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Elrohir
 
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Ahora vamos con una biografia:


NAPOLEÓN BONAPARTE







Napoleón había nacido en Ajaccio, en la isla de Córcega, el 15 de agosto de 1769. Su padre, Charles Bonaparte, procedía de una familia toscana asentada en Córcega a comienzos del siglo XVI y que ya, a mediados del siglo XVIII, había conseguido una destacada situación como propietario agrícola y como comerciante. Su posición social llevó al padre de Napoleón a buscar el ennoblecimiento. Su madre, Maria Laetizia Ramolino, de la que poco se sabe, se había casado cuando sólo contaba catorce años y dio a su marido ocho hijos: José (1768), Napoleón, Lucien (1775), Elisa (1777), Luis (1778), Paulina (1780), Carolina (1782) y Jerónimo (1784).

Napoleón vivió durante sus primeros años en un ambiente familiar de carácter patriarcal en el que hermanos, abuelos, tíos, primos, y una cohorte de sirvientes y criados le dieron un claro sentido de la jerarquía y de la autoridad y le habituaron a una cierta inclinación por los fastos. La familia Bonaparte había tomado parte en los movimientos de resistencia cuando la isla fue anexionada a Francia. Pero eso no fue obstáculo para que el padre de Napoleón hiciese un movimiento de aproximación a los nuevos dominadores después de la derrota de los corsos en Ponte Nuovo (1769), lo que le granjeó la confianza del gobernador francés.

Como representante de la nobleza de la isla ante el rey, pudo conseguir que el joven Napoleón entrase en la Escuela Militar de Brienne con una beca, y posteriormente que completase sus estudios en la Escuela Militar del Campo de Marte, en París.

De sus años de internado sólo se sabe que se sentía extraño, tan alejado de su casa y de los suyos, y que no sobresalió especialmente por su nivel en los estudios. Sin embargo, algo debió destacar ya entonces cuando su profesor de historia escribió de él lo siguiente: "Irá lejos si las circunstancias le favorecen". Cuando salió de la Escuela Militar -en el puesto 42 de los 58 de su promoción- fue destinado al regimiento de La Fère-Artillerie con el grado de segundo teniente. A partir de entonces comenzó un peregrinaje de ciudad en ciudad para cubrir diversos destinos -Valence, Lyon, Douai, Auxonne- en los que llevó una vida monótona y rutinaria en los respectivos cuarteles donde se limitaba a repetir ejercicios militares. No obstante, parece ser que estos años fueron decisivos para la formación de su personalidad a causa, sobre todo, de la intensa dedicación a la lectura en sus muchos ratos de ocio en las distintas guarniciones. Desde las obras de Rousseau, Mably, Voltaire, Mirabeau, Necker, hasta los libros referentes a las tácticas militares y especialmente a la artillería, todas esas lecturas contribuyeron a enriquecer sus conocimientos, si bien un tanto desordenadamente. Las notas al margen con las que frecuentemente comentaba algunos de los pasajes de lo que estaba leyendo, revelan una atención especial hacia los sentimientos que inclinaban a los hombres a la búsqueda de la felicidad, del amor, o de la crueldad, así como hacia las instituciones o hacia las prerrogativas de la monarquía y de la nobleza.

Para su biógrafo Calvet, Napoleón Bonaparte entró en contacto, entre los dieciséis y los veinte años, con los hombres del pasado y del presente, de los que le separaban las dificultades de la vida, a través de la lectura. Después de la muerte del padre de Napoleón, la familia Bonaparte atravesó por graves dificultades económicas. Sus hermanos tuvieron que afrontar numerosos problemas para salir adelante en sus estudios, aunque al final, José pudo terminar su carrera de abogado, Luisa pudo ingresar en la Escuela de Saint-Cyr, Lucien en la Escuela Militar de Brienne y Luis en un colegio francés.

Las mayores dificultades se presentaron, no obstante, por la actividad política de los Bonaparte a raíz del estallido de la Revolución. El abogado José y el teniente Napoleón se lanzaron a la lucha política en Córcega hasta que el primero consiguió un escaño en el Consejo General de la isla y el segundo fue elegido teniente coronel de la Guardia Nacional. La participación de ambos en las luchas revolucionarias y la denuncia que Lucien Bonaparte hizo en el club de los jacobinos de Toulon del héroe de la independencia corsa, Paoli, obligaron a Napoleón y a toda su familia a huir a Francia en junio de 1793, para evitar las represalias de los paolistas. En Marsella, donde se refugiaron, Mme. Bonaparte conoció a un comerciante, Clary, con el que compartió el resto de su vida. La hija de éste, Desirée Clary, mantuvo relaciones amorosas con Napoleón, aunque más tarde casaría con Bernadotte, llegando a ser reina de Suecia.

Las circunstancias que motivaron la salida de Córcega por parte de Napoleón, cortaron definitivamente su relación con la isla y las aspiraciones independentistas que había mostrado en algún momento de su juventud. A su vuelta de Córcega, Napoleón entró a servir como capitán en el 4.° regimiento de artillería de Niza. En aquella época escribió un curioso opúsculo titulado Le Souper de Beaucaire, en el que mediante el diálogo entre un burgués de Nimes, un fabricante de Montpellier y un negociante de Marsella, trataba de persuadir a los girondinos de la importancia de la causa de la Montaña. Sin embargo, hasta entonces, Napoleón no había participado de una manera directa en las campañas del ejército revolucionario contra sus enemigos. Su primera experiencia en este sentido sería en el asedio de Tolón en el que demostraría por primera vez sus dotes militares y se daría a conocer en los medios castrenses. El puerto de Tolón había sido tomado por la flota inglesa y Napoleón, que ya había sido nombrado comandante, propuso la toma del fuerte de L`Eguillette y en una audaz maniobra consiguió poner bajo el tiro de su artillería a los navíos británicos y a los españoles, que tuvieron que abandonar aquellas aguas. Aquella acción, culminada el 17 de diciembre de 1793, le valió el nombramiento de general de brigada y le llevó al ejército que operaba en la frontera de Italia. El golpe de Termidor dio lugar a una depuración de los elementos más exaltados, a la que no escapó el joven militar corso a causa de la colaboración que había mantenido con los montañeses más radicales. Aunque en realidad Napoleón no se sentía ideológicamente ligado a ningún grupo político en particular, fue acusado de haber participado en una intriga en Génova y encarcelado en Antibes.

Aunque fue puesto en libertad a las pocas semanas, siguió levantando las sospechas de los girondinos que veían en él a un peligroso militar terrorista. Barras fue quien le sacó del ostracismo y le encomendó el mando del ejército del Interior para mantener el orden frente a la creciente actividad de los realistas (Vendimiario de 1795). La operación que dirigió el 5 de octubre contra los insurrectos que se habían hecho fuertes en la iglesia de Saint-Roch, en las proximidades de las Tullerías, le valió el reconocimiento del gobierno. A partir de ese momento, su ascenso no conocería nuevas interrupciones. En París, frecuentó los círculos de la alta sociedad y en casa del Director Barras conoció a la joven Josefina de Beauharnais, viuda del general vizconde de Beauharnais, que había sido diputado de la nobleza en los Estados Generales y presidente de la Constituyente antes de ser guillotinado en 1794.





Napoleón quedó pronto seducido por la atractiva vizcondesa, aunque como muy bien señala Georges Lefèbvre, el general debió ver también en ella la influencia que podía adquirir con su relación. El 9 de marzo de 1796 contrajo con ella matrimonio civil y dos días más tarde salía para unirse al ejército de Italia como comandante en jefe.

Las campañas de Italia dieron fama a Napoleón en Francia y en toda Europa cuando aún no había cumplido los treinta años. Su mayor mérito consistió en reorganizar y disciplinar a un ejército mal dotado, dándole la coherencia y la rapidez de acción necesarias para llevar siempre la iniciativa y saber cómo y cuándo tenía que actuar en el campo de batalla. El calificativo que tan frecuentemente se le ha aplicado de genio de la guerra no constituye ninguna exageración si se tiene en cuenta la facilidad con la que venció a sus enemigos en catorce batallas consecutivas. Sus victorias en Lodi, Arcola y Rivoli han quedado como ejemplos en los textos que enseñan el arte de la guerra, por la inteligente concepción en el despliegue de las tropas y por la audacia en la ejecución de los movimientos.

En efecto, Napoleón revolucionó la forma de hacer la guerra y modernizó la organización del ejército. Durante el Antiguo Régimen se había desarrollado un ejército articulado que se desplazaba en fila y que era incapaz de abarcar un terreno extenso y por consiguiente de obligar al enemigo a aceptar batalla o de maniobrar si la operación era defensiva. Con la Revolución, aumentaron los efectivos del ejército y comenzó la guerra de masas. Los generales se vieron obligados a partir sus contingentes en divisiones para hacerlos más manejables. Durante el Directorio se creó una unidad llamada cuerpo de ejército, formado por una cantidad que oscilaba entre los 14.000 y los 40.000 soldados, que a su vez estaba integrada por varias divisiones. Napoleón, en la campaña de Marengo diseñó un cuerpo de ejército, compuesto por dos o tres divisiones, con una caballería escasa y constituida en su mayoría por cuerpos independientes, y una reserva de artillería bajo el mando directo del jefe supremo. Pero fue en la maniobra de este ejército donde Napoleón mostró su verdadero genio militar.

Desplegaba a sus soldados de tal manera que el enemigo no pudiera desenvolverse fácilmente, pero al mismo tiempo los ponía tan cerca unos de otros, que resultaba fácil reagruparlos en el momento de la batalla. Por otra parte, orientaba a los distintos cuerpos hacia un punto situado detrás del frente enemigo, de forma que al avanzar hacia él envolvían al ejército que tenía delante. De todas formas, la estrategia napoleónica no era excesivamente rígida, pues aunque tenía sus principios, dejaba un porcentaje alto a la imaginación y a la improvisación de acuerdo con las circunstancias concretas y el escenario donde había de desarrollarse la acción. La sorpresa era una de las bazas que le gustaba jugar y para ello tenía que desplegar sus movimientos en secreto. En el campo de batalla prefería desgastar al enemigo mediante el ataque a sus flancos o a su retaguardia y con el menor desgaste posible por su parte. Con la artillería contribuía a rebajarla moral del enemigo, y cuando creía que estaba á punto de caer era cuando lanzaba sus tropas frescas para que terminasen con él.

La destreza de Napoleón en el arte de la guerra no fue suficiente, sin embargo, para triunfar en todos los frentes a los que le llevó su deseo expansionista. Había una limitación importante, y ésta venía determinada por los recursos económicos disponibles para sostener las campañas. Mientras que el teatro de operaciones se desarrolló en Italia, donde las distancias eran cortas y el abastecimiento no planteaba grandes problemas, pues además la fertilidad del suelo permitía al ejército rehacerse sin graves dificultades, Napoleón pudo acrecentar su prestigio. Los problemas comenzaron cuando las distancias se hicieron mayores en Alemania, en Polonia y, sobre todo, en Rusia. Las marchas se convirtieron en algo agotador y el abastecimiento se hizo cada vez más inviable. La necesidad de distribuir a las tropas por esos inmensos territorios, dispersó al ejército que, además, se vio castigado duramente por la rigurosidad del clima. "La estrategia napoleónica -afirma Lefèbvre- no consiguió armonizarse perfectamente con las condiciones geográficas que su origen, totalmente mediterráneo, no le permitían prever". Napoleón se convirtió pronto en un mito de la Historia.

La bibliografía existente sobre el personaje y la época es desbordante. Ya en 1933, el historiador Jacques Bainville escribía que una bibliografía napoleónica algo completa debía constar al menos de 10.000 volúmenes, y que lo esencial no se reunía en menos de 500. Hoy sabemos que hay más de 70.000 libros dedicados a la figura de Napoleón. A pesar de ello, Georges Lefèbvre, quizá su mejor biógrafo, ha sabido resumir perfectamente en pocas líneas su personalidad y a sus palabras nos remitimos: "Pequeño y bajo, bastante musculoso, rojizo y todavía seco a los treinta años, el cuerpo endurecido y siempre listo. La sensibilidad y la resistencia de los nervios son admirables, los reflejos de una prontitud asombrosa, la capacidad de trabajo ilimitada; el sueño viene cuando se le ordena. Y ahora al reverso: el frío húmedo provoca la opresión, la tos, la disuria; la contrariedad despierta gran cólera; el exceso de trabajo, a pesar de los baños calientes y prolongados, de una extrema sobriedad, de un uso moderado pero constante de café y de tabaco, engendra a veces breves desfallecimientos que llegan, incluso, al llanto. El cerebro es uno de los más perfectos que han existido: la atención siempre despierta, remueve infatigablemente los hechos y las ideas; la memoria los registra y los clasifica; la imaginación juega libremente y, por una tensión permanente y secreta, inventa sin fatigarse, los asuntos políticos y estratégicos que se manifiestan en iluminaciones repentinas, comparables a las del matemático y del poeta, con preferencia durante la noche, en un repentino despertar, lo que él mismo llama la llamada moral, la presencia del espíritu de después de media noche. Este ardor espiritual ilumina, por medio de los ojos fulgurantes el rostro aún sulfurado, a su recuerdo del Corso de los cabellos lisos... El se hacía justicia: yo soy incluso un buen hombre; y es verdad; se mostró generoso e incluso amable para aquellos que trataba de cerca... Organización física y cerebral que ocultan ese irresistible impulso hacia la acción y la dominación que se llama su ambición. Él lo ha visto claro en sí mismo: Se dice que soy ambicioso, se equivocan; no lo soy, o al menos mi ambición está tan íntimamente unida a mi ser que no puede separársele".

Sin duda su popularidad fue un factor decisivo en su decisión de abordar el 18 de Brumario del año VIII de la Revolución (9 de noviembre de 1799), instaurando una dictadura moderada en la que, legalmente, el poder le era concedido por el pueblo a un triunvirato formado Sieyes, Ducos y él mismo. Más tarde se proclamó Primer cónsul, cargo que le facultaba para desempeñar el poder durante diez años. En esta etapa, su organización administrativa legó profundos cambios, creando estructuras de gobierno que aun permanecen en la actualidad, como el Consejo de Estado, las prefecturas o la reforma judicial. Además, consiguió acabar con las guerras civiles que asolaban Francia y emprendió un programa económico que permitió enjugar el déficit del país. En política exterior, consiguió vencer a Austria en la batalla de Marengo (1800), logrando un año más tarde la firma de una ventajosa paz (Lunéville). Ese mismo año de 1801 normalizó las relaciones con el Papado, muy resentidas y deterioradas tras los cambios en materia religiosa introducidos por la Revolución. Gracias a esto, logró hacerse coronar emperador el 2 de diciembre de 1804 por el papa Pío VII en la misma catedral de Nôtre-Dame, ciñéndose él mismo, en un gesto cargado de unas nada despreciables connotaciones simbólicas, la corona imperial. Napoleón y Francia se veían a sí mismas, con este acto, en la cumbre máxima del poder. La expansión imperial francesa, mientras tanto, mantenía abiertos varios frentes. Las ansias hegemónicas y su agresiva política belicista provocó la reacción de los demás estados, formándose una coalición de potencias -Gran Bretaña, Austria y Rusia-, para frenar a las tropas francesas. Si bien por mar las cosas no fueron bien para Napoleón, dado el aplastante poderío naval británico (derrotas en Abukir y Trafalgar), por tierra su dominio táctico y la preparación de sus generales y soldados le hizo obtener brillantes victorias (Ulm, Austerlitz, Jena, Auestardt, Friedland, etc.).





La decisión de aislar a su principal y más peligroso enemigo, Gran Bretaña, mediante un bloqueo continental, le hizo dirigir sus miras hacia España y Portugal. Rápidamente consiguió Napoleón imponer a su hermano José en el trono español, aprovechando la debilidad de los borbones Carlos IV y Fernando VII y realizando una hábil política de intrigas entre ambos. Sin embargo, a partir de 1808 se sucedieron los levantamientos populares, al mismo tiempo que una táctica militar desacostumbrada -la guerra de guerrillas-, ponía en serios apuros a las tropas francesas en suelo español hasta el punto que el mismo Napoleón hubo de trasladarse para dirigir las operaciones.

Un año más tarde, al no tener hijos de su matrimonio con Josefina, estéril desde los treinta y cinco años, se hizo efectiva la separación y declarada nula la unión. Deseoso de tener un heredero, rápidamente concertó su segundo matrimonio, esta vez con una princesa austriaca, María Teresa, hija del emperador Francisco I. La unión se hizo posible como acuerdo establecido en la paz de Viena, firmada tras la derrota austriaca en la batalla de Wagram. El 20 de febrero de 1811 nacía por fin su anhelado heredero, Francisco Carlos José Bonaparte, destinado a suceder a su padre al frente de un imperio que comprende la mitad de Europa y que incluye, además de Francia, las anexionadas Bélgica, Holanda y la margen izquierda del Rhin. Además, Napoleón gobierna en la Confederación Helvética, la del Rhin y el Reino de Italia, sin olvidar los estados que controla mediante la imposición de algún familiar o colaborador, como el Reino de Nápoles, gobernado por el mariscal Murat, o España, por su hermano José.

El gigante ruso marcará el principio del fin napoleónico. En 1812 emprende su conquista haciendo cruzar territorio polaco un ejército de más de 500.000 hombres, obligando a los ejércitos del zar Alejandro I a replegarse y practicar una política de tierra quemada que, a la postre, fue uno de los factores decisivos de la derrota francesa. Las victorias menores de Napoleón en Smolensko y Borodino le permitieron entrar en Moscú, que debió rápidamente abandonar por la falta de provisiones y avituallamiento. La retirada fue cruel y penosa para los ejércitos franceses, acosados por el enemigo, el extremo invierno ruso y el desánimo. Sólo 18.000 soldados consiguieron llegar a Polonia y, lo que fue peor aun para el Emperador francés, quedó abierto el camino para su derrota definitiva. Las victorias de la coalición antifrancesa comienzan desde entonces a ser habituales, comenzando por España, de donde son desalojados, y continuando por la misma invasión de Francia, que culmina con la entrada en París de los aliados el 31 de marzo de 1814 y la abdicación del mismo Napoleón 6 días más tarde. Tras la derrota militar, el otrora mayor soberano europeo quedó confinado en la isla de Elba, si bien su destierro fue momentáneo.

Su popularidad aun no había decaído en Francia y era muchos los que anhelaban su vuelta. Así, sin mayores dificultades, consigue recuperar el poder en febrero de 1815. Inaugura un período denominado los Cien Días en que, aclamado por las multitudes, prepara de nuevo a sus tropas para la conquista. Sin embargo, esta vez el fracaso será definitivo, cosechando en la batalla de Waterloo una calamitosa derrota. Tras entregarse a los británicos, huyendo de la persecución a que era sometido por parte de los prusianos, fue de nuevo confinado a una isla, esta vez Santa Elena. Así, tras escribir sus memorias, el 5 de mayo de 1821 falleció de causas que aun despiertan controversia entre los especialistas. Tradicionalmente atribuida su muerte a una úlcera que le provocó un cáncer de estómago, análisis toxicológicos de sus cabellos parecen demostrar que sufrió un envenenamiento por arsénico continuado, probablemente ordenado por la coalición antimonárquica, que temía una nueva intentona por recuperar el poder. Cierta o no la teoría, con Napoleón murió uno de los grandes personajes de la Historia y uno de los mayores genios en el ámbito de la estrategia militar.





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LA BATALLA DE CANNAS



Fue la mayor derrota en toda la historia romana: según Polibio, 70.000 legionarios cayeron bajo el filo de las espadas de hispanos, celtas y africanos. Pese a su victoria, el general cartaginés no se atrevió a atacar Roma

EN EL AÑO 219 ANTES DE CRISTO, EL general cartaginés Aníbal Barca, empeñado en someter la Península Ibérica, destruyó la ciudad de Sagunto, aliada del pueblo romano. Aunque Roma acababa de dar por finalizada su conquista de Italia, tras largos años de penosas guerras, su Senado no se lo pensó dos veces ala hora de enviar una embajada a Cartago reclamando la cabeza de Aníbal. En la ciudad norteafricana, el Gran Consejo se enfrentó ala demanda de los embajadores, que le planteaban la disyuntiva de elegir entre la guerra o la paz. Cartago eligió la guerra.

El episodio de Sagunto era un choque más entre dos imperialismos, el cartaginés y el romano, que pugnaban desde hacía medio siglo por el control del Mediterráneo occidental. Vencedora de la Primera Guerra Púnica, Roma asistía preocupada a la creación de un nuevo imperio cartaginés en Hispania, impulsada por los caudillos de la familia Barca, Amílcar, su yerno Asdrúbal y su hijo Aníbal.

En la Segunda Guerra Púnica se iban a enfrentar dos concepciones muy diferentes de la milicia y de la práctica de la guerra. Roma poseía un ejército basado en el servicio obligatorio de todos los varones entre los 17 y los 46 años por lo que, sobre el papel, podía llamar a filas a 225.000 ciudadanos y cerca de medio millón de aliados de la Liga itálica. En realidad, sólo se movilizaba a quienes podían pagarse el equipo, lo que excluía a la masa de proletarii. El problema fundamental del ejército romano consistía en que sus generales fueran los cónsules y pretores elegidos por un año, lo que restaba continuidad y profesionalidad al mando, mantenía tácticas ya anticuadas que situaban a la caballería en plano muy secundario e impedía que descollasen los mejores estrategas.

Cartago, ciudad de mercaderes, fiaba su seguridad en su poderosa marina y en los ejércitos integrados por mercenarios de origen bereber-libios, cartagineses y númidas, procedentes de los territorios que hoy corresponden a Libia, Túnez y Argelia- y cada vez más de íberos de las regiones sometidas en Hispania. Eran ejércitos relativamente pequeños, heterogéneos aunque casi siempre bien entrenados, leales a sus jefes, militares profesionales entre los que Aníbal Barca se revelaría como el más capaz.


La larga marcha de Aníbal


Rotas las hostilidades, el general cartaginés decidió llevar la guerra al territorio enemigo. Desechando una invasión de Italia por mar, en la primavera del 218 a.C. inició, con un ejército de unos 40.000 hombres, una audaz marcha a través de los pasos de montaña de los Pirineos y de los Alpes. En su recorrido, que constituye una de las grandes gestas militares de la Antigüedad, hubo de combatir continuamente contra las aguerridas tribus galas por lo que, cuando desembocó en la llanura del Po, en el otoño de del 218 a.C. sus tropas se habían reducido a unos 20.000 infantes y 6.000 jinetes.

En diciembre, Aníbal derrotó a los cónsules Publio Escipión y Sempronio Longo sucesivamente en los ríos Ticinus (Tesino) y Trebia. Su prestigio subió tanto, que las tribus galas y ligures que habitaban el Norte de Italia se levantaron contra los romanos y engrosaron el ejército invasor hasta los 60.000 hombres. A comienzos del 217, las tropas de Aníbal cruzaron los Apeninos y, tras una penosa marcha por los pantanos de Etruria, en la que su general perdió un ojo, en abril atrajeron a una trampa a un nuevo ejército romano, al mando del cónsul Flaminio, junto al lago Trasimeno. Surgiendo de la niebla, los cartagineses mataron en tres horas a unos 15.000 italianos, entre los que se encontraba el propio Flaminio.

Roma parecía madura para caer en manos de los invasores. Dispuestos a resistir, los romanos destruyeron los puentes sobre el Tíber y adoptaron una medida excepcional: elegir un dictador en la persona del patricio Fabio Máximo. Pero Aníbal no atacó a la Urbe sino que se dedicó a vagar por el centro de la península, estorbando el abastecimiento de Roma, derrotando a los escasos contingentes enemigos que se le oponían e incitando sin éxito a los pueblos itálicos a sacudirse el yugo romano.


Una batalla de aniquilación

Su marcha llevó a Aníbal, en la primavera del año 216 a.C. a Cannas, localidad del norte de Apulia, a orillas del mar Adriático, y gran depósito de víveres del que se abastecía Roma. Derrotados tres veces sus ejércitos, y en situación cada vez más precaria el vital suministro de trigo a la ciudad, el Senado romano decidió expulsar a cualquier precio a los invasores. Se reunió, por lo tanto, el mayor ejército movilizado por Roma, con unos 80.000 infantes y 6.000 jinetes, compuesto a partes iguales por ciudadanos romanos y aliados itálicos. A su frente fueron colocados los dos cónsules, Paulo Emilio y Terencio Varrón, que se repartían el mando en días alternos.

Este impresionante ejército, en el que figuraba la flor y nata de la aristocracia romana, se dirigió al encuentro de Aníbal en la llanura de Cannas, a donde llegó a finales de julio. Bajo un sol abrasador, los contendientes tomaron posiciones mientras medían sus fuerzas en algunas escaramuzas; Entre los dos jefes romanos habían surgido diferencias. Paulo Emilio, con mayor experiencia, era partidario de evitar una batalla en campo abierto, en la que la caballería cartaginesa tendría una gran ventaja. Pero Varrón, sabiendo que su infantería duplicaba a la cartaginesa, prefería un ataque frontal y masivo y, al corresponderle el mando el 2 de agosto, decidió desencadenar la batalla. Con un calor asfixiante y fuertes ráfagas de viento del suroeste, que levantaban nubes de polvo, los dos ejércitos se prepararon para el combate.

Varrón dispuso a sus tropas ala manera romana clásica, una línea de vélites en vanguardia que precedía a la masa de la infantería pesada, formada en tres líneas consecutivas. La infantería estaba flanqueada por la caballería romana a la derecha y la de los aliados itálicos a la izquierda. Por su parte, Aníbal dispuso a los mercenarios íberos y galos en formación de media luna, con la parte convexa orientada hacia el enemigo. En cada extremo situó contingentes de infantería pesada africana. El flanco izquierdo estaba protegido por la caballería pesada, formada por jinetes íberos y galos y al mando de Asdrúbal, mientras que la caballería ligera númida, dirigida por Maharbal, operaría a la derecha, lejos del río Aufidus y libre para moverse a su antojo.


La carga de Asdrúbal

La batalla se inició con algunas escaramuzas entre la infantería ligera que formaba la vanguardia de ambos ejércitos: velites contra honderos baleáricos. Pero no adquirió intensidad hasta que Asdrúbal ordenó a sus jinetes atacar a la caballería romana, que dirigía Publio Emilio. El choque entre ambas formaciones, con sus movimientos limitados por la proximidad del río, se decidió en favor de los púnicos, que pusieron en fuga a sus adversarios.

Avanzó entonces la infantería romana. Formados en apretadas filas tras una muralla de escudos, los romanos y sus aliados marchaban al redoble de los tambores envueltos en nubes de polvo cegador. En un principio, impusieron su numero a las tropas íberas y galas. Creyendo que la victoria estaba al alcance de su mano, los romanos concentraron su presión sobre el centro del dispositivo enemigo para partirlo en dos. La media luna cartaginesa se fue convirtiendo en cóncava.

Mientras tanto, la caballería númida del flanco derecho cartaginés cargó contra la caballería de los aliados itálicos, mandados por el cónsul Varrón, que resistieron el choque hasta que fueron atacados por la espalda por los jinetes galos e íberos de Amílcar. Este dejó a Maharbal la tarea de perseguir a la dispersa a la caballería romana, y organizó sus escuadrones a la espera de las órdenes de Aníbal.







El jefe púnico aguardo hasta que la infantería romana penetró profundamente en el interior del dispositivo cartaginés, que adoptaba la forma de una “U” cada vez mas alargada. Cuando consideró que era factible envolver al enemigo, hizo intervenir a la caballería de Amilcar. La infantería africana, hasta entonces en reserva, se desplegó en dos masas, presionando cada una un flanco del dispositivo romano. La maniobra envolvente se completó con el retorno de la caballería númida, que atacó a la masa de infantes romanos por la retaguardia. Rodeados por un sólido cerco de caballeros e infantes, amontonados en un espacio reducido y sin poder maniobrar, los romanos eran empujados hacia el interior, cada vez con menos sitio para manejar sus armas. Aún así, resistieron de forma desesperada hasta el final. La matanza fue espantosa, el revés más grande sufrido hasta entonces por un ejército romano y en el que perecieron hasta 80 senadores.





Polibio, casi coetáneo de los hechos, cifra los muertos en unos 70.000 romanos y 5.700 cartagineses, mientras que Tito Livio y Plutarco dejan en unas 50.000 las bajas de los romanos y de sus aliados itálicos. Hoy los historiados suelen reducir estas cifras, aunque situándolas por encima de los 30.000 hombres.


La táctica de Aníbal

Aníbal, según Polibio, planteó así la batalla: “A su izquierda, junto al río, colocó la caballería íbera y celta, frente a los jinetes romanos; inmediatamente la mitad de la infantería pesada africana y, a continuación de ésta, la infantería íbera y celta. A su espalda colocó a la otra mitad de los africanos y, finalmente en el ala derecha formó la caballería númida”. Sigue contando Polibio que Aníbal hizo avanzar el centro ibero-celta hasta formar una media luna, con la intención de emplearlos en los más duro del choque, manteniendo a los africanos como reserva, éstos iban armados como los romanos, pues habían adoptado las armas arrebatadas a los romanos en las anteriores batallas de Tesino, Trebia y Trasimeno. En cambio, “el escudo de los íberos y de los celtas era muy parecido; no así las espadas, pues las de los íberos podían herir lo mismo de punta que de filo, pero las de los celtas servían únicamente para atacar de tajo y contando con cierta distancia” (por eso Aníbal los situaba en compañías alternas, de manera que se complementasen). Los celtas combatían desnudos; los íberos, cubiertos con túnicas de lino de color púrpura.


Las claves de la victoria

Las claves de la victoria de Aníbal estuvieron primero, en el planteamiento de la batalla entre las colinas y el río, forzando, por un lado, un frente estrecho donde los romanos no pudieran hacer valer su gran superioridad numérica; por otro, ideando una táctica en el que el propio empuje de las regiones de Roma fabricase la bolsa donde quedarían encerradas.

Segundo, en el empuje de la caballería pesada de iberos y celtas, mandadas por el cartaginés Asdrúbal (no el hermano de Aníbal que se había quedado defendiendo Hispania, sino el hijo de Lacón, su compañero de armas durante muchos años). Tras salvar una feroz resistencia, iberos y celtas quebraron la resistencia de la caballería romana y la dispersaron; volvieron, luego, sobre la caballería aliada, que formaba el ala izquierda de Roma a la que no habían podido vencer los númidas de Maharbal y la dispersaron; en la tercera fase de su acción, dejando la persecución de la caballería romana a Maharbal, cargaron sobre la retaguardia de las legiones, causando en ella una espantosa matanza.

Y, tercero, en la resistencia presentada por íberos y celtas a las legiones romanas, que les duplicaban en número, pero no podían desplegarse por lo angosto del frente de batalla. La infantería ligera de Aníbal cedió el terreno muy lentamente, metiendo en una mortífera trampa a los legionarios. Aníbal estimaba que su actuación constituía el centro de su estrategia, tanto que le arengó personalmente antes del combate y se hizo cargo del mando de esas tropas, dirigiendo la batalla en su retaguardia.


Victoria pírrica

El triunfo de Aníbal en Canna fue completo, pero no lo pudo aprovechar para lograr sus objetivos políticos. Esperaba que los aliados de Roma la abandonasen ante sus repetidos reveses militares, obligándola a firmar una paz ventajosa para Cartago, pero eso no sucedió. Algunas ciudades del Sur, como la poderosa Capua, cambiaron de bando; mas la Italia central, sembrada de colonias romanas, se mantuvo fiel a la confederación y en Roma no se pensó ni por un momento en la capitulación. Falto de tropas para intentar asedios de ciudades, Aníbal no podía esperar refuerzos, ya que estos iban a parar a la Península Ibérica, donde su hermano Asdrúbal hacía frente a un ejército enemigo mandado por Publio y Ceneo Escipión. Además, los romanos aprendieron la lección, y en adelante rehusaron el combate abierto y se limitaron a una activa guerra de guerrillas que buscaba dificultar los suministros del aislado ejército cartaginés.

Los años siguientes conocieron alternativas en la guerra sobre una Italia devastada. Los romanos completaron la conquista de Sicilia con la toma de Siracusa, aliada de Cartago, y Aníbal llegó a las cercanías de Roma en una audaz incursión que intentaba obligar a las legiones a levantar el sitio de Capua. En el 211 a. C., Capua cayó, y la situación de los cartagineses, confinados en el extremo suroriental de la península, se hizo sumamente precaria. Desde Hispania, Asdrúbal acudió en ayuda de su hermano, cruzando los Alpes en el año 207 con un gran ejército, pero fue derrotado y muerto en el río Metauro por las últimas reservas humanas de que disponía Roma. Este desastre aceleró la derrota de los cartagineses en Hispania y a partir del 205 a. C. su vencedor, Publio Cornelio Escipión el Joven, estuvo en condiciones de llevar la guerra al territorio metropolitano de Cartago.

En la ciudad púnica cundió el pánico y se enviaron mensajeros a Aníbal ordenándole volver. Durante quince años, el general había sido abandonado a su suerte por sus compatriotas. Años en los que se había sostenido aislado en territorio enemigo con un ejército cada vez más pequeño, pero invicto en numerosos combates. Sin embargo, obedeció la orden y embarcó a sus tropas hacia el norte de Africa.

El regreso de Aníbal animó la resistencia cartaginesa. Pero debía enfrentarse a un ejército de veteranos dirigido por un hombre que había comprendido la necesidad de cambiar radicalmente la táctica de combate romana. En Zama, al suroeste de Cartago, en octubre el 202 a. C., el ejército de Escipión prologó sus líneas para evitar la maniobra envolvente enemiga, mientras los jinetes del númida Masinisa, que combatía en su bando, impedían que Aníbal sacara la habitual ventaja del uso de la caballería. Aníbal fue totalmente derrotado en Zama y tras aquella catástrofe la resistencia cartaginesa se derrumbó y la ciudad hubo de aceptar durísimas condiciones para no ser destruida. En adelante, Roma reinaría en solitario en el Mediterráneo occidental.

Pese a que no sirvió para ganar la guerra, Cannas fue un triunfo de la táctica militar que dejaría honda huella en la historia bélica. Perfecto ejemplo de acción envolvente, Aníbal consiguió la victoria sobre un ejército que le doblaba en numero porque convirtió al suyo en un conjunto estratégico flexible, en el que la caballería jugaba un papel fundamental. Los estrategas romanos, inferiores al caudillo púnico y apegados a tácticas de más de un siglo de antigüedad, tuvieron que sufrir el desastre de Cannas para introducir una mayor movilidad en el manejo de sus legiones.

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"Si los que hablan mal de mí supieran lo que pienso de ellos... hablarian aun peor"

"Que gran vasallo si hubiere buen señor..."


"Solo hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana. Y no estoy tan seguro de la primera"

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La guerra de los seis días



LA GUERRA DE LOS SEIS DÍAS 5/6/1967 - 10/6/1967




Israel ataca

En las primeras horas del 5 de junio, las pantallas del radar israelí indicaron la aproximación de aviones egipcios y de unidades acorazadas que avanzaban hacia la frontera de Israel. Las I.D.F. ya estaban preparadas. Al mando del Comandante General Itzjak Rabin habían sido movilizadas a partir del 20 de mayo, para hacer frente a los masivos Ejércitos árabes que cubrían las fronteras.

Aquella mañana, las Fuerzas Aéreas de Israel, al mando del general de brigada Mordechai Hod, efectuaron un ataque de descubierta con objeto de destruir la aviación egipcia y sus aeródromos. En vuelo casi rasante, en plano inferior a las pantallas de radar egipcias, los aviones israelíes destruyeron eficazmente a las Fuerzas Aéreas egipcias. A pesar del elevado grado de alerta, los egipcios fueron cogidos por sorpresa.



En menos de tres horas, quedaron destruidos en tierra 391 aparatos más otros 60 derribados en combate aéreo, mientras que Israel perdía sólo 19, algunos de cuyos pilotos fueron hechos prisioneros. Esta brillante operación aérea proporcionó a Israel una total superioridad en el aire y a continuación las Fuerzas Aéreas judías pudieron, con toda comunidad, apoyar las operaciones de tierra que siguieron.

A las 8 de la mañana del día 5 de junio, mientras que las Fuerzas Aéreas de Israel destrozaban el poderío bélico árabe, el Mando Sur de Israel, a las órdenes del general de brigada Yeshayahu Gavish, avanzó con sus tropas sobre los Ejércitos egipcios del Sinaí. Se enfrentaban a 7 divisiones egipcias, incluidos unos 1.000 tanques, estaba compuesto por tres cuerpos divisionarios a las órdenes del general de brigada Israel Tal, en el sector Norte, general de brigada Abraham Yoffe, en el sector Central y general de brigada Ariel Sharon, en el sector Sur.

El más fuerte ataque de la lucha corrió a cargo de la brigada S, que aprovechó la rotura del frente para acometer con ímpetu las bien defendidas posiciones de Sheich Zuwayd y El Jiradi para alcanzar El Arish en la noche del 5 de junio. La otra ruptura importante del frente egipcio se llevó a cabo por las fuerzas divisionarias combinadas de Yoffe y Sharon. El grupo de Yoffe avanzó por una zona totalmente desértica y se adentró profundamente en una posición situada al Norte de la línea Nizanah-Abu Ageila, en la retaguardia de las posiciones defensivas egipcias. En la mañana del 6 de junio, estas fuerzas se hallaban sólidamente establecidas y atrincheradas en la zona de Bir Lahfan, dominando la carretera de Abu Ageila-Bir Lahfan, también en la retaguardia de las fuerzas egipcias.



Mientras tanto, la división de Sharon efectuó una operación de descubierta, en plena noche, atacando las principales posiciones egipcias de Umm Kataf y tomando el cruce de Abu Ageila.

Al mismo tiempo una brigada de paracaidistas transportada en helicópteros, era desembarcada cerca de los emplazamientos de las baterías egipcias de Umm Kataf y Abu Ageila, y las destruía.

Por otra parte, las fuerzas de Israel, tras haber roto el frente en Khan Yunis, se desplegaron hacia el Norte para luchar contra las fuerzas palestinas y egipcias de la franja de Gaza. Tras la captura de Deir al-Balah, fuerzas de infantería y paracaidistas, tras dura batalla, capturaron la colina de Alí Muntar que dominaba la ciudad de Gaza.

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Primer día:Jerusalen y el frente jordado

En la mañana del 5 de junio, el Gobierno de Israel envió un telegrama, en el que advertía al rey Hussein que Israel no tenia la menor intención hostil hacia Jordania, y que, siempre que reinara la tranquilidad en la frontera jordano-israelí, su país no sufriría ningún daño. Sin embargo, el rey Hussein no estaba enterado de la terrible derrota sufrida por la aviación egipcia aquella misma mañana.

Hussein recibió información falsa a través del general Amer, comandante jefe de las Fuerzas Armadas Egipcias. Años más tarde Hussein escribiría: "El mariscal Amer nos informó que la ofensiva aérea israelí continuaba; sin embargo, el mensaje fue enviado 40 minutos después de empezar los ataques y añadía que los egipcios habían destruido el 75% de la aviación judía. La misma comunicación nos informaba que los bombarderos egipcios habían contraatacado mediante un aplastante asalto a las bases de Israel. Amer continuaba diciendo que las fuerzas de tierra egipcias habían penetrado en territorio de Israel por el Negev. Estos informes contribuyeron en gran medida a sembrar la confusión y a deformar nuestra apreciación de la situación. En tales momentos, cuando nuestro radar indicaba que unos aviones volaban desde Egipto a Israel, no tuvimos ninguna duda de cuanto se nos decía. Sin embargo, eran bombarderos israelíes que regresaban a sus bases judías después de cumplir su misión en Egipto".

Basándose en esta información, el rey Hussein decidió aquella mañana hacer honor a su pacto con Nasser, y sus fuerzas establecieron una nutrida barrera de fuego a lo largo de las líneas de armisticio, bombardeando poblados y ciudades israelíes, incluso las afueras de Tel-Aviv.

Los efectos más intensos del bombardeo jordano se dejaron sentir en Jerusalén, donde los obuses causaron muchas bajas. La brigada Jerusalén israelí contraatacó y expulsó a la Legión Árabe de sus posiciones, conquistando cierto número de posiciones entre las que se incluía el poblado de Sur Bahir, en la carretera de Belén. Mientras tanto, una brigada acorazada de reserva irrumpió en las posiciones jordanas al Norte del pasillo de Jerusalén, tomando las posiciones muy fortificadas de Sheij Abdal-Aziz y Maaleh ha-Hamishad.

Otro grupo de fuerzas rompió la línea en Beit Iksa. Estas tropas se desplegaron a continuación sobre terrenos elevados al Norte del pasillo de Jerusalén ocupando las posiciones jordanas de Biddu y Nabi Samwil, para después alcanzar la carretera principal que se extendía desde el Norte a Jerusalén, en Tell al-Fur, al Sur de Ramallah.

A mediodía del 5 de junio, los aviones de Israel, tras haber regresado de Egipto, bombardearon dos aeródromos jordanos en Ammán y Mafraq.

En la noche del 5 al 6 de junio, una brigada de infantería atacó el enclave de Latrun, conquistando el pueblo y el puesto de policía, para avanzar luego hacia las colinas de Judea, al Oeste, y a lo largo de la carretera de Beit Horon, con el propósito de enlazar con la brigada acorazada en las puertas de Ramallah. El Manco Central, a las órdenes del general de brigada Uzi-Narkiss, quedó así circunscrito a Jerusalén y desarrolló su ataque hacia el Sur de la ciudad. Al mismo tiempo, con una brigada acorazada seguida de una brigada de infantería de Marina, el Mando Central tomó las cotas dominantes que se alzaban al Norte del pasillo, y, acto seguido, continuó avanzando hacia el Este para cortar el enlace de las fuerzas jordanas con base en Jerusalén con las situadas más al Norte, en Samaria.

En esta etapa, una brigada de paracaidistas de reserva, al mando del coronel Mordechai Gur, se unió al Mando Central y se lanzó a la lucha, en la noche del 5-6 de junio, contra las posiciones jordanas sumamente fortificadas, que protegían el Noreste de Jerusalén.

La batalla más encarnizada tuvo lugar en la Escuela de Policía. La brigada sufrió muchas bajas antes de conseguir romper la línea del frente. Esto permitió que los paracaidistas tomasen los distritos conocidos como Sheij Jarrah y la Colonia Americana, así como la zona del Museo Rockefeller y restablecer el enlace directo con el enclave israelí del monte Scopus, que había permanecido aislado de Israel, por las fuerzas jordanas, durante los últimos 20 años.

Al día siguiente, 6 de junio, a las doce y cuarto de la noche, el general egipcio Riad, a quien había designado el rey Hussein para mandar sus tropas, ordenó que las fuerzas jordanas de la Ribera Occidental entrasen en combate. El Mando Norte de Israel, a las órdenes del general de brigada David Elazar, participó en la batalla contra la Legión Árabe, atacando desde el Norte con una brigada acorazada apoyada por infantería. Irrumpió en territorio ocupado por Jordania en la Ribera Occidental, a lo largo de dos ejes de avance en el área general de Jenin. En esta zona se libró una lucha entre blindados, reforzadas las fuerzas jordanas acorazadas con los contingentes de la zona del valle del Jordán. Finalmente, un contraataque israelí aplastó toda oposición jordana.

Tras 24 horas de lucha, las fuerzas israelíes del Mando Central y Norte convergían desde el Sur, Oeste y Norte de la Ribera Occidental frente a una dura oposición jordana.

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El segundo día: Frente simultáneos

El segundo día contempló a las fuerzas del general Tal en el sector Norte del frente del Sinaí desplegándose desde El Arish, mientras una columna continuaba su avance a lo largo de la carretera de la costa en dirección Oeste, hacia el Canal de Suez, y otra avanzaba hacia el Sur, tras librar unos duros combates de tanques para tomar el aeródromo de El Arish, atacando las posiciones egipcias de Bir Lahfan, encontrándose con las fuerzas del general Yoffe.

La fuerza de choque de Tal prosiguió hacia el Oeste, por la carretera principal a Suez, mientras que la de Yoffe se movía hacia el Sur. Las tropas de Sharon siguieron operando en el área general de Umm-Kataf-Abu Ageila, y hacia el Sur con dirección a El Kusseima. Al mismo tiempo, una brigada de infantería de reserva, reforzada por blindados y paracaidistas, atacó la ciudad de Gaza que fue ocupada tras una lucha sumamente encarnizada; así la franja de Gaza ya estaba en manos de los israelíes. Mientras tanto, se estaba librando una feroz batalla al Este de Jerusalén. Al Norte de la ciudad, la Brigada Acorazada se reserva siguió combatiendo para despejar el área que se extendía entre Jerusalén y la ciudad de Ramallah, cruce vital de carreteras para el desarrollo de operaciones en la Ribera Occidental de Jordania.

Todo el sinuoso terreno situado al Norte del pasillo de Jerusalén se hallaba también en manos de las I.D.F., pudiendo con ello proseguir su avance hacia el Norte. Ramallah se rindió. Por otro lado, las fuerzas del Mando Norte continuaban presionando hacia el Sur, en dirección al centro de la Ribera Occidental. Una columna de infantería atacó desde el Oeste, conquisto Kalkiliya y alcanzó El Azzun. Finalmente, los tanques tomaron Jenin a mediodía del 6 de junio, y la brigada que tomó la ciudad prosiguió su marcha hacia el Sur para sostener duros combates en el cruce de carreteras de Qabatiya.

Otras tropas israelíes alcanzaron la carretera de Tubas-Nablus y se enfrentaron con los blindados jordanos. A medianoche, las fuerzas israelíes renovaron su ataque, ocuparon Tubas y siguieron avanzando hacia el puente de Damiya, en el río Jordán, con lo cual quedó bloqueada la zona Norte de la Ribera Occidental para recibir posibles refuerzos procedentes de Jordania Oriental.

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El tercer día:Toma de la Ciudad Vieja de Jerusalén


El 7 de junio, miércoles, iba a ser uno de los días más memorables en la historia de las armas judías. Aquella mañana, Gur dictó las órdenes oportunas para conquistar la Ciudad Vieja de Jerusalén, que para entonces se hallaba ya completamente rodeada por las tropas israelíes, que ocupaban todas las alturas que dominaban la histórica ciudad.

Se eligió como punto de ruptura la Puerta del León, conocida también con el nombre de Puerta de San Esteban. Allí se entablaron duros combates.

A pesar de que las fuerzas de Israel habían evitado atacar los Santos Lugares, los árabes utilizaron la mezquita de El Aksa como puesto de tiro y toda la zona perteneciente al Monte del Templo como lugar de municionamiento, haciendo caso omiso a las protestas que en tal sentido hicieron el gobernador jordano de Jerusalén y las autoridades religiosas musulmanas. La zona quedó liberada rápidamente con mínimos daños en los Santos Lugares, y a las diez y cuarto de la mañana se izó la bandera de Israel sobre el Monte del Templo y el Muro de las Lamentaciones, poniendo fin a la división de Jerusalén; una vez más, estaba en manos judías.


En toda Israel y en todo el mundo judío se sintió un estremecimiento de emoción cuando, por primera vez en 20 años, el rabino militarizado Goren hizo sonar el "shofar" ante el Muro, el lugar más sagrado de todo el orbe judío



Probablemente, Jerusalén hubiese caído sin lucha, como resultado de un simple asedio, pero siempre existía la posibilidad de que surgiera alguna resolución del Consejo de Seguridad que hubiese "congelado" la situación estando la ciudad todavía dividida.

Las fuerzas blindadas que habían tomado Ramallah continuaron su avance hacia Jericó, mientras que la columna que progresaba en su marcha desde Nablus enlazó con las que llegaban desde Ramallah para, a continuación, desplegarse en dirección al río Jordán. Al mismo tiempo, la brigada Jerusalén siguió su marcha hacia el Sur, tomando Belén y Hebrón, que se rindieron sin disparar un sólo tiro, y asimismo volvieron a ocupar Kfar Etzion, el grupo de colonias judías que había caído anta la Legión Árabe en 1948. Toda la Ribera Occidental se hallaba en manos judías.

En el Sur, las fuerzas navales que navegaban por el golfo de Akaba, tomaron Sharm el-Sheij y abrieron los estrechos de Tirán.



Una vez más, la libre navegación quedaba restablecida a través de los estrechos para entrar y salir de Israel; mientras tanto, la carrera a través de las arenas del Sinaí estaba llegando a su fin cuando tres divisiones de Israel avanzaban para intentar aislar a las fuerzas acorazadas egipcias en el centro del Sinaí e impedir así que pudieran retirarse hacia el Canal de Suez. Las fuerzas del general Tal tomaron la base militar egipcia de Bir Gafgafa, donde resistieron el último y fuerte contraataque por parte de los egipcios. Las tropas de Yoffe conquistaron Bir Hassneh y se lanzaron hacia el Paso de Mitla, con objeto de bloquearlo ante la retirada de las fuerzas acorazadas de Egipto.

Así se montó una enorme trampa para los egipcios. Las defensas egipcias en la zona de El Kusseima, Abu Ageila y Kuntilla se derrumbaron ante el arrollador avance de las fuerzas de Sharon hacia Nakhl, que procedieron sistemáticamente a destruir a todas las unidades egipcias que trataban de retirarse.

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El cuarto día:Las fuerzas de Israel alcanzan el Canal de Suez


En el cuarto día de lucha, las fuerzas del general Tal llegaron a Kantara, en el Norte, e Ismailia, en el centro, y enlazaron a lo largo de la orilla del Canal de Suez, parte de las tropas de Yoffe avanzaron en dos puntas de lanza hacia la ciudad de Suez y en dirección al Lago Amargo, mientras que otra parte de sus tropas partía hacia el Sur hacia Ras Sudat, en el golfo de Suez. Las fuerzas de Israel se desplegaron en abanico hacia el Sur, a lo largo del golfo de Suez, en dirección a Abu Zenima, donde enlazaron con los paracaidistas que se habían lanzado sobre Sharm el-Sheij y proseguían su marcha hacia el Norte.

Los desesperados intentos egipcios para romper el frente quedaron anulados por el ataque de las fuerzas acorazadas y, sobre todo, a causa de las operaciones magistrales llevadas a cabo por las Fuerzas Aéreas judías, con lo cual el Paso de Mitla se convirtió en un inmenso cementerio militar egipcio.

Se izó la bandera de Israel en todo el Canal de Suez, y las fuerzas egipcias, que sólo cuatro días antes habían amenazado con destruir a Israel, se encontraban en desordenada retirada.

Habían perdido los dos tercios de sus 450 aviones de combate y dejado atrás enormes cantidades de equipo entre el que figuraba unos 800 tanques.

Cuando el Consejo de Seguridad de la O.N.U., tras cuatro días de reuniones, adoptó finalmente una resolución de alto el fuego, Israel fue la primera en aceptarlo, siempre sobre una base de reciprocidad. Pronto lo hizo también Jordania. En un principio, Egipto lo rechazó, pero al cabo de 24 horas lo aceptó, cuando el 8 de junio, jueves, se hizo evidente para sus líderes que la derrota era absoluta. Israel dominaba totalmente los cielos, Egipto se hallaba al borde de un colapso militar, y sin duda alguna no había nada que impidiera a las I.D.F. cruzar el Canal y continuar avanzando hacia El Cairo. Nasser dijo más tarde: "Carecíamos de defensas en el lado Oeste del Canal de Suez. Ni un sólo soldado se hallaba entre el enemigo y la capital. Estaba totalmente abierta la carretera de El Cairo. La situación egipcia era como la de los ingleses en Dunkerque.

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El quinto día:Ocupación de los Altos del Golán


El Líbano, aunque se unió al general clamor que exigía la guerra, no había tomado parte activa en la lucha durante los días precedentes. Por otra parte, Siria, el más inmediato instigador de la acción bélica y su más decidido defensor, había bombardeado intensamente los poblados de la frontera e intentado, sin resultado, capturar uno de dichos poblados, el kibbutz Dan.

Excepto los ataques realizados contra sus Fuerzas Aéreas y aeródromos, Siria no había sufrido los efectos de la lucha armada. El 9 de junio existía la posibilidad de que el país árabe que había promovido la guerra fuera el único que la terminara sin ser derrotado. Esto hubiese tenido un fatal resultado: dejar a las colonias judías del valle aún más vulnerables que antes. Cuando Siria rechazó el alto el fuego, el Gobierno de Israel decidió aprovechar la oportunidad. Las intimas relaciones que existían entre Moscú y Damasco parecían presagiar, en cierto modo, el riesgo de una intervención directa de Moscú; sin embargo, la mayoría, creía que, si se conseguían rápidos resultados, tal intervención sería físicamente imposible y, tras los hechos consumados, la presión de los Estados Unidos contendría a la U.R.S.S.

Así en la mañana del 9 de junio, viernes, las fuerzas de Israel, libres ya de otros frentes y tras haber destruido la aviación siria, asaltaron las posiciones artilleras sirias. A mediodía, las I.D.F. atacaron al Ejército sirio en los Altos del Golán. A lo largo de toda la línea, los sirios gozaban de enormes ventajas tácticas y topográficas, ya que se hallaban en la cima de una colina rocosa, cuya conquista, incluso escalándola, era difícil en cualquier circunstancia. Habían fortificado sus posiciones durante años a un coste enorme. Evidentemente, después de cuatro días de lucha, no era posible ningún ataque por sorpresa.

El principal punto de ruptura se eligió en el sector Norte del frente sirio, en la zona de Tel Azaziyat, el punto más septentrional del sistema sirio de fortificaciones. Una brigada de infantería y otra acorazada de reserva se encargaron de la parte más peligrosa del ataque. La infantería tuvo que avanzar combatiendo de una a otra posición, casi siempre cuerpo a cuerpo. El choque más fuerte tuvo lugar en Tel Fakhr. Las bajas fueron numerosas por ambos bandos. Las fuerzas acorazadas, finalmente, alcanzaron su objetivo con los dos únicos tanques intactos de todo un batallón.





Una columna de fuerzas blindadas avanzó y tomó Banias, y mientras que el grupo que había roto el frente progresaba con suma rapidez hacia Mansura y Kuneitra, otra columna a las órdenes del general de brigada Elad Peled, que anteriormente había operado en la Ribera Occidental, atacó en la zona de Tawfiq; se lanzaron los paracaidistas desde helicópteros sobre las líneas enemigas y a bastante profundidad en territorio sirio. Otra unidad acorazada avanzó a través de Darbashiya; y a las dos y media de la tarde del sábado, día 10 de junio, 24 horas después de haberse iniciado la batalla, la ciudad de Kuneitra caía en manos de las I.D.F., que en tales momentos ya se hallaban sólidamente establecidas en los Altos del Golán.

El peligro que entrañaban los bombardeos sirios contra los poblados de Israel había sido eliminado. Las fuerzas del Norte, al mando del general Elazar, suspendieron las operaciones cuando los sirios; oyendo los estampidos de las piezas artilleras israelíes, ya desde Damasco; aceptaron al fin el alto el fuego ordenado por las Naciones Unidas, que se estableció inmediatamente a todo lo largo de las líneas alcanzadas por las fuerzas de vanguardia. Precisamente entonces, las fuerzas de las I.D.F. se encontraban ya en la carretera de Damasco.

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Resultados de la guerra

En menos de seis días; a un coste para Israel de 777 muertos y 2.586 heridos, muchos de ellos oficiales, y 17 prisioneros, en su mayoría pilotos que más tarde fueron canjeados, y a un precio para los Ejércitos árabes de unos 15.000 muertos y 6.000 prisioneros, más un gran número de desaparecidos


Israel actuando sola, había derrotado a tres de sus vecinos, apoyados por numerosos países árabes en lo que se recordaría como una de las campañas militares más rápidas y de mayor éxito de la época actual. Habían sido destruidos más de 400 aviones árabes, de éstos unos 60 en el aire, y capturados unos 800 tanques, algunos de ellos completamente destruidos.

El valor del equipo militar perdido por los árabes durante la Guerra de los Seis Días ascendía a más de 1.000 millones de dólares, valor que constituía aproximadamente el 70% del equipo pesado de tres Ejércitos árabes. La unidad, cohesión, disciplina y decisión del pueblo de Israel se unieron en perfecta simbiosis con la explosión sin precedentes de identificación y simpatía de los judíos del mundo entero, así como la ayuda de los no judíos de otros muchos países.

Israel, al final de la corta guerra, poseía 68.672 km2 de territorio que antes se hallaban en manos de los árabes o lo que era igual a unos 1.115 km2 en los Altos del Golán, 5.870 en Judea y Samaria (Cisjordania), 360 en la franja de Gaza, y 61.175 en la península del Sinaí.






El final de la guerra de 1967 representó un trauma para el mundo árabe y creó unas expectativas de posibles e inminentes negociaciones, en las que Israel podría actuar desde una posición de fuerza, pero a lo que los países árabes, también en dificultades, no se prestaron, y por el contrario pronto comenzarían el hostigamiento contra las nuevas posiciones de las fuerzas israelíes.

Un estudio realizado por el Instituto de Estudios Estratégicos de Londres, resumió la campaña así: "La tercera guerra árabe-israelí probablemente será tema de estudio en las Escuelas de Estado Mayor y tal estudio posiblemente se haga durante muchos años.

Al igual que las campañas del joven Napoléon, la capacidad y logística de las I.D.F. han proporcionado un libro de texto que ilustra todos los principios clásicos de la guerra: velocidad, sorpresa, concentración, seguridad, información, ofensiva y, sobre todo, cuanto concierne a la instrucción y moral de las tropas.

Los pilotos comprobarán, con evidente aprobación por su parte, cómo la Fuerza Aérea israelí se empleó primero para obtener un dominio en el aire mediante la destrucción de la aviación enemiga; después, para intervenir en las batallas de tierra destruyendo las comunicaciones enemigas, apoyando a toda operación de blindados e infantería y, por último, participando en misiones de persecución".

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El aumento de refugiados palestinos

Debido a la guerra se intensificó la tragedia palestina. No sólo perdieron sus esperanzas, sino que su situación empeoró al quedar Gaza y Cisjordania en manos israelíes mientras la lucha lanzó hacia el desierto transjordano a nuevos millares de refugiados.

Tras la apabullante victoria judía, la situación quedaba de esta manera: Israel unificaba bajo su dominio toda Palestina que tenia 3.500.000 de habitantes, de los cuales 1.000.000 eran palestinos.

El resto del pueblo palestino se componía de 1.300.000 personas más, de los cuales unas 800.000 estaban en Jordania; 300.000 en Líbano, Siria e Irak; y las 200.000 restantes en los Emiratos del Golfo, Egipto y países del Norte de África





La postración palestina ante el desastre militar fue, sin embargo, muy inferior a la que sufrieron los países derrotados: ya no podían perder nada más. Los países árabes; acababa de demostrarse de nuevo y esta vez con mayor crudeza; nada podrían hacer por ellos.

Así, a partir de la derrota, surgieron nuevas organizaciones políticas y armadas, se incrementó su adiestramiento, lograron más armas y ofertas de instrucción.

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Última edición por Elrohir; 27-Jan-2007 a las 12:03
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Antiguo 23-Aug-2005, 18:23   #54
Médano
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Bueno,vuelvo denuevo por aqui despues de un largo tiempo,espero venir para quedarme y q mejor q empezar por la historia militar?....saludos a todos!


La invasión aliada de Sicilia



FASE PREVIA

Aunque muchos infravaloran, afirmando que fue una invasión de prioridad secundaria, la operación susodicha tuvo una vital importancia en el desarrollo de la gran contraofensiva aliada en el llamado Frente Oeste . El desencadenante de la caida de la dictadura fascista de Mussolini se debió en su momento a este ataque aliado a la isla italiana, lo que significó un gran cambio político , además, Italia saldría de la guerra una vez Mussolini fuese depuesto del poder . Esta fue la primera gran invasión anfibia de la guerra, y habia muchas esperanzas puestas en el desenlace de esta operación, ya que se trataba de un " ensayo " a gran escala de la invasión anfibia que los aliados preparaban en Francia en 1944 . Para afrontar de la mejor manera este ataque, se organizó un numeroso y notablemente preparado y equipado contigente militar -tanto del ejército, marina y aviación- .
La coordinación entre las fuerzas aéreas y las unidades navales era indispensable, además de un preciso suministro constante a las tropas destacadas en ese sector , ya que se desconocía el número exacto de divisiones y unidades militares alemanas allí presentes . La fecha clave del ataque inicial era del 9 de julio de 1943, fecha acordada en la Conferencia de Casablanca. Los norteamericanos aportaban la mayoría de efectivos y medios militares, no obstante, eran los más reacios a que se invadiese la isla siciliana, porque matizaban que era más necesario destacar tropas y máquinas cuanto antes en las costas inglesas como preludio próximo de la invasión aliada de las playas de Normandía . Entre otras cosas, la elección del desembarco en Sicilia fue su cercanía con la base aliada naval y aérea de Malta, entonces otros objetivos como Córcega o Cerdeña fueron desechados por su lejanía y menor valor geoestratégico y de prestigio .

En cuanto a los alemanes, que afirmaban que un desembarco aliado en Sicilia era algo más que improbable, retiraron varias divisiones de Italia .
Entonces, en la isla italiana se encontraban estacionadas cuatro divisiones alemanas y dos italianas,contando con otras seis más desplegadas en las costas junto con varios regimientos y brigadas. Los efectivos totales, por parte italiana, de 204.000 hombres -incluyendo la milicia fascista- y una centena carros de combate ligeros, mientras los alemanes contaban en la isla con 28.500 hombres y 165 carros medios y pesados, en su mayoría. La Luftwaffe contaba con un total de 520 aparatos, pero solamente una tercera parte estaba en condiciones de volar . Las tropas alemanas contaban con una poderosa fuerza de artillería ( 1.500 piezas ) y la poderosa flota italiana contaba, entre otros buques y unidades navales menores, 6 acorazados, 7 cruceros y 32 destructores . Pero esta fuerza no presentó ninguna resistencia, entre otros factores, por falta de preparación, coordinación y por temor a enfrentarse a la todopoderosa fuerza naval angloamericana.

Las fuerzas aliadas disponían del 8.° Ejército británico (Montgomery) y el 7.° estadounidense (Patton): siete divisiones de infantería, una brigada autónoma, dos divisiones acorazadas, otras dos aerotransportadas y tres divisiones más preparadas para actuar y acuarteladas en sus bases de Libia y Túnez. En total 181.000 hombres, 620 carros, 1.800 cañones y 14.000 vehículos diversos. Las fuerzas aliadas navales disponían de seis acorazados, cuatro portaaviones de diverso tonelaje y gran cantidad de cruceros y destructores, además de otras unidades navales secundarias y menores, hasta llegar a la cifra de 1.370 ( sin contar con cañoneros y lanchas de desembarc ) . En el aire , los aliados contaban con más de cuatro mil aparatos, indiscutiblemente superiores en el mar y en el aire.




LA BATALLA POR SICILIA ( julio - agosto 1943 ) :

El primer paso se dió con el ataque aéreo sobre la isla de Pantelaria ( Pantelleria en el mapa ), considerada por los italianos como un enclave inexpugnable . Allí estaban estacionados doce mil efectivos del Ejército Italiano y unos 200 alemanes de comunicaciones y rastreo aéreo , apoyados por un nutrido número de cañones de costa, de campaña y toda variedad de cañones menores y piezas anti-carro . El 9 de junio la aviación norteamericana y la marina de guerra aliada bombardearon duramente la isla fortificada, que a pesar de no producir muchas bajas y altos desperfectos, y con la lluvia de panfletos aliados persuadiendo a los defensores a la rendición, el almirante italiano Palvesi instó a rendirse, mientras los escasos alemanes huyeron ese mismo dia . Los aliados ocuparon la isla ese mismo dia .

El ataque aliado se iba a desencadenar hacia dos zonas complementarias de la isla siciliana . Las tropas británicas comandadas por los generales Montgomery , Leese y Dempsey atacarían por el frente oriental en dirección a la ciudad siciliana de Messina, al norte . Los norteamericanos liderados por Patton y Bradley, avanzaríasn por el centro de la isla en dirección a la capital, Palermo . Los principales objetivos a tomar por los británicos eran los puertos orientales de Siracusa y Augusta, y el aeródromo de Catania . Los norteamericanos deberían tomar en primera instancia las ciudades costeras de Licata y Gela . Las negativas condiciones atmósfericas el dia 10 de Julio y la vispera del mismo hizo que los bombardeos aliados no tuviesen los resultados esperados, y además los paracaidistas no pudieron ser lanzados en la mayoría de los puntos asignados . Las primeras unidades aliadas arribadas a las costas sicilianas se dieron entre el sur de Siracusa y Licata, una costa de 180 kilómetros defendido tan sólo una división alemana y una brigada costera . La artilleria naval aliada y los cazabombarderos norteamericanos se dedicaron a barrer las escasas defensas germanoitalianas , sin apoyo de Panzers ni artillería pesada , y los restos que sobrevivieron a los ataques aéreos y navales fueron admirablemente aplastados por las unidades de desembarco . Un oportuno contraataque de varias divisiones alemanas blindadas con el apoyo de infantes italianos obligaron a los norteamericanos a volver a las mismas playas , pero las grandes pérdidas de las tropas del Eje por la acción de las unidades navales costeras aliadas y por las baterías anti-tanque forzaron a los contragolpeadores a retirarse al interior . Mientras tanto las tropas inglesas de Montgomery ocupaban Sicracusa y Augusta sin sufrir apenas bajas considerables .
La lucha y la resistencia se incrementaba al interior, con la disminución evidente del apoyo de las escuadras navales aliadas y los cazabombarderos . Los norteamericanos presionaban por el centro y el oeste hacia Palermo y luego enlazar con los de Montgomery y los británicos por el este, hacia Messina . Los alemanes, por orden del mariscal Kesselring, introdujo en la isla una división de refuerzo más y dos regimientos de élite paracaidistas . Palermo cayó el 22 de Julio, con un avance rápido de los hombres de Patton . Pero las tropas alemanas frenaron en seco a los norteamericanos victoriosos en San Stefano . Las tropas del Eje en retirada ante el avance británico y las unidades germanas que derrotaron a los estadounidenses en San Stefano, se retiraron y se hicieron fuertes en las estribaciones del volcán del Etna , en un intento de resistir a ultranza y evitar que Messina cayese en manos aliadas . Resistieron fácilmente varios ataques terrestres aliados . Entonces, la parte de Sicilia ocupada por los aliados fue consolidada y se rehabilitaron varios aeródromos, además, arribaron nuevas y frescas divisiones de choque aliadas . Los alemanes para evitar perder a todos sus efectivos en el norte de Sicilia, se dispusieron a retirarse con el apoyo de toda la artilleria antiérea posible y las mejores unidades aéreas de la Lufwaffe de el frente Sur del Reich . Varias compañias y unidades de combate alemanes fueron sacrificados para que los 2/3 de los efectivos alemanes replegados en Messina fuesen evacuados. El 10 de Agosto las tropas aliadas entraban en la ciudad , haciendo en Sicilia un total de 132.000 prisioneros italianos en su mayoría, y unas centenas de carros de combate alemanes y diversos cañones . Hubo relativamente no muchos muertos del Eje ( unos 8.000, una mitad italianos y otra alemanes ) y alrededor de 7.500 bajas aliadas, entre ellas 5.000 muertos . A pesar de la incontestable victoria aliada, éstos veían cómo más de 100.000 ( 40.000 alemanes ) soldados del Eje habian sido evacuados, 400 carros de combate y millares de piezas de artilleria y cañones .

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Última edición por Elrohir; 27-Jan-2007 a las 12:04
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Antiguo 23-Aug-2005, 18:57   #55
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Bueno,vuelvo denuevo por aqui despues de un largo tiempo,espero venir para quedarme y q mejor q empezar por la historia militar?....saludos a todos!
Un saludo para tí también. Se te ha echado de menos compañero!!

Rebienvenido y buena manera de volver! ;)
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Antiguo 23-Aug-2005, 19:53   #56
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Iwo Jima, historia de una fotografía legendaria


Miembros de la Compañía Easy, del 28º regimiento (5ª División) de los Marines toman las banderas hacia el monte Suribachi. La Compañía Easy llevaba luchando 4 días seguidos, tuvieron un 40% de bajas hasta ese día.


La primera bandera que se iza en el monte Suribachi. la más real. Foto de Lou Lowery. 10 de la mañana, el 23 de febrero de 1945


La primera bandera baja, la segunda sube.
Foto por Roberto Campbell.


Esto es la fotografía "original" de Joe Rosenthal.


Una segunda toma diferente.


Joe Rosenthal entre toma y toma


Cuatro de los "colocadores" de la bandera aparecen con sus compinches jubilosos. Muchos de estos muchachos pronto estarían muertos.


La fotografía en la que varios soldados que levantan la bandera americana en la cumbre del monte Suribachi el 23 de febrero de 1945 se ha convertido en el icono al heroísmo de los Marines. Sin embargo, era en realidad la segunda bandera que se levantaba sobre la cumbre volcánica aquel día. La primera colocación ocurrió unas dos horas antes - un poco después de que los Marines hubieran ganado la cima de la montaña después de duros combates. Esta bandera fue considerada demasiado pequeña para ser fácilmente vista desde la base de la montaña por lo que se decidió colocar una segunda más grande.

En algunos mentideros se cuenta que para sostener el mito de que la segunda bandera había sido la única en ser izada en pleno combate, los hombres pertenecientes a los dos grupos (los de la primera bandera y los de la segunda) fueron “obligados a mentir repetidamente con relación al suceso”


El 23 de febrero se cumple el 60º aniverasrio de la toma de esta fotografía.. tras el infierno por la toma de la isla volcánica... Iwo Jima.

Iwo Jima (en japonés "isla de azufre") es una isla de origen volcanico japonesa, ubicada a aproximadamente 1000 km al sur de Tokyo, con una superficie de 20 Km2.


La batalla





El Comité Conjunto de Planificación de la guerra en Washington empezó los proyectos para capturar Iwo Jima, en las Islas Volcanes, tan pronto como se tomó la decisión de invadir las islas Marianas. Iwo Jima y Okinawa (en las Ryukyus), objetivos que eran necesarios para el realizar el bombardeo estratégico del Japón, preliminar a la invasión proyectada. Para dirigir las nuevas operaciones, Nimitz, recién ascendido a Almirante de la Flota, trasladó su Cuartel General desde Pearl Harbor al más avanzado en la isla de Guam.


Las arenas de Iwo Jima, como la película de John Wayne


En previsión al previsible ataque, los japoneses situaron en las Islas Volcanes una guarnición de 14 mil hombres del ejército y 7 mil marinos, casi todos veteranos. El Teniente General Tadamichi Kuribayashi, un hombre de probada capacidad, asumió el mando para erizar de defensas las ocho millas cuadradas de cenizas volcánicas en el Pacífico, aprovechando el terreno de fantásticas colinas, mesetas y barrancos, con escarpadas vertientes sobre la costa, y en uno de sus extremos el volcán Suribachi, de 167 metros de altura. En el volcán concentró su artillería para barrer las colinas intermedias. En el terreno escarpado construyó más de 400 fortines y nidos de ametralladoras que se comunicaban por túneles bajo la lava.


19 de febrero de 1945




El Día D para la invasión, fue fijado para el 19 de febrero. La operación se puso bajo el mando del vicealmirante Turner, quien dirigió la fuerza combinada de apoyo. Tras cuatro días de combates, el día 23 se izó la bandera en lo alto del monte Suribachi.




La captura requirió ataques con granadas, lanzallamas, cohetes y cargas de demolición, pues los defensores pudieron resistir, bien atrincherados, los bombardeos de la armada estadounidense y su aviación naval durante los setenta y cuatro días previos al desembarco. Una vez en tierra, las fuerzas invasoras debieron limpiar la zona con la intervención de tanques de la Infantería de marina, pues parecía imposible, poder desalojar a los defensores sólo con tropas de a pie.

Los kamikazes contraatacaron el día 21, lanzándose sobre cinco barcos, dejando fuera de combate hasta el fin de la guerra, al portaaviones USS Saratoga. También hundieron el portaaviones escolta USS Bismarck Sea.
En Iwo Jima murió toda la guarnición japonesa, menos 200 heridos que fueron hechos prisioneros, pero los estadounidenses tuvieron unas 26 mil bajas.




La batalla fue tan dura, que incluso antes de poder usar las bases de Iwo Jima a plena capacidad debido a la resistencia japonesa, 25 bombarderos medianos y aviones cazas de la fuerza de misión cooperaron con 200 bombarderos B-29 en una incursión sobre Tokio, incendiando objetivos en una área de dos millas cuadradas de la ciudad y destruyendo unos 150 aviones japoneses.

La isla fue ocupada por EEUU hasta 1968.

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Última edición por Elrohir; 27-Jan-2007 a las 12:06
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Antiguo 23-Aug-2005, 20:29   #57
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Os pongo un ejemplo de hazañas realizadas por carros de combates durante la 2ª GM:

Teniente Oskin y su T-34/85 (por Riauriau)

Uno de los enfrentamientos de carros más memorables de la guerra sucedió hacia el final de la ofensiva de Lvov- Sandomierz, en Polonia. Al atardecer del 11 de agosto de 1944 se le ordenó al teniente Oskin de la 53 brigada acorazada de guardias Fastov , patrullar por el pueblo polaco de Ogledow ,donde se esperaba que enlazara con el 2ª batallón de la unidad. La patrulla incluía un equipo de infantería que había viajado montado sobre el carro a través de los combates de Bielorrusia y Polonia desde Junio. Al llegar al pueblo, no encontraron carros amigos, pero tropas alemanas se acercaban por el extremo opuesto de la población. Oskin informó al comandante de la brigada y éste le ordenó que ocupase una posición defensiva y vigilase las tropas alemanas. El casco del carro estaba ya bien camuflado en un campo de trigo, y la tripulación de Oskin y la infantería mimetizaron la torre con tallos de trigo. Una columna de carros alemana entró en Ogledow al atardecer y acribilló el pueblo a tiros, pero paró después de anochecer. Aunque Oskin no lo sabía, en aquel momento la unidad de carros era una sección del sPzAbt501, la primera unidad acorazada alemana en el frente oriental con la última “arma milagrosa” de Hitler, el nuevo carro pesado Konigstiger. La unidad había desembarcado poco antes en Kielce con 45 Konigstiger, pero cuando llegó a la vecindad de Ogledow, ya sólo disponía de ocho carros. Los restantes se habían averiado durante la marcha de 45 kilómetros, principalmente a causa de fallos en el mecanismo reductor.


En la mañana del 12 de agosto, se dio orden de que el batallón de Konigstiger entrase en acción para aplastar la cabeza de puente soviética sobre el Vístula, cerca de Sandomierz.Sentado en su carro, Oskin vio a los Konigstiger abandonar el pueblo. Parecían Panther, pero Oskin recordó una nota en la que se avisaba a las tripulaciones soviéticas que estuviesen atentas a la aparición de un nuevo carro pesado alemán. Entretanto , los alemanes no habían detectado el bien mimetizado carro de Oskin, y estaban avanzando por una carretera en la que los costados de sus carros, más vulnerables quedaban expuestos. Oskin dio orden al cargador, A.Jalysev de cargar uno de sus preciados proyectiles BR-365P de hipervelocidad. Cuando los Konigstiger estaban a 200 m y de lado, Oskin ordenó a su tirador, Abubakir Mejaidorov, que hiciese fuego. El disparó alcanzó el lado de la torre del segundo carro, aparentemente sin ningún efecto. De hecho, había penetrado y matado a la mayor parte de la tripulación, pero esto no fue inmediatamente claro para los soviéticos. El carro de Oskin disparó otros dos proyectiles perforantes contra la torre y , decepcionado, mandó finalmente cargar otro proyectil subcalibrado y le indicó al tirador que disparase al depósito de combustible trasero. El K empezó por fin a arder. Para entonces, el Konigstiger de cabeza había hecho girar su enorme torre buscando a su enemigo, pero con todo el polvo levantado con los impactos del cañón de 85 mm, no pudo encontrarlo. El carro de Oskin disparó 3 proyectiles sobre el frontal de la torre, que rebotaron inofensivamente. El cuarto disparo penetró el anillo de la torre, y el Konigstiger de cabeza empezó a arder al incendiarse la munición. El tercer Konigstiger , cegado por el humo del combustible incendiado del segundo, empezó a retroceder a toda velocidad por la carretera. Oskin detonó las latas de fumígenos detrás de su carro para cubrirse, e inició la persecución del tercer Konigstiger. El más ligero T-34/85 pronto ganó terreno y Oskin consiguió maniobrar por detrás del Konigstiger poniéndolo fuera de combate con un disparo en la cámara del motor, que atravesó el delgado blindaje posterior. Al regresar al la carretera, uno de los Konigstiger había dejado de arder, por lo que Oskin le disparó de nuevo con su último proyectil de hipervelocidad. Dos de los Konigstiger sufrieron a continuación catastróficos incendios de la munición que hicieron volar sus torres. Las pérdidas alemanas fueron once muertos de quince tripulantes, incluidos el teniente Karnezi y Wieman, siendo capturados algunos de los supervivientes por la infantería de Oskin. El batallón de Tiger no supo lo que les había atacado, y sus pérdidas se atribuyeron a fuertes defensas contra carro. El tercer Konigstiger fue recuperado posteriormente y enviado al terreno de pruebas de ejército rojo de Kubinka , donde todavía descansa en el museo de las fuerzas acorazadas. El teniente Oskin fue condecorado con el máximo galardón del ejército rojo, la estrella de oro de héroe de la unión soviética. Una de las leyendas populares soviéticas acerca de esta batalla dice que en ella murió el hijo del diseñador del Konigstiger, Ferdinand Porsche.

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Última edición por Elrohir; 27-Jan-2007 a las 12:08
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Me alegro de tenerte de vuelta Medano!!!. Muy buenos tus post y el tuyo también Alex-kaiser.


Un saludo
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Heinz Wilhelm Guderian (1888-1954)






Heinz Wilhelm Guderian no da la clásica imagen de general nazi, fanático y cruel, con que la mayoría de personas definen (sin molestarse en conocer) a los generales de la Wehrmacht que llevaron a Alemania a ocupar militarmente la mayor parte de Europa, gesta nunca antes realizada, en tres años de guerras. De eso se trata con este articulo, de acercar al interesado la personalidad y logros de este maestro de la blitzkrieg.

Guderian nació en 1888 en el seno de una familia prusiana y ya desde su infancia fue educado en los valores castrenses de lealtad, honor y disciplina. Con 19 años, tras haber estudiado en varias escuelas militares, sería destinado al batallón que comandaba su propio padre. De ahí pasaría a Coblenza, para realizar un curso en comunicaciones por radio, allí aprendió el inglés y el francés, además de destacar entre el resto de compañeros por su fuerte personalidad, que al correr del tiempo haría que sus propios camaradas le denominaran despectivamente, como Heinz el impulsivo, cuando no Heinz el loco.

De general disidente, lo definió su principal biógrafo, Kenneth Macksey, la mejor cualidad de su personalidad era el profesionalismo con que siempre acompañó sus actos, oponiéndose a la crueldad innecesaria (fue el que ordenó detener la masacre de polacos en el verano de 1944, tras la insurrección de la ciudad) y quien se preocupó por el estado de sus hombres durante el crudo invierno ruso. Adorado por los soldados bajo su mando, no dudó en enfrentarse a Hitler cuando lo consideró oportuno y la vez rechazar la idea del golpe de estado, por considerarlo como deslealtad. Siempre defendió que las fuerzas armadas deberían mantenerse distantes de la situación política.

Al estallar la Primera Guerra Mundial, Guderian era uno de los pocos oficiales entrenados en los modernos sistemas de comunicación radiofónica y destinado a una unidad de caballería. Donde recibió una dura lección al descubrir que los franceses sólo tardaron dos días en descifrar su clave. Fue testigo de excepción de el uso masivo de ametralladoras que acabó provocando el estancamiento de la guerra de trincheras. En 1916 pasó al estado mayor del IV ejército alemán y allí asistió a la parte final de la guerra, la aparición de los tanques en el bando británico, la retirada rusa de la contienda, la entrada del coloso americano y la desbandada final del ejército alemán. Cómo muchos otros jóvenes oficiales asistió impotente al hundimiento del país que Von Moltke y Bismarck habían convertido en la mayor potencia del continente europeo.

Acabada la guerra, fue enviado a la ciudad de Goslar para entrenar a una unidad de infantería a avanzar conjuntamente con una unidad motorizada. Después, pesé a sus protestas, fue trasladado al cuartel general de Munich, donde acabó dándose cuenta de las ventajas que tenía su nuevo destino, desde allí contemplo, con envidia, la creación en 1923 del Cuerpo Acorazado Británico. El tratado de Rapallo con Rusia, para investigar sobre nuevos tanques, le permitió saltarse las restricciones impuestas por los vencedores en Versalles y lanzar la idea de varios prototipos de blindados, así como darse a conocer con la publicación de profundos artículos sobre la materia.

Guderian trabajó sobre la idea de perfeccionar el sistema de comunicaciones entre los diversos tanques que formaban una división, para de este modo poder controlar a la perfección los movimientos de cada uno de ellos en el contexto general de la división. Poco a poco fue convenciendo a otros jóvenes oficiales de las ventajas de la división mecanizada, aún así, tuvo duros enfrentamientos con los oficiales de caballería que veían peligrar su futuro por el empleo de modernas tácticas de combate.

En el plano de las relaciones con el meteórico ascenso nazi, hay que decir que Guderian, al igual que muchos otros militares, contempló con cierta preocupación el fanatismo que pareció rodear los primeros actos del gobierno hitleriano, nostálgico del imperio y la época bismarckiana, aún así no se opusó, y el correr de los años haría que contemplará con cierta simpatía a Hitler, el hombre que en 1937 había acabado con el paro de seis millones de alemanes y la situación social caótica que venía existiendo desde el final de la guerra. En 1934, Guderian conoció por primera vez a Hitler, fue durante unas maniobras del ejército, donde tuvo la ocasión de demostrar lo acertado de sus técnicas, manejando tanques e infantería con motos, coordinada en sus movimientos con la artillería y la aviación. De estas maniobras saldría reforzado y fue nombrado Jefe de Estado Mayor de la recién creada Panzertruppe. Un año después nacería el primer cuerpo panzer, compuesto por tres divisiones panzer, al mando de una de las cuales estaba Guderian. un año después, en 1936, publicaría su libro Achtung Panzer!, que causó sensación y a la vez polémica pero que sirvió para que Hitler le otorgara su confianza.

Guderian vuelve a aparecer en escena en 1938, cuando Alemania invade Austria para unirse en lo que se denominó, La gran Alemania, fue él, quien mandó las fuerzas blindadas que realizaron la invasión pacifica del país, su participación en primera línea, le hizo ver que muchos de los tanques habían sufrido averías y defectos de diseño que rápidamente se apresuró a corregir. Pese al apoyo decidido de Hitler, aun contaba con numerosos detractores, las guerras de España y Etiopia, hicieron pensar que la clave de la victoria estaría en el dominio del aire, y por ellos gran parte de los recursos iban a parar a la Luftwaffe. En la invasión a Checoslovaquia, comandó el XVI cuerpo panzer, al terminar la guerra, euforicó por la total ausencia de bajas en la ocupación de los Sudetes, no dudó en afirmar que gracias a él y a sus nuevas técnicas se había conseguido evitar la total ausencia de víctimas, que lejos estaba de la realidad.

En 1939 Guderian fue ascendido y puesto al mando de el XIX cuerpo panzer, compuesto por la 3º división panzer y dos divisiones de infantería motorizada. En el ataque del 1 de agosto a Polonia, el objetivo asignado a su cuerpo de ejército era el pasillo que desde Alemania conducía a la ciudad de Danzing, objeto de reclamación por parte alemana. Por contra de lo que se ha creído, los polacos ofrecieron más resistencia de lo que suele pensarse, prueba de ello son los mas de 600 tanques que los alemanes perdieron. Siempre en primera línea de fuego, Guderian se ganó fama de competente e intrépido, anotando en una libreta cada uno de los fallos que presentaban los tanques o las motocicletas. A los pocos días de iniciado el ataque, Hitler acompañado de Himmler y Rommel se presentó en su cuartel general, Guderian no tuvo reparos en decir orgullosamente que la destrucción del ejército polaco se debió más a la acción de los Panzer que a la de los Stukas de la Luftwaffe.

Como el ejército del sur había sido detenido en Varsovia, Guderian recibió ordenes de acudir a reforzar esas posiciones, concretamente se le encargó la misión de tomar Brest-Litovsk, ciudad que alcanzó el día 14 de septiembre. La guarnición polaca ofreció una dura resistencia y obligó a las unidades bajo el mando de Guderian a realizar un ataque frontal mediante la combinación de artillería, tanques e infantería, el ataque, a la postre, pese a ser arriesgado acabó con la resistencia polaca. Por esa acción recibió la orden de la Cruz de Caballero. Tras el final de la guerra, Guderian mantuvo varias entrevistas con Hitler, pero no logro convencerle de la fabricación en masa de tanques, ni de otorgar más recursos para entrenar tropas de infantería coordinadas con artillería y tanques. Hitler seguía confiando en que la superioridad aérea y naval era prioritaria.



Guderian en Brest, el 22 de septiembre de 1939


A finales de febrero de 1940, Hitler se decidió por el plan de Manstein para atacar Francia, detrás del cual se veía la genial mano de Guderian, que, al mando del XIX cuerpo panzer, estuvo encuadrado en el Grupo de Ejércitos A de Von Rundstedt, que iba a llevar el peso de la ofensiva, mientras a su izquierda el Grupo de Ejércitos C, contando sólo con divisiones de infantería, realizaría movimientos de diversión. El Grupo de Ejércitos B de Von Bock, estaría encargado de ocupar los Países Bajos. Guderian estaba entusiasmado con el plan y durante las maniobras de adiestramiento, rebosante de confianza, supo trasmitírsela a los soldados bajo su mando. Cuando el día 10 de mayo, la Wehrmacht lanzó el ataque, en una veloz maniobra avanzó en dirección a Sedán, siempre en primera línea, hasta tal punto que su avión de reconocimiento estuvo a punto de aterrizar en terreno francés. La operación, al igual que en Polonia, comenzó con un caótico avance, muchas veces los alemanes avanzaban sin saber si sus compatriotas los seguían por derecha e izquierda.

Comenzado el avance, durante el cruce del río Mosa, llegó la hora de la verdad, tras un feroz bombardeo en picado de aviones de la Luftwaffe, la infantería alemana logro establecer la primera cabeza de puente, sin necesidad de que intervinieran los tanques, ya desde el primer momento, los franceses, desmoralizados y escasamente preparados, abandonaban sus posiciones a medida que los alemanes las alcanzaban. Los franceses disponían de varias unidades de tanques, tanques con mayor potencia de fuego que los alemanes, merced a lo cual, obligaron durante minutos a retroceder hacia el Mosa a los panzer, hasta que la intervención de unidades alemanas de infantería con eficaz armamento antitanque frenó con éxito la contraofensiva francesa.

Durante estos primeros día Guderian estuvo siempre animando a sus hombres y tomando parte activa en los combates. Sin embargo, al establecer su cuartel general en Laon, el 17 de mayo, tuvo un enfrentamiento con su inmediato superior, el mariscal de campo Von Kleist, quien le ordenó que detuviera el avance hasta nueva orden. para dar tiempo a los alemanes a proteger su flanco derecho, en este momento, expuesto, dado el veloz avance de los panzer. Guderian, impetuoso, respondió presentado su dimisión. Al enterarse Von Runsdstedt, rechazó su dimisión y trato de mediar, con gran respeto a Guderian, quien pese a que había desobedecido a su superior, lo necesitaba en primera línea, como el mejor general de tanques de que disponía Alemania. Este retraso a la postre benefició a los alemanes, cuando Guderian recibió por fin permiso para avanzar, se encontró con tanques franceses al mando de De Gaulle, quien creía que los alemanes ya habrían marchado hacia delante y se encontraría con infantería alemana sin protección aérea y blindada, el error acabaría constándole la destrucción de la mayor parte de sus tanques.

El día 20, Guderian alcanzó Abbeville, habiendo partido en dos las líneas francesas, en una de las más espectaculares acciones de la Segunda Guerra Mundial, lo que le supuso el reconocimiento tanto de alemanes como de aliados. Después de este movimiento, hubiera querido enviar varias divisiones blindadas hacia Calais y Dunkerque, antes de que los ingleses, que pretendían defender las ciudades para dar tiempo a sus maltrechas divisiones de replegarse para ser evacuadas, establecieran líneas defensivas. Hitler, en una incomprensible orden, mandó detener el avance, quizá influido por Goering que pretendía que su Luftwaffe se encargará de los ingleses, cosa que no fue capaz de hacer, permitiendo que más de 300.000 ingleses y franceses, bien que sin armamento pesado, lograran pasar a Inglaterra.



Guderian durante una parada en Francia para observar el frente.


El día 10 de junio, tras reabastecer sus divisiones cerca de Sedán, partió con el Grupo Panzer Guderian (Cuerpos panzer XXXIX y XLI) del que se había hecho cargo tras haber sido ascendido por Hitler. Avanzó en dirección sur, cruzando Besançon y Belfort. El dia 18 estaba en Alsacia y Lorena, donde un ejército francés de medio millón de hombres se rindió. El día 22 alcanzó la frontera de Suiza ese mismo día Francia reconocía su derrota y firmaba un armisticio con Alemania. Guderian hubiera querido que le dieran permiso para descender Rodano abajo para capturar las bases francesas en el Mediterráneo, tomar Malta y Gibraltar con divisiones aerotrasportadas, y cruzar a África, donde no sería difícil ocupar Egipto. Sin embargo su brillante plan fue desestimado por Hitler, más pendiente de disfrutar su victoria y revolverse hacía el coloso soviético que había seguido inquieto la espectacular victoria alemana. Tras una corta estancia en París, donde fue ascendido a Coronel-General, pasó a Berlín para seguir entrenando nuevas divisiones blindadas.

Cuando comenzó la cuenta atrás de la Operación Barbarroja, Guderian se encontraba al mando del 2º grupo panzer, cuyo objetivo habría de ser encabezar el ataque al frente central soviético en Brest Litovsk, donde ya había combatido dos años antes. En un principio Guderian se sorprendió porque Hitler abriese un segundo frente, cuando en la Primera Guerra Mundial, había sido una de las causas de la derrota alemana, no obstante obedeció, como lo había venido haciendo, aunque se negó a repartir entre sus hombres folletos de propaganda nazis sobre la manera en que habrían de ser tratados los prisioneros de guerra rusos. En la ofensiva sobre la Unión Soviética, se agudizaría la falta de confianza entre Hitler y su estado mayor, que ya venia notándose desde la campaña en Occidente. Hubo duras discusiones sobre cual debería ser el objetivo prioritario, Guderian, al igual que sus colegas, apostaba por Moscú, Hitler y sus compinches nazis por Leningrado y Kiev, objetivos económicos de primer orden. Esta falta de entendimiento acabaría repercutiendo en la superioridad neta que tenía la Wehrmacht sobre el Ejército Rojo y como veremos, costaría demasiado cara a Alemania.

El domingo 22 de junio, con varias semanas de retraso por la ofensiva en los Balcanes, comenzaba la invasión de la URSS. Al igual que en Francia, Guderian destacó entre todos los generales alemanes por permanecer siempre en primera línea y por la velocidad con la que se movía su ejército, en los primeros diez días, colaboró en el cerco en Minsk de casi medio millón de soldados rusos, tras esta victoria avanzó hacia Smolensk, provocando otro altercado con su inmediato superior, Von Kluge, quien llegó a retarlo a duelo a muerte. No obstante el avance prosiguió, y en el mes de agosto 300.000 soldados rusos fueron de nuevo copados en Smolensk. El camino estaba libre para, tras un reabastecimiento, avanzar sobre una Moscú donde cundía el pánico, cuando Hitler le ordenó reforzar al Grupo de Ejércitos Sur en los alrededores de Kiev, más concretamente en Lokvitsa. Y aunque allí los alemanes obligaron a rendirse a más de 600000 soldados soviéticos, se perdió la oportunidad de asaltar Moscú en el verano.





Tras esta victoria, ya en el mes de septiembre, y con la amenaza de las lluvias otoñales, Hitler ordenó lanzar la operación Tifón, tras un breve paréntesis para cargar combustible, los blindados de Guderian avanzaron por el sur en dirección a Moscú. El día 3 de octubre alcanzaron Orel, el 25 Chern, pero a medida que se acercaba a Moscú, aumentaba la resistencia, por primera vez aparecieron los T-34 soviéticos con un blindaje y un cañón superiores a los panzer. A últimos de noviembre el avance se estancó en Tula, a 20 km. de Moscú, mientras por el norte también fracasaba el asalto alemán. Mientras, las temperaturas se hundieron por debajo de los 25º. Y con ello desapareció la oportunidad de terminar la guerra en una sola campaña. Aunque los alemanes se quedaron estáticos, sin capacidad de reacción, Zhukov, les dejó atónitos lanzando una contraofensiva. Los generales alemanes comenzaron a retroceder intentando salvar a sus hombres del cepo soviético, mientras Hitler les ordenaba permanecer en sus posiciones, así el, día 17 de diciembre, llamó a Guderian para prometerle ayuda aérea masiva, pero para pedirle que mantuviera posiciones. Guderian no es que quisiera o no quisiera, sencillamente era imposible cavar trincheras defensivas con el suelo congelado, y el día 20 se replegó a Orel y decidió acudir a Prusia Oriental a entrevistarse con Hitler, quien sin atender a razones de lógica se enfureció al conocer este repliegue, entonces lo destituyó, al igual que había hecho con la mayoría de generales alemanes que le llevaron la contraria.

Quizá fuera entonces cuando Guderian más claramente vio que Hitler era un loco que podría conducir a Alemania a la ruina. Como decía en una carta escrita desde el frente a su esposa: «Es horroroso, inimaginable lo que están padeciendo mis hombres, el frío nos ha causado ya más muertos que los propios rusos». Y todo ello por negarse Hitler a repartir ropa de invierno en previsión de una campaña invernal. En las causas del fracaso alemán está la continua interferencia de Hitler y nunca la capacidad militar y de entrega de los generales alemanes, entre los que destacaba Guderian. Durante meses, permaneció en arresto domiciliario. Hasta trasladarse a una finca en Prusia desde donde asistió a las derrotas de El Alamein y Stalingrado. A Hitler no le quedaba más remedio que volver a recurrir a él. En el mes de enero de 1943, fue nombrado Inspector General de las Tropas Blindadas, su primera tarea consistió en establecer una cadena eficaz de producción de carros de combate. Trabajó con entusiasmo en la fabricación de los nuevos tanques Tiger y Panther.

Durante la operación Ciudadela, procuró estar lo más cerca posible de Kursk, para observar y analizar la evolución de estos tanques, en los que Alemania cifraba sus últimas esperanzas de ganar la guerra en Rusia. Ya tras el desembarco aliado en Normandía, Guderian tuvo conocimiento de varias conspiraciones para eliminar a Hitler, o bien para firmar una paz por separado con los aliados, entre los generales implicados destacaban: Rommel, Von Kluge, etc. No existen pruebas de su implicación, parece ser que su educación, basada en conceptos de honor, lealtad, disciplina etc, no le permitieron participar en la conjura que a la postre, fracasado el intento, costaría la vida de los militares antes mencionados.

Guderian, que prácticamente era ya el único militar alemán con talento, vivo y sin haber participado en el golpe de estado, se hizo cargo del frente oriental, no porque creyese en la victoria, o por defender el nazismo, sino por salvar Alemania de una invasión rusa, que perseguiría el objetivo de una venganza de la invasión que años atrás hizo Alemania, y que tanta muerte y destrucción había provocado en suelo ruso. Su nombramiento pronto le causó problemas con Himmler y sus esbirros de las SS, así en Varsovia, durante la insurrección de la ciudad, fue él, quien ordeno cesar la matanza de la población civil, asqueado de tanta violencia innecesaria. Para asombro de muchos, Hitler no lo detuvo ni lo ceso, sin duda alguna esperaba que Guderian pudiera contener la avalancha rusa, tarea por demás imposible, y más a partir de diciembre de 1944, cuando retiro unidades blindadas de élite para que participasen en la contraofensiva de las Ardenas, a la que Guderian se opuso por considerar que Alemania no disponía de material suficiente para conseguir una victoria de tal magnitud. Al final, el tiempo le daría la razón.

En marzo de 1945, tras una nueva pelea con Hitler, presentó su dimisión, cuando aliados y rusos avanzaban imparables hacia Berlín. Tras una semana de reposo, se unió a una división blindada en el Tirol, que antes había mandado, en donde fue capturado por los americanos. Quienes finalmente le pusieron en libertad en 1948, sin cargos. A partir de entonces se dedicó exclusivamente a escribir y editar sus memorias, Panzer leader, que, en 1952, alcanzaron cierto éxito en EEUU. Guderian murió en 1956.

Sin duda alguna fue uno de los mejores generales que participaron en la Segunda Guerra Mundial, no sólo por las victorias alcanzadas, y que hay están, sino también por ser el primer general en apreciar las ventajas de la división blindada.

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Última edición por Elrohir; 27-Jan-2007 a las 12:10
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Antiguo 27-Aug-2005, 19:35   #60
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Elrohir me ha gustado tu post pero mucho mucho, aver si te animas y pones de mi otro idolo como estratega Manstein.
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