertos y 79 heridos.En varios ataques aéreos que duraron hasta el anochecer, varios navíos enemigos recibieron bombas de gran calibre”.

Terminada esta batalla, la Flota inglesa considero que los italianos no intentarían interceptarlos de nueva cuenta, por lo que la operación por la que habían salido de Alejandría continuo.Los convoyes salieron de Malta y para el 14 de julio los convoyes llegaron intactos a Alejandría.

Así terminó la primera batalla entre las 2 Flotas navales más poderosas del Mediterráneo.




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