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Antiguo 06-Jun-2005, 21:25   #21
Elrohir
 
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Muy bueno Medano, como siempre. PLAS PLAS PLAS.


Me toca a mi.



LA BATALLA DE CERIÑOLA



Gonzalo de Córdoba se dirige hacia Ceriñola a marchas forzadas donde se enfrentaría al duque de Nemours que llegaría a la plaza al día siguiente para enfrentarse en batalla campal con el Gran Capitán y vengarse de todas las derrotas que le había infligido este a sus tropas.

[…] Bien entrada la tarde, alcanzaron su objetivo. El castillo de Ceriñola, protegido por gascones, dominaba el pueblo desde un altozano. La única medida que se tomó contra él fue aislarlo. El lugar conocido como Cerro Mediano estaba situado al sudeste del fuerte, en una loma de suave pendiente. Todo él lo cubrían sembrados de viñas y, en menor medida, olivares, separados por setos y cercas de piedra que corrían a lo largo de las lindes de los campos. El sitio era de mucha confianza, pues se sabía que por allí escondían los campesinos sus animales cuando la tormenta de la guerra acechaban por la comarca. En las inmediaciones corría un riachuelo de agua limpia y fresca que los lugareños aprovechaban para regar los huertos domésticos. En él bebieron por turnos las capitanías, que iban desechas por las fatigas del camino, y luego abrevaron los animales.

Sin tregua para descansar, comenzaron los trabajos. Asesorado por Próspero Colonna, el Gran Capitán dio ordenes de profundizar un canalillo seco que corría por el borde más bajo de la loma de Cerro Mediano. Los peones gastaron el terreno y apilaron con maña la tierra sobrante en la parte exterior de la hondonada para que ganara en altura y se convirtiera en formidable trinchera. Remataron la obra hincando cepas y ramas entretejidas en el vértice del talud. El obstáculo, empleado, tal vez, en primera ocasión por los españoles en batalla campal, no era más que una adaptación circunstancial de los métodos italianos de fortificar sus campamentos.

D. Gonzalo dispuso a sus hombres detrás de la hondonada, en el arranque de la suave pendiente de la colina. En el centro, como eje de todo el plan de batalla, un bloque de 2.000 lansquenetes armados de recias picas al mando de Hans von Ravennstein. Pedro Navarro, al mando de 2.000 rodeleros y alabarderos, les daba escolta por la derecha. García de Paredes a la izquierda con otros 2.000 peones. Por delante de las tres formaciones de infantería, sin entrar en el foso, pero cubiertas por él, dos capitanías de arcabuceros de unos 250 hombres cada una puestos en varias líneas. La caballería en los flancos, posición natural, adquirida después con el paso de los años al ir perdiendo importancia. Diego López de Mendoza en el flanco derecho con 400 hombres de armas españoles precedidos por otras dos capitanías de arcabuceros dispuestas de igual forma que las anteriores. La responsabilidad del ala izquierda recaía en Próspero Colonna; a su mando 400 hombres de armas de las dos nacionalidades. La caballería ligera quedó como reserva en el extremo izquierdo, a la zaga de la caballería pesada de D. Próspero. El cheposo Pedro de Paz y Fabricio Colonna se repartían 800 jinetes y caballos ligeros italianos. A espaldas de toda esta gente, casi por lo alto de las banderas del capitán Paredes, dominando la pendiente desde un lugar más elevado y llano, estaban colocadas 13 bocas de fuego apuntadas bajo las ordenes de Diego de Vera y el conde de Mochito. El Gran Capitán se reservó un sitio en medio del ejército, desde el cual controlar y gobernar a los suyos y observar, lejos del riesgo de las primeras filas, las evoluciones de los franceses. Lucía el general, sayo con cruces rojas, que tapaba las luces de su armadura. Ceñía espada y puñal de los llamados de misericordia, por servir para restar sufrimiento a los vencidos. Montaba al tordo Santiago, animal de mucha alzada y fogoso carácter, regalo de su tío D. Diego de Arellano, gran aficionado a los caballos.

El duque, invitado de honor, llegó con retraso a la cita. Carecía de datos suficientes sobre el verdadero alcance de la maniobra realizada por el ejército español. Sus ojeadores no le habían dicho gran cosa a causa de las pocas facilidades concedidas durante la marcha por la caballería de Fabricio colonna, la polvareda y los arbustos leñosos, que les entorpecían el trabajo e impedían ver con claridad el número y la calidad de las tropas del Gran Capitán. Él que iba pendiente de sorprender al contrario se dio de bruces con una sólida formación de batalla.

Nemours prefería aplazar el encuentro hasta la mañana siguiente por lo avanzado de la tarde y las características del terreno, empinado, cuarteado por los setos, ideal para parir gazapos y criar perdices, pero del todo inapropiado para probar suerte en una dudosa carga de caballería y menos en las malas condiciones en las que se hallaban los animales tras el esfuerzo de la calurosa jornada. Pero antes de tomar una decisión consultó con sus capitanes. Mandó llamar a Gaspar de Coligny, a Francoiçe D´Urfée y a Chastellart, conocedores de la zona por haber estado en alguna ocasión acuartelados en Ceriñola. Los tres compartieron las ideas del virrey. Aunque Ivo DÁllegre, también presente en el consejo, coincidía en lo intempestivo de la hora y en lo difícil del terreno, arrastrado por su forma de ser, y con la sangre muy alterada por la presencia del enemigo, volvió a increpar al duque con fuertes palabras, y achacó la necesidad de provocar la batalla por lo inadecuado del campamento, sin agua y mal guarecido. Chandieu, el comandante de los suizos, compartía su opinión. Luís D’arc, sin controlar mucho lo que decía, dio su respaldo a Luís D’Armagnac. La discusión se generalizó. Nadie cedía ante nadie ni valoraba el juicio de los demás. Más parecía gresca de gañanes en una taberna que parlamento entre caballeros. La nota más alta la puso Martín Godebyete, rey de armas, hombre de honor poco dado a medias tintas. Bajo amenaza de dar cuentas al monarca de la conducta irresoluta y bochornosa del virrey, que parecía no desear la pronta aniquilación del enemigo, obligó al indeciso duque a tomar una determinación. Muy herido en su orgullo habló el de Nemours, claro y alto para que lo oyeran del primero al último de los allí presentes. “No sirvo bien al rey, pero muriendo en el campo salvaré al menos mi honor”.

Las huestes de Luís XII se prepararon para la batalla que tanto deseaban. La vanguardia francesa, desviada a la derecha, estaba compuesta por 250 lanzas divididas en dos líneas paralelas a la trinchera española. Seguían a sus señores un tropel de escuderos, pajes y ayudantes, que multiplicaban por cinco o seis el número de caballos. Al frente de ellos el duque de Nemours, presto a dirigir la carga. Al lado del virrey, Luís D’Arc con su celebre capitanía. En el centro, más atrasado, formaban 7.000 hombres de a pie, a medias entre suizos y gascones, bajo las ordenes del prestigioso Chandieu. En primera fila, los mercenarios helvéticos encabezaban el compacto y disciplinado cuadro con cien picas al frente y sesenta de profundidad. Delante de esta tremenda falange tenía su emplazamiento la artillería, compuesta por varias baterías con un total de 26 piezas de diferentes calibres y excelente fundición, mandadas por el maestre Regnaut de Saint-Chamand. Por detrás y a la izquierda de los piqueros, la reserva constituida por 400 hombres de armas, en su mayoría italianos, con su correspondiente acompañamiento de servidores, comandados por el colérico Ivo D’Allegre, alejado de los puestos de honor en represalia por las ofensas lanzadas al virrey.

Los músicos de la caballería anunciaron el comienzo de la batalla. Los gendarmes de la vanguardia iniciaron el avance a paso lento, con las lanzas apoyadas en los estribos, para no cansar en demasía a sus monturas, que habían de atravesar un terreno plagado de impedimentos. De inmediato rugió la artillería francesa. Los primeros disparos quedaron cortos. Las pelotas se hundieron en el terraplén de la trinchera, o fueron a parar al interior de la hondonada donde no hacían daño alguno. Los maestres de artillería ordenaron elevar el tiro. Esta vez las bolas de piedra pasaron por lo alto de los alemanes, echados al suelo para evitar riesgos, y se incrustaron en la fértil tierra de la ladera causando algunas bajas entre las viñas allí plantadas. A este limitado papel se redujo la participación de la artillería gala durante la batalla. Bien es cierto que el arma real no había alcanzado la perfección de épocas posteriores, pero tampoco tuvo tiempo para corregir los fallos del principio. El encuentro fue breve y no tardó en contactar con el enemigo. Las bocas de fuego callaron para no herirla.

Los hombres de armas continuaban con la carga. A medio camino, aceleraron el ritmo hasta ponerse al trote. Las filas perdían cohesión. Los setos, las cepas y los arbolillos hacían imposible mantener el orden. Aislados bolaños disparados desde la colina por las piezas de mayor alcance caían entre ellos, rebotaban en el suelo y espantaban a no pocos caballos. Un mínimo rato mantuvieron este paso. El temperamento fogoso de la nobleza francesa, más que las patas de sus animales, los llevaba hacia delante.

Tras una leve reorganización, el virrey lanzó el grito de guerra, bajó la celada y, lanza en ristre, puso el corcel a galope. Todos lo imitaron. Tomando impuso de no se sabe dónde, las nobles bestias obedecieron y emprendieron veloz carrera. Algunos caballeros rodaron por el suelo al tropezar sus monturas con cualquiera de los incontables obstáculos repartidos por el campo, otros cayeron destrozados al ser alcanzados por los primeros impactos de la artillería enemiga. La carga proseguía frenética, brutal, esplendida. La fe ciega en el triunfo los impulsaba. Cabalgaban hacia la gloria; pero aquel día la gloria estaba lejos, muy lejos: detrás de las líneas españolas. Nemours, adelantado a la mayoría de sus hombres, sólo miraba hacia delante. Veía como la distancia con el enemigo se reducía, pero no se daba cuenta que a sus espaldas la formación se deshilachaba.

Frente a él, clavado a la ladera de la colina como si hubiera echado raíces, en disciplinado silencio el ejército español esperaba a su rival con las mechas encendidas. Los cabos de batalla recorrían los destacamentos para mantener el orden, pero su labor era casi estéril pues nadie osaba moverse de su sitio. El amor propio, la vergüenza, el honor y el compañerismo velaban por los asuntos del Gran Capitán.

En esos momentos de inquietud contenida que preceden a los encuentros decisivos, ocurrió lo inesperado. Pudo haber sido el detonante de la derrota, pero el ingenio de D. Gonzalo lo convirtió en festejada anécdota. En contraste con la tensa calma del resto de la tropa, las baterías de Diego de Vera ya habían entrado en acción con varias descargas de desigual resultado, aunque con algo más de acierto que las francesas por su mejor emplazamiento. En el ajetreo de cargar los cañones, mover las piezas y de ir y venir a la retaguardia a por más pólvora, uno de los sirvientes dejó caer descuidadamente por el camino la carga de uno de los barrilillos en fino reguero. Con el chispazo producido al aplicar la mecha al fogón de una bombarda se prendió el explosivo. Al ver la gran llamarada y la humareda subiendo monte arriba, salió la gente corriendo con gran susto y alboroto en busca de algún refugio. Cuando el fuego alcanzó los barriles amontonados en la carreta, explotaron todos juntos y salieron por los aires convertidos en lluvia de astillas, que se esparció por docenas de metros a la redonda. El estruendo lo escucharon hasta los gascones de Ceriñola. Todo el ejercito quedó sobrecogido. Las únicas victimas del suceso fueron los animales de tiro sujetos a la carreta. La mayor parte de la reserva de pólvora voló con la explosión. El accidente le quitó la ronquera a la artillería española.

El caballero de Rodas, fray Leonardo Alejo, el antiguo defensor de Tarento y tutor de Ferrantino, llevó la novedad al general, aunque el resplandor que salía de detrás de las líneas y alumbraba de improviso los campos a media luz, no presagiaban nada bueno, y no precisaba de mucho comentario. Todas las caras se volvieron expectantes hacia el Gran Capitán en espera de su decisión. Él, con aparente buen humor, resolvió la cuestión con una de sus celebres frases: ¡Oh qué buenas nuevas!. Ninguna cosa pudiera oír en esa sazón con que más me alegrara, porque el día se acaba y nos ha de alumbrar la pólvora. Sabed que son lumbreras de nuestra victoria, la cual tengo ahora por más cierta.

Al tiempo que ocurrían estas cosas en el campo español, la caballería pesada del duque de Nemours apretaba la carga en el último tramo.

Las voces inconfundibles de los cabos de batalla ordenaron atención. Los escopeteros apretaron con sus manos nudosas los pesados arcabuces cargados y humeantes, prestos a realizar una descarga en cuento lo ordenara su capitán. A la siguiente voz apuntaron y, cuando los galos estuvieron aproximadamente a unos treinta metros, abrieron fuego sobre ellos. El efecto fue rápido y demoledor, pero la cercanía del parapeto hizo que, por la inercia de la galopada, lo subieran e intentaran rebasarlo. Las cepas y las ramas hincadas en la tierra apelmazada del talud arañaban las patas de los caballos y estos, muy resentidos por el esfuerzo, se negaban a obedecer. Los pocos que saltaron al foso cayeron de mala manera revueltos unos con otros y fueron acribillados por la segunda descarga, que a la vez mató a muchos de los que estaban arriba y convenció a los sobrevivientes de lo incierto de su tarea.

Con el paso cortado al frente, los gendarmes intentaron hallar remedio por la derecha de la trinchera, pero el barullo era enorme. Los relinchos y las coces de los caballos lisiados, las caídas, la polvareda, los lamentos, las blasfemias, los escopetazos, el humo pegajoso de la pólvora y, sobre todo, la oscuridad, que al declinar la tarde era cada vez más intensa, hacían gran confusión.

El duque de Nemours, con dos arcabuzazos, apenas se sostenía en la silla. La sangre manaba de continuo, bajaba por la pierna y goteaba por el estribo. El cabalo sin riendas iba por donde lo llevaba la refriega. En esos momentos, la infantería española y algunos arcabuceros alemanes adelantaron posiciones y realizaron una tercera descarga. Tal era el desconcierto entre los galos, y una escasa resistencia ofrecieron, que los escopeteros dispararon contra ellos como si de un bando de palomas se tratase. Una tercera bala impactó en el cuerpo del virrey y le hizo caer al suelo sin conocimiento. François D’Urfée le prestó socorro. Luís D’Arc, desmontado y herido en un pié, intentaba poner orden en el caos.

Y en medio del desconcierto el orden de los suizos. Al redoble hueco de sus cajas de guerra, hicieron acto de presencia como salidos de las tinieblas. Impecables, ceremoniosos. Las filas se abría y cerraban con una precisión pasmosa al encontrarse la falange con un obstáculo. El cuadro avanzaba lento, inexorables, como un monstruoso erizo devorador de viñas y olivos. A ellos dedicaron su fuego concentrado los arcabuceros subidos al parapeto. Dos descargas mermaron las primeras filas. Los de atrás pasaron por lo alto de los camaradas heridos y taparon los huecos a modo de piezas de repuesto, para que la maquina gigantesca no dejara de funcionar. Otra descarga y nuevas bajas. Chandieu ordenó hacer una pausa para coger aliento, reorganizarse y proseguir el avance con la misma decisión. Casi a bocajarro, otra mortal y última descarga aclaró las filas. Los suizos, imperturbables, como si no fuera con ellos, cerraron los huecos y continuaron la marcha deseosos de alcanzar su objetivo. Los escopeteros, una vez terminado su trabajo, se replegaron a la colina y dieron paso a la milicia de Maximiliano. Los lansquenetes salvaron la hondonada y, con las picas en la cintura, esperaron arriba del talud el choque con los montañeses.

Los helvéticos, con el refuerzo de los gascones, superaban en número a los rubicundos teutones de tez colorada y nariz quemada por el sol. Pero, mientras que estos estaban frescos y contaban con la ventaja del terraplén, aquellos, desechos por la arcabucería, habían dejado a bastantes de sus hombres por el camino. Las primeras filas, donde se disponían los veteranos y los mejor equipados, fueron las más castigadas. Colisionaron dos fuerzas parejas; los eficaces hombres de las cumbres y los praderíos alpinos contra los fieros guerreros de las llanuras bañadas por el Rin. Y el Elba. Los adversarios, separados por una letal maraña de aguzadas picas, intentaban con obcecada cabezonería rebasar a sus oponentes sin un resultado palpable. Algunos soldados armados de montantes y alabardas salieron de entre la masa que los resguardaba, y se atrevieron a cruzar por la malla de astas puntiagudas, astillándolas y desmochando los hierros con sus armas, pero sin otra cosecha que una retirada a tiempo para no ser ensartados por las moharras de las filas de atrás. Enzarzados en equilibrada disputa, ninguno de los dos bloques conseguía destacar y quebrantar al otro. El poderoso cuadro suizo era detenido por un contingente de iguales características, y fue de escasa ayuda para los desbaratados hombres de armas franceses.

El Gran Capitán dio ordenes a toda la línea española de avanzar colina abajo. Próspero Colonna atacó el ala derecha, donde agonizaban los restos de la caballería francesa, que no resistió la acometida y se retiró en desorden. Los gendarmes, en su loca huida, tropezaron aparatosamente con el flanco de la falange suiza. Los piqueros, atropellados por sus propios compañeros, no sabían si echarse a un lado o hacer frente a los galos como si de una carga enemiga se tratara. D. Próspero aprovechó la confusión para ahondar la brecha en el costado del cuadro.

Pedro Navarro condujo a 1.500 de sus soldados a una fiera agarrada contra el flanco izquierdo de los helvéticos. Raudos como serpientes, sortearon las picas protegidos por sus rodelas y, como posesos en medio de una danza macabra, dejaron de ser soldados para convertirse en matarifes. García de Paredes se agregó con otros 1.500 peones a la hecatombe del cuadro helvético, cuando las derrengadas capitanías, congregadas en torno a las banderas de sus queridos cantones, se disponían a defenderlas hasta el último hombre. Ciento de suizos quedaron para siempre en aquella tierra reseca, lejos de sus valles y bosques inaccesibles. El bravo Chandieu, que tanto había deseado la batalla, fue una de las victimas de aquel día.

Gonzalo de Córdoba no quiso desaprovechar la ocasión y se unió a la pelea con los 400 caballeros de Próspero Colonna. A través de la anarquía reinante y del aire enrarecido del crepúsculo, divisó la cruz blanca de la bandera francesa. Fue a por ella sin pensarlo dos veces. Barrió a todos los que se le opusieron, y al comparecer junto al alférez portador de la enseña, sin más requisito, le cercenó el brazo de un tajo. Quito la mano amputada del asta y entregó el guión al valiente Alonso Pérez de Celada, que le cubría la espalda.

Los jinetes espolearon la derrota, envolviendo a los piqueros y persiguiendo a los fugitivos. Amparados por la penumbra salvaron la vida muchos franceses. […]


Bajas aproximadas:

- Españolas 100
- Francesas 3.000 (+ toda la artillería y el campamento francés)

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Última edición por Elrohir; 27-Jan-2007 a las 11:04
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Antiguo 10-Jun-2005, 02:33   #22
Médano
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Erwin Rommel (1891-1944)

Nació el 15 de Noviembre de 1891 en Heidenheim, Wurttemburg.

Inusualmente para un oficial de alto nivel, Rommel provenía de una familia de clase media, en vez de clase alta que la tradición militar prusiana demandaba , su padre y su abuelo fueron maestros de escuela. Cuando era joven, Erwin Rommel Jr (su padre también se llamaba Erwin) se caracterizaba por ser excelente estudiante y atleta, tenia especial gusto por las matemáticas y también de leer libros técnicos.

Primeramente vio acción en la primera guerra mundial , en 1914 se distinguió ganando la Cruz de Hierro de 1ª clase y en Octubre de 1917 la mas alta condecoración militar prusiana: Pour le Merite, durante la batalla de Longarone. Era sumamente arrojado y valiente, Rommel rara vez esperaba refuerzos. En su momento, logro 9,000 prisioneros y perdió solo 6 hombres. Alguna ocasión, al lanzarse al ataque de una patrulla francesa, logro herir a dos con su rifle, antes que se le agotaran las municiones, caló su bayoneta y cargó contra los hombres restantes, fue herido y enviado a un hospital donde se escapo para regresar al frente antes de estar completamente recuperado . Después de la guerra, continuo en el ejercito y se dedico a tareas de entrenamiento y poco a poco ascendió a Coronel.

En 1937 publico su libro :Infanteire greift an (Infantería al ataque) . En 1938 fue nombrado comandante de la academia militar Wiener Neustadt en Austria y ese mismo año, Hitler lo nombra comandante de su cuartel general y entra a formar parte de su brigada personal de escoltas. Cuando Hitler asumió el poder, Rommel creía en el y que seria el salvador de Alemania de la ignominia del tratado de Versalles.

En 1940 Rommel fue puesto al mando de al 7ª División Panzer , y cuando inicio la campaña en Francia, ataco la región del Meuse, cruzo la línea Maginot y avanzo a La Basee Canal donde obtuvo el grado de Teniente Coronel y la Cruz de Caballero. Sin detenerse, ataco Lille y llego a la línea Weygand.

Sus tácticas, rápidas y de aparecer donde menos se le esperaba le ganaron a su división el mote de la “ División Fantasma” . Goebbles y su ministerio de propaganda, lo convirtieron en héroe Nacional.

Los Italianos estaban en dificultades contra los ingleses en Libia, por lo que solicitaron apoyo de Hitler, quien no dudo de nombrar a Rommel como comandante a cargo de ese nuevo frente.


El 12 de Febrero de 1941 llego a Trípoli al mando del Afrika Korps y rápidamente, sin esperar autorización de sus superiores se lanzo al ataque de unos sorprendidos ingleses, capturo Marsa el Bega, Ageolabia y aseguró importantes fuentes de agua potable , continuando con Mechilli y Sollum. Sus tropas llegaron hasta la frontera egipcia. Alemania estallo en jubilo y en pocos meses Rommel fue el personaje mas popular y su nombre fue sinónimo de bravura, valentía e invencibilidad.
Los oficiales y soldados del Afrika Korps idolatraban a su líder, aun cuando era difícil trabajar con el, era de naturaleza impaciente e insistía que sus ordenes fueran acatadas sin cuestionarlas. Algunas veces era insensible al criticar a sus subordinados, pero siempre era generoso al alabar a quienes le habían servido con éxito. En batalla, deseando estar al tanto de todo, se obsesionaba en los mas mínimos detalles, que no era lo propio de los comandantes. Por otro lado, era temerario y manejaba de manera magistral a sus tropas, Uno de sus mayores logros fue el de hacer al Afrika Korps una fuerza, confiada y orgullosa de su propia identidad.

Continuamente, en su afán de conocer personalmente la situación del frente, se acercaba demasiado a los cañones enemigos, por ejemplo, una vez su avión de reconocimiento fue obligado a aterrizar por una falla y marcho hacia un puesto antiaéreo, solo a unos cuantos metros se percato que eran soldados enemigos y afortunadamente llego un Kubelwagon para recogerlo a el y sus acompañantes y sacarlos de ahí a toda prisa. En otra ocasión, después de un furioso ataque, Rommel se percato del peligro y desapareció en un hospital enemigo de la armada de Nueva Zelanda que se encontraba en las proximidades. Los doctores y heridos estaban mas que sorprendidos de ver al Generalfelfmarschall - el famoso Rommel- aparecer en medio de la bruma. El doctor a cargo del hospital lo paseo entre las tiendas de campaña, Rommel prometió que los Neocelandeses capturados recibirían buen trato como prisioneros de guerra y desapareció de la misma manera como llego.



Para poder contar con una posición sólida en el mediterráneo, los alemanes necesitaban tomar la isla de Malta. Mussolini y Kesselring (comandande en jefe del frente sur alemán) habían concebido la operación "Hercules" y solicitaron a Rommel que mantuviera posiciones hasta que la operación empezara y así poder contar con rutas de suministro abiertas para poder mantener su ritmo de avance. Sin embargo Rommel no deseaba desaprovechar el momentum de la derrota inglesa, consideraba que si el enemigo huía, no había que permitirle respiro. El 23 de Junio DAK cruza la frontera egipcia, Rommel quería estar en el cairo en una semana, encierran 4 divisiones inglesas en Marsa Matruk y la flota Inglesa abandona Alejandría, en todos los frentes, los aliados se encuentran en retirada. Sin embargo, el avance y la lucha cobra su cuota: sus líneas de abastecimiento se encuentran sobre extendidas, le quedan solo 70 tanques y su ejercito esta cansado, con falta de alimentos, agua, combustible y municiones.

Pero Rommel no se detuvo, arriesgo el todo por el todo y cayo en una trampa.
En la mañana del 21 de Julio de 1942, la guarnicion de Tobruk se rindio ante las fuerzas alemanas bajo el mando del Mariscal de Campo Erwin Rommel. Con la toma de Tobruk quedaba abierto el camino para la Operacion "Hercules" destinada tomar Malta y eliminar esta espina clavada en la linea de abastecimiento mediterranea de Rommel; sin embargo, contra la opinion del Mariscal Kesselring se decido proseguir a toda velocidad la ofensiva contra Libia, Egipto y llegar a Suez. Con esto se dio un respiro a las golpeadas fuerzas britanicas en la isla, la cual a la final se convertiria en uno de los puntos decisivos para la derrota final del DAK.

El 23 de Junio, el Mando Britanico autorizo la retirada del 8° Ejercito a Marza Matruh, pese a ello, la 90° Division Ligera alemana avanzo hacia el este, habiendo perdido el X Cuerpo de Ejercito britanico 7.000 hombres que quedaron rodeados en ella, viendose obligados a retirarse hasta Fuka. La DAF (Desert Air Force) pudo retirarse en buenas condiciones, gracias a una serie de aeropuertos escalonados, lo que le permitio cubrir la retirada del 8° Ejercito. Con el fin de reforzarla se tomaron todos los Hurricane Mk II con base en las escuelas de vuelo del Nilo; desde Malta llegaron 20 Spifire Mk VC y el Ala 234° recibio prestados los Bristol Beaufighter Mk IC de los escuadrones 252° y 272° del Ala 201° de Cooperacion Naval. El Ala 233° recibio bombarderos ligeros Martin Baltimore y los Blenheim B.Mk IV del 14° Escuadron. En Junio, los efectivos de la DAF sumaban 463 aviones, con el apoyo de otros 420 en el area del Medietrraneo, el 22 de Junio de 1942 estas fuerzas se componian de 22 escuadrones de caza y cazabombarderos, 11 con Hurricane Mk II, seis con Curtiss Kittyhawk Mk I y Mk II, dos con Curtiss Tomahawk Mk IB, dos con Beaufighter y uno con Spitfire Mk VC.




Por parte del Eje, las fuerzas aereas sumaban 421 aviones (183 alemanes y 238 italianos) encuadrados en el Fliegerfuhrer Afrika y la V Escuadra italiana, mas otros 674 en el mediterraneo. En Libia, el Fligerfuhrer Afrika contaba con el 4.(H)/12 y el 1.(F)/121 de reconocimiento; los cazas y cazabombarderos de los I-III/JG 27, III/JG 53 y los Jabostaffel/JG 27 y JG 53, equipados con Messersschmitt Bf 109F-4 y los Ju-87D-1 Stuka de los I-III/StG 3. Las fuerzas britanicas de caza realizaron el 25 de Junio, 115 salidas contra las posiciones del Eje en Mischiefa, y los bombarderos ligeros otras 98. Al dia siguiente la DAF realizo 615 salidas; seis incusiones con los Boston fueron interceptadas por los Messerschmitt de la JG 27.

La Luftwaffe realizo su primera salida a las 17:00 horas, con 26 Ju-88A-4 y 26 Stuka contra las posiciones de la 2° Division Neozelandesa a unos 15km al sur de Minquar. El 1 de Julio, Rommel lanzo un ataque del DAK y la Division Ariete italiana a lo largo de la cordillera de Ruweisat, al sur de El Alamein. Entre el 1 y el 27 de Julio, el Mando de la RAF en Oriente Medio realizo 15.400 salidas, perdiendo 113 aviones por 98 del Eje, 80 de ellos del Fliegerfuhrer Afrika. La Luftwaffe realizo operaciones de reconocimiento y bombardeos en picado con los Ju 87D-1 de la St G3 y misiones de caza libre con los Bf 109F-4 de la JG 27 y la III/JG 53. El transporte de combustible aleman se hacia con una flota de 250 Ju 52/3m operando desde Atenas y Brindisi, interviniendo las KGzbV 1, 400°, 600| y 800| y el Luftttransportstafell con hidrocanoas Blohm und Voss Bv 222.

En Agosto, el Mayor General Hans Seidemann fue nombrado Fliegerfuhrer Afrika, cargo en el que sucedio a Hofmann von Waldau, nombrado comandante del X Fliegerkorps. El 20 de Agosto, la parte aerea alemana contaba con el 4.(H)/12 el Bir el Abd; el 1.(F)/121 en Fuka y Derna; los I-III/JG 27 y III/JG 53 en Turbiya, Qasaba y Ootafiya; el 10./ZG 26 en Berka; el 12./LG 1 en Derna y la Stugageschwader Nr 3 en Qasaba; sus efectivos sumaban 266 aviones, con 160 operativos. Mientras la Luftwaffe reafrupaba sus fuerzas para la siguiente ofensiva de Rommel, los grupos de caza como el III/JG 53 se empeñaban contra las incusiones de los bombarderos ligeros del DAf, que ahora debian contar con una granescolta de caza; los Bf 109F-4, con los nuevos Bf 109G-2/Trop, junto con los Macchi MC 202 Folgore, apoyaban desde el aire el intento de penetracion de Rommel entre El Taqa y Bab el Qattara, del 31 de Agosto, representando el ultimo intento del Eje por romper hacia el Nilo.

El 1 de Septiembre de 1942, el capitan Hans-Joachim Marseille, as del 3./JG 27 reclamo 17 derribos, recibiendo tres dias mas tarde los Diamantes para su Cruz de Caballero. El 8° Ejercito, bajo el mando de Montgomery frustro todos los intentos de Rommel por avanzar hacia Suez; el 3 de Septiembre la RAF realizo 975 salidas con los Boston, Mitchell, Baltimore y Liberator, perdiendo 68 aviones contra 36 alemanes y 5 italianos. En la mañana del 30 de Septienbre cuando volaba en su Bf 109G-2/Trop, Marseille debio saltar por un fallo en la caja de transmision, al saltar golpeo contra el estabilizador, perdiendo el conocimeitno y estrellansose contra el suelo, tenia 158 victorias en su haber. El 19 de Octubre, la DAF reinicio sus operaciones de ablandamiento contra la Luftwaffe, que debia permanecer en tierra a causa de la falta de combustible; se bombardearon los aeropuertos en El Daba y Fuka con los Baltimore de los Escuadrones No 55° y 223° y los cazabombarderos de los Nos 2° y 4° sudafricanos y el 450° australiano.

El 20 de Octubre las fuerzas de Seidemann en Egipto contaban con los 4.(H)/12 y 1.(F)/121 en Bir el Abad y Fuka; 24 Bf 109G del Stab, al II y al III/JG en Turbiya, Ootafiya y Bir el Abad, 10 Bf 109G del III/JG 53 en Ootafiya y un nuevo Gruppe de ataque al suelo, el I/Schlachtgeschwader 2 (III/ZG I) con 40 Bf 109E-7 en Bir el Abad y 41 Ju 87D-1 del stab, el I y III/StG 3 en Haggag y Qasaba.






El 23 de Octubre a las 21:25 se inicio el fuego de artilleria britanico, preludio del ataque de los 195.000 hombres del 8° Ejercito de Montgomery de los Cuerpos de Ejercito X, XIII y XXX, con 1.029 carros de combate, 900 cañones de campaña y 1.403 contracarro; el general Georg Stumme, encargado del DAK mientars Rommel se reponia de una enfermedad en Alemania, contaba con 489 carros y 104.000 hombres, entre las divisiones alemanas e italianas. El 24 de Octubre, la DAF realizo 1000 salidas contra el frente y los americanos 147, recibiendo muy poca oposicion de los cazas alemanes. El 27 de Octubre, la 90° Division Ligera ataco la cota 29 y la 21° Panzer sobre la posicion "Snipe". En la tarde, 20 Ju 87D-1 con cobertura del JG 27 entablaron combate con 24 Hurricane Mk IIB y 16 Curtiss P-40F del 57° Grupo de Caza, quedando desbaratada la incursion alemana. En la noche del 27 se retiro el III/JG 53, siendo reemplazado por el I/JG 77 "As de corazones" de Heinz Bar, proveniente desde Comiso (Italia).

El 2 de Noviembre, el 8° Ejercito lanzo su Operacion "Supercharge" con la ruptura del frente aleman, siendo al principio muy dificil el avance britanico, en la noche, Rommel tomo la decision de retirarse a Fuka. Entre la noche del 26 al 27 de Octubre y hasta el 4 de Noviembre, la RAF realizo 10.045 salidas, perdiendo 77 aparatos, los alemanes 64, la mayoria en el suelo. El 4 de Noviembre se inicio la retirada del DAK que terminaria en Tunez con la rendicion de las fuerzas alemanas en Africa del Norte


Rommel solicitaba evacuar su ejercito y fue relevado por el Fuhrer con licencia de enfermedad (Rommel padecía en sobremanera el ambiente del desierto).Hitler reasigno a Rommel en el frente Italiano, al frente del Grupo B del ejercito que cubría Creta y Grecia. El 12 de Mayo, se hizo publico que Rommel había recibido los diamantes para su Cruz de Caballero, la mas alta condecoración posible dentro del ejercito Alemán y ese mismo día, se recibió el ultimo mensaje de las fuerzas DAK en Africa: "Sin municiones, armamento y equipo destruido, como se ordeno, DAK peleo mientras pudo hacerlo" Un ejercito de 120,000 hombres fue hecho prisionero.



En 1943 fue comisionado a inspeccionar las fuerzas defensivas a lo largo del muro del atlántico, entonces, al principio del 1944, se le dio el mando del ejercito del grupo B, todas las fuerzas alemanas desde Holanda hasta Loire, y se puso a la orden del Mariscal de Campo Gerd von Rundsted, quien era el comandante en jefe del frente oeste. Desafortunadamente ocurrió que, estando Rommel fuera del frente, la invasión llego y la falta de dirección e instrucciones que maniataban movimientos, permitieron que los aliados establecieran cabezas de playa. Rommel no pudo evitar el inicio del colapso.

Conforme la guerra avanzaba, muchos de los mas altos comandantes alemanes, Rommel incluido, estaban convencidos que había que buscar la paz con los aliados. Fue entonces, en Julio de 1944, que sucedió el fallido intento de terminar con Hitler, mediante una bomba en su cuartel general " Wolfsschanze". Sin saberlo, Erwin Rommel fue escogido por los conspiradores en Julio de 1944 para ser el Nuevo líder de Alemania una vez que la conspiración de eliminar a Hitler tuviera éxito. El General Otto von Stupnagel quien estaba muy involucrado en el complot, menciono el nombre de Rommel, eso basto para que se generaran falsas declaraciones y hechos que tuvieron cabida en el sumamente desconfiado Hitler.

El 14 de Octubre, Rommel, que estaba convaleciente por haber sido herido durante un ataque de la RAF en Normandia, recibió la visita de los Generales Burgdorf y Maisel quienes le informaron que había sido separado de la Wehrmacht y que el Fuhrer le levantaría acusaciones de conspiración y traición. Se le dio la opción de tener un juicio ante todo el pueblo y que su familia sufriera las terribles consecuencias si era encontrado culpable (que era lo mas probable), o cometer suicidio, en tal caso, su familia seria respetada. Eligio lo segundo, se despidió de su esposa y de su hijo, subió al carro de los generales y en algún lugar del camino, el auto se detuvo y Rommel bajo de el, se adentro solo en el bosque, tomo el veneno que le suministraron y murió de inmediato.





Recibió un funeral de estado, su esposa e hijo guardaron silencio ante el discurso de elogio que dio von Rundstedt. El había presidido la corte que había expulsado a Rommel de la Wehrmacht. Hitler envió un telegrama a la viuda que decía: " Expreso mis mas profundas condolencias por la muerte de su esposo. El nombre del Mariscal de campo siempre será asociado con el heroísmo del Afrika Korps por siempre. Adolfo Hitler"




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LA BATALLA DE JAFFA






Julio de 1192. Ricardo Corazón de León reconoce la derrota de la cruzada y prepara la retirada. Comienzan las negociaciones de paz y las concesiones de tierras y castillos. El mayor obstáculo lo representa la fortaleza de Escalón. A Saladino era impensable que la fortaleza siguiera en manos cristianas. Significaba cortar las comunicaciones entre las dos partes de su imperio. Los últimos ochenta años de historia árabe se podían explicar como el constante esfuerzo por unificar Siria y Egipto. Saladino había logrado personalmente esa unificación. Era su máximo éxito, y con ello el reino cruzado había sido debilitado y puesto en peligro. Escalón era crucial para mantener esa unidad. Si la fortaleza seguía en manos cruzadas, la unidad árabe peligraba.



Ricardo Corazón de León. No había quien le tosiera con una espada en la mano.



Saladino


“No tendréis derechos en la Ciudad Santa, excepto los de los peregrinos. Escalón debe desmantelarse, pero podéis retener el territorio de alrededor como compensación por los gastos de la fortificación. Darum también debe ser demolida, pero tendréis los territorios de la costa y sus fortalezas desde Jaffa hasta Tiro”.

En opinión de Ricardo, la reconstrucción de Escalón tras la primera retirada de Beit Nuba había salvado la moral de sus hombres. Durante seis meses habían hecho un gran esfuerzo físico para reconstruirla. Una vez más, las torres se alzaban orgullosas por encima del mar. Ciertamente, con Escalón y Darum como los puestos cruzados de vanguardia en dirección a Egipto quedaba asegurado el equilibrio de poderes entre los dos bandos, y el rey de Jerusalén tenía una razonable posibilidad de supervivencia.

El 16 de Julio, Ricardo contestó con palabras vagas como si no captara el mensaje: “Si los cristianos se contentan con una iglesia en la Ciudad Santa, no piden demasiado si desean disponer de tres fortalezas. Dejad que retengan lo que tienen de Darum a Antioquia”.

Una vez más, la réplica del sultán fue cortante. “Que los habitantes de Antioquia negocien por sí mismos. No están incluidos en nuestras negociaciones. Las ciudades que pedís no pueden ser cedidas, pero podréis tener Lydda como compensación por los esfuerzos y gastos incurridos en Escalón.” (Lydda, al sudeste de Ramallah, otrora albergaba la catedral de San Jorge, que Saladino había demolido. Que Ricardo reconstruyera una catedral, si así lo deseaba, en vez de un bastión estratégico).

El 20 de Julio, Ricardo contestó también cortante. “No podemos quitar una sola piedra de Escalón”.

Con esta respuesta, saladino volvió a prepararse para la guerra.






La iniciativa bélica pasó ahora al bando musulmán. El poderío de Saladino, su determinación y el servicio de espionaje militar le dieron una inmensa e inesperada ventaja. Los cruzados se retiraban en desorden y con discordias entre ellos. Ricardo y los franceses iban en direcciones diferentes. El carnero había perdido el ímpetu y hasta los cuernos. Los espías informaron al sultán de que solo los enfermos o los exhaustos permanecían en Jaffa. El grueso de las fuerzas había seguido a su rey a Acre. Y lo más importante era la noticia proveniente de Acre: el rey, cediendo a su impetuosidad, se había embarcado con parte de tropas rumbo al norte en una expedición contra Beirut. Eso ponía al rey a una distancia de cuatro días en caso de cualquier eventualidad en el sur.

Saladino tenía el camino libre para lanzar la ofensiva. A fines de Julio todas sus unidades importantes y sus comandantes habían llegado de rincones distantes del califato para defender Jerusalén. Las filas del ejército rebosaban de nuevos y entusiastas reclutas que se habían alistado tras conocer la noticia de la retirada cruzada de la Ciudad Santa, como si todo el bando musulmán se aprestara a asistir a la masacre. El ejército de Saladino desbordaba energías.

El 26 de Julio, las tropas musulmanas llegaron ante las murallas de Jaffa. Saladino pensó que resultaría fácil ocupar esa ciudad, ya que estaba defendida por una fuerza simbólica de poco más de 5.000 hombres cansados y enfermos. Con el ala izquierda al mando de su hermano, Malik al-Adil, y la derecha comandada por su hijo, Malik az-Zahir, las fuerzas ofensivas rodearon la ciudad y el sultán creyó que tardarían un solo día en invadirla.

Para su asombro, los defensores presentaron una férrea resistencia. Se emplazaron dos catapultas y cuatro mandrones mientras que los porteadores traían grandes piedras de las colinas. Al cabo de tres días, cedió la muralla exterior gracias al esfuerzo combinado de zapadores y artilleros. Pero cuando se derrumbó una sección del muro, los cruzados encendieron una inmensa fogata y crearon una cortina de fuego que imposibilitó la entrada de los soldados árabes.

El responsable de la defensa era un tal Alberic de Reims. Al principio, el barón no se comportó según las mejores tradiciones de la caballería. De hecho, cuando cedió la muralla, Alberic trató de salvar el pellejo escapando en un bote. Pero sus camaradas le cerraron el paso e hicieron regresar al viejo jefe encadenado como un vulgar desertor. Una vez bajo vigilancia y encerrado en una torre, el barón francés, observando los esfuerzos de los musulmanes ante los muros, declaró teatralmente: “Aquí entregaremos nuestras vidas al servicio de Dios”.

El tiempo se había convertido en el factor decisivo. Como de costumbre, Saladino se enteró de inmediato de que Ricardo había abandonado el alocado proyecto de ocupar Beirut y que volvía al sur a toda prisa. El sultán se dirigió a los kurdos de la primera línea de fuego. ¡Debían conquistar la ciudad antes de que regresase Malik Ric! (así era como llamaban a Ricardo). Pero los hombres se mostraron manifiestamente agotados e incapaces de un esfuerzo mayor.

Mientras tanto, los defensores apostaron por ganar tiempo. Había asumido el mando el recién electo patriarca, el ex obispo de Belén. El cura demostró ser “un hombre al que no arredraba el miedo a la muerte ni atemorizaba ningún peligro”. Además, era inteligente. Envió emisarios a las líneas musulmanas ofreciendo humildemente la rendición de la ciudad si tenía lugar un intercambio de prisioneros y si podían pagar el rescate como se había hecho en Jerusalén cuatro años atrás: diez monedas de oro por cada hombre, cinco por cada mujer y tres por cada niño.

Saladino rechazó de plano estas ofertas condicionadas aunque luego se arrepentiría. La mera presencia de los embajadores yendo y viviendo con la posibilidad de una tregua o rendición inminente no solo era una pérdida de tiempo precioso, sino que también minaba la moral de los soldados. El asedio perdió parte de su vigor.

Aun así, cinco días después del inicio del sitio, la puerta del este que daba a Jerusalén era una ruina. En varias aberturas del muro los hombres combatían cuerpo a cuerpo. Poco a poco, los defensores eran empujados hacia la ciudadela, que dominaba el centro de la ciudad. Una vez más, el patriarca pidió la paz mejorando sus propuestas anteriores y sugiriendo la entrega de rehenes prominentes como parte del acuerdo. Esta vez Saladino aceptó en el acto. Los rehenes salieron encabezados por el deplorable Alberi de Reims.

Los defensores volvieron a atrincherarse en la ciudadela a la espera de que llegara Ricardo o disponiéndose al martirio. Al mismo tiempo, los soldados árabes entraron en la ciudad y se entregaron a una orgía de pillaje. Saladino no podía hacer nada por frenarlos ya que hacía demasiado tiempo que no conquistaban una ciudad y se sentían frustrados. Pero apostó a los mejores soldados kurdos en las puertas de la ciudad de modo que cuando las tropas salían cargadas, los kurdos les confiscaban todo el botín.

En la madrugada del sexto día de asedio, un día celebrado en el calendario cristiano como de San Pedro Encadenado, se divisó en el horizonte una flota de treinta y cinco galeras. Ricardo estaba apostado en la proa de la nave capitana, la Trenchemere, pintada de rojo, con velas también rojas y un inmenso estandarte real con los tres leones contra el fondo heráldico. Los barcos transportaban a los templarios y hospitalarios más valientes, así como a pisanos y genoveses.

El rey llevaba un retraso de dos días porque vientos adversos habían detenido la flota en Haifa. Disgustado y exasperado por la ausencia de vientos favorables, el rey había elevado la mirada al cielo y gritado: “Misericordia, Dios Mío! ¿Por qué me retienes y retrasas cuando marcho en tu nombre?”. Era como si el plan insondable de Dios dificultara las cosas. Poco antes de que la flota zarpara de Acre, otro contingente de templarios y hospitalarios había salido por tierra de aquella ciudad, pero una banda combinada de soldados de Saladino y de Asesinos le había cortado el paso entre Cesárea y Arsuf, y los retenía allí.

El sábado por la mañana ya había empezado en Jaffa el rescate de los cristianos. Casi cincuenta caballeros habían pagado las diez monedas de oro y habían sido liberados. Pero cuando el sonido de las trompetas llegó a la torre de la ciudadela y los defensores corrieron a la muralla y vieron las velas rojas del rey en la distancia, todos gritaron las palabras de Isaías, “habían llamado al Señor y este les había enviado un gran salvador que los liberaría”. La rendición se paró en seco, se volvieron a cerrar las puertas y los defensores se ajustaron sus armaduras y se encerraron en la torre de la ciudadela.

Cuando los sonidos de las trompetas llegaron al pabellón de Saladino, este se encontraba con el patriarca cristiano discutiendo los últimos detalles del acuerdo. El patriarca se retiró y Saladino se hizo cargo de la situación militar. Considerando que una flota de treinta y cinco galeras representaba una cantidad modesta de soldados, ordenó que las playas delante de la ciudad fueran ocupadas por soldados musulmanes. Su misión era no dejar desembarcar a los cruzados.

Vista desde las galeras cristianas, la multitud de la playa parecía un obstáculo formidable. Los árabes formaban un cordón tan unido que parecían incapaces de moverse; los arqueros apuntaban al agua y disparaban tal descarga de flechas que parecía que el cielo se oscurecía- Detrás la caballería trataba de calmar a los corceles. Los defensores de la playa armaron un gran alboroto voceando sus gritos de guerra de Tahlil y Takbir sobre la grandeza de su único Dios y chasqueando la lengua de un modo enervante y etéreo. Ricardo no podía saber si la ciudadela aún estaba en manos cristianas ya que en todas las murallas ondeaban banderas musulmanas. De no ser así, no tenía sentido un ataque frontal. En su propio consejo se escucharon voces discordantes sobre cuál tenía que ser el próximo paso.

En medio de la indecisión, de la gran altura de una torre, una figura distante se dejó caer imprevistamente a la playa, como si hubiera encomendado su alma al Mesías. Entró en el agua y nadó con furia hacia la nave capitana. Cuando fue subido a bordo, el mensajero resultó ser un cura.

- Noble rey –balbuceó-, nuestra gente espera vuestra llegada.
- ¿Qué decís? ¿Aún queda gente con vida?
- Como dice el Salmo, en tu nombre nos mortifican todo el día. Nos cuentan como ovejas para el sacrificio… a menos que la gracia divina os haya traído a nuestro rescate.
- ¿Algunos viven?
- Si, pero encerrados en el interior de aquella torre.
- Gracias a Dios, con cuya guía hemos llegado. Moriremos junto a nuestros hermanos en armas y que un rayo parta a quienes dudan.

Todas las galeras se acercaron a la playa.

El rey fue el primero en saltar al agua. Se había despojado de la armadura de las piernas y de la cintura. Al principio, el agua le llegaba al estómago mientras avanzaba con el arco en una mano y la espada en la otra. Los hombre lo siguieron ansiosos sintiendo, como los hombres de Saúl en Gibea, que sus corazones escuchaban una llamada divina. Tan impresionante era la presencia de este hombre inmenso, de este atleta soberbio que avanzaba contra la multitud, que casi por instinto los musulmanes retrocedieron sobrecogidos e intimidados. Empezó la lucha. Poco después se estableció una cabeza de puente en la playa. Se trajeron planchas y barriles para formar una trinchera y detrás se colocaron los arqueros.

Ricardo se abrió paso hasta una escalera de caracol que llevaba a la casa de los templarios y pronto se encontró en las callejuelas de Jaffa con una banda de monjes guerreros sedientos de sangre. Tan pronto como les fue posible izaron la bandera real en las murallas para que la pudieran ver los hombres que permanecían encerrados en la torre.

Cuando Saladino se enteró de la rapidez del avance cruzado, de la cabeza de puente, del pánico de sus soldados que retrocedían ante el enemigo, de que el rey ya andaba por las calles de Jaffa y se lanzaba a liberar la torre mientras los defensores de esta habían salido a encontrarse con su rey, no pudo dar crédito a la incompetencia y la cobardía de sus propias tropas.

¿Cómo puede ser?, exclamó. ¿Cómo es posible que hayan logrado esto? ¡Nuestro ejercito es muy superior en infantería y caballería!.

Ricardo había empezado el día con tres caballos. Ahora la fuerza cruzada disponía de unos doce caballos y todas las tropas musulmanas huían, a caballo o a pie.

Los avergonzados emires evitaban la mirada del sultán. – Señor, no es lo que os imagináis- farfulló uno de los consejeros. – Pese a todo, pienso que podríamos sorprender a este magnifico rey ya que está casi solo en su tienda y descansa totalmente agotado-.

Por tanto, todo se reducía a eso. La única esperanza de sus subordinados era asesinar al rey. A Saladino se le revolvían las tripas del disgusto.





Los tres días que siguieron a la liberación de Jaffa, Ricardo estuvo acampado fuera de la ciudad, en la colina que Saladino había intentado defender, y se concentró en reparar las dañadas murallas de la ciudad. Pero era verdad, se sentía exhausto del esfuerzo de la batalla y se echó en el diván con la esperanza de poder descansar.

En ese lapso, él y Saladino intercambiaron una serie de comunicados. Los emisarios cabalgaban continuamente y a toda velocidad entre los dos cuarteles generales, de modo que los contactos eran tan intensos y frecuentes que casi podría decirse que los dos lideres estaban discutiendo cara a cara.

Mientras negociaba, Saladino seguía activo. Ordenó la destrucción de otra guarnición cruzada al sudeste de Jaffa, llamada Beit Dejan, antes de que su ejército siguiera a Ramallah para estudiar el siguiente paso. Gracias a sus exploradores se enteró de que otro destacamento cruzado venía de Acre a “socorrer” las reducidas unidades cristianas de Jaffa. Saladino decidió cortarle el paso a toda costa.

Cada minuto que pasaba, le parecía más sensato el plan de los emires de lanzar un ataque sorpresa con la esperanza de capturar a Ricardo. Saladino dejó el equipo pesado en Ramallah y salió por la noche. A la mañana siguiente se encontró con solo doce tiendas, incluyendo la real, con sus ocupantes durmiendo a pierna suelta en la llanura cercana a Jaffa.

En silencio las fuerzas musulmanas se acercaron de madrugada a la tienda de Ricardo. Entonces, en una especie de farsa luego atribuida a la gracia divina, dos comandantes empezaron a discutir sobre quién debía capturar al rey.

-Id a pie a capturar al rey y sus seguidores mientras nosotros seguimos a caballo para evitar que escapen al castillo- dijo uno con grandilocuencia.
-Nada de eso. Vosotros vais a pie- replicó el otro-. Nuestro rango es superior. Haremos contentos lo que nos corresponde, pero el servicio a pie es para vosotros.

Por supuesto, ninguno se mostró dispuesto a golpear la puerta de la tienda y despertar de su pacífico sueño al más grande guerrero y matador de árabes del mundo. Y la discusión fue lo bastante ruidosa para provocar la alarma en el campamento cruzado.

Ricardo salió corriendo de su tienda poniéndose la armadura y dando órdenes a gritos. En una muestra increíble de disciplina y de orden, sus soldados formaron una línea defensiva al tiempo que siete escuadrones musulmanes formados por varios miles de jinetes salieron de la oscuridad y cayeron sobre los defensores. En la primera línea, los hombres de Ricardo se arrodillaron hombro con hombro, muslo con muslo, detrás de sus escudos y con las lanzas en ristre. Detrás de ellos se emplazaron parejas de arqueros, uno para disparar y el otro para cargar las armas. Y lanzaron ráfaga tras ráfaga sin cesar. Más atrás, unos ochenta caballeros estaban ya prestos para atacar. Solo disponían de una docena de caballos de guerra y una mula. Al principio, Ricardo cruzó corriendo la retaguardia exhortando a sus hombres a combatir.

Aunque la proporción era de uno a cuatro hombres a favor de los musulmanes, la lluvia de flechas de los cruzados se cobró gran cantidad de vidas humanas y de caballos de los asaltantes. Saladino observaba el combate desde la distancia de un altozano y vio que sus soldados no pudieron abrir una brecha en la línea enemiga. Tras el primer ataque, Ricardo salió al descubierto y embistió el centro del enemigo seguido por diez caballeros. “El rey se comportó como un gigante en la batalla; estaba en todas partes. Ahora aquí, luego allí y siempre donde era más violento el ataque de los turcos”, escribió un cronista. De repente, lo desmontaron.

- Señor, mirad, el rey ha caído y está en pie – gritó alterado a su señor uno de los sargentos. Saladino ya lo había visto.
- ¿Cómo puede ser? – dijo con calma-. ¡No puede ser que un rey combata a pie delante de sus hombres!- Entonces, volviéndose a su hermano Malik al-Adil, dijo: “Llévale estos dos caballos árabes. Dile que yo se los envío porque un hombre tan grande como él no debe permanecer en pie en medio de una batalla”.

Fue el acto supremo de caballería de la Tercera Cruzada. Un obsequio por “las hazañas que habéis logrado y la valentía que habéis demostrado” le dijo Malik cuando llegó hasta él en medio del fragor de la batalla. Solo le pidió que luego recordara el regalo si salía con vida del combate.

La batalla continuó y se extendió a la misma ciudad. Al cabo de un rato, había tantas flechas en la armadura y coraza de Ricardo que parecía un puercoespín. En un momento dado, el enemigo lo rodeó por completo, solo en la multitud, y sin embargo se libró de ella dejando un reguero de sangre. Era como si estuviera poseído por las palabras del Deuteronomio: “Embriagaré mis flechas en sangre, mi espada devorará la carne; sangre de muertos y cautivos, cabezas de jefes enemigos. Naciones, aclamadlo con su pueblo, porque él venga la sangre de sus siervos, porque toma venganza del enemigo”. De repente, un emir sobre un caballo ricamente enjaezado y frustrado por la extrema y casi sobrenatural destreza de Ricardo en la acción, cargó contra el rey, quien le cortó la cabeza y medio brazo de un solo golpe. Los guerreros musulmanes retrocedieron ante semejante espectáculo. A medida que avanzaba el día, aumentaba su radio de acción: el rey se había convertido en una máquina de matar. Era Corazón de León y, tal como dice el proverbio, “un león, el más feroz de los animales, no se arredra ante nada”. Al anochecer la batalla aflojó. El bando musulmán había perdido unos setecientos hombres y mil quinientos caballos mientras los cruzados solo tenían dos bajas y algunos heridos.

“Y ese día –escribió Baha ad-Din, el cronista de Saladino, con tanto desdén como admiración-, el rey de Inglaterra, lanza en ristre, se paseó delante de nuestro ejército sin que ninguno de nuestros hombres osara desafiarlo.”

Fue la última batalla de la Tercera Cruzada.

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HISTORIA DE LA BAYONETA


Determinado tipo de invenciones y/o descubrimientos, como todos sabemos, aplicados al ámbito militar, han causado profundas transformaciones en los ejércitos haciendolos con frecuencia más letales, o más movibles, o más rápidos, haciendo reconfigurar estrategias, tácticas y las más de las veces uniformes y equipos, tal puede decirse de la pólvora en su aplicación a las armas de fuego, el empleo militar de gases tóxicos, el avión militar, y un largo etc.

Pues bien, uno de esos inventos o, quizás, descubrimiento, podemos decir que fue la bayoneta todavía en uso, aunque evidentemente con un fin menos práctico del que tuvo en siglos anteriores, dada la precisión y rapidez de disparo de las armas de fuego actuales. Su concepto es sencillo: arma blanca que se coloca en la parte anterior del fusil o del mosquete.

En cuanto al origen de la bayoneta es difícil de precisar con exactitud, aunque bien es cierto que existe acuerdo en que el arma en cuestión apareció durante el S. XVII, soliendo ser fechada hacia el año 1640, siendo tradición acunarla en la ciudad francesa de Bayona de donde se dice se labraron las primeras armas de este tipo, de ahí su nombre. Puede que así fuera, pero en cualquier caso el galicismo pasó a diferentes idiomas, incluido al inglés, con la raíz de esa ciudad.

Puede que os sorprenda conocer que las primeras bayonetas tienen poco que ver, en su forma y en su calado, con las que solemos ver en las películas. Básicamente consistían en un cuchillo con mango redondo que se alojaba directamente en el cañón del mosquete o sistema de clavija, lo cual evidentemente impedía al infante dispararlo, pues de hecho al instalarla se convertía en piquero.





La versatilidad del arma no cayó en saco roto y poco a poco se fueron viendo las tremendas ventajas que esta sencillisima arma aportaba al arte de la guerra, entre otras se pueden señalar:

- En la infantería se podrían disponer de tantos piqueros como mosquetes hubiera, por lo que el infante mosquetero serviría a la vez de piquero.

- Las líneas de infantería podrían pasar a posiciones defensivas u ofensivas con una rapidez absolutamente inusitada en los siglos anteriores.

- La mosquetería podría enfrentarse a las cargas de caballería como lo hiciera antes el piquero tradicional.

- La cuestión del transporte de la engorrosa pica del XVII, que recordemos podía llegar a medir entre 2 y 5 metros de larga, quedaba ahora facilísimamente solucionado modificando el tahalí del soldado, acoplando al mismo la funda de la bayoneta, manteniendo el infante toda su libertad de movimiento. Los uniformes y sus correajes empiezan a cambiar.

- La infantería montada, los dragones, también podrían hacer uso del arma.

Sin duda hay más ventajas, pero lo que si está claro es que tras la adopción del arma, la vida de los piqueros tradicionales tenía los días contados. Igualmente el avance en las armas de fuego, tanto en su carga, a partir de los cartuchos de papel que el ejército sueco de Gustavo Adolfo Vasa empleaba, como las invenciones en los nuevos mecanismos de disparo, más rápidos y eficaces, proporcionan la posibilidad de crear un arma de fuego más larga y eficaz que la del mosquete tradicional, surgiendo el fusil y desapareciendo del equipo del infante las cuerdas de encendido y los “doce apóstoles” o cargas de pólvora que llevaban en frascos colgados en bandolera.

La primera reglamentación que he encontrado sobre el uso de la bayoneta, hace referencia al reinado del soberano francés Luis XIV, narciso y ambicioso monarca que tuvo la tremenda suerte de estar rodeado de hombres que estaban a la altura de su tiempo en una Francia que emergía como primera potencia europea, generales como Conde y Turenne, el gran ministro de finanzas y Hacienda Colbert, y para lo que aquí nos interesa su ministro de Guerra, Louvois, quien reorganiza el ejercito e introduce en la infantería francesa el fusil y la bayoneta.

Entre 1680-1690, se produce una transformación importante en el arma blanca mediante un simple cambio en el sistema de sujeción al fusil, trocando el de clavija por el sistema de anillo, esto supone una verdadera revolución pues el infante, aunque tenga calada la bayoneta, puede disparar su fusil, con lo que el carácter letal del mismo quedaba duplicado.



Observamos una primera bayoneta con sistema de clavija, mientras que las dos segundas son primeras variaciones del sistema de anillo.

En una Europa como la del S. XVII donde la guerra era endémica, es difícil precisar en que combate concreto se inició el uso de la bayoneta, habida cuenta de la inmensa cantidad de batallas menores, grandes y escaramuzas que se dieron. Las primeras referencias concretas de dicho uso en combate nos llevan a los campos irlandeses durante los años 1689 y 1690, pero resulta evidente que dadas las formaciones tácticas que se usaron en esos combates, el uso militar de la bayoneta tenía que ser más anterior a esos años. En efecto, el conflicto que se dio entre el católico Jacobo II de Inglaterra y Guillermo III de Orange, se decidió en los campos de batalla de Irlanda. Allí desembarcó Jacobo II con sus fuerzas, francesas al haber obtenido el apoyo de Luis XIV, y católicas de Escocia, Inglaterra y sobre todo de la propia Irlanda, y a su encuentro fue Guillermo III de Orange con sus fuerzas inglesas, sus guardias azules holandeses, así como luteranos, hugonotes y protestantes de las Islas. El encuentro definitivo se dio en la Batalla de El Boyne el 1 de julio del año de 1690 en la que no se dieron las formaciones clásicas del S. XVII, y es de hacer notar que en la misma se habían reducido los piqueros de forma alarmante, 1 por cada 5 mosqueteros, y de igual manera los piqueros ya no formaban delante o a los laterales de los mosqueteros si no detrás de ellos, acudiendo al combate tan solo cuando eran llamados para ello. En el transcurso de la batalla, Guillermo III consiguió que sus guardias azules cruzaran el río y tras dura lucha lograron ocupar el pueblo de Old Bridge que debían de mantener hasta que el resto del ejercito cruzase el río, a tal fin reorganizaron sus formaciones al lado de la localidad para impedir que los católicos la volviesen a ocupar. A la vista de la situación, Jacobo II lanzó sus escuadrones de caballería contra los guardias azules, los cuales a una orden de mando dada, formaron en cuadros con la bayoneta calada y..., la caballería jacobita se estrelló directamente contra las bayonetas sufriendo grandes perdidas y debiendo replegarse. La batalla siguió su curso y Jacobo II la perdió, pero para lo que aquí nos interesa parece claro que lo realizado por los guardias azules no pasó desapercibido en la mentalidad militar, pues en menos de 10 años el uso de la bayoneta se extendió por los ejércitos de toda Europa.

Curiosamente, los piqueros aún tardarían un poco en desaparecer, así durante la Gran Guerra del Norte, el ejercito sueco de Carlos X aún los llevó a sus campañas (de Narva 1700, hasta Poltava 1709), pero la disminución de estos efectivos en relación con la fusilería era abrumadora. Es de hacer notar también que el ejercito ruso de Pedro I El Grande, también conocía el uso de la bayoneta.

El devenir posterior del arma muestra un uso continuado de la misma durante todo el S. XVIII, siendo la novia inseparable del fusil desde la Gran Guerra del Norte hasta la Guerra de Independencia de Norteamerica, mejorando desde luego el sistema de sujeción, de forma que su colocación para calado y desmontado fuese todavía más rápido.

Quizás una de las batallas del XVIII en las que su uso resultó altamente importante, fue la de Culloden en 1746. Durante la última rebelión Jacobita, los clanes escoceses habían demostrado saber combatir a una infantería organizada, como la británica, de forma muy efectiva y mediante una táctica realmente primitiva: lanzarse con gritos y al son de las gaitas contra las filas británicas, descargando todas sus armas de fuego para, a continuación tirarlas, desenvainando sus espadas y arremeter con ellas y su escudo puntiagudo contra las filas enemigas, operación que debían de realizar en corto espacio de tiempo para alcanzar la tercera fila y no darles oportunidad de recargar el fusil. La respuesta a esta forma de combatir la dio Cumberland a su desmoralizado ejercito mediante un instrucción severisima en el uso de la bayoneta, y para Culloden los clanes escoceses no pudieron superar los muros de bayonetas hábilmente manejadas, ahora si, por los británicos.

En 1795, aparece un modelo altamente raro en Estados Unidos, un mosquete que tenía soldada la bayoneta al cañón, modelo que no triunfó en su uso, pues al poco lo abandonaron.

A lo largo del S.XIX, la bayoneta continúa siendo la fiel pareja del fusil, introduciéndose sucesivas mejoras en su sistema de sujeción, permitiendo a su vez modificaciones en las hojas de la bayoneta, apareciendo los sables-bayoneta, espadas-bayoneta, cuchillos bayoneta, y como no, sólo bayonetas con sistemas de anillos. Todos conocemos el uso de este arma durante las guerras napoleonicas y lo peligrosisimas que eran las formaciones en cuadro para la caballería. Quizás lo más novedoso de este siglo es la aparición de la Bayoneta con sistema de baqueta larga y baqueta corta, que permite calar el arma bajo el cañón con un único movimiento. Sin embargo los sistemas de sujeción coexisten, tal y como podemos ver en la siguiente fotografía de bayoneta usadas en la Guerra Civil Americana.





Se puede observar tanto el sistema de sujeción al cañón, y el clásico modelo de hoja triangular usada en el conflicto. Como anécdota contaré, que esta larga bayoneta no solo sirvió para combatir, si no que también tuvo usos culinarios ensartando en ellas patatas, pollos o pavos para asarlos.

Evidentemente, durante las guerras coloniales de este siglo también se usaron las bayonetas, siendo empleadas cada vez más las de baqueta, pudiendo decirse que para 1880 era la usual en los ejércitos. No obstante he encontrado una de las usadas en la Guerra Zulú con sujeción clásica, probablemente de las que inicialmente se usaron en los Martin Henry.

El S.XX, demuestra que la capacidad de las armas de fuego en todas sus variedades ha llegado a extremos infernales, y no obstante la bayoneta pervive. Como en siglos anteriores, cada nación va creando sus bayonetas a sus fusiles de creación nacional o importada, pero la naturaleza de los combates que se desarrollan en este siglo demuestran que, si bien no es imposible, cada vez es más difícil llegar al “cuerpo a cuerpo”. Durante la 1ª Guerra Mundial, los masivos ataques suicidas a las trincheras se hacen con bayoneta calada, siendo barridos normalmente con fuego cruzado de ametralladoras, cuando no por la artillería, arma fundamental del conflicto.

En la 2ª Guerra Mundial se sigue proporcionando a las infanterias de las naciones implicadas sus correspondientes bayonetas o cuchillos-bayonetas, no pareciendo que sirvieran de mucho en el frente Occidental, salvo su uso simplemente complementario o auxiliar. Quizás no se pueda decir lo mismo del Frente del Este, sobre todo en lugares como Stalingrado. En cuanto a la Guerra en Asia, los japoneses usaron las bayonetas tanto en la guerra contra China, con relativo éxito, como después contra los norteamericanos, con evidente fracaso, siendo este escenario asiático donde quizás se hayan dado los últimos asaltos masivos a la bayoneta. Igualmente, puede considerarse al Japón de ese periodo como una de las naciones más impías y crueles en el aprendizaje e instrucción del uso de la bayoneta, ya que al recluta se le enseñaba, no sobre sacos, si no sobre blancos vivos, normalmente chinos o coreanos, no parando hasta que los destripaban.





Pese a entrar en la era atómica, la bayoneta todavía persiste, quizás le quede poco de vida, no lo se, pero puede, aparte del servicio auxiliar que presta, que aún se le considere como el último salvavidas del infante.


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Elrohir
 
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La defensa de Belgrado. 1456



Tras la conquista de Constantinopla, el sultán Mehmed II consideraba que el mundo entero terminaría por someterse a su dominio. Así, cuando Georges Brankovic rey de Serbia, se negó a cederle varias plazas fortificadas el sultán turco preparó su ejército. Entre 1455 y 1456 los otomanos reclutaron y organizaron en Grecia un ejército que posiblemente alcanzaría los 100.000 hombres. Incluso en el invierno de la edad media que un soberano pudiese concentrar semejante cantidad de hombres y mantenerlos durante todo el invierno y la época de la siembra dice mucho de los recursos de su imperio. Europa surgía aún de la época feudal envenenada por las discordias entre cristianos y los estragos de la peste, pero el imperio turco se encontraba en pleno ascenso, dominando provincias extensas y fértiles, recaudando importantes tributos.

Con un potente tren de artillería y tras entrenar concienzudamente a sus tropas, el sultán comenzó el ascenso hacia el norte apoyado por una importante flota fluvial. La campaña contra Belgrado tenía un fin último: La conquista de Hungría y la derrota definitiva del peor y mas enconando enemigo de los turcos: Juan de Hioandera ( Janos Hunyadi). Este hombre, casi por si solo, estaba detrás de todos los desafíos al poder de los otomanos: Mientras Janos y los húngaros resistieran, el imperio otomano no se asentaría en la cuenca del Danubio.

El pánico cundió en los Balcanes. El rey Lazar de Hungría abandonó aterrado su capital, Buda, cuando aún los otomanos no habían llegado hasta Belgrado. En realidad su decisión no era si no el resultado del fracasado congreso cristiano celebrado en su ciudad: De todos los príncipes cristianos de Europa, convocados por el Papa, no obtuvo si no juramentos y palabras...pero ni un solo soldado. Los defensores de Cristo abandonaban su causa, pero a falta de reyes y emperadores 2 hombres tomarían en sus manos la defensa de la causa de Dios cuando el legado papal, el cardenal de Carvajal ya solo confiaba en la intervención divina.

Juan de Capistrano, una suerte de Pedro el ermitaño resucitado, se comprometió a predicar la cruzada entre las gentes humildes, que formaron bajo sus órdenes una masa desaliñada y hambrienta que comenzó el avance hacia el sur. Juan de Hioandera, desposeído de su condición de regente de Hungría pero aún Capitán General del reino y Voivoda de Transilvania, preparó a sus tropas para acudir en defensa de Belgrado. El destino de naciones enteras quedó en sus manos cuando sus soberanos las abandonaron.

El 7 de julio de 1456 el campo en derredor de Belgrado amaneció nevado...pero no se trataba de nieve si no de las blancas tiendas de los otomanos que lo ocupaban todo hasta donde alcanzaba la vista. Murad II ya había asediado sin éxito la fortaleza, considerada inexpugnable, durante 6 meses. Sus asesores recomendaron al nuevo sultán un cerco intenso que rindiese la ciudad por hambre...pero el conquistador de Constantinopla no iba a esperar la rendición de una ciudadela menor. Su gloría sería superior si la ciudad caía tras un asalto protagonizado por el mismo.

El 10 de julio, ya instalados los cañones, comenzó la lenta demolición de las murallas. Los navíos turcos bloqueaban el Danubio, pero Hunyadi ya había logrado introducir 10.000 hombres al mando del gobernador de Croacia, su hijo. Pero los turcos apretaban el cerco, por lo que el grueso del ejército, 12.000 soldados veteranos, 1.000 caballeros y una multitud inmensa de campesinos y vagabundos al mando de Capistrano, se pusieron en marcha. Los defensores de la ciudad, gracias al valor de un jinete que rompió el cerco, se pusieron en contacto con Hioandera: La ciudad estaba perdida si no se reforzaban sus defensores en 3 días. El Capitán General adoptó una medida desesperada: Sus tropas veteranas intentarían romper el bloqueo turco del Danubio. Se dispusieron todas las naves útiles y se protegieron con tablas: La gran batalla por Belgrado se libraría en el río.

Los turcos tenían dispuesta una barrera de galeras reforzada por cadenas, pero el empuje de los navíos de Hioandera fue suficiente para colapsar la barrera. Se produjo una gran batalla sobre los navíos, hasta que el empuje de los hombres de Hungría y Transilvania fue suficiente para alcanzar los muros de Belgrado. El sultán, humillado, mantuvo a sus cañones disparando sobre la ciudad durante una semana entera. Los muros de la ciudad se derrumbaron en tres puntos proporcionando otras tres brechas para el asalto otomano.

Tras el largo bombardeo, y a media tarde, los grandes tambores otomanos dieron la señal de asalto: El empuje insuperable de los jenízaros consiguió tomar las murallas de la ciudad, pero cuando ya saqueaban las primeras casas confiados en su gran victoria un tumulto inmenso surgió de las murallas de la ciudadela: Los Húngaros habían abandonado las murallas exteriores refugiándose en la ciudadela y atacaban ahora a los jenízaros, que no podían retirarse debido a las murallas que quedaban a sus espaldas: Un sistema de contraataque contra los asediadores diseñado en los castillos de reducto central.

La lucha se prolongó hasta el amanecer, sin que la fiereza del combate disminuyera en la oscuridad. Los jenízaros, dirigidos por el propio sultán, asaltaron una y otra vez las murallas de Belgrado. Pero los húngaros de Janos mantuvieron sus posiciones sin ceder un solo centímetro. El ejército turco se desangraba sobre las piedras de serbia...Y lo peor no había llegado aún. Con un grito espantoso, en medio de la madrugada, las harapientas fuerzas de Juan de Capistrano habían alcanzado el campamento turco. Los cañones turcos apenas pudieron aguantar el embate de aquella masa desarmada. El ejército otomano se encontró entre dos fuegos, y solo gracias al empleo de la caballería Spahi pudo el sultán salvar su vida en el último momento, siendo el mismo herido en la frente. A pesar de los incendios causados por los turcos en su retirada el botín capturado por los cristianos fue inmenso, todo el tren de artillería, inmensidad de armas, tiendas y provisiones...

Paradójicamente la victoria traería frutos más dulces para los infieles que para los vencedores: Pocos tiempo después Janos moría victima de la peste, siendo celebrado por el mismo Papa como el hombre más grande nacido en los últimos 300 años. Juan de Capistrano le seguiría al propio tiempo, alcanzando la condición de beato de la Iglesia. Los hijos de Janos combatirían al rey de Hungría, y los herederos de Brankovic entre ellos...mientras que en Constantinopla el sultán celebraba con un fasto inaudito la circuncisión de sus herederos. En su afán por hacer olvidar el fracaso ante los muros de Belgrado se dedicó en los años siguientes a campañas más sencillas: Primero asentó definitivamente su poder sobre la península de Morea, y después emprendió una campaña contra el imperio de Trebisonda que también sometió. Los ulemas proclamaron que ningún griego llevaba ya el título de rey, y que las tres coronas pertenecían por derecho al señor de los 2 mares y las 2 tierras: la de Asia, la de Bizancio y la de Trebisonda. Meted se hizo siempre representar con las tres coronas mencionadas, y después partió hasta las ruinas de Troya para proclamar vengados a los héroes de Asia. Todo por olvidar su huida ante los mendigos de Capistrano.

El Papa trató de organizar la cruzada definitiva que exterminase a los turcos, que llevase a sus palafreneros a abrevar sus caballos en la Meca...pero una vez más, lo único que obtuvo fueron palabras y juramentos solemnes...que no llevaría a nada. Aún faltaba más de un siglo para que el peligro turco fuese definitivamente detenido en Lepanto, cuando ya España había tomado el relevo de una Hungría derrotada definitivamente en Mohacs.

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Última edición por Elrohir; 27-Jan-2007 a las 11:09
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Antiguo 21-Jun-2005, 17:30   #26
Médano
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ADOLF HITLER(1889-1945)


Nace en Braunau(Austria) el 20 de abril de 1889 en el seno de una familia de clase media.Su padre fue Alois Hitler, un funcionario de aduanas aficionado al alcohol y las mujeres, dueño de un carácter irascible que más tarde heredaría su hijo Adolf. Se casó dos veces y mantuvo una agitada vida sentimental hasta el final de su vida. Cuando conoció a quién sería la madre de Hitler, Klara Pölz, ya era un hombre de cincuenta años con hijos de su anterior matrimonio casi tan mayores como su futura esposa. Klara Pölz era una mujer de rasgos muy bellos aunque de poco carácter y completamente sometida a la autoridad de su marido. El matrimonio tuvo seis hijos de los cuales sólo Adolf y su hermana Paula llegaron a la mayoría de edad.Esta circunstancia influyó en la sobreprotección que Klara le brindó a sus hijos por el temor a perderlos. El carácter violento de Alois que limitaba su rol de padre a frecuentes golpizas, alimentaron el fuerte rechazo de Adolf por la figura paterna y una gran devoción por su madre que mantuvo hasta el final de su vida. Adolf no alcanza a terminar la escuela secundaria, según sus maestros, por falta de aptitud para el estudio.Su vocación fue siempre la pintura pero sus obras son apenas aceptables y en sus cuadros las figuras humanas lucen desproporcionadas con el contexto.A los 17 años es rechazado en su admisión a la Academia de Bellas Artes y sus obras son calificadas como mediocres.Poco después muere su madre de cáncer a los 47 años de edad y este episodio doloroso no lo podrá superar en toda su vida.Hasta su propia muerte lo acompañó un retrato de su madre que no dejaba de mirar todas las noches.Sin estudios completos y sin sutento económico alguno, deambula por las calles de Viena como vagabundo durante varios años, durmiendo en las calles, en un albergue público o en un cuarto alquilado si es que lograba vender algunas de sus pinturas.Durante breves períodos trabajó en fábricas, como barrendero y como changador en las estaciones de trenes.Pero el trabajo físico no era lo suyo y si no dejaba por cansancio lo echaban por inepto.Según el testimonio de un ciruja amigo en los tiempos de Viena, Hitler parecía un espectro por lo flaco y pálido, pero nunca tuvo vicios a pesar de vivir en un medio plagado de miserias.Ni siquiera tenía relaciones con el otro sexo, lo que de por sí generaba suspicacias en sus compañeros de albergue.Su aspecto personal dejaba mucho que desear, pelo largo, barba sin cuidar y siempre la misma ropa sucia y llena de remiendos.Años más tarde, ya en el poder, recordaba que sus experiencias más tristes habían tenido lugar en medio de la alegría de la gente de Viena.Al anexionar Austria, su obsesión principal fue vengarse de cada uno de los individuos que, según él, lo habían despreciado.Desde el director de la Academia de Bellas Artes hasta algún compañero del albergue público que le había robado su par de zapatos mientras dormía, fueron víctimas de las SS por orden expresa de Hitler que nunca olvidó el más mínimo episodio de sus años de vagabundo en Viena.En una ciudad que era el sueño de cualquier turista, con los mejores teatros y casas de arte, Hitler convivió con el hambre como mejor compañero.La capital más espléndida y culta de Europa era vivida como una pesadilla por el joven Adolf que, sin embargo, se negaba a buscar un trabajo fijo por resultar incompatible con su naturaleza.En este punto cabe destacar que esta vida de vagabundo Hitler la adoptó por propia elección, y no por necesidad como escribió años más tarde en su libro "Mi Lucha". Heredó de sus padres un par de propiedades e incluso contaba con el respaldo económico de sus hermanos mayores pero se negó sistemáticamente a recibir culaquier tipo de ayuda. Su hermano mayor, Alois, llegó a ser un próspero comerciante en Inglaterra e intentó convencer a Adolf de participar en sus negocios. En un episodio poco conocido de la vida de Hitler, éste vivió un tiempo en Inglaterra en el departamento de su hermano.Al cabo de un mes de estadía, Alois falló en su intento por hacer trabajar a su hermano que se quedaba durmiendo en el living hasta el mediodía. De Viena pasa a Munich donde sigue su vida de vagabundo hasta que en 1914 estalla la gran guerra.Hitler, que por entonces tenía 25 años, recibió la noticia como una bendición del cielo y se ofreció como voluntario tras haber sido rechazado en el servicio militar por tener un físico inadecuado para portar armas.Como soldado anónimo partió hacia el frente y durante cuatro años padeció la vida en las trincheras con las ratas, el olor a muerte y el agua llegándole a los tobillos.Según el testimonio de sus camaradas de armas, Hitler demostró tener un coraje fuera de lo común e hizo de mensajero entre las líneas de fuego.Salvó su vida milagrosamente en reiteradas ocasiones y recién al final de la guerra quedó ciego por efecto del gas mostaza.En el hospital militar, en medio del delirio por los efectos del gas, y todavía ciego se enteró de la rendición incondicional de Alemania.En ese preciso instante, en medio de la peor desolación, dijo ver a la Divina Providencia que lo había elegido para conducir los destinos de Alemania.Pudo ser una alucinación o simplemente un invento, pero lo cierto es que quince años después cumpliría ese designio.En 1919 se une al partido obrero alemán y dos años después ya era jefe del partido.La guerra en las trincheras lo había transformado en otra persona.El vagabundo más infeliz de Viena era ahora jefe de un partido político.El 9 de noviembre de 1923 fracasa en su intento de tomar el poder en Munich acompañado de glorias como el general Ludendorff y el as de la aviación Hermann Goering.Conoce la prisión y allí escribe su libro "Mi Lucha" que pronto se venderá en toda Europa.Allí expone sus ideas políticas y señala con claridad sus planes futuros. Con asombrosa precisión cumplirá cabalmente las promesas de su libro en el sentido de exterminar a los judíos y expandirse hacia el Este. Cuando muchos historiadores sostienen que el pueblo alemán fue mantenido al oscuro de los planes de Hitler parecen olvidar deliberadamente el libro "Mi Lucha" en dónde se explica claramente como extirpar el "cáncer judío" y donde Hitler expone proféticamente sus intenciones con respecto a Rusia. Considerando que se vendieron millones de ejemplares de este libro en toda Europa cabe preguntarse incluso la actitud de los dirigentes de Occidente que no tomaron recaudos a partir de la llegada al poder de los nazis en 1933.

Hitler se inspira en su ídolo Mussolini y copia no sólo sus ideas sino también sus organizaciones partidarias y políticas.Inspirandose en las camisas negras de Mussolini, crea sus camisas pardas y sus SS, en vez de Duce se hace llamar Fuhrer, pero en lo único que no puede imitarlo es en su apariencia física.A pesar de usar hombreras artificiales y botas hasta las rodillas, su físico escuálido contrasta con la figura robusta del Duce; su cuerpo pálido y lampiño configura un aspecto afeminado que contrasta con la virilidad de Mussolini, quien por el contrario ama hacerse fotografiar con el torso desnudo o haciendo footing en la playa; su ridículo bigote lo asemeja a Chaplin mientras el Duce con su mentón prominente, su boca provocadora y un cráneo romano perfecto se asemeja a un César.



El único fuerte de Hitler son sus ojos azules que parecen poseer, a juzgar por la cantidad de testimonios, de una rara capacidad hipnótica.Hombres de gran personalidad como Goering, una vez delante de Hitler terminaban contando las baldosas del piso, tanto era el temor que inspiraba ese hombrecito.Observándolo en los documentales, con sus movimientos torpes y su sombrero de cartero, cuesta entender la autoridad que irradió entre sus subordinados y la devoción que despertó en su pueblo.Fue, sin embargo, un excepcional orador con una voz de timbre mesiánico, su rostro se desfiguraba, las venas de su cuerpo se hinchaban y su apariencia se asemejaba mucho a la de un Cristo sediento de venganza.El éxtasis que provocaba en el público ni siquiera es comparable con las ensordecedoras ovaciones que recibía Mussolini.Mientras el Duce, actor nato, conquistaba a su público con sus gestos ampulosos y exagerados, que provocaban un diálogo cómplice con su auditorio, la relación de Hitler con las masas estaba envuelta en una atmósfera religiosa.Por último, la propaganda fascista no escondía al gran público las aventuras sexuales de Mussolini en un pueblo donde la infidelidad conyugal está íntimamente relacionada con la virilidad del hombre.En Alemania, en cambio, Hitler era visto como un asceta y su relación con Eva Braun(si es que realmente existió algun tipo de contacto) se mantuvo en el más absoluto secreto hasta el final de la guerra.

La relación de Adolf Hitler con Eva Braun se utilizó durante la posguerra para desacreditar su imagen de asceta y de hombre plenamente consagrado a su patria tal como lo presentaba la propaganda nazi.Dado que sus críticos no pudieron derribar su mito de soldado valiente durante la gran guerra ni encontraron pruebas de actos de corrupción por su parte(lo mismo sucedió con Mussolini), escarbaron su vida privada subrayando hasta la exageración sus relaciones amorosos, en donde no faltan opiniones acerca de un sadomasoquismo e incluso de supuestas relaciones homosexuales.Por el testimonio de la gente que estuvo a su lado en distintas etapas de su vida, Hitler solamente amó a una mujer, aparte de su madre, que fue su medio sobrina Geli Raubal, quién tuvo un trágico final suicidandose en 1931.

Geli Raubal, su único amor

Eva Braun, una compañera
Está demostrado que Hitler nunca sintió nada por Eva Braun(ella en cambio sí lo amaba) y si aceptó tenerla cerca de su entorno fue más por compasión o comodidad que por algún rasgo de cariño.Los repetidos intentos de suicidio de Eva Braun estaban destinados a que Hitler fijara su atención en ella e incluso antes de morir Hitler le regala una boda de casamiento en reconocimento a su lealtad y no por amor.Textualmente escribe Hitler: "Durante mis años de lucha consideré que no debía contraer matrimonio pero ahora que mi vida llega a su fin, he decidido tomar por esposa a la mujer que aún sabiendo que Berlín se hallaba rodeada vino para morir al lado del hombre que amaba".De su parte, no hay ni una palabra de amor o de afecto, sólo un reconocimiento de lealtad.Su desinterés por los afectos se hizo abarcativo a su propia familia, hermanos y sobrinos a quienes nunca veía y no porque tuviera una mala relación con ellos.En ese sentido era muy parecido a Stalin y vivía dedicado a Alemania las 24 horas del día.Alemania fue la obsesión de toda su vida y la confundía con su madre.Su desprendimiento por lo material era absoluto y las cuantiosas ganancias que obtuvo por la venta de su libro "Mi Lucha" las donó a las arcas de su partido.

Stalin,Hitler y en menor medida Mussolini fueron fanáticos de una idea nacionalista y se desvivieron por ella.Mandaron al frente a morir a cientos de miles de soldados, pero antes ellos habían luchado con valor en las trincheras.Si se quiere, tenían una autoridad moral en ese sentido.Luchaban contra la corrupción de sus gobiernos dando el ejemplo de honestidad personal como primera medida.Cuando durante la guerra los alemanes tomaron de prisionero a su hijo, Stalin se negó a negociarlo por un general alemán.Mussolini perdió en la guerra a su hijo Bruno, el más parecido a su padre en carácter, mientras piloteaba un avión.Esta faz de los dictadores no los hace mejor personas pero permite evaluar la historia con objetividad.Si no es imposible entender como seres tan perversos pudieron generar en vida tantas adhesiones.En la historia del hombre todo tiene una lógica en la medida en que se señalan los hechos en su conjunto sin ocultar o alterar la verdad de lo ocurrido.

Hitler y su perra Blondi

Hitler y una joven admiradora
La situación social de la Alemania de posguerra era caótica, con una economía agobiada por los altos costos que debía pagar en concepto de reperaciones de guerra y con una hiperinflación vertiginosa; la desocupación alcanzaba a seis millones de personas; los excomabtientes se sentían frustrados después de ver que sus esfuerzos en el frente se habían evaporado en la mesa de negociaciones; el país humillado por sus pérdidas territoriales, por haber sido obligado a ceder su armamento y su marina y por las cláusulas del Tratado de Versalles en cuanto a la limitación para rearmarse en un futuro inmediato.Hitler tomando el modelo de Mussolini que ya para entonces era gobierno en Italia, aprovecha ese descontento general mejor que nadie y aglutina en sus filas a los elementos más radicales de la sociedad pero, sobre todo, dirige sus esfuerzos para lograr el apoyo de los poderosos industriales que ven en Hitler, el mejor baluarte contra el comunismo y el socialismo.El apoyo financiero de los grandes banqueros e industriales le allanó a los nazis el camino hacia el poder.Con los fondos recibidos Hitler pudo comprar un diario, montó una campaña publicitaria de envergadura, dispuso de aviones para sus visitas a las distintas ciudades del país y fundamentalmente obtuvo contactos directos con los grandes factores de poder.Durante este período jugó un rol muy destacado Hermann Goering, as de la aviación durante la gran guerra, quien con sus contactos de la alta sociedad le abrió las puertas a Hitler para entrar en un mundo hasta entonces desconocido para él. Los progresos electorales son sorprendentes: En 1928 obtiene un millón de votos, en 1930 ya llega a los 6.500.000 y para finales de 1932 lo votan 13.475.000 personas.Sus contactos con el hijo del presidente Hindenburg, con el secretario de estado Meissner y con Von Papen tuercen la voluntad del anciano presidente Hindenburg que el día 30 de enero de 1933 llama a Hitler para que forme un nuevo gobierno.Paul Von Hindenburg era una gloria viviente de la historia alemana con sus 87 años a cuestas y con un porte todavía imponente desde sus casi dos metros de estatura.El viejo prusiano despreciaba a Hitler por considerarlo una figura torpe y despectivamente se refería a él llamándolo cabo pero pronto terminó rindiéndole pleistesía.Fue esta una constante en la vida de Hitler.Al principio lo subestimaban y despreciaban pero con el tiempo terminaban siendo sus más fervorosos admiradores.Algún don hipnótico debió tener porque cuesta explicar racionalmente los inumerables éxitos diplomáticos que obtuvo ante las más diversas personalidades de la política.Hitler prefería tratar los temas conflictivos personalmente y para 1939 Alemania era dueña de Austria y de gran parte de Checoslovaquia sin haber disparado un sólo tiro.Chamberlain, Daladier, Benes y otros líderes de la época se reunían con Hitler dispuesto a frenarlo en sus ambiciones expansionistas pero al finalizar la reunión aceptaban todos los puntos planteados por éste sin recibir nada a cambio.Gritos histéricos, puñetazos sobre la mesa y patadas a las sillas eran algunas de las actitudes que empleaba delante de sus distinguidos invitados que salían del despacho temblando o descompuestos.El presidente checoslovaco Benes tuvo que ser atendido de un preinfarto a la salida de una reunión con Hitler.La pregunta que surge es como puede ser posible que estos diplomáticos, ministros y presidentes hayan tolerado semejantes desplantes de su par alemán sin sentirse ofendidos.Al contrario, concedían a Hitler todo lo que pedía y aún sabiendo lo poco confiable que era .Fue tal la mansedumbre de estas personalidades de la época que el mismo Hitler se sentía irritado de tanto servilismo y se quejaba de no encontrar pretextos para desencadenar una guerra.El era un hombre de acción al que le estaban regalando el mundo sin disparar un tiro y eso era algo contrario a su naturaleza.Necesitaba una guerra para su pueblo y como no se la dieron la provocó en Polonia.

Sus dotes de hombre político eran muy buenas pero su mayor vitud era saber elegir a sus colaboradores.A diferencia de Mussolini y de Stalin, que estaban rodeados de una corte de aduladores y mediocres, Hitler tenía a su lado colaboradores brillantes.Hermann Goering era el hombre más popular y querido de Alemania después de Hitler.Si Hitler se hubiera muerto antes de 1939, Alemania hubiera tenido en Goering el gobernante ideal.Hombre de absoluta lealtad, fue el único que defendió a Hitler con vehemencia en el juicio de Nuremberg.En la Alemania nazi ocupó diversos cargos en forma simultánea destacándose como presidente de Reichstag y como jefe de la Luftwaffe.Heinrich Himmler fue el encargado de ejecutar el macabro trabajo de la solución final y lo hizo con una eficiencia aterradora.Meticuloso, obsesivo y leal, Himmler fue una computadora viviente con un nivel de eficiencia en sus tareas cercano a la perfección.Joseph Goebbels, el famoso ministro de la propaganda nazi, era pequeño de estatura y con una renguera como secuela de la poliomelitis pero tenía un nivel intelectual probablemente superior al de Hitler y un encanto personal que hacía olvidar sus defectos físicos.Su manejo de la propaganda con las distintas técnicas psicológicas hizo historia y aún hoy se siguen estudiando.El círculo de íntimos lo completaba Rudolf Hess, uno de los pocos hombres que tuteaba a Hitler, que tuvo un muy destacado en los años de la lucha por el poder pero luego fue entrando en un ostracismo que culminó con su inesperado vuelo a Inglaterra en 1941.Hecho prisionero por los ingleses reapareció en Nuremberg en estado demencial o simulando estar loco.Murió "suicidado" en Spandau en 1987 a los 94 años de edad. Con este grupo de colaboradores más la brillante participación del doctor Schacht en la conducción de la economía, Hitler pudo darse el lujo de centrar su atención en su aventura bélica, sin necesidad de preocuparse por la política interna de su país.Como estratega militar demostró dotes de genio y las operaciones militares más espectaculares de la segunda guerra mundial como en Polonia, en el Báltico y en Francia surgieron de su propia cabeza, al principio con la oposición de su estado mayor que seguía aferrado a las teorías tradicionales de guerra, pero tras los éxitos obtenidos, especialmente en Francia, todos los generales se rindieron a sus ideas.Hitler tenía un conocimiento de las armas increíble y se sabía de memoria los detalles técnicos de cada una de ellas.Prefería seguir las acciones de guerra personalmente trasladandose a los distintos frentes de batalla desde donde impartía las ordenes y ajustaba los más mínimos detalles.Su planificación de la guerra se demostró milimétricamente organizada y la desastrosa intervención italiana alteró por completo sus planes iniciales.Los errores que se le suelen adjudicar en el plano militar no se deben a errores de concepto sino a situaciones externas inesperadas.Su retraso en la invasión a Rusia se debió a la intervención en Africa y los Balcanes para salvar a los italianos del desastre, o mejor dicho, para salvar a Alemania de las condiciones caóticas que creaban los italianos con su cadena de desaciertos.De no haber intervenido en los Balcanes, el eje no sólo hubiera perdido el control de Grecia, Yugoslavia y Albania sino que hubiera tenido a los griegos en Roma.Qué decir de Africa donde los italianos se rendían casi sin combatir regalandole a los aliados Egipto, Somalia,Etiopía y otros centros estratégicos de abastecimiento.Por otro lado Hitler no podía esperar un año más para la operación Barbarroja ante el rearme a pasos agigantados de la Unión Soviética.Todo lo que sucedió posteriormente en Rusia con la llegada del invierno Hitler ya lo había previsto con un dejo de fatalismo pero sus cartas ya estaban echadas.La amenaza roja interfería en sus planes geopolíticos y temía que tarde o temprano los rusos atacarían a Alemania.Se trataba de Stalin o de él.Finalmente fue Hitler quien decidió atacar a traición a la Unión Soviética.El único error militar que tuvo consecuencias letales fue su decisión de no invadir Inglaterra.El misterio envuelve esta extraña actitud de Hitler, como los episodios de Dunkerque donde le permite a 300.000 ingleses regresar tranquilamente a las islas.El posterior vuelo de Hess a Inglaterra completa este círculo de sospechas que quizás nunca sean resueltas.También fue un error, pero este por razones afectivas, no desprenderse de Italia cuando bien podía haberla ocupado transformándola en un centro estratégico del Mediterráneo.Su admiración y afecto por Mussolini lo cegaron por completo y a pesar de las opiniones que recibió de su estado mayor en el sentido de desprenderse de los italianos, quedó envuelto en una cadena de desastres que a la larga le costarían la guerra.

Hitler quedaba prendado delante de Mussolini y nunca dejó de admirarlo
La intervención de su otro aliado, Japón, tuvo consecuencias no menos letales para Alemania.En vez de atacar a los rusos desde Siberia, como pretendía Hitler, los japoneses atacaron sorpresivamente la base americana de Pearl Harbor en diciembre de 1941, justo en el momento en que los alemanes más necesitaban de la ayuda japonesa.La acción japonesa sólo sirvió para abrir otro frente de batalla y lo que es peor despertaron a un gigante dormido como Estados Unidos que hasta ese momento se había mantenido neutral.Hitler debe haber experimentado la misma sensación que tuvo cuando se enteró del ataque italiano a Grecia.Hay que decir a favor de los japoneses que ellos no querían servir a una Alemania que más tarde se les vendría encima.Los mismos miedos de Mussolini con respecto a los planes futuros de Alemania los encontramos en los japoneses que prefieren iniciar una guerra paralela en el Pacífico mientras Alemania se desangraba en su lucha contra la Unión Soviética.Esto demuestra que el Eje fue cualquier cosa menos una alianza militar y que sus integrantes desconfiaban unos de otros.Los resultados están a la vista. Finalmente el 30 de abril de 1945, con los rusos a las puertas de Berlín, un Hitler físicamente devastado por los más variados achaques, se pega un tiro y ordena ser cremado para impedir que su cadáver tuviera el mismo fin que el de Mussolini.El 8 de mayo Alemania capitulaba en una conmovedora prueba de lealtad hacia su Fuhrer.Hasta que no se difundió la noticia de su muerte, los alemanes(niños,ancianos y mujeres) siguieron peleando por un país devastado con un fanatismo similar al de los japoneses.

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Última edición por Elrohir; 27-Jan-2007 a las 11:10
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Antiguo 28-Jun-2005, 23:27   #27
Till Lindemann
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Esto es parte de la historia militar moderna, es una explicación, que cuando un peloton va en formacion y para pasar un puente el sargento tiene que gritar rompan filas para poder pasar el puente (aunque no lo creais ocurre eso :D )



Es un fenónemo de resonancia. Igual que un columpio se mueve con mayor amplitud cuando se le impulsa con la frecuencia adecuada, así ocurre con todas las estructuras. A esas frecuencias (suelen ser varias) a las que la respuesta es mayor se les llama frecuencias propias de oscilación.
Al pasar una columna de personas desfilando por encima de un puente, está golpeando el puente, no con mucha fuerza, pero con una frecuencia concreta. Si esa frecuencia es similar a una de las frecuencias propias de la estructura, la estructura comenzará a vibrar, a oscilar, con mayor amplitud cada vez, hasta que llegue a su límite elastico y se rompa. Esto es posible cuando un peloton entero pase por el puente, aunque parezca imposible lo es sino....
Hay un famoso vídeo en el que un viento de unos 60 km/h consigue que un puente colgante (uno grande de hormigón, no uno de cuerdas y madera) entre en resonancia y después de algunas oscilaciones, increíblemente, se rompa.

Este es algo para mi interesante :D


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Última edición por Elrohir; 27-Jan-2007 a las 11:11
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Antiguo 29-Jun-2005, 22:37   #28
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Till, si que es interesante :D .


Vamos por otra batallita:


OPERACIÓN TORCH


En Abril de 1942 el Presidente de los EEUU, Franklin D. Roosevelt , presentó el plan que abriría un segundo frente en Europa para aliviar a sus aliados soviéticos, al borde del colapso por el arrollador empuje alemán. Sin embargo, sus aliados británicos discrepaban (al igual que durante toda la guerra) sobre los planes norteamericanos y tenían ellos mismos sus propias prioridades militares, como la defensa a ultranza de sus colonias y posesiones en otros continentes, como la India o Egipto.

Para aclarar posturas y buscar un acuerdo, Churchill viajó a Washington el 17 de junio y se reunió con su homólogo Roosevelt y acordaron un plan que no contentaban demasiado a ambos pero al menos hubo un acuerdo necesario y oportuno . Ese acuerdo ponía la primera piedra para la invasión aliada de las colonias francesas en Marruecos y Argelia administradas por el régimen pronazi títere de Vichy.

El 24 de julio de adoptó el nombre del plan militar como "Operación Torch", y dos días más tarde el General de Brigada Dwight Eisenhower era nombrado comandante supremo de la operación. el 12 de Agosto de 1942 Stalin dio su visto bueno a los planes aliados cuando las tropas alemanas avanzaban hacia Stalingrado y hacia la cuenca del Don aunque no ocultó su malestar por la disminución de las ayudas anglonorteamericanas a la URSS. Entonces ya todo estaba en marcha.

La Operación Torch no suponía un vuelco en el desarrollo de la guerra -según citó Eisenhower- pero si el camino más seguro, rentable y corto hacia Berlín, una vez desechado algún intento de desembarco en las costas francesas. Aunque el mismo general aliado reconoció que no sería fácil ese camino hacia el Reich y la victoria aliada en las colonias francesas dependía directamente de la neutralidad de España en el conflicto y de la actitud pacífica de las tropas vichyanas destacadas en ese sector. España no se pronunciaba en el conflicto, aunque se decantaba hacia el Eje permanecía neutral en la guerra, era una amenaza gravísima debido a su ambigüedad. Si España se mantuviese tal y como estaba, no habría problemas casi de ningún tipo pero si entraba en escena junto a los alemanes tomarían Gibraltar y el Marruecos francés fácilmente, y desde ahí dominar todo el Mediterráneo. Pero en las mentes de los generales aliados también discurría la idea de una hipotética invasión nazi en la Península Ibérica y ocupar ambas orillas del Estrecho de Gibraltar.

Mientras, el caso francés también era preocupante, ya que se habia demostrado la lealtad de los gobernadores de las colonias francesas al régimen de Petain. Sirva de ejemplo De Gaulle y su ataque sobre Dakar o la resistencia francesa en Siria y Madagascar contra los ingleses. Marruecos y Argelia eran las joyas coloniales francesas y contaban con más de 200.000 tropas, aviación y medios blindados, además de unidades navales considerablemente preparadas con el apoyo alemán. Los norteamericanos e ingleses preparaban su plan teniendo en cuenta tres factores clave: preparar un gran ejército de desembarco, neutralizar a las tropas de Vichy y cubrirse las espaldas por si interviene España con el llamado plan Backbone (columna vertebral).

Este iba a significar el primer paso hacia el dominio total aliado en África y la primera piedra hacia el duro y largo camino hasta Berlín.


La fecha del desembarco aliado en Marruecos estaba previsto para el día 30 de octubre de 1942 en Casablanca. Mientras, los diplomáticos ingleses y norteamericanos trabajaban hábilmente para ganarse la confianza de Franco y tranquilizarlo y contentarlo con acuerdos como el aumento del envio de carburante norteamericano a nuestro país. Los aliados respetarían las fronteras y territorios españoles si Franco no autorizaba a las tropas del Eje entrar en la península. Además, los aliados aunaban esfuerzos en su intento de contactar con los franceses divididos entre la obediencia al régimen pronazi de Pétain o la colaboración con las tropas aliadas. Franco aceptó los ofrecimientos y garantías territoriales de los aliados y una gran amenaza (la intervención española) quedó casi totalmente disipada.

La invasión se ponía en marcha : Eisenhower iba a dirigir (en detrimento del frustrado francés Giraud) a un ejército compuesto por: El General George S. Patton al mando de los 35.000 hombres y 260 carros de combate en el desembarco en Marruecos. El General inglés Kenneth Anderson dirigía el contigente aliado que desembarcaría en Argelia, con un total de 72.500 hombres y 300 blindados. Ambos ejércitos estarían apoyados por más de 500 aparatos de la US Air Force de Doolittle y Spaatz . En el mar se reunió a 250 buques mercantes y de transporte y más de 130 navíos de guerra, contando con 6 grandes acorazados y 11 portaaviones con tres centenas de aeronaves embarcadas. Casi todas estas unidades militares fueron concentrados en Gibraltar, un auténtico hervidero humano en Octubre de 1942. Casi todo el contigente aliado estaba formando por norteamericanos que salieron de los puertos estadounidenses de Portland y Norfolk, excepto por un reducido grupo de ingleses que desembarcaron en Argel . Los rumores de invasión aliada en las costas norafricanas de la Francia de Vichy se propagaron rápidamente, y el jefe militar de Argelia, General Juin, instó a elevar la vigilancia en los perímetros de los puertos de Argel y Orán.





En Casablanca, la situación es complicada. Los intentos del servicio secreto británico fracasaron con el comandante en jefe de Casablanca, General Bethouart. El residente General Nogués, quien era leal a Petain, mandó detener a Bethouart y ordenó atacar a las fuerzas invasoras aliadas.


La flota de invasión compuesta por más de 130 barcos, estaba lista para desembarcar las fuerzas del General Patton que estaba a bordo del Augusta. Las operaciones se iniciaron a las 00:00 horas GMT. El plan de contingencia en caso de oposición se llamaba Play Ball y obligaba a emplear todos los medios para aplastar a las fuerzas francesas si fallaban los planes establecidos. Las baterías costeras abrieron fuego a las 7:30 de la mañana, cuando aviones del portaaviones USS Ranger lanzaron el primer ataque que fue interceptado por aviones franceses. Cinco cazas americanos y 7 franceses fueron derribados. A las 08:04 el USS Massachussets abrió fuego contra las instalaciones del puerto. En 10 minutos fueron hundidos 10 barcos de carga y pasajeros.

A las 09:00 el Contralmirante Gervais de Lafond se hizo a la mar rumbo a Fedala para enfrentar a las fuerzas invasoras de Casablanca. El buque insignia Primauguet no pudo salir a tiempo por estar en reparaciones y Lafond abordó el superdestructor Milan. A las 09:20 los Wildcats del portaaviones USS Ranger atacaron el buque francés y lo pusieron fuera de combate junto al Brestois y al Albatross. El Primauguet logró zarpar encontrándose con el Augusta, el Brooklyn, el Massachussets, el Tuscaloosa y el Wichita flanqueándolos por ambas bandas. El Fougueux fue hundido y el Milan embarrancó en la playa. El Boulonnais se fue a pique ante el impacto de 8 granadas de 16" y el Primauguet medio escorado echó anclas al lado del Milan. A duras penas, el Brestois y el Frondeur regresaron a puerto, pero en la noche fueron horquillados y puestos fuera de combate. El Alcyon tratando de recoger supervivientes fue atacado por bombarderos y salvas de la artillería naval, mientras el Albatross y el Primauguet fueron alcanzados mientras trataban de transferir 100 muertos y 200 heridos.

Dos destructores británicos fueron hundidos en Oran. El batallón de desembarco de la 1ra División Blindada estadounidense fue diezmado y dos destructores americanos de apoyo fueron también fueron hundidos con toda la tripulación. En Argel los Aliados intentan desembarcar las tropas en dos destructores, el Broke y el Malcom. El Malcom es dejado fuera de combate, pero el Broke logra desembarcar las tropas, intenta salir, pero es horquillado por las baterías costeras y al día siguiente se hunde.





Durante el resto de la operación, en Marruecos, el Augusta prestó protección a las fuerzas invasoras atacando a las unidades menores francesas que trataban de impedir el desembarque. El acorazado francés Jean Bart, que los americanos pensaban que estaba fuera de servicio, atacó al Augusta que recibió al menos dos impactos y lo obligo a retirarse fuera del alcance del buque francés. Inmediatamente se ordenó un ataque combinado contra el Jean Bart que fue realizado por bombarderos y navíos que regresaban de la playa de invasión y que dejaron al buque francés fuera de combate. La lucha fue sangrienta; antes de poder desembarcar, los americanos tuvieron que hundir 7 buques franceses y en tierra se desató una batalla que dejó como saldo mil franceses muertos.

En Londres el Almirantazgo estaba al borde de la histeria. Temían que las acciones en Oran, Argel y Casablanca harían que los franceses se plegaran a los alemanes. La situación pendía de un hilo y podía cambiar, una vez más, el destino de África. Churchill, odiaba a Darlan (Almirante Fránces, Comandante en Jéfe de todas las fuerzas armadas francesas), tanto como éste odiaba al Primer Ministro británico, por ello era de esperar cualquier cosa por parte del inglés. El día 8 de noviembre, Darlan estuvo toda la tarde y parte de la noche, en reuniones con sus oficiales dirigiendo la defensa de la colonia y después de la agotadora jornada, fue a visitar a su hijo. Una llamada telefónica lo hizo regresar al Cuartel General francés ante el llamado del General Juin que lo solicitaba con urgencia, afirmando que se trataba de algo de importancia nacional.

El Cónsul General de EEUU, Murphy, ideó tenderle una trampa a Darlan para que Juin lo capturara. Dio resultado. Al llegar Darlan, Juin mandó detenerlo. No hay testimonios, ni documentos oficiales que rebelen lo que aconteció esa noche. Sólo por las memorias de Churchill. Se sabe, que cuando Darlan se dio cuenta que había caído en una trampa, le dijo a Murphy: "Sabía que los ingleses son unos inescrupulosos, pero sólo hasta este momento, pensé que los americanos eran mejores."

Esa misma noche fueron cursadas órdenes firmadas por Darlan, para que las fuerzas francesas cesaran de combatir a los aliados. Las noticias llegaron a oídos de Hitler, quien sin saber lo que realmente pasó, acusó a Darlan de traición premeditada y probablemente pensó que fue con la complicidad de Petain, en consecuencia ordenó la ocupación de la zona de Vichy. Además le exigió a Petain que enjuiciara a Darlan por traición.

En África, Eisenhower se entrevistó con Darlan, y a partir de ese momento, con la protección Aliada y bajo palabra de honor, el hasta hace unas semanas "infante canalla" según Churchill y "traidor, fascista y bandido" para la prensa anglo-americana, se cambió de bando. El 24 de diciembre Darlan fue víctima de un atentado que le quitó la vida. Su asesino, fue capturado y fusilado dos días después, sin que mediara un juicio.

Tal vez nunca se sepa lo que ocurrió con Darlan, pues como epílogo de la Operación Torch, sólo quedan las frías palabras de Churchill: "El asesinato de Darlan, por criminal que parezca, libró a los Aliados del dilema de saber lo que surgiría de la colaboración de ese hombre; por otra parte nos quedaron todos los beneficios que se reportaron en las horas decisivas del desembarco."

Al contrario de Mussolini que vislumbraba la posibilidad de un ataque Aliado por el oeste africano, Hitler ni se preocupó en evaluar las posibilidades de una invasión Aliada para encerrar entre dos frentes al General Rommel. Ante los acontecimientos, sólo atinó a ordenarle a Kesselring que enviara a Túnez todo lo que tenía. Lo único con que disponía Kesselring en ese momento, era un puñado de paracaidistas y su guardia personal: una compañía.

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"Que gran vasallo si hubiere buen señor..."


"Solo hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana. Y no estoy tan seguro de la primera"

Última edición por Elrohir; 27-Jan-2007 a las 11:11
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Antiguo 30-Jun-2005, 11:13   #29
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[IMG]img[/IMG] Overlord o la invasión de Francia cruzando el canal fue la operación más critica y peligrosa de toda la guerra. Fue critica porque abrió la única ruta por la cual el poderío militar de Estados Unidos podía golpear Alemania y terminar la guerra rápidamente. Fue peligrosa porque en una operación anfibia, la derrota puede ser completa. Overlord formó el meollo de la estrategia aliada y de todos los recursos que se le dedicaron; incluso a los japoneses había que dejarlos en segundo lugar. Hasta entonces, se habían intentado tres desembarcos en Sicilia, Salerno y Anzio, contra defensas relativamente débiles y costas sin fortificar, y cada uno había salido por los pelos. En contraste, en Francia todo un grupo de ejércitos esperaba a los invasores al mando nada menos que del mariscal de campo Erwin Rommel, con treinta y dos divisiones listas para la acción, tres más en Holanda y otro grupo de ejércitos con trece divisiones apostadas en el sur de Francia. Las partes vulnerables de la costa francesa estaban defendidas por la «muralla del Atlántico», una formidable línea de obstáculos y campos minados cubiertos por baterías de cañones en emplazamientos de cemento. El desastroso raid a Dieppe de 1942 había demostrado lo distinto que seria romper la muralla del Atlántico que desembarcar en una costa italiana o en un atolón del Pacifico.

Por razones logísticas, la mayor fuerza que los aliados pondrían en tierra en la primera oleada era de cinco divisiones, con seis más que las seguirían en cuanto hubiera espacio para desplegarlas. En consecuencia, había que dedicar todo el ingenio científico y militar a resolver tres problemas muy complejos. El primero era poner las tropas en tierra y a salvo pese a un intenso fuego de artillería. El segundo era conseguir que los tanques y la artillería pasasen las trampas y zanjas que obstaculizaban el avance. El tercero era pertrechar a los ejércitos que ocuparían la cabeza de playa y desembarcar las miles de toneladas de gasolina, municiones y alimentos necesarios. Se tenían que inventar nuevos métodos y armas para la batalla de la cabeza de playa.

Se planeó saturar todo el sistema defensivo con bombardeos aéreos y navales, pero la experiencia demostraba que por más pesado que fuese el bombardeo, sobrevivían suficientes hombres y armas como para exterminar a los atacantes, de modo que se tenía que proveer un apoyo de corta distancia. Esto se logró desembarcando cañones autopropulsados blindados y cañones multi-cohetes. Se equiparon gran número de tanques con «DD», o equipos de flotación, de invención inglesa, que les permitió flotar hasta la playa para ser empleados en la 1ª oleada. No menos importante fue el papel de los tanques adaptados para tareas especiales, que franquearon las defensas tripulados por ingenieros de asalto.

Portaban morteros superpesados para destruir los bunkers de cemento, equipo especial para hacer estallar los campos de minas y rollos de material entretejido, leños, rampas y puentes para construir caminos fuera de la playa. Los cañones luego rodaban en la playa para dar apoyo normal hasta que se desembarcaba el resto de la artillería.

La batalla seria muy dura y no cabía ninguna esperanza de rápidas capturas de un puerto o puertos en funcionamiento: era seguro que sus defensores los inutilizarían. En cambio, se decidió establecer dos puertos en las playas de la invasión. Se llevó una flotilla de buques viejos y se los hundió en grupos para que proporcionasen rompeolas y se construyeron dos puertos artificiales («Moreras») con cilindros flotantes de cemento en el canal.

Se transportó el petróleo por medio de tuberías en las que descargaban directamente los tanques. Más tarde, un oleoducto submarino («Pluto») enlazó directamente Inglaterra y Francia.

Todo esto era esencial, no para ganar la batalla de Normandía -que en si misma representaba un inmenso problema que había que resolver-, sino para asegurarse que los mariscales Gerd von Rundstedt y Rommel no ganaran la «batalla de las cabezas de playa». Para ambas, los aliados tenían tres grandes ventajas. El mariscal del aire sir Arthur Tedder y el general Carl Spaatz, de USAAF, habían conquistado un completo dominio aéreo sin el cual no hubiera sido posible Overlord. Las fuerzas aéreas estaban para ayudar al avance de las tropas, bloquear el movimiento de las reservas enemigas y masacrar las columnas alemanas en retirada.

Invisibles, pero tan eficaces como cualquier ejército, estaban las fuerzas de la resistencia francesa que atacaban las líneas de comunicación alemanas y las divisiones de reserva que, cuando avanzaban al frente, en realidad tenían que abrirse paso luchando contra los maquis.

La tercera ventaja la representaba el mismo Führer, Adolfo Hitler. Como comandante supremo era un desastre, por la simple razón de que veía la guerra como una gigantesca partida de ajedrez que él jugaba con un mapa dentro de su bunker de Prusia oriental y dando órdenes inútiles que nadie osaba desobedecer. Una sola de éstas haría perder la guerra en Francia.

A estas tres, se podría añadir la costumbre americana de «pensar a lo grande»; algo que los ingleses simplemente no podían darse el lujo de hacer porque tenían una población pequeña, escasos recursos y los generales ingleses no podían permitirse el tener bajas en la escala de un Hodges o un Patton ( a Montgomery siempre le criticaron su lentitud y sus minuciosas preparaciones.) Roosevelt, aconsejado por sus jefes de estado mayor, pensaba que «la mejor manera de matar más alemanes» era «montar una sola gran invasión y luego atacar con todo lo que tenemos... es la forma más rápida de ganar la guerra». Por supuesto, ambas partes tenían razón a su manera (los estrategas de escritorio deberían comparar las maltrechas brigadas que Montgomery tenía después de El Alamein con lo que pudo usar Patton en las siguientes semanas: una fuerza mayor que todo el VIII Ejército de 1942). Solamente se puede tomar conciencia de la magnitud de Overlord citando cifras.

El asalto fue encabezado por tres divisiones aerotransportadas, seguidas de cinco divisiones de asalto, con tanques, que desembarcaron en las playas (y otras veintiuna esperaban en Inglaterra). Fueron llevadas por 4.262 aviones de transporte y 4.266 buques de todas clases y apoyadas por 2.300 aviones de combate que hicieron 14.600 incursiones sólo en el Día D. En las semanas anteriores a ese día, las baterías costeras de artillería pesada, que representaban la mayor amenaza para el desembarco, fueron aniquiladas con bombardeos y todas las vías férreas y material móvil que podrían haber transportado las reservas estratégicas de von Rundstedt se destruyeron.

Se lanzaron unas 80.000 toneladas de bombas.

En el mar, dos flotas custodiaban los flancos de la fuerza de asalto y cubrían el desembarco con artillería, mientras 29 flotillas de barreminas limpiaban la costa del canal.

El método de bombardeo fue cuidadosamente estudiado para evitar que revelara el sitio del desembarco mientras se montaba un plan detallado para hacerles creer a los alemanes que se produciría en el paso de Calais.

De hecho, después de un estudio muy completo, los planificadores aliados habían elegido la costa normanda en la bahía del Sena, bien alejada al oeste. El razonamiento fue largo y complejo, pero la consideración más obvia e importante era el espacio necesario para poner en tierra una primera oleada de fuerzas lo bastante sólidas como para repeler cualquier contraataque inicial. El general Montgomery, comandante de las fuerzas de desembarco, había insistido mucho al respecto.

Su plan detallado -una ampliación del original- era el siguiente: la 6ª división aerotransportada inglesa, en paracaídas o planeadores, capturaría puentes vitales en el río Orne para proteger el flanco izquierdo de la propuesta cabeza de playa, mientras las divisiones 82º y 101º cumplían una misión semejante a la derecha. Luego las fuerzas transportadas por mar desembarcarían entre las desembocaduras del Orne y del Vire de la siguiente manera: la 3ª división inglesa, la 3ª canadiense y la 50ª inglesa, y la 1ª y 4ª del I Ejército EUA del general Omar Bradley. Uno de los papeles más importantes de toda la empresa era el de los comandos especiales que debían desembarcar poco antes que las fuerzas de asalto, en el momento exacto de la marea, para destruir los obstáculos submarinos en las playas.

La cuestión de horario era critica ya que sólo ciertos días infrecuentes tenían las condiciones óptimas de luna, marea y amanecer.

La marea llega a diferentes horas a distintas playas, de modo que tenía que haber cero horas a lo largo del frente y esto, combinado con distintas distancias que se debían recorrer, exigía un complicado calendario que debía cumplirse exactamente y que no se podía alterar con facilidad. Como las combinaciones perfectas sólo ocurren a intervalos y un aplazo equivalía a dificultades terribles, el general Eisenhower debió tomar una decisión apabullante los días 3 y 4 de junio: el pronóstico del tiempo era de vientos fuertes y mar rizada con una ligera posibilidad de mejoría. Ante la alternativa del atraso y de que las fuerzas de asalto se vieran perjudicadas por la tormenta y las olas cuando eran más vulnerables, tomó una decisión histórica y valiente. El Día D seria el 6 de junio. Las tormentas no habían amainado del todo y el mal tiempo dificultó el desembarco, pero también hizo que los defensores relajasen su vigilancia. A primera hora de esa mañana, desembarcaron las tropas por mar y a media marea, y precisamente cuarenta minutos después del «crepúsculo náutico», desembarcaron las divisiones de asalto cubriéndose tras unas barreras en la playa; la flota lanzó una andanada final contra las casamatas y radares de la costa y unos dos mil aviones atacaron las defensas en profundidad. Los aliados estaban en tierra y, a partir de entonces, nunca pareció que se les podría rechazar.

El único obstáculo ocurrió en el frente del V Cuerpo, donde todos los tanques DD, salvo dos, cayeron al mar, y la infantería, contenida por un fuego intenso, se echó en la playa con la moral bajísima hasta última hora de la tarde. El liderazgo se volvió a imponer. El coronel Taylor, de la 1ª división, recobró a los paralizados infantes diciendo que todos los que se quedaran en la playa morirían. «Ahora vámonos de aquí», dijo, y se internó tierra adentro seguido por unos pocos valientes. Entonces, como por un mágico impulso, empezaron a seguir más y más grupos, y luego pelotones y compañías enteras. Al anochecer, todas esas tropas estaban atrincheradas fuera de la playa.

Para el 12, Montgomery tenía 326.000 hombres en la costa y ya había empezado la serie de batallas necesarias para poner en acción la segunda fase del plan. Hubo muchos malentendidos sobre este plan de Montgomery en ese tiempo y criticas mal informadas de supuestos fracasos de una parte de sus tropas.

De hecho, el ejército de ingleses, polacos y canadienses de Montgomery, y los norteamericanos de Bradley lucharon con gran tenacidad contra los mejores soldados profesionales de los tiempos modernos. Y los derrotaron.

En breve, la cuestionada estrategia era que el grupo de Montgomery atacara por la izquierda, en derredor de Caen, donde una irrupción significaría el mayor peligro para los alemanes y donde se esperaba que concentraran sus reservas. Esto facilitaría la tarea de Bradley en el oeste, donde él atacaba el perímetro de defensa que le rodeaba a fin de abrir una brecha por la que pudieran pasar a campo abierto y a la retaguardia enemiga los tanques de Patton. En realidad, esto es lo que sucedió y Montgomery llegó al Sena once días antes de lo que había predicho en su plan.

Hubo tres fases en la serie de batallas, todas a gran escala, que se libraron. En África y Asia, las batallas implicaron a media docena de divisiones como máximo; en Italia, a nueve o diez en cada bando. En Francia, en 1944,los aliados emplearon tres ejércitos americanos, uno canadiense, uno británico y uno francés.

Una vez acabada la fase de capturar y expandir una posición en Normandía, Montgomery, con un control operacional conjunto, dirigió su propio grupo XXI (los ejércitos americanos). Este último, bajo el mando del indómito George Patton, había sido formado en el campo de batalla durante las operaciones.

Bradley fue ascendido a comandante del grupo XII y su I Ejército pasó a manos del general Courtney Hodges.

El 7 de julio, Montgomery dejó Caen en ruinas con fuertes bombardeos (que sólo sirvieron para obstaculizar el avance de sus propios tanques), y luego, el 18 de julio, trató de que avanzaran tres divisiones blindadas por una avenida de 3.650 metros abierta por más de 5.000 toneladas de bombas arrojadas por la RAF. Fue la operación Goodwood. Prácticamente todas estas toneladas sólo machacaron el suelo de Francia ya que de acuerdo con sus tácticas habituales, la principal línea defensiva alemana estaba a varios kilómetros, en la retaguardia, y este esfuerzo masivo sólo cayó sobre sus puestos de avanzada. Las tres divisiones acorazadas se encontraron frente a una defensa inconmovible. Perdieron casi más de la mitad de sus tanques principalmente ante los antitanques, pero la 1ª división Panzer reivindicó haber destruido ochenta en sus contraataques usando los nuevos tanques Panther. Fue un momento difícil, pero para el 29 de julio, ingleses y canadienses habían atraído cuatro divisiones Panzer a su sector.

Después de una pausa impuesta por tormentas que convirtieron los campos de batalla de Normandía en lodazales, Montgomery sostuvo su presión en la izquierda martillando la defensa de tanques y cañones que cedía, aunque aún se mantenía, delante del grupo de ejércitos XXI.

Luego, el 25 de julio, Bradley dio el golpe decisivo de la segunda fase para capturar Coutances, al oeste de Saint Ló. Tuvo las mismas características que Goodwood, masivo apoyo aéreo pero en un frente más largo y grande. El bombardeo incluyó el uso de mil quinientos bombarderos pesados y cuatrocientos medianos, pero el esfuerzo mayor lo realizó la infantería apoyada por tanques, con cientos de cazas actuando como apoyo de artillería aérea. Se comunicaban por radio con los batallones de vanguardia usando nuevas técnicas de cooperación tierra-aire, y tan pronto como los tanques o la infantería encontraban obstáculos, a los pocos minutos los cazas entraban en acción.

El 1º de agosto, el III Ejército de Patton pudo traspasar la línea al sur de Coutances para iniciar la tercera fase de guerra abierta. Limpió suficiente territorio de Bretaña como para neutralizar cualquier amenaza de las guarniciones alemanas aún apostadas allí, y entonces, por orden de Bradley (4 de agosto) giró su eje de acción de sureste a este, camino de Paris. Tal vez fue un error estratégico. El objetivo era atrapar al VII Ejército alemán, ahora a punto de ser rodeado por la izquierda, mientras su flanco derecho aún estaba ocupado con otro poderoso ataque de Montgomery que llevaría a los ingleses hasta Villers-Bocage.(Los comandantes americanos habían cometido el mismo error dos meses antes, seducidos por el prestigio de liberar una gran capital, cuando Clark se lanzó hacia Roma y permitió que el X Ejército alemán escapara de la trampa de Alexander.) Por fortuna para los aliados, en ese instante Hitler se hizo cargo del asunto.

El 29 de julio, cuando von Rundstedt comunicó al Führer que la batalla de la cabeza de playa estaba perdida y que había llegado el momento de emprender la retirada y establecer una nueva línea defensiva al norte y sur del Sena, el general fue cesado. Rommel estaba herido y el nuevo comandante era el mariscal de campo Günther-Hans von Kluge, un buen profesional como todos los generales germanos, pero carente de la personalidad necesaria para imponerse a Hitler.

El «gran» estratega tenía una visión peculiar del campo de batalla. Desde el extremo este del gran bolsón semicircular que hacia el perímetro aliado, un largo y estrecho tentáculo empezó a aparecer primero girando al sur y luego al este, y creciendo a diario. Por supuesto, no se trataba de un débil avance, sino de una falange de tanques del III Ejército.«Algún imbécil dijo un día que se debían resguardar los flancos -comentó el extravagante Patton a sus comandantes-,y desde ese día los hijos de perra de todo el mundo se han preocupado por los flancos. No queremos nada de eso en el III Ejército: los flancos son algo para que se preocupe el enemigo, no nosotros.» Patton era un fanfarrón que hacia realidad sus fanfarronadas, como pronto descubriría von Kluge.

Tenía órdenes de Hitler de avanzar hasta el gancho y entonces cortar el tentáculo por las raíces en Avranches. Von Kluge reunió obedientemente seis divisiones, incluyendo doscientos cincuenta tanques, todo claramente visible para el reconocimiento aéreo aliado, y las lanzó, fatalmente, de modo que la vanguardia de la fuerza se atascó entre la creciente cabeza de puente y el ejército de Patton. En ese momento, Montgomery dio la orden a los canadienses de atacar al sur, hacia Falaise, y a Patton que cambiara el rumbo de uno de sus cuerpos hacia el norte para que tomara contacto con ellos, de modo que la contraofensiva germana se veía ahora amenazada por la retaguardia. Von Kluge pidió permiso para retirarse, pero se le negó y recibió la orden de continuar hacia Avranches. El VII Ejército alemán ahora estaba metido en un estrecho corredor de sesenta y cuatro kilómetros y medio.

Los tanques y vehículos atascaron los caminos. Eran el blanco ideal para las fuerzas aéreas que procedieron a masacrarlos. En el ínterin, polacos y canadienses se abrían paso hacia Falaise y el XV Cuerpo de Patton capturaba Argentan, a unos veinte kilómetros. Luchando como siempre han hecho los soldados germanos, la 2ª división Panzer, contra viento y marea, rechazó a los canadienses y mantuvo abierto el boquete lo suficiente como para que algunos miles de hombres escaparan. :eek: :eek: :(


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Última edición por Elrohir; 27-Jan-2007 a las 11:11
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Antiguo 30-Jun-2005, 11:48   #30
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