25-May-2005, 21:58
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LA BATALLA DE VERDÚN
En 1916, desde un punto de vista alemán, la guerra hacía progresos. Pero algunos defectos estropeaban el cuadro feliz. El bloqueo británico se acentuaba cada vez más en Alemania y en Austria. A despecho de las victorias militares alemanas, en los dominios del Kaiser se acentuaba la escasez de alimentos. Cada día era mayor la falta de artículos como café, mantequilla, huevos y medicamentos.
Austria-Hungría demostraba representar más riesgos que ventajas. El imperio de Francisco José se resquebrajaba y los alemanes tenían que salir fiadores de sus ejércitos cada vez que emprendían una acción. También Bulgaria y Turquía eran para los alemanes un estorbo antes que un apoyo.
En los lejanos teatros bélicos las colonias germano-africanas habían sido tomadas por tropas francobritánicas nativas y blancas. Quedaba destruida esta parte del sueño alemán. Los británicos se apoderaban rápidamente de Oriente Medio, y el ferrocarril del Kaiser para unir Berlín y Bagdad continuaba siendo una visión no realizada. El general Erich von Falkenhayn, jefe alemán en el Frente Occidental, consideraba sin apasionamiento la situación de la guerra. Hizo balance de lo bueno y lo malo, de forma realista. Su conclusión fue la de que si Alemania no ganaba la guerra cuanto antes en el Oeste, iba abocada al desastre. Se basaba en el hecho de que Alemania y sus cohortes no tenían el tiempo de su parte. Si la guerra se prolongaba mucho más, el bloqueo estrangularía a la Patria.

Erich von Falkenhayn
Para prevenir tal eventualidad, Von Falkenhayn propuso una ofensiva en el Oeste. Creía que Rusia estaba eliminada, por lo que las fuerzas alemanas podían ser movilizadas sin abandonar el Frente Oriental, Von Falkenhayn planeaba enfocar astutamente su ataque contra los franceses eligiendo como objetivo la ciudad fortaleza de Verdún. El jefe alemán estaba seguro de, que los franceses lucharían allí hasta el fin, ya que la pérdida de Verdún indicaría que Francia admitía su derrota en la guerra.
No fue ésta la única consideración, por supuesto. En orden a la marcha general de la guerra, Falkenhayn, con muy buen sentido y en oposición al tándem Hiqdemburg Ludendorff, no quería adentrarse en las inmensidades rusas, y mucho menos llevando casi a rastras al renqueante y desmoralizado ejército austro - húngaro. Además, esperaba acontecimientos en el Este; quizá, desde su mentalidad y perspectiva, un cambio de actitud del zar. En los Balcanes el ejército servio podía considerarse aniquilado y la entrada en guerra de Bulgaria junto a las potencias centrales le liberaba de toda preocupación en cuanto a las comunicaciones con Turquía. El cuerpo expedicionario francés estaba detenido en Salónica: Y el frente italiano, evidentemente secundario, no planteaba ningún problema serio.
Falkenhayn creía que la guerra sólo podía decidirse en el Oeste y que convenía hacerlo antes de que los reclutas británicos de Kitchener («los solteros de 18 a 40 años») nutrieran el frente occidental con varios centenares de miles de hombres. Era necesario poner fuera de combate a Francia antes del verano de 1916, tanto más cuanto que el bloqueo marítimo impuesto por la flota británica empezaba a dejar sentir sus efectos en Alemania.
-Si planeamos bien la operación Verdún -declaró Von Falkenhayn-, podemos desangrar al enemigo obligándole a dar más y más hombres hasta que lo haya dado todo.
El campo fortificado de Verdún constituía la chariela del frente Oeste. Formaba un saliente, a modo de baluarte, situación que permitiría a los alemanes concentrar el fuego de su artillería en tiro convergente. Se reducirían al mínimo las bajas alemanas utilizando la mayor concentración de artillería. Von Falkenhayn destinó para la campaña de Verdún desde piezas de campaña hasta rifles navales de 12 pulgadas y morteros de sitio de 420 mm., armas estas capaces de rendir a la mayoría de fortalezas: Habían funcionado en Lieja, Namur, Maubeuge y en el Este.
Pero la gran superioridad germana era de índole logística: en tanto que el sector alemán de Verdún estaba servido por catorce líneas férreas (diez construidas por Flakenhayn para su ofensiva), más una completa red de carreteras, el saliente francés sólo disponía de una mala carretera de siete metros de anchura y de un ferrocarril local de vía estrecha, «le Meusien», pues de los dos ferrocarriles de ancho normal que afluían a Verdún desde la retaguardia francesa, uno estaba cortado por el saliente de Saint-Michel y el otro batido por los cañones enemigos. El plan de Falkenhayn era sencillo: utilizar a fondo su superioridad artillera, machacando a la infantería francesa, que el mando sacrificaría sin vacilaciones para evitar la caída de Verdún. Por decirlo con palabras del propio estratega, se proponía no ya «sangrar», sino «desangrar» al ejército galo, que tan pródigo de la vida de sus hombres se había mostrado ya en 1914 y 1915.
El frente alemán de Verdún estaba guarnecido por el V Ejército. La ofensiva de Falkenhayn era una excelente ocasión para que esta gran unidad, de actuación hasta entonces poco lucida, se coronara de marciales laureles, y con ella su jefe, el Konprinz Guillermo, blanco predilecto de los caricaturistas aliados por su figura desgarbada, su aire altanero y su afición a vestir uniforme de los Húsares de la Muerte.
La preparación de la ofensiva fue precedida por la construcción de una serie de enlaces y desvíos ferroviarios (la guerra de la que nos ocupamos fue, con la civil rusa, la última en que los transportes ferroviarios desempeñaron un papel fundamental). Seguidamente se procedió a concentrar en un área de doce kilómetros de frente por doce quince de profundidad, más de un millar de morteros y cañones, con predominio de calibres pesados (hasta 380 y 420 mml, una amplia dotación de municiones) 3.OOO proyectiles por batería, sólo para iniciar la batalla, materiales diversos (cemento, alambre de púas, estacas, etcétera), y ochenta batallones con los correspondientes parques de municiones, servicios sanitarios y depósitos de víveres. Para albergar las reservas alemanas de primera línea, fueron excavados numerosos Stollen, verdaderos cuarteles subterráneos de gran capacidad, a profundidades de diez y hasta de quince metros.

Trinchera alemana
Considerando cuál era el destino sufrido por las fortificaciones permanentes, el Mariscal "Pappa" Joffre,comandante en jefe del Ejército francés, abandonó, en 1915, los fuertes de Verdún, confiando, en cambio, en un sistema de trincheras para defender el sector. Volvía a fallar el criterio de Joffre. La medida era muy racional si se atiende a la angustiosa inferioridad de los franceses en cañones pesados y piezas de tiro curvo. Lo que resulta sorprendente es que los fuertes círculos concéntricos de fortificaciones, algunas excelentes, construidas después de la guerra franco-prusiana alrededor de la ciudadela de Verdún, (una de las obras maestras del infatigable Vauban), carecieran de guarniciones y estuvieran ocupados únicamente por un pelotón de territoriales encargados del cuidado de depósitos de municiones o de víveres. Y lo que rebasaba ya los limites de la comprensión es que nadie tuviera presente esta situación en plena batalla, cuando el más significante relieve del terreno era disputado con encarnizamiento feroz. Los fuertes de Verdún estaban mucho mejor construidos que los belgas o los rusos. Siendo más modernos, podían resistir el fuego de armas del calibre más pesado. El ejército que asaltara los bastiones de Verdún sería aniquilado por las fuerzas de defensa. A todo esto renunció Joffre a cambio de la dudosa seguridad de las trincheras.

Fort Souville en 1917

Fort Douaumont a vista de pájaro, en la actualidad

Soldado francés ante un cañón de 240mm en Verdún
Desde 1914 se habían librado pocos combates en torno de Verdún. Por consiguiente, ese frente era defendido por tropas de segunda clase y algunas de las fortificaciones de campaña estaban descuidadas.
En cuanto a las trincheras, distantes entre ocho y doce kilómetros del cinturón exterior de fuertes, no estaban en buenas condiciones. Nunca el soldado francés fue un excavador metódico: en todos los frentes, las posiciones alemanas estaban mucho mejor organizadas, construidas y atendidas que las francesas; también eran más cómodas. Pero en Verdún la situación era preocupante. Por ello, el general Herr, comandante en jefe de la región fortificada verdunesa, solicitó una inspección.
De resultas de esta petición, en enero de 1916 llegó a Castelnau el mariscal Joffre, quien redactó un informe alarmante para uso interno, mientras tranquilizaba a políticos y periodistas. Poco después visitó el sector el jefe del 30 Cuerpo de Ejército, general Chrétien; no estando tan arriba en el escalón de responsabilidades habló más claro: vio una primera línea discontinua y que no estaba organizada en profundidad; una segunda esbozada y una tercera inexistente (sobre el terreno, no sobre el papel); unas trincheras de acceso a las posiciones que eran simples surcos; escasez de alambradas; precarios refugios que sólo protegían de la metralla... Su conclusión fue pesimista y profética: «Un terreno catastrófico». El comunicado del Gran Cuartel General francés del día 21 de febrero, como hemos visto era tranquilizador. Así debe ser mientras no se sabe con certeza qué ocurre ni cuáles son las intenciones del enemigo, más vale callar. O, lo que es lo mismo, refugiarse en la ambigüedad y quitarle hierro -nunca mejor dicho- al suceso.
Pero el comunicado es significativo de un rasgo importante de la batalla de Verdún, a saber: que se riñó también un poco en las oficinas del Gran Cuartel francés donde Joffre, encariñado con su ataque en el Somme, aún nonato, tendía a minimizar lo que ocurría en Verdún. Primero se empecinó en que aquel ataque no era una ofensiva en regla; después lo calificó de diversión, de finta, y sostuvo que la ofensiva se produciría en otro lugar... La terquedad era uno de los defectos de Joffre. En el caso concreto de Verdún, le costaba aceptar la servidumbre de una operación en que la iniciativa estaba en manos del enemigo y que, a la vez, minaba la ofensiva en el Somme.
Pese a las precauciones tomadas por los alemanes para ocultar sus preparativos de camuflaje, era imposible que tal acumulación de hombres y material pasara inadvertida a los franceses. En particular fue detectada la construcción de Stollen (el suelo transmite los sonidos a gran distancia). Pero ni estas informaciones ni las declaraciones de los desertores (alemanes que preferían el cautiverio a los albures del ataque, algún polaco y sobre todo alsacianos, hombres éstos que luchaban con desgana en las filas imperiales) conmovieron al Cuartel General francés. "Pappa" Joffre se obstinó en desoír las advertencias del Servicio Secreto Militar, informándole que los alemanes estaban preparando un ataque sobre Verdún.
La ofensiva, fijada para el día 12 de febrero, tuvo que ser aplazada hasta el 21 por causa de las desfavorables condiciones atmosféricas (visibilidad insuficiente para la observación artillera), pero en la noche del 11 al 12 fue leída a los soldados la orden de ataque del Kronprinz. Esta circunstancia permitió a los desertores ser explícitos y precisos. El Cuartel General -según se dijo más tarde hizo hincapié en las inevitables contradicciones que presentaban las declaraciones de los desertores e interpretó la construcción de Stollen como una prueba de que los alemanes reforzaban sus defensas en el sector. Pero el argumento irrefutable se lo proporcionó la observación aérea: no existían paralelas de aproximación en el sector de Verdún. ¿Quién seria tan loco como para lanzar un ataque sin abrir previamente paralelas que permitieran acortar el salto de la infantería en terreno batido? Hasta entonces siempre se había procedido de ese modo.
No cayeron en que Falkenhayn se proponía aplastar las primeras posiciones e impedir la llegada de refuerzos mediante un fuego artillero sin precedentes. La infantería se limitaría a ocupar lo que la artillería conquistara.
Sin embargo, la semilla de la inquietud quedó sembrada. Tanto más cuanto que a nivel de división, e incluso más arriba, se tenía plena conciencia de la precariedad de las defensas francesas en aquel sector.
COMIENZA LA BATALLA
El 21 de febrero de 1916, pocos minutos después de las siete y cuarto de la mañana, el general Passaga consignaba en su diario: «Percibo, en el suelo de mi refugio, un ruido que parece un redoble de tambor puntuado por numerosos golpes sordos, como los de un bombo». Su refugio estaba situado junto al Lago Negro, en los Vosgos, a 160 kilómetros de distancia de Verdún.
El redoble era la preparación artillera que se había desencadenado sobre el sector de Verdún puntualmente a las 7.15; los golpes sordos, las explosiones de los proyectiles de 305, 380 y 420 milímetros (uno de éstos cayó sobre el palacio episcopal de Verdún). El fuego se concentraba en el «frente de los bosques», situado al norte de la plaza y a la orilla derecha del Mosa: bosque de Haumont; «des Caures», de la Ciudad, de Herbebois... Era literalmente un tiro de aplastamiento, con una proporción de calibres pesados 11, 50, 210 milímetros muy elevada.
Las trincheras quedaron niveladas, los pueblos convertidos en montones de ruinas; los bosques, en una fronda de troncos desgajados y ramas semicalcinadas... A poco de haberse iniciado el fuego, los barrancos fueron sistemáticamente cañoneados con granadas de gases lacrimógenos e irritantes para dificultar más aún el envío de refuerzos a las primeras líneas.
El saliente de Verdún, dividido en dos por el río Mosa, estaba formado por una planicie al este de la Woévre, (que fue abandonada por los franceses desde los primeros días de la ofensiva) y por un terreno quebrado y boscoso, los Altos del Mosa, con colinas de unos 300 metros de altitud y barrancos que cortan el terreno en distintas direcciones. Un escenario adecuado para la infiltración de los atacantes y también para una defensa a ultranza.
A las cuatro y media de la tarde la artillería alemana alargó el tiro y aisló las primeras líneas francesas mediante una barrera de fuego. De la zona batida se alzaba una enorme nube de humo y polvo que impidió la intervención de la artillería francesa -o de lo que quedaba de ella- por falta de visibilidad. (Al iniciarse la batalla, el sector de Verdún contaba con menos de trescientas piezas, en su mayor parte de calibre 75, (poco eficaces en un terreno quebrado, y con una dotación de unos trescientos proyectiles por batería.) La infantería, pues, tuvo que soportar sola, sin apoyo artillero, el choque inicial. A pesar de que las líneas francesas fueron pulverizadas por 2.000.000 de bombas durante nueve horas de martilleo incesante, todavía quedaban supervivientes dispuestos a luchar...

Casquillos de mortero
Cuando concluyó la barrera de fuego, los alemanes se lanzaron al ataque saliendo de sus trincheras. El coronel que mandaba un regimiento de asalto aseguró a sus oficiales: "Ahí fuera no encontraréis nada con vida. Nuestra artillería ha matado a todos los franceses".
La infantería alemana salió de sus posiciones pausadamente, en largas filas, «como los vendimiadores en un viñedo del Gard». Jules Romainsl: acentuaba esta semejanza el hecho de que en cabeza marchaban hombres con sendos depósitos a la espalda; pero no eran sulfatadores, sino lanzallamas.
En algunos puntos los atacantes ni siquiera se dieron cuenta de que habían rebasado la primera línea enemiga: trinchera y ocupantes habían desaparecido, La trinchera había sido nivelada; los soldados, habían muerto destrozados por la metralla o aplastados en sus refugios. («Desaparecido» es una palabra que se repetirá machaconamente durante toda la batalla y que significa eso: despedazado, volatizado. Sólo figuraron como muertos los soldados identificados.) En el bosque de Haumont, los alemanes hicieron prisionero a un grupo de franceses «dormidos»: el agotamiento nervioso les había sumido en un profundo sopor en cuanto la artillería alargó el tiro.
Pero las previsiones del Estado Mayor son una cosa y la realidad otra. En aquel paisaje arado, triturado, desgarrado por las granadas, quedaban supervivientes. Y supervivientes dispuestos a empuñar el fusil, a desenterrar la ametralladora cubierta de tierra por los obuses y a agruparse en centros de resistencia para hacer frente a la infantería enemiga. Los alemanes, muchísimo más numerosos, se infiltraban entre los huecos de la quebrantada línea francesa. En el «Bois des Caures», por ejemplo, los cazadores alpinos del coronel Driant (diputado y destacado escritor militar que murió el día 22), trescientos supervivientes de una semibrigada de casi 1.400 hombres, lucharon toda la noche, casi a ciegas, cuerpo a cuerpo. Cuando amaneció el día 22, los alemanes sólo habían ocupado el bosque de Haumont; en todos los demás puntos atacados proseguía la resistencia. La artillería alemana había seguido disparando durante toda la noche.
Este infierno tuvo una expresión más que lacónica en el comunicado difundido a las 15 horas del día 21 (febrero 1916) por el Gran Cuartel General francés: «Débil acción de ambas artillerías a lo largo del frente, salvo al norte de Verdún, donde se ha manifestado cierta actividad.
Poco a poco, en el curso de la batalla, la superioridad artillera alemana fue disminuyendo: durante las batallas finales (otoño e invierno) las fuerzas estaban equilibradas. Pero desde febrero a julio de 1916, los franceses resistieron palmo a palmo, arrojando a la batalla una división tras otra, en un régimen de relevos, a la vez atroz y lógico, que hizo que casi todas las unidades del ejército francés pasaran por Verdún. El dominio del aire, que inicialmente correspondió a los alemanes y que era importante para la eficacia del fuego artillero (globos cautivos de observación, aviones de reconocimiento), les fue ásperamente disputado después por los aeroplanos galos. De modo que, muy pronto, lo que tenía que ser definitiva sangría del ejército francés, en los planes de Falkenhayn, se convirtió, por añadidura, en sangría del ejército alemán. Bajo una lluvia de obuses, entre nubes de gases tóxicos, se luchaba con encarnizamiento en acciones locales limitadas y violentísimas; en ofensivas que acababan disgregándose en una serie de combates confusos... Los fuertes (Vaux, por ejemplo), quedaron aislados por el fuego artillero como islas en un mar tempestuoso.
Los héroes de la batalla no serán sólo los combatientes de fusil y granada, de bayoneta y cuchillo, sino también, los enlaces, los telefonistas y los furrieles alemanes o los «hommes-soupe» franceses, que arriesgaban y perdían sus vidas para llevar agua y víveres a las primeras líneas. A dos kilómetros de los depósitos de intendencia se daba el caso de que unidades enteras permanecieran dos y tres días sin beber ni comer, en pleno combate. Será también la batalla de los relevos, de los refuerzos diezmados por la metralla: de una compañía francesa completa, sólo alcanzaron el fuerte de Souville, durante el último ataque alemán, en julio de 1916, sesenta hombres y dos oficiales.
Del sacrificio de la infantería no es preciso hablar más: para eso está. Pero veamos casos ocurridos en la artillería que, comparada con los «fantassins» es un arma más bien resguardada: en dos horas, una batería del 75 expuesta al fuego alemán, sufrió 22 bajas, entre muertos y heridos, de una dotación de 24 hombres. Un grupo de morteros de 240 milímetros, emplazado en el barranco de Haudremont, fue aniquilado: quedó un solo hombre que, maniobrando el tractor, retiró las piezas que no habían sido inutilizadas por el fuego enemigo. Numerosas baterías perdieron sus caballos, cegados y enloquecidos por los gases lacrimógenos... La galería de horrores podría prolongarse al infinito. Sin embargo, un lugar y un techo pueden sintetizar el horror de la batalla: la famosa trinchera de las bayonetas.

Franceses atacando una posición alemana

Lanzallamas franceses
Según testimonio de un superviviente, el teniente Foucher, del Primer Batallón del 137 Regimiento de Infantería, procedente de la ciudadela de Verdún, relevó a fuerzas del 337 Regimiento en las posiciones cercanas a la granja de Thiaumont la noche del 10 de junio de 1916. A la mañana siguiente los alemanes iniciaron una fortísima preparación artillera. Elementos de la 3ª y 4ª compañías ocupaban una trinchera estrecha y profunda. Por la tarde, los soldados de aquella posición tuvieron la impresión de que se aproximaba el ataque alemán; en el momento en que preparaban sus granadas de mano y cuando tenían sus fusiles, con la bayoneta calada, apoyados en el parapeto, salvas de artillería pesada encuadraron la trinchera, aproximaron sus bordes y la derrumbaron, con lo cual los soldados que la ocupaban quedaron enterrados vivos.
El 24 de febrero era evidente que la situación de las fuerzas francesas que guarnecían el Saliente de Verdún, bordeaban el desastre. Aquel mismo día, el jefe del 11 Ejército, Philippe Pétain, fue nombrado comandante del frente de Verdún. El 25, dos compañías del 24 Regimiento de Infantería de Brandeburgo ocuparon el desguarnecido fuerte de Douaumont en un golpe de mano audaz; su reconquista costaría a los franceses dos ofensivas y millares de muertos. La mano firme de Pétain (que tomó el mando efectivo la noche del 25) se hizo notar de inmediato: ordenó enlazar los fuertes por una línea continua de trincheras y dispuso una segunda y una tercera líneas llamada, por la malhumorada división que la excavaba, «la línea del Pánico»; reorganizó la artillería y ordenó la intervención sistemática de las baterías situadas a la izquierda del Mosa y que, por razón del avance efectuado por los alemanes, podían atacar de flanco al enemigo.
Además, organizó una línea motorizada de camiones de suministros por una ruta conocida con el nombre de La Voie Sacrée, "El Camino Sagrado". En todo tiempo, durante el día y la noche, los camiones llevaban provisiones, municiones y refuerzos a Verdún. A su conservación fueron adscritos diez mil territoriales, es decir, hombres que ya habían cumplido su periodo de servicio militar y que eran movilizados para desempeñar trabajos auxiliares. Estas tropas abrieron canteras, prepararon grava y repararon diariamente la carretera, que era el cordón umbilical del frente de Verdún.
Por ella circuló la famosa «noria», formada por 3.5OO camiones, 8OO ambulancias, 200 autobuses y 2.OOO coches de turismo que llevaba a Verdún tropas de refresco, municiones, materiales para la construcción, cañones... Y que regresaban con las tropas relevadas, con heridos y prisioneros. Y también, en la primera fase de la batalla, con la población civil evacuada de la ciudad de Verdún y de los pueblos aledaños. Al «Meusien», ferrocarril de vía estrecha como ya se ha dicho, se le adjudicó principalmente el transporte de víveres. En la segunda fase de la batalla se construyó en uno de los ferrocarriles de vía ancha que afluían a Verdún, un desvío que evitaba la zona abatida por la artillería germana, y así se alivió la circulación de la «Voie Sacrée». Pero en las primeras semanas de la batalla fue esta carretera la que alimentó aquella tremenda vorágine.

Amanece y los franceses se preparan para el asalto
Pétain impulsó las divisiones antes de que sufrieran un quebranto excesivo. Los alemanes, en cambio, cubrían bajas en las unidades empeñadas en la lucha; aunque, por supuesto, también efectuaron relevos de grandes unidades.
Pétain acabó convirtiéndose en la pesadilla del Gran Cuartel General: pedía más y más tropas, más y más cañones... Siempre con premura y dando muy pocas explicaciones. Joffre, amoscado, veía cómo Pétain, con su obstinación tranquila, le iba arrebatando, una tras otra, las piezas que precisaba para dar jaque mate a los alemanes en el Somme. Finalmente, el Gran Cuartel General solucionó la papeleta ascendiendo a Pétain a jefe del Grupo de Ejércitos del Centro, con lo cual perdía el mando directo de la batalla.
En su lugar fue nombrado (30 de abril) el general Nivelle, destacado artillero y hombre «de elevado espíritu ofensivo». Con Mangin como brazo derecho -un espadón colonial, cosido de cicatrices y cargado de medallas-, Nivelle montó ofensivas que, con preparaciones artilleras insuficientes, costaron ríos de sangre y obtuvieron resultados insignificantes. Por su parte, los alemanes, tras llevar la iniciativa hasta abril, lanzarán las llamadas «tres ofensivas de verano». La última de ellas acabará bajo los muros del arrasado fuerte de Souville, el 12 de julio de 1916. Aquel mismo día el Kronprinz recibió la orden de mantenerse a la defensiva: los aliados habían iniciado la batalla de ruptura en el Somme.
Mapa de la zona de Verdún indicando la extensión de los combates. Las líneas más gruesas indican el avance alemán desde el 21 de febrero, al inciarse el ataque, hasta mayo de 1916. Antes de finalizar el año los franceses recuperaron todo el territorio perdido.
En agosto de 1916, Hindenburg y su inseparable Ludendorff, los triunfadores del Este, sustituyeron a Falkenhayn al frente del Estado Mayor imperial y el 2 de septiembre decidieron que no habría más ofensivas en el frente de Verdún. Tres días más tarde, el Kronprinz coincidió con ellos en Charleville y les felicitó: hacia tiempo que estaba convencido de que Verdún era un matadero, no un campo de batalla.
Según un escritor británico: [...] aquellas colinas y barrancos se transformaron en un paisaje inédito, en algo que el mundo nunca había conocido. Alrededor de Douaumont, el suelo había sido removido de tal manera que no quedaba ni rastro de madera. Incluso las raíces habían desaparecido. La tierra parecía muerta, enrojecida por la sangre que empapaba. Y como quiera que se combatió una y otra vez durante meses en los mismos lugares, como quiera que centenares de millares de hombres penaron y murieron sobre los mismos barrancos y colinas, la tierra quedó amasada con cadáveres, transformada en una inmensa fosa común batida por los obuses, pisoteada por los combatientes. Los bloques de podredumbre removidos de acá para allá fermentan al calor del sol. La atmósfera está tan cargada de partículas pútridas que parece haberse convertido en polvo de cadáver. Las náuseas nos ahogan cuando comemos. El pan, la carne, el café, todo sabe a cadáver...
La primera y más característica fase de la batalla, casi toda de iniciativa alemana, había terminado. Después vendrían las ofensivas francesas del 24 de octubre, del 15 de diciembre de 1916, y del 20 de agosto de 1917, y con ellas la reconquista de los fuertes perdidos y de buena parte del territorio cedido desde febrero: unos pocos kilómetros de tierra solada.
El historiador alemán Ettighoffer ha escrito: «Solamente durante los tres primeros meses, o sea, del 21 de febrero al 21 de mayo, los franceses tuvieron 190.OOO muertos; los alemanes exactamente 174.215». Entiéndase muertos, no bajas.
En diciembre de 1916, tras nueve meses de combates casi ininterrumpidos las pérdidas eran, en cada bando, del orden de cuatrocientos a quinientos mil muertos. El resultado estratégico era prácticamente nulo: en diciembre, franceses y alemanes se encontraban muy cerca de las posiciones que ocupaban cuando se inició la ofensiva. Nunca en la historia de la Humanidad se ha derramado tanta sangre, se ha luchado tan ferozmente por unos pocos kilómetros de colinas y barrancos.
Hindenburg emitió un juicio severo sobre la batalla cuando en sus «Memorias» explica los motivos que le indujeron a suspender definitivamente los ataques en el sangriento frente de Verdún: «Aquella lucha consumía nuestras energías como una herida abierta. Se deducía claramente que la empresa no tenía esperanzas para nosotros y que su prosecución había de causarnos más pérdidas que las que pudiéramos producir al adversario». Y acaba con una muestra antológica de humor prusiano: «El campo de batalla era un verdadero infierno y, en este sentido, no era muy grato para la tropa».

Vista de uno de los cementerios de Verdún. En la actualidad
La batalla épica de Verdún fue considerada una victoria francesa, pero el precio pagado en sangre fue terriblemente alto. El ejército francés no se recuperó del todo después de tan espantoso combate y los alemanes tampoco llegaron a recobrar por completo el poder del ataque una vez terminada tan escalofriante contienda. Ambos bandos habían dado lo mejor de sí. Verdún se convirtió en un eterno símbolo de la fortaleza del hombre y de la esterilidad de la guerra.

Alrededores de Fort Douaumont. En la actualidad
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Pues eso es todo lo que ha dado de sí la batallita. Seguramente la más sangrienta de toda la historia.
Esta va con dedicatoria incluida. Intruder, va por ti. Sin tu apoyo no habría continuado con este hilo.
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"Si los que hablan mal de mí supieran lo que pienso de ellos... hablarian aun peor"
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Última edición por Elrohir; 27-Jan-2007 a las 10:44
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25-May-2005, 22:25
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#3
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Doctorado Cum Laude
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Ubicación: ...más allá de las puertas de Tannhauser...
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Cita:
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Iniciado por Elrohir
Esta va con dedicatoria incluida. Intruder, va por ti. Sin tu apoyo no habría continuado con este hilo.
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Gracias por tu dedicatoria, amigo. Aquí estoy para lo que haga falta.
La batalla de Verdún es una de las más sangrientas y espectaculares de la historia. Para los interesados que entren en este hilo: no dejeis de leerla.
Un saludo
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26-May-2005, 03:06
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#4
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Vivo en el foro
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Mensajes: 5.216
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La línea Maginot
La línea Maginot fue un gran sistema fortificado a lo largo de la frontera oriental Francesa, el nombre lo toma de André Maginot, que fue ministro de la guerra entre 1929 y 1931 y que fue quien concibió la idea.
El sistema, proyectado durante los años veinte, responde a una idea sobre la guerra basadas en las lecciones aprendidas durante la primera guerra mundial( que evidentemente en 1939 estaban totalmente desfasadas, como luego pudo comprobarse).Estas ideas no contemplan los recientes desarrollos militares en los que ya se antepone sobre todo la extrema movilidad de las unidades mecanizadas, de hecho las fortificaciones ya son sólo útiles en una guerra de obstáculos y trincheras ( como lo fue la primera guerra mundial ).
Los generales franceses partidarios de adecuarse al nuevo curso que tomaba la estrategia militar (entre ellos Charles De Gaulle) consideran la construcción de la línea Maginot como un error colosal.
En opinión de de Gaulle los esfuerzos deben censarse en la creación de unidades blindadas apoyadas por la aviación (precisamente esto es la estrategia que llevaron a cabo los alemanes cuando derrotaron a los franceses en tan sólo cinco semanas).
También desde Inglaterra llegan críticas a la construcción de la L.M. concretamente el general Fuller la califica como el sepulcro de Francia.
Centrándonos en la L.M. en sí, se puede decir que la construcción de las fortificaciones requirió un gran despliegue de trabajadores y recursos, una vez acabada la L.M. esta se extendía a lo largo de 400 Km., desde la frontera de Suiza hasta Luxemburgo a la altura de Montmédy) no siguieron mas adelante para que belgas y holandeses no pensaran que estaban aislándose de Alemania y que los abandonaban a su suerte.
El resultado fue una enorme ciudad de cemento y acero en el subsuelo. Un sistema de galerías, ascensores, ventilación y ferrocarriles que permitían la comunicación entre los cuarteles para los alojamientos, los hospitales, comedores, los depósitos de armas y municiones, los almacenes de víveres y el agua. En algunos puntos, estas estructuras tienen hasta seis niveles bajo tierra. El sistema comprende además centrales de energía eléctrica para las comunicaciones telefónicas y telegráficas, y equipos de presión atmosférica para defenderse ante posibles ataques con gases (reminiscencias de la primera guerra mundial).
En la superficie emerge una cadena de casamatas con artillería dirigida hacia la frontera oriental. La opinión pública francesa estaba totalmente convencida (instigada por sus dirigentes, por supuesto) de que la L.M. es absolutamente inviolable y que es un baluarte de absoluta seguridad.
En vísperas de la derrota, todavía hay confianza en la solidez de las construcciones defensivas desplazadas a territorio belga (que se consideraban como una prolongación de la línea Maginot). El estado mayor Francés confía en la fuerza numérica de su ejército, que en conjunto parece superior al alemán. Hasta el último momento los jefes militares franceses insistirán en una estrategia que después se vio que fue desastrosa.
En sus instrucciones a los comandantes , el general Huntziger , jefe del II Ejercito Francés en el sector de Sedán , confirma que la prioridad es asegurar la inviolabilidad de la L.M. e impedir su cerco gran parte de los efectivos del ejercito se concentra de la línea , privando de unas fuerzas importantes a los sectores mas castigados, donde la inferioridad numérica de los franceses facilita el avance alemán( por eso existe la para mí acertada idea de que la Línea Maginot protegió mas a los Alemanes que a los Franceses).
Así es como los alemanes dan un golpe mortal a los franceses, rodeando la línea Maginot cerca de Sedan y tomando la carretera hacia París.
Irónicamente el 22 de Junio de 1940, mientras se estaba firmando el armisticio, las fortificaciones de la Línea Maginot seguían Intactas.
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#5
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Operación Husky ( Invasión aliada de Sicilia ) :
FASE PREVIA
Aunque muchos infravaloran, afirmando que fue una invasión de prioridad secundaria, la operación susodicha tuvo una vital importancia en el desarrollo de la gran contraofensiva aliada en el llamado Frente Oeste . El desencadenante de la caida de la dictadura fascista de Mussolini se debió en su momento a este ataque aliado a la isla italiana, lo que significó un gran cambio político , además, Italia saldría de la guerra una vez Mussolini fuese depuesto del poder . Esta fue la primera gran invasión anfibia de la guerra, y habia muchas esperanzas puestas en el desenlace de esta operación, ya que se trataba de un " ensayo " a gran escala de la invasión anfibia que los aliados preparaban en Francia en 1944 . Para afrontar de la mejor manera este ataque, se organizó un numeroso y notablemente preparado y equipado contigente militar -tanto del ejército, marina y aviación- .
La coordinación entre las fuerzas aéreas y las unidades navales era indispensable, además de un preciso suministro constante a las tropas destacadas en ese sector , ya que se desconocía el número exacto de divisiones y unidades militares alemanas allí presentes . La fecha clave del ataque inicial era del 9 de julio de 1943, fecha acordada en la Conferencia de Casablanca. Los norteamericanos aportaban la mayoría de efectivos y medios militares, no obstante, eran los más reacios a que se invadiese la isla siciliana, porque matizaban que era más necesario destacar tropas y máquinas cuanto antes en las costas inglesas como preludio próximo de la invasión aliada de las playas de Normandía . Entre otras cosas, la elección del desembarco en Sicilia fue su cercanía con la base aliada naval y aérea de Malta, entonces otros objetivos como Córcega o Cerdeña fueron desechados por su lejanía y menor valor geoestratégico y de prestigio .
En cuanto a los alemanes, que afirmaban que un desembarco aliado en Sicilia era algo más que improbable, retiraron varias divisiones de Italia .
Entonces, en la isla italiana se encontraban estacionadas cuatro divisiones alemanas y dos italianas,contando con otras seis más desplegadas en las costas junto con varios regimientos y brigadas. Los efectivos totales, por parte italiana, de 204.000 hombres -incluyendo la milicia fascista- y una centena carros de combate ligeros, mientras los alemanes contaban en la isla con 28.500 hombres y 165 carros medios y pesados, en su mayoría. La Luftwaffe contaba con un total de 520 aparatos, pero solamente una tercera parte estaba en condiciones de volar . Las tropas alemanas contaban con una poderosa fuerza de artillería ( 1.500 piezas ) y la poderosa flota italiana contaba, entre otros buques y unidades navales menores, 6 acorazados, 7 cruceros y 32 destructores . Pero esta fuerza no presentó ninguna resistencia, entre otros factores, por falta de preparación, coordinación y por temor a enfrentarse a la todopoderosa fuerza naval angloamericana.
Las fuerzas aliadas disponían del 8.° Ejército británico (Montgomery) y el 7.° estadounidense (Patton): siete divisiones de infantería, una brigada autónoma, dos divisiones acorazadas, otras dos aerotransportadas y tres divisiones más preparadas para actuar y acuarteladas en sus bases de Libia y Túnez. En total 181.000 hombres, 620 carros, 1.800 cañones y 14.000 vehículos diversos. Las fuerzas aliadas navales disponían de seis acorazados, cuatro portaaviones de diverso tonelaje y gran cantidad de cruceros y destructores, además de otras unidades navales secundarias y menores, hasta llegar a la cifra de 1.370 ( sin contar con cañoneros y lanchas de desembarc ) . En el aire , los aliados contaban con más de cuatro mil aparatos, indiscutiblemente superiores en el mar y en el aire.
LA BATALLA POR SICILIA ( julio - agosto 1943 ) :
El primer paso se dió con el ataque aéreo sobre la isla de Pantelaria ( Pantelleria en el mapa ), considerada por los italianos como un enclave inexpugnable . Allí estaban estacionados doce mil efectivos del Ejército Italiano y unos 200 alemanes de comunicaciones y rastreo aéreo , apoyados por un nutrido número de cañones de costa, de campaña y toda variedad de cañones menores y piezas anti-carro . El 9 de junio la aviación norteamericana y la marina de guerra aliada bombardearon duramente la isla fortificada, que a pesar de no producir muchas bajas y altos desperfectos, y con la lluvia de panfletos aliados persuadiendo a los defensores a la rendición, el almirante italiano Palvesi instó a rendirse, mientras los escasos alemanes huyeron ese mismo dia . Los aliados ocuparon la isla ese mismo dia .
El ataque aliado se iba a desencadenar hacia dos zonas complementarias de la isla siciliana . Las tropas británicas comandadas por los generales Montgomery , Leese y Dempsey atacarían por el frente oriental en dirección a la ciudad siciliana de Messina, al norte . Los norteamericanos liderados por Patton y Bradley, avanzaríasn por el centro de la isla en dirección a la capital, Palermo . Los principales objetivos a tomar por los británicos eran los puertos orientales de Siracusa y Augusta, y el aeródromo de Catania . Los norteamericanos deberían tomar en primera instancia las ciudades costeras de Licata y Gela . Las negativas condiciones atmósfericas el dia 10 de Julio y la vispera del mismo hizo que los bombardeos aliados no tuviesen los resultados esperados, y además los paracaidistas no pudieron ser lanzados en la mayoría de los puntos asignados . Las primeras unidades aliadas arribadas a las costas sicilianas se dieron entre el sur de Siracusa y Licata, una costa de 180 kilómetros defendido tan sólo una división alemana y una brigada costera . La artilleria naval aliada y los cazabombarderos norteamericanos se dedicaron a barrer las escasas defensas germanoitalianas , sin apoyo de Panzers ni artillería pesada , y los restos que sobrevivieron a los ataques aéreos y navales fueron admirablemente aplastados por las unidades de desembarco . Un oportuno contraataque de varias divisiones alemanas blindadas con el apoyo de infantes italianos obligaron a los norteamericanos a volver a las mismas playas , pero las grandes pérdidas de las tropas del Eje por la acción de las unidades navales costeras aliadas y por las baterías anti-tanque forzaron a los contragolpeadores a retirarse al interior . Mientras tanto las tropas inglesas de Montgomery ocupaban Sicracusa y Augusta sin sufrir apenas bajas considerables .
La lucha y la resistencia se incrementaba al interior, con la disminución evidente del apoyo de las escuadras navales aliadas y los cazabombarderos . Los norteamericanos presionaban por el centro y el oeste hacia Palermo y luego enlazar con los de Montgomery y los británicos por el este, hacia Messina . Los alemanes, por orden del mariscal Kesselring, introdujo en la isla una división de refuerzo más y dos regimientos de élite paracaidistas . Palermo cayó el 22 de Julio, con un avance rápido de los hombres de Patton . Pero las tropas alemanas frenaron en seco a los norteamericanos victoriosos en San Stefano . Las tropas del Eje en retirada ante el avance británico y las unidades germanas que derrotaron a los estadounidenses en San Stefano, se retiraron y se hicieron fuertes en las estribaciones del volcán del Etna , en un intento de resistir a ultranza y evitar que Messina cayese en manos aliadas . Resistieron fácilmente varios ataques terrestres aliados . Entonces, la parte de Sicilia ocupada por los aliados fue consolidada y se rehabilitaron varios aeródromos, además, arribaron nuevas y frescas divisiones de choque aliadas . Los alemanes para evitar perder a todos sus efectivos en el norte de Sicilia, se dispusieron a retirarse con el apoyo de toda la artilleria antiérea posible y las mejores unidades aéreas de la Lufwaffe de el frente Sur del Reich . Varias compañias y unidades de combate alemanes fueron sacrificados para que los 2/3 de los efectivos alemanes replegados en Messina fuesen evacuados. El 10 de Agosto las tropas aliadas entraban en la ciudad , haciendo en Sicilia un total de 132.000 prisioneros italianos en su mayoría, y unas centenas de carros de combate alemanes y diversos cañones . Hubo relativamente no muchos muertos del Eje ( unos 8.000, una mitad italianos y otra alemanes ) y alrededor de 7.500 bajas aliadas, entre ellas 5.000 muertos . A pesar de la incontestable victoria aliada, éstos veían cómo más de 100.000 ( 40.000 alemanes ) soldados del Eje habian sido evacuados, 400 carros de combate y millares de piezas de artilleria y cañones .
Según Liddel Hart:
El número total de tropas alemanas en Sicilia era de unos 60.000
El número total de tropas Italianas en Sicilia era de unos 195.000
Los cálculos de Alexander eran:
Alemanes unos 90.000.
Italianos unos 315.000.
De los 60.000 alemanes, unos 5.500 fueron hechos prisioneros, 13.500 heridos evacuados a tiempo a Italia, y unos 8.000 muertos (24.000 según los ingleses). Del total de 60.000 hombres lograron salvar a través del estrecho de Mesina unos 40.000 junto con 10.000 vehículos, 47 tanques, y 94 cañones y 17.000 toneladas de suministros.
Los italianos por su parte sólo pudieron evacuar a tiempo a unos 60.000 hombres y 200 vehículos. No tengo datos sobre muertos ni heridos, lo único que se es que del total sólo se pudieron evacuar 60.000.
Los Británicos tuvieron 2.721 muertos, 2.183 desaparecidos, y 7,939 heridos. En totoal 12.843 bajas.
Los americanos tuvieron 2.811 muertos, 686 desaparecidos, y 6,471 heridos. En totoal 9.968 bajas.
Así pués la bajas totales aliadas fueron de 5.532 muertos, 2.869 desaparecidos, y 14.410 heridos. En total 22.811 bajas.
Si comparamos el número de bajas alemanes fue muy parecido al de bajas aliadas. Sólo mirando los números podemos ver que los alemanes "utilizaron" a los italianos para salvar su propio culo y evacuar a tiempo.
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Última edición por Elrohir; 27-Jan-2007 a las 10:52
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26-May-2005, 17:23
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BLU-82 y MOAB. Las bombas no-nucleares más potentes
BLU-82 "Cortamargaritas"
Sucesora de la BLU-62, utilizada en Vietnam para crear zonas de aterrizaje para helicóperos, se diferencia de su predecesora en el tamaño y en la capacidad de explosivo.
Fueron las primeras bombas de explosivo en polvo Llegan a pesar hasta casi 6,8 toneladas con una carga explosiva de 5,7 toneladas de nitrato de aluminio y amonio. Mide unos 3 metros y medio de largo por metro y medio de diametro. Es una bomba "ciega" (carece de guia) y por su tamaño necesita ser lanzada desde un gran carguero tipo C-130 "a ojo" con un paracaidas. El punto de impacto no era tan importante ya que todo lo que se encontrara en un diametro de 1km simplemente, desaparecía.
or mucho tiempo, la BLU-82 fue la cosa no nuclear más poderosa del mundo, y así aparece incluso en películas como "Epidemia" (Outbreak), donde se utilizó para destruir un pueblo completo. Se la utilizó en la Guerra del Golfo de 1991 para destruir complejos de túneles subterráneos y limpiar grandes campos de minas y más actualmente en la guerra contra los talibanes en Afganistan.
Pero a pesar de su poder, este tipo de armas tiene el defecto de que, al ser tan masivas, no pueden ser fácilmente llevadas al teatro de operaciones. A menos que se la montara en un misil de gran tamaño, tienen que ser llevadas por grandes cargueros como el C-130. Y eso, obviamente, hace que la bomba sea muy vulnerable al fuego enemigo, ya que el aparato, que no está preparado para ser un bombardero, no puede volar bajo (debe lanzar la bomba en paracaídas desde unos 10 km de altura como máximo), y es un enorme blanco, relativamente débil. Además, es raro que haya un blanco tan gigantesco para semejante bomba.
Para solucionar esos inconvenientes. se creó la
MOAB
MOAB (Massive Ordenance Air Blow) significa oficialmente "Munición de Golpe Masivo de Aire"; pero también puede querer decir "Mother Of All Bombs" (Madre de todas las bombas), en el tono melodramático que gustan a las autoridades estadounidenses. Fue probada por primera vez el martes 11 de Marzo de 2003 y actualmente es la bomba no-nuclear más poderosa que existe.
Además del tamaño (9,5 toneladas. 7,6m de longitud por 1,5 de diametro) la mayor diferencia que tiene la MOAB con la anterior BLU-82 es que su caída no es libre. Es lanzada desde un contenedor con paracaídas, pero su trayectoria es calculada y controlada por un aparato GPS, que le da una precisión mucho mayor.
La MOAB tiene, de hecho, alas que, alimentadas por baterías de litio, pueden controlar la caída libre para lograr un blanco mucho mejor que en la época anterior. Además, gracias a la tecnología de computadoras que en esa época no se tenía, este artefacto lleva un sistema que, 30 segundos antes del lanzamiento, mide y almacena todos los datos del blanco y de la atmósfera (como el viento), de manera de calcular y predecir la trayectoria más satisfactoria.
La carga explosiva sigue siendo la misma, salvo que ahora se incrementa su peso. La reacción química entre los dos compuestos produce un gigantesco desprendimiento de gases incandescentes, que logran un resultado similar al de una pequeña bomba atómica, pero sin los indeseables efectos de la radiación residual. El potencial destructivo de la MOAB es realmente terrorífico: se dice que no deja nada vivo en 10 kilómetros a la redonda.
Si el poder de la BLU-82 era ya de por sí enorme, es difícil imaginar la escala del daño que puede causar una MOAB. Como se ha dicho antes, en la actualidad es difícil encontrar un blanco "rentable" para semejante artefacto, que tampoco funciona mucho como arma de intimidación.
Es cierto que una MOAB podría destruir totalmente una base enemiga, pero también es cierto que una base mínimamente defendida podría derribar con relativa facilidad a un C-130 que cargara una de estas, que tendría que acercarse mucho para arrojarla. Y lo mismo pasaría con la bomba en sí, mientras eyecuta parte de su caída libre en paracaídas.
EEUU ha desarrollado una gran cantidad de bombas para diferentes usos, como por ejemplo bombas contra bunkers o cuevas, que ya fueron utilizadas en Afganistán contra los reductos de Al-Qaeda. Sin embargo, es posible que esta política de tener armas superespecializadas no sea la más adecuada, sobre todo en el caso de una bomba como la MOAB, que puede destruir los fuertes muros de los palacios fortificados de Saddam Hussein, pero también parte importante de Bagdad, causando infinidad de bajas civiles inocentes.
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Por último os dejo un relato de "como actua" la BLU-82:
"Son las 3:44 AM en España, hace 1 minuto una bomba BLU-82 (también llamada cortamargaritas) acaba de surcar el cielo en los alrededores de Bagdad. Ha sido la primera, sus 6.800 Kilogramos la hace tan grande que no se puede lanzar sino que tiene que ser empujada por la parte trasera de un avión de carga.
Ha tardado unos 100 segundos de agónica caída antes de tocar el suelo, (durante ese tiempo, a un kilometro a la redonda se puede oir su aterrador silbido. Si lo oyes, sabes que estas en su radio de acción). Una sonda de 96 centimetros se extiende desde la nariz de la bomba, pega primero en el suelo, detonando 5715 kilogramos de pólvora de aluminio en una pasta explosiva por arriba del nivel del piso.
Tras el silbido, no hay un BOUM, no hay un sonido aterrador como algunos piensan (eso solo lo oyen los afortunados que estan lejos). Lo unico que se percibe es un viento creciente de succión hacia el lugar de la explosión, la succion solo se produce a nivel del suelo y llega a los 15O m/seg, no te tirará, pero veras como las margaritas se parten (de ahi su nombre).
Tras la succión de tres segundos, hay una onda de choque de 70 kilogramos/cm2 que puede matar hasta en una distancia de 600 m desde el punto de impacto, ¿estas tan cerca como para morir dignamente? Al final las medidas si que importan.
Si estas a 1.500 m NO TE DA TIEMPO A OIR EL BOUM, cuando hayas visto las margaritas volar, de repente oirás un zumbido y sentiras un dolor en los oídos (tus timpanos han estallado), puede que te encuentres en el suelo, probablemente con el pecho algo dolorido (luego sabras que un pulmón no ha aguantado la presión y ha decidido estallar sin pedirte permiso).
Tras ese momento es cuando una columna de fuego de unos 400 m se levanta desde el punto del impacto, que pena que tus tímpanos hayan estallado hace 1seg (que para ti sera una hora) porque oirías los cristales y puertas de todos los edificios en 3 km a la redonda hacerse añicos (las puertas de madera se rompen y crujen y sus astillas se dispersan).
Lo ves venir, la succión inicial ya ha alimentado la inmensa llamarada, la cual ahora se dirije hacia ti (tranquilo, no tendras tanta suerte de que la lengua de fuego te devore, estas demasiado lejos!). La llamarada empujara un viento caliente de 100 ºC a unos 100 m/s que se empotrará contra tu cara, la cual deformas con una mueca intentando abrir la boca para refrescarte, que pena que tu pulmón izquierdo haya estallado ya que no podras percibir el agradable aroma del azufre quemado que proviene de tu pelo que se ha chamuscado.
Todos tus objetos plasticos comienzan a deformarse, tus ojos se secan, la piel se cuartea sin quemarse. Estas en el suelo, TE DUELE MUCHO EL PECHO, intentas respirar, no consigues introducir aire, te quedan unos 5 MINUTOS DE AGONIA, sabes que nadie va a ayudarte PORQUE MIRAS AL CIELO y VES UNA ESTELA DE LUCES QUE LO CUBREN (son los cañones antiaereos que como siempre no haran ningun blanco), fijate bien, hay algo que va mas despacio que los disparos, una luz un poco más pálida; es un Transporte de operaciones especiales MC-130 Combat Talon.
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Última edición por Elrohir; 27-Jan-2007 a las 10:52
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27-May-2005, 01:22
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#7
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Recien llegad@
Fecha de Ingreso: 26-May-2005
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Hey!!
Q tal.....solo os queria felicitar por el post (por este y por el anterior) me parece muy intersante todo lo que habeis puesto......y es una lastima que se haya perdido la impresionate coleccion de batallas que tenias (mas que nada por qno me dio tiempo a leermelas todas....)
Pues solo eso....y esperemos que esta vez el foro no se caiga tan rapido.
LONG LIVE ROCK AND ROLL!!!
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27-May-2005, 01:57
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#8
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Vivo en el foro
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Cita:
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Iniciado por Rorschach
Hey!!
Q tal.....solo os queria felicitar por el post (por este y por el anterior) me parece muy intersante todo lo que habeis puesto......y es una lastima que se haya perdido la impresionate coleccion de batallas que tenias (mas que nada por qno me dio tiempo a leermelas todas....)
Pues solo eso....y esperemos que esta vez el foro no se caiga tan rapido.
LONG LIVE ROCK AND ROLL!!!
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Gracias por mi parte,es de agradecer.
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27-May-2005, 17:04
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#9
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Iniciado por Rorschach
Hey!!
Q tal.....solo os queria felicitar por el post (por este y por el anterior) me parece muy intersante todo lo que habeis puesto......y es una lastima que se haya perdido la impresionate coleccion de batallas que tenias (mas que nada por qno me dio tiempo a leermelas todas....)
Pues solo eso....y esperemos que esta vez el foro no se caiga tan rapido.
LONG LIVE ROCK AND ROLL!!!
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Muchas gracias. Da gusto saber que hay gente interesada en el tema. Si es una lástima la perdida de las batallas. Por suerte tengo en backup alguna de ellas, así que en breve intentaré poner la mayor cantidad posible de las que había antes más las nuevas xDDD.
Esta noche pondré una nueva xD.
Saludos
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28-May-2005, 00:26
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#10
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Maestr@ posteador
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El de la bomba parte margaritas xD esta muy bien! ya me ire leyendo poko a poko esto k si no me tenmdria k llevar 5 horas aki xDD
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TKM GRAMBINUS 1-9-04

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28-May-2005, 01:22
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#11
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Fecha de Ingreso: 25-May-2005
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LA BATALLA DE NORDLINGEN
Después de dos victorias fulgurantes de las tropas suecas de Gsutavo Adolfo sobre las tropas del Imperio (Breintenfeld y Lützen), éste, agotado, recurre a España para salvar la causa católica. Se iban a enfrentar por primera y ultima vez(si no tenemos en cuenta el poco significativo asedio de Oppenheim) los dos modelos rivales, el sueco y el español, practicados por sus creadores.
Felipe IV, aconsejado sabiamente por el Gran conde-duque de Olivares, envía a su propio hermano fernando, el cardenal-infante. Es un soldado sin estrenar que desde España, vía Italia y camino de su gobierno en Flandes, llega con quince mil infantes y tres mil quinientos caballos. Entre ellos, un puñado de españoles, encuadrados en los tercios de Idiáquez, veterano, y Fuenclara, formado por compañías de las destinadas en Nápoles y Lombardía. El primero tiene veintiséis banderas y mil ochocientas plazas. El segundo, diecisiete y mil cuatrocientas cincuenta. Son tres mil doscientos cincuenta hombres, que bastarán para acabar con la leyenda de la invencibilidad de los suecos. Un testigo describe a esa infantería diciendo que "era tan buena y bizarra, tan llena de gente particular y de oficiales reformados".
La batalla gira en torno al cerco de Nördlingen por los catolicos, mandados por el archiduque y el rey de Hungria Fernando de Austria. En su socorro marchan los protestantes dirigidos por el duque de Sajonia-weimar y por el general Horn, un veterano cubierto de gloria junto a Gustavo Adolfo.
Antes de que tenga lugar el choque frontal entre los ejércitos, se produce un forcejeo para ocupar posiciones con vistas a la batalla.
El 5 de septiembre de 1634 los católicos, mandados ya por los dos infantes, ocupan un cercano bosque con doscientos mosqueteros del tercio del conde de Fuenclara, a las órdenes de su sargento mayor Francisco de Escobar, con instrucciones de defenderlo a toda costa. Sucesivamente, se situarán en la colina otras cuatro unidades, tres alemanas y una italiana, como reserva.
El primer enfrentamiento es de ambas caballerias. Llegará a absober seis mil jinetes, y se salda con una victoria de los protestates.
El día 6, los dos ejércitos despliegan. Por el lado protestante,Weimar se hace cargo de la izquierda y Horn de la derecha. Frente al primero se colocan os del archiduque. El cardenal-infante hace frente a los suecos, las mejores tropas protestantes. El campo es una llanura dominada por cuatro colinas. Dos las habian abandonado, un tanto irreflexivamente, los católicos el día anterior, sin combatir. Hesselberg había caido durante la noche. Unicamente les quedaba la cuarta, Albruch, que se convierte así en el punto neurálgico. La ocupan dos unidades alemanas, los regimientos de Salm y de Würmser y el tercio napolitano de Toralto. Un jesuita español que ha llegado con el infante en calidad de experto en la materia, supervisa el emplazamiento de la artillería y la preparación de una trinchera que no puede perfeccionarse por la naturaleza pedregosa del suelo. Dispuestas ya las fuerzas, el infante empieza a albergar dudas sobre la solidez de los tudescos(alemanes), que son soldados nuevos y envia al tercio español de Idiáquez para que releve a los de Würmser. El coronel de éstos se niega a replegarse, argumentando que " iba para treinta años que su persona servía al rey de España y la honra por tales servicios ganada no er cosa que con dejarse sacae de allí la perdiera". Al final, se consentira que su unidad permanezca en su puesto y los españoles pasan a segunda linea, de reserva.
Por una confusión, los suecos dan el primer asalto de caballería cuando el plan de Horn era que los infantes rompiesen el frente y que los jinetes explotasen la brecha. Los napolitanos rechazan a éstos, con los que el avance sueco por ese lado queda detenido. Los tudescos en cambio, son desalojados al primer embite, pero sus oficiales a cintazazos les hacen volver a las posiciones que han abandonado, a cubierto de una carga de jinetes italianos, que baten a los caballos enemigos. Los suecos entonces atacan por segunda vez, rompiendo definitivamente a los tudescos, que se dan a la fuga, no sin que antes tanto Salm como Würmser hayan caído en la lid.
Con la batalla próxima a estar perdida, el cardenal-infante manda a los españoles que avancen para colmar el dramático hueco que se ha abierto en la línea. Impasible, el tercio entra en fuego. Lo forman "mucha gente particular, sargentos mayores, capitanes y alféreces reformados, y bastante nobleza y caballeros de hábito". Es en cierto modo, una destilación de décadas de la "temible infantería española" y de sus grandes tercios viejos. Un coronel sueco describe así a estos hombres: "entonces avanzaron con paso tranquilo, cerrados en masas compactas... eran casi esclusivamente veteranos bien probados: sin duda alguna, el infante más fuerte, el más firme con que he luchado nunca".
El maestre de campo Idiáquez destaca en vanguardia una manga de arcabuceros al mando de tres capitanes. Casi inmediatamente, un cañonazo arranca el brazo izquierdo de uno de ellos. Otro impacto, vuela la reserva de pólvora del tercio. Pero entre explosiones y pica en ristre sus hombres recuperan el terreno perdido.
La excelente infantería sueca contraataca y es rechazada. En las siguientes seis horas repite los intentos hasta quince veces, simepre con igual suerte. Lo más florido de sus legendarios regimientos, acostumbrados a vencer siempre, se desangran en vano.
Paulatinamente, Horn acabará empeñando todas sus tropas, y otras que Weimar le envía, pero no rompe al tercio. La posición de hor, no obstante sus esfuerzos, se va haciendo insostenible. Sus ataques frontales han sido otros tantos fracasos y sus flancos empiezan a ser amenazados. Los de Idiáquez aguantan todas las embestidas, "mostrando con experiencia este valeroso tercio, tan probado en Flandes, el coraje invencible de España".
Por fin, los suecos, agotados, dan muestras de vacilar. es entonces cuando los tercios asestan el golpe final. el cardenal-infante juega su última carta, cuatrocientos arcabuceros y mosqueteros del tercio del conde de Fuenclara. Simultáneamente, Idiáquez pasa a la ofensiva. Por fin, los protestantes ceden y se produce el "alcance". Horn y Gratz, dos de los tres principales jefes, caen prisioneros. El tercero, Weimar, se salva huyendo a caballo. Un total de catorce coroneles y seis mil soldaods son capturados; otros tantos hombres quedan tendidos en el campo.
Sin lugar a dudas, Nördlingen fue una derrota total, que significo "el final para Suecia", que quedó descartada como potencia europea.
Ambos bandos derrocharon valor, pero el resultado final se saldó con una derrota sin paliativos de los suecos. Su trayectoria fue tan brillante como fulgurante. Duró los tres años y once días que transcurrieron desde Breuntenfled a Nördlingen.
Para terminar con la batalla, los tercios tuvieron en ella un comportamiento irreprochable. Con razón, se ha atribuido la victoria a la "soberbia disciplina española". El tercio de Idiáquez, fue una roca ante la cual se estrelló lo que muchos estimaban, sin duda equivocadamente como demostraron los hechos, la mejor infantería de Europa.
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"Que gran vasallo si hubiere buen señor..."
"Solo hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana. Y no estoy tan seguro de la primera"
Última edición por Elrohir; 27-Jan-2007 a las 10:57
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28-May-2005, 08:31
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#12
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Doctorado Cum Laude
Fecha de Ingreso: 25-May-2005
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Siempre lo diré: lástima de aplausos.... Me ha encantado.
Un saludo
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28-May-2005, 18:49
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#13
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Doctorado Cum Laude
Fecha de Ingreso: 25-May-2005
Ubicación: ...más allá de las puertas de Tannhauser...
Mensajes: 7.521
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Bueno, puesto que tenemos activado ya el código html en el foro, puedo poner índices más completos. Así, observareis que al final de cada post de Historia militar, hay un enlace para volver al índice del hilo. Es un poco más de trabajo, pero el resultado creo que vale la pena.
Un saludo
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29-May-2005, 00:18
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#14
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Fecha de Ingreso: 25-May-2005
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LA BATALLA DE COVADONGA
Durante la noche del 26 al 27 de abril del año 711 de la era cristiana, una escuadra de pequeños buques con un ejército a bordo y salida del norte del continente africano desembarcó bajo el mando de Tariq ibn Ziyad, gobernador de Tánger y subordinado de un tal Muza, en las costas que hoy podemos conocer como Gibraltar. No era la primera vez que esto sucedía por aquellas tierras ya que un año antes había acontecido un intento similar por parte de Tarif abu Zara quien había hecho lo propio con quinientos de los suyos en las playas que recuerdan su existencia: Tarifa. Nadie imaginó en aquella España de entonces, bajo la égida visigoda, que esas aceifas serían las primeras avanzadas de una brutal y magnífica invasión por parte de un joven y imponente imperio de gran empuje guerrero, movido por una nueva y sugerente creencia religiosa y que había aparecido de las arenas de Arabia: el musulmán. Pero menos aún se consideró que aquella ocupación, lejos de ser pasajera o temporal, representó la presencia de miles de monoteístas islámicos, adoradores de un solo Dios, en las tierras de aquellos politeístas cristianos, adoradores de la trilogía de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, a lo largo de ocho largos siglos de continuo batallar y que marcarían a fuego el perfil de los hombres que conformaron los pueblos de España.
Lo que más sorprendería, especialmente para quienes aman la historia como fuente inagotable de ejemplos para las generaciones venideras y que desconocen este hecho singular del pasado peninsular, es que dicha invasión fue producto de una traición llevada a cabo por hombres que, faltando a su honor, a su patriotismo o carentes de una postura generosa para con sus pueblos, permitieron que con el pretexto de una colaboración en un enfrentamiento dinástico interno se ocupara con asombrosa rapidez toda la geografía de la península ibérica.
Ocho siglos por una traición.
Reinaba a la sazón en la España cristiana un noble visigodo llamado Don Rodrigo, duque de la Bética, destacado hombre de armas que había sido ungido en su mando por el Senatus, organismo conformado por magnates de las familias visigodas más importantes, semejante al existente en Bizancio, y que debía poner en funciones a los nuevos soberanos. Había sido esta una decisión atrevida ya que los hijos del anterior rey Vitiza, muerto el año 710, habían considerado la posibilidad de la sucesión hereditaria del reino apoyados en un grupo de partidarios y fidelis afines, miembros del partido favorecido por Vitiza, contradiciendo así las tradicionales leyes de aceptación de la sucesión. De hecho, uno de sus hijos, Achilla, llegó a tomar el poder del antiguo territorio romano de Terraconense, realizando incluso la acuñación de su propia moneda en Narbona, Gerona y Tarragona.
Sin duda que a Don Rodrigo le asistían los derechos de sucesión por mandato del Senatus, ya sea por ausencia de vitizanos en su conformación o por la decisión soberana de no acceder a dicho remplazo hereditario. Era una realidad también que, Don Rodrigo, al recibir el control del reino se encontrara con la ocupación concreta del Estado por parte de las facciones de los hijos de Vitiza. Era imperioso el desalojo de ellos, aunque fuera por la fuerza, hecho que realizó rápidamente a pedido del propio Senatus y que varias fuentes cristianas y musulmanas lo atestiguan a lo largo de sus crónicas. La guerra civil, como en otras circunstancias de la historia peninsular, hizo enfrentar a las facciones en pugna siendo don Rodrigo quien logró salir triunfante. Los vitizanos habían sido vencidos en batalla pero estaban lejos de considerarse derrotados y buscaron cualquier circunstancia que permitiese su revancha.
Aparece allí la misteriosa figura de un tal Olbán, Urbán, Ulyán, Alyán o como la historia a elevado a rango de conde y reconocido con el nombre de don Julián, como sería recordado para la posteridad hispana. Se desconoce realmente el origen de este hombre a quien la historiografía consideró bizantino, bereber o tal vez godo, que dirigía los destinos de Ceuta en el norte africano y que, efectivamente, tenía lazos de fidelidad con el desaparecido rey Vitiza. Se ignora de donde provenía esta relación aunque probablemente los uniera el interés del anterior monarca para que este controlara, desde el borde africano, el increíble avance realizado por pueblos de origen árabe y que habían ocupado todo el norte del Magreb, no con pocos esfuerzos y reveses. Lo cierto es que, a la muerte de Vitiza, este conde don Julián entrega la ciudad de Ceuta a Tariq, quizás conservando su gobierno a modo de vasallaje, no tanto por voluntad propia, como lo recuerda la historia popular sino probablemente a modo de correo de las derrotadas facciones de antiguo rey fallecido. La situación era muy clara: don Julián contactó a los musulmanes atrayéndolos a participar en la disputa dinástica por el bando vitizano a cambio de dinero o riquezas, tal vez. Son muchas las fuentes que, de distintas y distantes crónicas, reconocen los acontecimientos de aquellos años, tanto musulmanes como cristianos.
Ante esta circunstancia, Tariq consulta con su jefe Muza y éste a su vez al califa. Se tomó así la decisión de enviar aquellas primeras tropas comandada por Tarif y que detallamos al principio. La ausencia de una clara defensa movió a Tariq a iniciar un año mas tarde su propia invasión al frente de siete mil hombres, prácticamente en su totalidad berberiscos y dirigida por árabes, todos de a pié, tomando rápidamente la zona de Algeciras y rechazando el ataque de Bancho o Sancho, sobrino del monarca visigodo, de quien obtuvieron en su derrota la caballería faltante.
No podía suceder esta invasión en peor momento. España no había superado una terrible guerra fratricida y don Rodrigo se encontraba a la sazón reprimiendo un nuevo levantamiento de los vascos paganos, en el norte de la península. Se desconoce como fue la reacción del monarca ante la llegada islamista, como se desarrolló la reunión de su ejército pero se supone que juntó a todos los clanes de las familias visigodas más importantes, incluidas las vitizanas, cuya traición demuestra haber desconocido y que atestiguan varias fuentes árabes y cristianas. Lo cierto fue que avanzó hacia el sur y el 19 de julio del 711 se encontró cerca de Wadilakka o Guadalete con el ejército sarraceno dirigido por Tarik. Durante dos días se tantearon los oponentes sin llegar mas allá de algunas escaramuzas pues ambos sabían que suerte correrían ante la derrota, especialmente Tarik, separado de sus bases por la presencia del Mediterráneo. Sin embargo contaba con la estructura de un ejército que rondaba ya desde los doce mil a diecisiete mil hombres, fanatizados en una creencia ciega en su Dios. Finalmente el combate se trabó con suma violencia, resistiendo bastante bien las huestes rodriguistas los embates enemigos. Es allí cuando se pone en evidencia la traición y jefes vitizanos empiezan a sembrar la discordia entre las filas cristianas, llegando a escucharse declaraciones recogidas por autores árabes: "Ese hijo de puta ha privado del reino a los hijos de nuestro señor Vitiza y a nosotros del poder. Podemos vengarnos pasándonos al enemigo. Estas gentes de enfrente no aspiran sino a hacer gran botín". No cabe duda que estos conjurados estaban absolutamente equivocados en esas apreciaciones. Efectivamente, ambas alas del ejercito cristiano empezaron a desbandarse al momento de ver con asombro como algunos nobles, juntos a sus clientelas de siervos y soldados, se iban pasando a las huestes de Tariq. El centro del ejército de Rodrigo resistió cuanto pudo pero finalmente fue diezmado y el mismo rey muerto en combate. Sin embargo su cuerpo no quedó abandonado en el campo expuesto a la venganza de los adversarios; sus mas fieles seguidores retiraron sus restos y lo depositaron en un lugar donde no fuera encontrado por sarracenos ni complotados. Siglos mas tarde, durante el reinado de Alfonso III, el Magno, aparecería su tumba en Viseo, en un monasterio del actual territorio portugués.
Así, de la mano de una infame traición, finaliza en España la monarquía visigoda y la vida de su último rey, don Rodrigo, muerto en la batalla de Guadalete. Empezaba una era trágica pero increíble en la historia de los pueblos de España.
La ocupación.
Fue sorprendente la velocidad que de allí en mas tuvieron las huestes islámicas para ocupar todo el territorio español, quizás por la sorpresa producida en la población y su monarquía a la llegada de tan violento y rápido adversario. Sin embargo, todo esto fue factible por la presencia de una "quinta columna" muy caracterizada y que sirvió de ayuda muy eficaz a la hora de la ocupación. En primer lugar encontramos a los vitizanos, visigodos complotados que no tuvieron la mínima duda en colaborar en los planes de invasión, grupo en el cual se incluían clérigos de alta jerarquía, como un tal obispo don Oppas, hermano de Vitiza. Y complementando a este grupo encontramos una cantidad significativa de miembros del pueblo judío, que residía en tierras hispanas desde hacía varias generaciones. Su colaboración era lógica ya que varias agresiones, persecuciones y apostasías forzadas habían soportado bajo la monarquía visigoda. Ya había iniciado el rey Recaredo una política de antijudaísmo muy fuerte, incluso otro rey, Sisebuto, en contra de la opinión del propio San Isidoro de Sevilla, había ordenado la conversión forzosa o la expulsión, fenómeno que se repetiría en el siglo XV bajo el reinado de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón.
Se ha sabido de la fácil ocupación de varias plazas fuertes que eran dejadas bajo la custodia de una pequeña guarnición árabe y apoyados por la presencia de una comunidad judaica, sino grande al menos destacada. Ciudades como Granada, Toledo, Mérida, Málaga, Murcia fueron cayendo en forma similar, esta vez de la mano del propio Muza que, habiendo observado la facilidad de la conquista, se sumó a la campaña realizada por su segundo Tariq con una fuerza de alrededor de 18.000 hombres. Básicamente, Muza tomó el mando en la conquista de las plazas de las cuencas del Guadalquivir y del Guadiana y sus hijos lo hicieron sobre poblaciones del sur y del sudeste. Pocas fueron las ciudades que presentaron fuerte oposición, tal como lo hizo la antigua metrópolis romana de Mérida. La ausencia de una inicial resistencia hispana a esta invasión desde Africa se vería alimentada por varios factores: la falta de una autoridad central que agrupara a todos los esfuerzos de los pueblos peninsulares, las fuertes disputas palaciegas dentro de las instituciones visigodas, la participación de esta "quinta columna" de vitizanos y judíos y las medidas de liberalidad ofrecidas por los islamitas para con los ocupados. Se sabe de las condiciones muy favorables que recibió un conde godo llamado Teodomiro, en la zona de Murcia, luego de la conquista de la ciudad en abril del 713. En general se respetaron las vidas, las haciendas e incluso la libertad de culto, salvo los bienes y propiedades de aquellos que, escapando a los musulmanes, buscaron refugio en las tierras norteñas de Galicia, Asturias, Cantabria y Vasconia.
Se sabe también del encuentro de Muza con su subordinado Tariq en Almaraz. Era evidente la envidia que tenía Muza por su inferior jerárquico, ya que sus campañas le había dado gran prestigio dentro de los musulmanes, especialmente a los ojos del califa de Damasco. No era extraño que le insultara, le despreciara e incluso golpeara. Le obligó a entregar el tesoro de la monarquía visigoda, capturado en Toledo, y es muy probable que Tariq no le perdonase la afrenta, esperando su oportunidad para vengarse. Lo cierto es que, una vez en la ex capital visigoda a orillas del Tajo, Muza no accedió a poner en el trono a los hijos de Vitiza, tal como se había pactado oportunamente, sino que proclamó con toda dignidad la soberanía del califa de Damasco sobre los territorios ocupados (a esa altura, prácticamente media península) e incluso se inició la acuñación de monedas.
En esa circunstancia, tanto Muza como Tariq tomaron la decisión de invadir la mitad norte de España, aunque en esta oportunidad la violencia y el terror fueron aplicados conscientemente por los caudillos musulmanes, a fin de quebrar la moral de aquellos pueblos donde se iban refugiando visigodos escapados del sur y los autóctonos con una mayor decisión para resistir. Se siguieron presentando situaciones insólitas en esta segunda parte de la conquista, como en Aragón, un conde del distrito de Borja llamado Casius, se plegó a la fuerza invasora e incluso se convirtió al islamismo. Su participación en la conquista de esta región marcó el inicio de una dinastía llamada los Banu Qasi, y que por un par de siglos fueron la única autoridad musulmana aunque tenían origen hispano. A tal punto fue fuerte su presencia que, a la hora de la expulsión de los musulmanes en el siglo XV, casi ningún devoto de Mahoma en la zona de Aragón era de origen árabe o bereber.
En el camino conquistador de Muza y sus lugartenientes, iniciado desde el valle del Ebro y subiendo por la antigua calzada romana de Cesaraugusta con rumbo a Asturica Augusta (Astorga), los feroces y orgullosos vascones se sometieron ante la fuerza sarracena sin mayor resistencia inicial, situación que expresan las crónicas árabes en forma no muy generosa para con estos pueblos.
No cabe duda alguna que todo el norte de España, al que los musulmanes llamaban genéricamente Galicia, estuvo ocupado al menos unos cinco años, incluso que sus habitantes estuvieron sometidos a una situación que podríamos decir de vasallaje y al pago de impuestos de contribución territorial (jaray) y de capitalización personal (yizia), por supuesto, pagado a desgano. Algunas veces y con algún esfuerzo, los valíes de Córdoba enviaban cada tanto grupos armados que sometían rebeliones menores del lugar. Se sabe que no hubo ningún intento serio de parte de los exiliados visigodos ni los hispano-romanos venidos desde Al-Andalus (hoy Andalucía) para reponer la monarquía visigoda, menos aún teniendo en cuenta la poca influencia dejada por el antiguo Imperio Romano y las instituciones visigodas en aquel abrupto y inaccesible norte español.
Aquel "asno ignorante".
Toda España estaba ocupada efectivamente por las huestes islámicas hacia la segunda década del siglo VIII. Y si no lo era toda, al menos no existía ya un foco de resistencia de serio riesgo para los invasores. En esta coyuntura histórica surge un hombre a quien el destino o la Providencia le asignó la misión de dar nacimiento a una resistencia que condujo a la creación de una nación y, tal vez, uno de los responsables de la distracción de fuertes contingentes y recursos musulmanes destinados a continuar su arrollador avance en tierras del Imperio Franco y el golpe final al corazón de la Europa cristiana.
Entre los miles de refugiados llegados del sur se encontraba un hombre de la nobleza visigoda, perteneciente al grupo de los seguidores de don Rodrigo y que, junto a miembros de su familia entre los cuales estaba su hermana, se había establecido en el valle de Cangas, como otro mas de aquellos nobles escapados del sur. Nos referimos al don Pelayo, hijo del duque don Fáfila -se desconocen cuales eran sus territorios- quien había sido asesinado de un golpe en la cabeza por el propio Vitiza por causa de su esposa, en la ciudad gallega de Tuy. No se sabe de la participación de Pelayo en el nombramiento de Rodrigo ni su presencia en la batalla de Guadalete, la cual no se debe descartar. Quizás acompañó la suerte del grupo de fieles que llevaron los restos de su antiguo rey a Viseo. En lo que no hay duda es que don Pelayo emigró a la norteña región de Asturias, quizás resignado a la situación planteada y de la cual no vislumbraba solución alguna.
Gobernaba el actual territorio conocido como Asturias un bereber, compañero de Tariq, llamado Munuza, desde alguna plaza fortificada del actual reino de León, quizás Asturica Augusta (Astorga). Su misión era mantener el orden en su región, cobrar los impuestos a los que sometían a los pueblos vencidos y tomar rehenes destacados o notables quienes, utilizados a modo de garantía, obligaba a sus familiares a realizar los pagos mencionados.
Sucedió en esas circunstancias un hecho que es recordado por la tradición popular y realmente fantástico, el cual no podemos considerar ni exagerado ni falso, digno de una novela o algún film épico para Hollywood. El mencionado Munuza se enamoró perdidamente de la hermana de nuestro futuro héroe Pelayo, pretendiendo casarse con ella. No era el primer romance que sucedía entre invasores y españolas: el primer valí de Córdoba, ´Abd al- ´Aziz, hijo de Muza, se había ya casado con Egilona, viuda de don Rodrigo y otros casos mas son contados por los cronistas. Lo diferente de aquella situación era que Manuza le tocó en suerte enamorarse de la hermana de aquel "asno ignorante" de Pelayo, como lo recuerdan los cronistas musulmanes con sumo desprecio. Al enamorado musulmán no se le ocurrió nada mejor que, ante el pedido de sus superiores desde Córdoba del envío rehenes como garantes para el pago de impuestos, remitirles al mismo Pelayo entre la partida de prisioneros, tal vez para aprovechar y sacarse de encima a quien interfería en su destino amoroso...
Lo cierto que nuestro protagonista apareció como rehén en tierras del valí cordobés Al-Hurr hasta mediados del año 717 en que logró fugarse con rumbo al norte donde había quedado su familia. Al llegar, para su sorpresa, descubre que el noble musulmán había cumplido en parte su cometido y pretendía casarse con su hermana. Su oposición debió ser grande, como su resistencia a la sumisión y provocó la ira de Munuza, al igual que la inquietud de Al-Hurr, quien no dudó en enviar tropas selectas de su ejército para capturar al rebelde. Pelayo, enterado por un amigo de su orden de apresamiento, logra escapar sigilosamente a sus captores cruzando el río Piloña y perdiéndose en el violento y escarpado territorio montañoso de Asturias, mientras sus perseguidores perdían el camino. Comenzó allí la historia épica de un héroe que, con todos los factores políticos, militares y económicos en contra, enfrentaría con un grupo de montañeses asturianos los embates militares sarracenos. Vieron estos feroces astures en este visigodo extranjero, ajeno a sus tradiciones y costumbres, el símbolo de la resistencia de un pueblo que lucharía largos siglos por su liberación.
Covadonga, el principio de la Reconquista.
Don Pelayo, escapado de sus perseguidores y convertido ya en un fugitivo muy buscado, se encaminó muy probablemente al valle de Cangas. Se celebraba por esos días, o estaba próximo a celebrarse, una asamblea a donde los hombres de la comarca acudían a tomar decisiones y, en el camino, Pelayo inició su campaña de discordia y enfrentamiento contra los valíes cordobeses. Les echó en cara su falta de decisión para defender sus vidas, sus tierras y sus familias y tal vez los incitaría a revelarse contra el invasor e iniciar la ofensiva para recuperar las tierras y las libertades perdidas.
Fue una situación insólita que aquellos hombres rudos, de montañas tan abruptas, donde la vida era tan severa, que habían históricamente enfrentado diversas invasiones precélticas, célticas, romanas, suevas y visigodas -algunas de mejor u otras de peor grado, incorporando con el tiempo pocas o muchas de las características de sus invasores- justamente un extranjero, un hombre perteneciente a las castas militares de un pueblo que oportunamente había invadido sus territorios, se convertía por azar en su líder indiscutido para iniciar una lucha absolutamente desigual contra el invasor africano.
Muchos factores conspiraron para que aquel grupo inicial de rebeldes, que empezaron por no pagar tributos y a atacar a los invasores con suma violencia, creciera en forma considerable. En primer lugar, la desorganización política y económica de los territorios conquistados por los súbditos del califa y, en segundo lugar, la voluntad de continuar con la invasión de las Galias y todo el resto del continente europeo cristiano, desatendiendo imprudentemente ese inicial foco de insurrección. Para resolver estos problemas, el califa ´Umar nombró valí de Al-Andalus a Al-Samah, hombre sumamente ilustrado y decente, de su entera confianza, quien realizó una tarea magnífica en la efectiva cobranza de los tributos y en el reparto de las tierras conquistadas entre los hombres de Muza y Tariq. Su actividad permitió el afianzamiento de la conquista y la organización política y económica, mientras se organizó a la par una fuerza considerable que avanzó sobre territorio franco. Al-Samah conquistó así Narbona e intentó tomar por asalto a Tolosa. Sin embargo, el duque de Aquitania, Eudón, terminó venciéndolo frente a esta ciudad el 9 de julio del 721, muriendo el valiente e inteligente valí en el mismo combate. Sin embargo, la historia demostró que sus dos años de tareas en España fueron determinantes en la consolidación de los reinos musulmanes hacia el futuro.
Un fuerte golpe en la moral de los conquistadores representó la pérdida de Al-Samah. Las tropas invasoras eligieron entonces como jefe a 'Abd-al-Rahman-al-Gafiqui, quién dirigió los destinos de la España sarracena hasta la llegada del nuevo emir ´Anbasa ibn Suhaym-al-Kilbi en agosto del 721. Inmediatamente se puso a trabajar en la reorganización de un nuevo ejército para volver a tomar la iniciativa en la conquista. Para ello necesitaba un enfrentamiento donde, con una victoria segura, levantara la caída moral de las tropas. No cabía duda respecto de donde se debía golpear al enemigo cristiano, dados los informes enviados desde León por Munuza: al grupo de rebeldes dirigidos por aquel renegado de Pelayo.
´Anbasa envió entónces una respetable fuerza hacia el territorio de Asturias al frente de un bereber llamado ´Alqama. Su ataque debió de ser certero pues todos los pueblos fueron cayendo en sus manos, la autoridad de Munuza era restaurada e, incluso, este último terminó instalando su residencia en Gijón. Pelayo y los suyos se retiraron de los valles de Cangas ya que su resistencia en aquellos espacios medianamente llanos era imposible ante tal invasor, decidiendo la retirada hacia las zonas mas montañosas donde, al resguardo de profundos acantilados y filosas gargantas, la suerte les fuera menos esquiva. En su búsqueda salió ´Alqama, quizás muy confiado en sus organizadas tropas, su superioridad y la experiencia de haber visto como, una tras otra cayeron las aldeas en sus manos, casi sin combatir.
Don Pelayo y sus astures terminaron refugiándose en un angosto valle, delimitado por abruptas colinas, cubierta de frondosa vegetación y lo suficientemente estrecho como para impedir rápidas maniobras de cualquier ejército que decidiese arriesgar suerte en el ataque. Al fondo de este pequeño valle, a medida que va convirtiéndose en un embudo, aparecía una colina o monte que la crónica de Alfonso III, el Magno, llamaría Auseva y que conocemos como Covadonga. Al pié, se escondía una cueva que hoy es objeto de culto a la Virgen María y que muy probablemente ya tenía aquella finalidad de culto mariano desde hacía tiempo. No era muy grande esa cueva, quizás algo mas de trescientos hombres podrían ocultarse en ella. Era imposible haber elegido un lugar mas privilegiado para la resistencia pues la facilidad para defenderla era equiparable a su comodidad para el abandono en caso de derrota, rumbo al tremendo macizo de los Picos de Europa, lugar al que musulmanes no hubiesen arriesgado jamás empresa militar alguna.
Hasta allí se adentraron ´Alqama y sus huestes. Los acompañaba un cristiano comprometido al bando invasor, tal vez un vitizano que muchos identifican en nuestro recordado don Oppas, quien intentó convencer al caudillo de lo inútil de la resistencia. Pelayo no lo escuchó e inmediatamente se trabó en combate. Las selectas tropas sarracenas avanzaron al fondo del pequeño valle de Covadonga, siendo atacado desde las laderas laterales por infinidad de furiosos montañeses astures. Se sabe que los musulmanes intentaron utilizar sus flechas y piedras contra los atacantes pero su lanzamiento hacia arriba, contra enemigos que venían en bajada, no era lo que podemos suponer muy eficiente. En lo mas reñido de la batalla, don Pelayo y un grupo de los suyos salieron de la cueva donde se escondían, con tal violencia que hicieron una masacre entre las huestes enemigas que no atinaron a maniobrar. La matanza fue impresionante, a tal punto que ´Alqama cayó en el combate y don Oppas, o el traidor que fuere, cayó prisionero de los astures. Gran parte de aquellos musulmanes intentaron escapar por el mismo camino en que venían, otros tomaron caminos de cornisa que los llevaron a otros recónditos y abruptas gargantas donde, uno a uno fueron eliminados por los rebeldes de Pelayo.
Sorpresa hubo de causar a Munuza en Gijón la noticia de la terrible derrota de sus subordinados y la muerte de ´Alqama. Rápidamente reunió sus hombres e inició la huida hacia el sur, a tierra leonesa, pero él mismo fue atacado por los cristianos rebeldes a lo largo de su huida. Finalmente, el valle de Olalíes, hoy valle de Proaza, fue testigo de una nueva masacre para aquellos aterrados árabes y berberiscos dirigidos por Munuza quien también cayó en combate. Pocos de aquellos prófugos llegaron a la meseta leonesa donde, en presencia de tropas amigas y la protección de un territorio menos abrupto y afín a su estrategia y habilidad, pudieron salvar las vidas.
Las consecuencias.
No representó Covadonga y Olalíes la recuperación definitiva de aquella norteña Asturias para la cristiandad. Muchos ataques mas sufrirían aquellos astures en los próximos años, algunos de inusitada violencia, pero marcó el inicio de la resistencia a los invasores africanos en las próximas décadas. Pelayo, muerto hacia 737, jamás fue instituido como Rey, ni su hijo Fáfila. Sin embargo fue el guía indiscutido de aquellos montañeses a los que se sumaron rápidamente el resto de los visigodos que, inicialmente, no se había aventurado con la suerte de Pelayo. Ni siquiera consiguió este héroe fundar una familia reinante pues Fáfila desapareció rápidamente, presumiblemente en una cacería y atacado por un oso. Junto a aquellas primeras huestes se sumaron rápidamente las del pueblo cántabro, entre las que figuraban un hijo del Conde de Cantabria, un tal Alfonso, que estuvo entre los primeros en acompañar el destino de don Pelayo y quien casara con su nieta, la hija de Fáfila. Fue este quien, por votación de astures y cántabros, fue ungido como rey con el nombre de Alfonso I e inició una línea dinástica que se enfrentaría, con suerte diversa, a las huestes de los emires cordobeses.
Muchas batallas, avances y retrocesos sucederían de allí en mas a las armas cristianas. Batallas perdidas con miles de muertos, con sus cabezas cortadas levantando siniestras y macabras montañas, forjarían el temple y el espíritu de aquellos pueblos. Su carácter se amoldaría en la lucha continua, en el avance y retroceso de territorios que debían ser repoblados y defendidos, a costa de no poca sangre. Definiría una forma de vida y se iniciaría una cultura, una idiosincrasia tan característica de aquellas gentes. Empezarían, con el tiempo, a recibir los aportes de mozárabes, cristianos hispano-romanos escapados de las persecuciones de Al-Andalus, y que trajeron consigo las viejas instituciones y cultura romanas, las tradiciones isidorianas y en parte pinceladas de la cultura musulmana, no tan impregnada aún como las anteriores, a una región que se destacó por su escaso nivel de romanización, como lo había sidio Asturias y Cantabria. Se sumarían inmediatamente a la revuelta pueblos como el gallego y el vascón, lo cual haría cada vez mas complicada la situación de los valíes de Córdoba, los cuales ya sufrían fuertes rebeliones dentro de su propias filas, iniciando un proceso de degradación del mundo musulmán español y culminaría en el siglo XV con sus expulsión definitiva de la península ibérica.
¿Qué representó en aquellas circunstancias la suerte corrida por Pelayo y sus astures por el combate de Covadonga? No hay duda que varias situaciones que determinaron acontecimientos de desenlace muy trascendental:
1. El final del avance pacífico, o al menos con poca resistencia, en la conquista musulmana del territorio español.
2. El comienzo de un poder cristiano centralizado en lo militar y lo político, total y abiertamente opuesto a la intervención musulmana.
3. La conjunción de varios pueblos pre-islámicos de origen céltico, cántabro, hispano-romano, astur y visigodo, entre otros, en una empresa conjunta de resistencia hacia un invasor de costumbres y religión distintas.
4. La inevitable distracción de un fuerte contingente de tropas y material bélico del frente de guerra franco, hecho que colaboró en gran medida en la definitiva batalla de Poitiers donde las tropas del Imperio Carolingio detuvieron definitivamente la invasión de Europa, que pretendía someter a la soberanía de los califatos orientales todo el mundo occidental cristiano.
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LA BATALLA DE EL-ALAMEIN
Antecedentes
El desastroso papel que las fuerzas italianas estaban jugando en la confrontación con los ingleses en el escenario norteafricano forzó la entrada de Rommel y su Afrika Korps en la contienda, en un esfuerzo de Hitler por expulsar a los británicos de su colonia egipcia y así obtener el paso libre hacia el petróleo del Medio Oriente.

Erwin Johannes Eugen ROMMEL
La llegada de Rommel supone una nueva fase en la guerra del desierto, hasta entonces caracterizada por las victorias británicas sobre unas fuerzas italianas mal dirigidas por Graziani y cuyo material bélico resultaba anticuado.
En principio con pocos efectivos, el "zorro del desierto" caracteriza sus acciones por la sorpresa, la intuición y el aprovechamiento de las debilidades del enemigo. Su primera acción será, en abril de 1941, empujar al enemigo -ciertamente desgastado- hasta la frontera egipcia, si bien el comandante británico sir Archibald Wavell se reserva una baza con el mantenimiento de una posición fuertemente defendida en Tobruk, el mejor puerto al este de Benghazi y cuya posesión será vital para recibir aprovisionamientos.
La acción de Wavell demostrará la importancia de los puertos del Mediterráneo como lugares de acceso de refuerzos, combustible y material de guerra, opción que será un factor de importancia básica para el posterior desenlace de la guerra en el desierto.
En principio aparentemente equivocada y demasiado arriesgada, la decisión de Wavell le resta dos divisiones que podrían resultar vitales en el caso de un avance alemán sobre Egipto, donde ciertamente se empieza a desencadenar el pánico. Sin embargo, con el mantenimiento del estratégico puerto de Tobruk priva a los alemanes de una vía de aprovisionamiento al tiempo que establece un punto fortificado en la ruta hacia Egipto, cuyo cerco mantendrá entretenidas a las tropas de Rommel y retrasará su avance. En el llamado "rigodón del desierto", el combustible se ha convertido en el factor que puede decidir la victoria o la derrota.
Ambos contendientes se empeñan alternativamente en avanzar haciendo retroceder al enemigo, quien, más cercano a sus posiciones de origen, puede aprovisionarse y comenzar el contraataque. Como en un viaje de ida y vuelta, un ejército empuja sobre el otro hasta que, exhausto, debe volver sobre sus pasos para no ser derrotado. La razón es que ambos contendientes no podían separarse más de 500 ó 600 kilómetros de sus bases respectivas, pues ello les privaría de recibir los suministros necesarios. Trípoli para las fuerzas del Eje y Alejandría para los aliados son los puntos de partida, distantes entre sí 2.225 kilómetros, por lo que separarse demasiado de ellas puede suponer la aniquilación.

Artillería Británica
Así las cosas, se establece durante algunos meses una guerra de desgaste, de acoso, de avance y vuelta atrás, en la que ambos enemigos se afanan por establecer posiciones adelantadas seguras que puedan permitir un posterior ataque definitivo. La solución más fácil, no obstante, estaba en usar el mar como vía de aprovisionamiento. Y es aquí donde se van a jugar las primeras bazas decisivas de la guerra en el desierto.
Aniquilado el poderío naval italiano, los británicos han establecido en Malta su gran base aeronaval dominadora del Mediterráneo, lo que les daba una inapreciable ventaja en el problema común de los suministros. La única manera de contrarrestar este peso por parte alemana hubiera sido tomar Gibraltar, como sugerían algunos mandos como Raeder, opción desestimada por el Führer. El control británico sobre las rutas marinas les permite no sólo recibir abastecimientos sino interceptar los del enemigo.
En agosto de 1941, el 35 por ciento de los refuerzos esperados por Rommel resultan hundidos en el mar, cifra que se eleva al 75 por ciento en octubre de ese mismo año. (Fuller) La situación se torna desesperada para los alemanes.
En mayo, Rommel fracasó en su intento de conquista de Tobruk. Su debilitamiento y el incremento de los convoyes interceptados fuerzan al Alto Mando alemán a destinar una flota de 25 submarinos al Mediterráneo, lo que permite, ahora sí, enviar refuerzos y suministros. Sin embargo, cuando Rommel piensa ya en realizar el ataque, son los británicos quienes toman la iniciativa.
Auchinleck, sustituto de Wavell, cae sobre Sidi Rezegh y fuerza la retirada alemana hasta El Agheila. Nuevamente el avance inglés ha llegado hasta su punto de máximo alcance, forzado además por el hecho de que Hitler ha ordenado el bombardeo masivo de Malta en diciembre de 1941, lo que dificulta la recepción de suministros por parte inglesa. Al mismo tiempo, la flota británica sufre serios daños, siendo hundidos el Ark Royal y el Barham más dos cruceros, dos submarinos y un destructor. Además, una acción de comandos pone fuera de servicio a los acorazados Queen Elizabeth y Valiant en el puerto de Alejandría, lo que reduce drásticamente la presencia naval británica en el Mediterráneo.

Soldados británicos
La situación, pues, se pone de cara para los alemanes, que en enero de 1942 pueden observar cómo no se ha hundido ningún solo mercante con suministros.
Así las cosas, Rommel puede una vez más emprender su ataque, lo que reactiva el "rigodón". En febrero de 1942, el avance alemán empuja a los británicos hasta la línea El Gazala-Bir Hacheim. Los éxitos obtenidos, más la gravedad de la situación en el frente ruso, hacen que Hitler se replantee de nuevo la posibilidad de conquistar Malta, persuadido por Raeder de la importancia de los suministros para la victoria en África y la toma del canal de Suez.
En abril de 1942, Malta recibe severos ataques por mar y aire, preludio de una operación de conquista llamada "Hércules", proyectada para un mes más tarde. Sin embargo, los planes se retrasaron, poniendo como condición que Rommel tomara Tobruk y completara su control sobre Libia. Una vez hecho esto, se pensaba, la toma de Malta por tropas italianas y alemanas permitiría reforzar el Afrika Korps y la caída de Egipto sería inminente.
Así planeado, Rommel inició su avance el 26 de mayo, anticipándose a los proyectos de ataque británicos, que estaban previstos para el 7 de junio. Los alemanes tomaron Bir Hakeim y avanzaron en dirección norte, conquistando Tobruk tras cuatro semanas de encarnizados combates. En su ataque, logró la captura de más de 30.000 prisioneros, al tiempo que continuaba su avance hacia Egipto. A finales de mayo, empujó a las tropas de Auchinleck hasta Marsa Matruh, y más tarde hasta la línea entre Tel el Eisa y la depresión de Qattara, donde los británicos establecieron posiciones fuertemente defendidas.

Avance blindado alemán
Cumplida su parte del plan, Rommel esperaba que se produjera el proyectado ataque sobre Malta. Sin embargo, Hitler decidió posponer la invasión, continuando con la política de bloqueo y acoso en espera de que las defensas británicas de la isla quedaran más debilitadas. La toma de Malta, no obstante, nunca llegará a producirse, pues Rommel, que ha solicitado refuerzos para abordar la ofensiva que se avecina en El Alamein, recibe las tropas que estaban destinadas a la invasión de la isla. El error estratégico es mayúsculo, pues Malta permanecerá en poder británico y en la guerra por los suministros Auchinleck contará con una nada despreciable ventaja. Por otra parte, la caída de Tobruk, que supone un aldabonazo sobre Churchill, logra una mayor implicación en la ayuda norteamericana. Roosevelt, en contacto directo con el Premier británico, destina 300 Sherman y 100 cañones para la defensa de Egipto, al tiempo que la operación de desembarco en las costas norteafricanas comienza a ser preparada con el nombre de "Torch" (Antorcha).
En El Alamein, el frente queda parado durante varias semanas, pues ambos contendientes se encuentran al borde sus fuerzas. El esfuerzo de las tropas de Rommel ha resultado agotador, quedándole tan solo 50 tanques propios y 54 italianos. En el campo británico, la situación no es mejor. Se teme la caída de Egipto, lo que significaría dejar el paso libre a los alemanes hacia los pozos de petróleo del Medio Oriente, por lo que Auchinleck piensa seriamente en la posibilidad de establecer una última defensa sobre el Nilo.
Caído en desgracia, Churchill decide su sustitución por el general Harold Alexander, poniendo el Octavo Ejército bajo el mando del teniente general Montgomery. La batalla de El Alemein se empieza a perfilar, pues, como decisiva para el curso de la guerra.

Bernard Law MONTGOMERY
LA OFENSIVA ITALO-GERMANA
Vistos los problemas de aprovisionamiento a que debía hacer frente, Rommel pensó que su mejor opción era lograr un desarrollo rápido de la batalla, haciendo de la movilidad su mejor arma.
Por el contrario, la mayor capacidad británica para el envío de abastecimientos hacía que Auchinleck no temiera una guerra de posiciones y desgaste. Así, a partir de finales de julio de 1942, los británicos tomaron como objetivos los puertos de Tobruk, Bardia y Marsa Matruh, lo que provocó que los refuerzos de Rommel debieran recorrer nada menos que 1.000 kilómetros, desde Benghazi, para llegar a la línea de frente en El Alemein.
En consecuencia, sus fuerzas se hallaban profundamente debilitadas, careciendo de un número suficiente de tanques, municiones, transportes, combustible y alimentos. Retroceder tampoco era posible, por cuanto no disponía de camiones para el transporte que permitieran establecer posiciones defensivas. La alternativa era, pues, como había hecho con anterioridad, sorprender al enemigo con un ataque inesperado y antes de que éste pudiera recibir refuerzos. El ataque fue proyectado conjuntamente con el Mando italiano, encargado de aportar los suministros, y con Kesselring, quienes prometieron la entrega de gasolina en cantidad suficiente para finales de agosto o los primeros días de septiembre.

Tanque alemán
Por su parte, los británicos, una vez reemplazado en el Mando Auchinleck por Alexander y Montgomery, decidieron, siguiendo un plan de aquél, mantener las posiciones establecidas entre la costa y la zona montañosa de Ruweisat, al tiempo que sembraban de minas la zona sur hasta la meseta de Hunter y protegían las colinas de Alam Halfa, pues si se producía una ruptura del frente por el norte o por el sur tendrían una posición defensiva privilegiada. Las fuerzas británicas estaban correctamente posicionadas. La zona al norte de las colinas de Ruweisat quedaba a cargo del Cuerpo de Ejército XXX, que contaba con la 9ª División australiana, la 1ª sudafricana, la 5ª india y la 23 Brigada Acorazada. Por el área sur, el XIII Cuerpo de Ejército lo integraban la 2ª División neozelandesa y la 7ª blindada. Dos divisiones acorazadas, las 8ª y la 10, estaban en reserva, así como la 44 y la 51 de infantería y la 1ª acorazada y la 50 de infantería. A petición de Montgomery, la 44 y la 10 se dispusieron para ser usadas como fuerza de ataque móvil, situando a la primera en la posición de Alam Halfa y la segunda en su lado occidental.
Por su parte, Rommel dispuso por el norte a la 164 División de infantería, acompañada por las divisiones Trento y Bologna del XXI Cuerpo de Ejército italiano, la brigada paracaidista Ramcke y la División Brescia, del X Cuerpo italiano, todas establecidas sobre la línea de frente para contener al enemigo. El ataque lo dirigiría el Afrika Korps, integrado por las 15 y 21 División Panzer, la 90 ligera y el XX Cuerpo móvil italiano, que integraba las Divisiones Trieste y Littorio y Ariete, estas blindadas. En reserva quedaban las divisiones italianas Pavía, Folgore y Pistola, establecidas en Marsa Matruh y Bardia.
Rommel planeó realizar una maniobra de distracción sobre el sector norte de las defensas británicas, al tiempo que lanzaba un ataque de contención por el centro y enviaba a la fuerza de choque en dirección sur como ataque principal. En este sector, en la noche del 30 al 31 de agosto las infanterías habrían de abrir un corredor entre los campos minados, en la creencia de que serían fácilmente desbordables, permitiendo que el Afrika Korps se posicionara en las colinas de Alam Halfa y abordara El Alemein desde el sudoeste. Al mismo tiempo, más al norte, la 90 División ligera acompañada de los italianos de la Littorio y la Ariete avanzarían a la par que el Afrika Korps, embolsando al enemigo y permitiendo la toma de las colinas de Alam Halfa, posición estratégica de suma importancia que debía quedar asegurada en la mañana del día 31.
Establecidas las posiciones y los planes de campaña, las fuerzas de ambos contendientes resultaban similares en el escenario sur, donde habría de desarrollarse la acción principal. Rommel disponía de unos 500 tanques medios y ligeros, si bien la mitad italianos, muy poco eficaces. Por su parte, los británicos del XIII Cuerpo de Ejército contaban con unos 300 carros medios y 80 ligeros, además de 230 carros blindados y 100 tanques de la 23 Brigada blindada en la reserva. En cuanto cañones y artillería, ambos disponían de cerca de 300 cañones de campaña y medianos cada uno, además de unos 400 antitanques.
Iniciado el ataque alemán por el sur no tardaron en surgir los problemas. Los campos, más fuertemente minados de los esperado por los alemanes, retrasaron el avance del Afrika Korps y el de la 90 División ligera, mientras que la Ariete y la Littorio ni siquiera pudieron avanzar, lo que restaba la mitad de sus efectivos al ataque alemán. Por ello, Rommel tuvo que redirigirse hacia el nordeste, enviando al Afrika Korps hacia la punta sur de las colinas de Alam Halfa.
Sin embargo, la pesadez del terreno y el hostigamiento de la RAF le obligó a anular el ataque a las cuatro de la tarde. Por su parte Montgomery, viendo el éxito inicial de sus defensas, ordenó a la 10 División blindada que se posicionase al oeste de Alam Halfa, para realizar un contraataque conjunto con la 2ª neozelandesa cuando finalizara la ofensiva alemana. En situación dramática por las pérdidas sufridas y la carencia de combustible, Rommel intenta el 2 de septiembre un ataque desesperado que resulta baldío, por lo que el día siguiente debe replegarse. Esta acción es aprovechada por Montgomery, quien ordena entonces un contraataque a cargo de la 10 División blindada y la 2ª neozelandesa, al tiempo que la 7ª División blindada empuja frontalmente al enemigo.
El fracaso de la ofensiva situó a Rommel en una posición desesperada. Más de 3.000 hombres se habían perdido, así como 50 tanques, 15 cañones, 35 antitanques y 400 camiones, mientras que las bajas de Montgomery eran sensiblemente inferiores: 1.640 hombres, 38 tanques y 18 antitanques.
EL CONTRAATAQUE ALIADO
Perdida la iniciativa, con graves daños materiales y humanos y prácticamente agotados los suministros, Rommel decidió mantener las posiciones en lugar de retirarse, lo que es considerado un error estratégico.
Las razones de esta decisión parecen estar en la falta de combustible y vehículos (Fuller), aunque el Alto Mando alemán era partidario de la resistencia a ultranza. Paralelamente, continuaba el sangrante goteo de pérdidas en los convoyes que deberían haberle hecho llegar refuerzos materiales por el Mediterráneo, mientras que, en el lado contrario, el 3 de septiembre eran desembarcados en Alejandría los 300 Sherman prometidos por Roosevelt a Churchill y otras 100.000 toneladas de material para el Octavo Ejército.
Rommel preveía un ataque británico en cuanto hubiese luna llena, por lo que ideó basar su defensa en el cinturón de minas que le separaba de los británicos -más de 500.000- y en el fuego artillero, obligando a los aliados a luchar en los campos minados. Dispuso a la 164 y a la 90 Divisiones ligeras alemanas alineadas en el sector norte; la 15 Panzer y la Littorio italiana ocuparían el sector central, mientras que la 21 Panzer y la Ariete defenderían un posible ataque por el sur. Sus mermadas fuerzas incluían 300 tanques italianos de escasa operatividad, 180 Panzer III con cañones de 50 mm. y 30 Panzer IV con cañones de 74 mm. Por si fuera poco, el general alemán se encontraba enfermo, por lo que viajó el 22 de septiembre a Alemania -donde le fue entregado el bastón de Mariscal como premio por la toma de Tobruk-, dejando al general Stumme en su puesto.

Aviones de transporte Ju 52 y Cazas Ju 88
Por su parte, los británicos, conscientes de su situación privilegiada, anticipaban ya la posibilidad de expulsar a las fuerzas del Eje del norte de África. Preparado el plan de ataque de la "Operación Torch", desembarco aliado en las costas norteafricanas, la única duda consistía en saber si las tropas de la Francia de Vichy en Marruecos y Argelia opondrían o no resistencia. Por ello, para asegurar una posición dominante, Churchill pensó que previamente a producirse el desembarco era preciso acabar con las tropas del Eje en Egipto y Libia, lo que dejaría el norte de África prácticamente en manos aliadas.
Así pues, el éxito de la ofensiva final británica en El Alemein era un factor clave para el desarrollo de la "Operación Torch", por lo que debía ser cuidadosamente preparada. Era necesario un periodo de adaptación y entrenamiento de las dotaciones de los tanques Sherman prometidos por Roosevelt; también había que esperar a la luna llena, que se produciría en la noche del 23 de octubre.
Otra consideración importante era dilucidar cuál era la mejor dirección para el ataque. Si se hacía por el sur, se tenía la ventaja de chocar con unos campos de minas más débiles, pero, puesto que el objetivo final era exterminar al enemigo, el ataque desde esta dirección empujaría a los italo-alemanes en dirección norte, justo a la carretera de la costa, lo que facilitaría su retirada. En consecuencia, se decidió atacar por el norte, lo que daría a los aliados el control sobre la carretera costera y aislaría a las tropas italo-alemanas establecidas en el sur.

Descargando suministros
Planeada la dirección del ataque, el problema radicaba en cómo sobrepasar los campos de minas, que podían tener entre 5 y 9 kilómetros de anchura. Como solución, se halló que la artillería y los bombarderos podrían proteger el avance de la infantería y los tanques sobre un frente de entre 10 y 12 kilómetros. Dirigido por el teniente general Leese, del XXX Cuerpo de Ejército, el avance por los campos minados se desarrollaría mediante dos grupos que abrirían sendos corredores, uno al norte, al sur de Tel el Aisa, y otro al sur, cercano a las colinas de Miteiriya. Abiertos los pasillos, la 1ª y 10 Divisiones blindadas del X Cuerpo, a cargo del general Lumsden, entrarían por ellos, al tiempo que, por el sur y de manera independiente, el XIII Cuerpo de Ejército, al mando de Horrocks, y la 7ª División blindada atacarían frontalmente, con el fin de sujetar en su posición a la 21 División Panzer y evitar su desplazamiento hacia el norte.
Por último, se consideraba esencial engañar al enemigo, tanto con respecto al volumen de las fuerzas propias como de las carencias e intenciones. Por ello, se camuflaron los movimientos de fuerzas y se construyeron instalaciones y armamento ficticios.
El ataque comenzó con un intenso fuego artillero (1.000 cañones) a las 21,40 del 23 de octubre, tal como estaba planeado. Tan solo veinte después, comenzó el doble avance de la infantería, que resultó más fácil de lo previsto: en las primeras horas del día 24, se habían tomado las posiciones más adelantadas de la defensa alemana. Sin embargo, a medida que la vanguardia de infantería avanzaba, la resistencia alemana se iba haciendo más tenaz. La 51 División, por el centro, fue fuertemente repelida, así como la 1ª División africana, por el sur, cuyo avance resultó frenado. Mejor suerte tuvieron los australianos de la 9ª División y los neozelandeses de la 2ª, quienes llegaron a sus objetivos en el tiempo previsto. Los campos minados, sin embargo, dificultaron enormemente el avance aliado, de manera que se retrasó la apertura del corredor sur, por el que hasta la madrugada del 24 no pudieron entrar la 9ª Brigada blindada y la 10 División blindada. Esta última se posicionó al este de las colinas de Miteiriya, pero quedó allí estancada al recibir un fuerte castigo de la artillería alemana.

Artillería británica en acción
Por el corredor norte, la situación no era más favorable. Los campos minados y la artillería enemiga retrasaron la apertura del pasillo hasta primeras horas de la tarde, requiriendo de un gran esfuerzo artillero y de la acción conjunta de la 51 División y de la 1ª División blindada.
Por el sur, el XIII Cuerpo de Horrocks encontró tantas dificultades en su ataque frontal que Montgomery ordenó su retirada y el mantenimiento de la 7ª División blindada en reserva. A partir de entonces, los hombres de Horrocks se dedicarán a realizar acciones esporádicas de desgaste y fijación del enemigo en sus posiciones. Por su parte, las tropas del Eje, a pesar del aguante de las posiciones de vanguardia, se encontraban poco a poco más debilitadas. El inmenso castigo artillero acabó por romper el sistema de comunicaciones, lo que descoordinó las acciones de las diferentes unidades.
Para agravar más la situación, el general Stumme falleció de un ataque al corazón, lo que hizo que Von Thoma, jefe del Afrika Korps, tomara el mando. El ataque británico sorprendió a Rommel, enfermo, hospitalizado en Semmering. Rápidamente, tras hablar con Keitel, emprendió viaja a África. Haciendo escala en Roma, conoció por el general von Rintelen que sólo quedaban sobre el terreno tres suministros de combustible, lo que provocó que Stumme restringiera las incursiones de la aviación y los grandes movimientos de blindados y camiones. En consecuencia, únicamente se había podido producir un ataque por parte de la 15 División Panzer, que resultó desastroso y redujo a 31 el número de tanques operativos.
Sin embargo, a pesar del paulatino debilitamiento, las fuerzas de Rommel estaban plantando cara a los británicos, por lo que Montgomery apostó por abandonar la táctica de "desmoronamiento" y volcar el ataque por el sector norte. Para ello, ordenó al XXX Cuerpo de Ejército que lanzara a la 9ª División australiana en dirección a la costa, para cercar al enemigo al norte del sistema de Tel el Aisa, lo que resultó un éxito. También, la 1ª División blindada debía desplazarse hacia el este, en dirección a la cadena Kidney, un avance sumamente dificultoso debido a que Rommel había situado justo enfrente a la 90 División ligera, algunas unidades de la 15 Panzer y la Littorio, y un batallón de bersaglieri.
En consecuencia se produjeron violentísimos combates, que dejaron cientos de bajas en ambos bandos. Sólo al anochecer, la 1ª División sudafricana y la 2ª neozelandesa consiguieron ganar apenas un kilómetro en las estribaciones de Miteiriya, mientras que la 1ª División blindada pudo tomar posiciones en las colinas Kidney. Los pobres resultados de la ofensiva británica forzaron a Montgomery, a partir del 26 de octubre, a desplegar una estrategia defensiva, con la finalidad de reorganizar sus efectivos de cara a la realización posterior de un gran ataque por el norte.
Así, realizó el envío de la 2ª División neozelandesa a posiciones de reserva y su sustitución por la 1ª División sudafricana, al tiempo que el lugar de ésta era tomado por la 4ª División india, ahora integrada en el XIII Cuerpo de Ejército. Por otra parte, ordenó al XIII Cuerpo que lanzara a la 7ª División blindada en dirección norte, acompañada de tres brigadas de infantería.
En la noche del 26 de octubre, Rommel realizó también nuevos movimientos de sus efectivos. La 21 División Panzer fue enviada al norte, al tiempo que lanzó un fuerte ataque el 27 contra las posiciones inglesas en la cadena Kidney. La ofensiva, sin embargo, resultó detenida, lo que permitió a Montgomery enviar a posiciones de reserva a la 1ª División blindada y la 24 Brigada blindada.
Simultáneamente, hizo que en la noche del 29 se produjera una ofensiva en el sector costero, a cargo de la 9ª División australiana. Este ataque, no obstante, se encontró con una fuerte oposición alemana, pues Rommel había reforzado este sector con efectivos provenientes del frente sur, a los que sustituyó con parte de la división Ariete. La llegada de refuerzos -armas pesadas y unidades alemanas- hizo que la oposición a la ofensiva de la 9ª División australiana fuera extremadamente poderosa. Los combates se produjeron a lo largo de seis horas, en las que el cielo se iluminaba mediante bengalas arrojadas en paracaídas, lo que otorgaba a los bombarderos ingleses una gran ventaja en sus acciones sobre las tropas alemanas. El desarrollo de los acontecimientos forzó a Rommel a considerar la posibilidad de iniciar la retirada.
A las graves pérdidas que estaban sufriendo sus tropas, se unía el hecho de que el combustible, siempre escaso, comenzaba a agotarse, así como los alimentos y munición.
Conocido por Montgomery el envío de Rommel a la zona de Sidi Abdel Rahman de la 21 División Panzer, lo que podría poner en serias dificultades la ofensiva británica sobre el sector costero, decidió dar un giro radical a los planes de ataque, ordenando un avance en dirección sur, defendido por los italianos. Para ello, en el seno de una operación denominada en clave "Supercharge", encomendó a la 9ª División australiana la realización de un ataque en la noche del 30 de octubre, al tiempo que la 2ª División neozelandesa debería irrumpir en el frente enemigo en el sector norte abriendo un corredor que, posteriormente, permitiría la entrada de las divisiones blindadas 1ª, 7ª y 10, del X Cuerpo de Ejército.
La misma noche del 30 Rommel mandó reconocer la posición de Fuka, entre la costa, a 80 kilómetros al oeste de El Alemein, y la depresión de Qattara, anticipando una más que probable retirada. El problema, no de orden menor, era la carencia de transportes que pudieran permitir un retroceso bien defendido y organizado, sin dejar de combatir ni romper el frente, lo que permitiría una ofensiva en masa de los británicos. El ataque australiano hacia la costa, en la noche del 30, resultó un éxito inicial. Tras tomar posiciones, se dirigieron hacia el este, rodeando a los granaderos Panzer de la 164 División. Sin embargo, la fuerte defensa alemana, con ayuda de la 21 División Panzer y la 9ª ligera, consiguió retrasar la maniobra envolvente, lo que permitió la huída de la mayoría de los rodeados. La evolución de los acontecimientos, no obstante, hizo que Montgomery se viese obligado a retrasar el comienzo de Supercharge hasta la madrugada del 2 de noviembre. Precedido por un intenso fuego artillero y la acción de los bombarderos, dos brigadas de la 2ª División neozelandesa, reforzadas con la 23 Brigada acorazada, avanzaron sobre un frente de cuatro kilómetros, con la finalidad de limpiar un amplio pasillo de minas y permitir el acceso de la 9ª División blindada. Esta, antes de las primeras luces del día, habría de ganar dos kilómetros de terreno en dirección al sur de Sidi Abdel Rahman, lo que permitiría establecer una cabeza de puente hacia el desierto desde la que operaran las Divisiones blindadas 1ª, 7ª y 10. Aunque cumplieron con su objetivo de limpiar el corredor de minas, la incursión por el mismo de la 9ª División blindada se vio frenada por un intenso fuego de los antitanque alemanes, lo que provocó la destrucción de 87 carros británicos. Al mismo tiempo, la 1ª División blindada se encontró de frente con el Afrika Korps, lo que provocó una violentísima lucha de carros en Tel el Aqqaqir. La superioridad de los Grant y Sherman puestos por los norteamericanos a disposición de los británicos no logró, sin embargo, asegurar el éxito de la penetración, pues los blindados de Rommel expusieron una fuerte defensa.
LA RETIRADA ALEMANA
Aunque se había conseguido un cierto éxito frenando el último ataque británico en las cercanías de Tel el Aqqaqir, Rommel era consciente de que existía una profunda desigualdad de fuerzas: muchos de sus carros, tras varios días de intensos combates, habían sido destruidos o se encontraban averiados -el Afrika Korps sólo tenía, a estas alturas, 35 carros-; los suministros de combustible, municiones y víveres apenas alcanzaban una cantidad mínima; la moral de las tropas, por último, se encontraba bajo mínimos, lo que se traducía en movimientos de retroceso y desplazamiento a posiciones de retaguardia.
La posibilidad, estudiada anteriormente por Rommel, de resguardarse en la línea de Fuka, comienza a ser planteada en serio. Confiando en lograr el permiso de Hitler para retroceder, mandó el retroceso de parte de las divisiones italianas. Sin embargo, Hitler, por medio de Kesselring, denegó la posibilidad de que se produjese una retirada que ya se estaba empezando a realizar, lo que obligó a Rommel a paralizar la operación.
Conocido por Montgomery el desplazamiento hacia el este de sus adversarios, éste ordenó a su aviación que comenzase a hostigar a las columnas en retirada, lo que se interpreta como un exceso de precaución, pues no ordenó a sus tropas en tierra que iniciasen el avance sino hasta las primeras horas de la noche del 3 de noviembre. El ataque de la 51 División y una brigada de la 4 División india se produjo a lo largo de un frente de 6,5 kilómetros, enfrentándose a los antitanque germanos. El éxito de la operación produjo una brecha en las defensas enemigas en la mañana del día 4, lo que permitió la entrada de tres divisiones blindadas. La entrada de los carros británicos produjo el descalabro de los blindados italianos del XX Cuerpo de Ejército y de la División Ariete.
Más al norte, el Afrika Korps estaba siendo desbordada, cayendo apresado el mismo Von Thoma. El frente había quedado roto a lo largo de 20 kilómetros, y la ausencia de combustible y refuerzos hacía ya materialmente imposible obedecer la orden de Hitler de resistir a toda costa. Decidido a salvar la mayor cantidad de hombres posible, Rommel emprendió la retirada con los escasos medios a su disposición, cuando en la mañana del 5 de noviembre llegó el permiso del Führer para retroceder. En la noche del 4 al 5 se produjo la retirada alemana, facilitada por las excesivas precauciones de Montgomery -quien decidió reagrupar sus tropas, lo que dio una ventaja de 18 horas a las fuerzas del Eje- y la negativa de la RAF a castigar con vuelos rasantes y fuego de ametralladora a las columnas en retirada, en vez de los menos eficaces bombardeos a gran altura.
Ya estaba claro que la diferencia de fuerzas, tras una larga batalla, permitía a los británicos emprender una operación de aniquilamiento de los restos del Ejército enemigo, pues el Octavo Ejército podía arrollar con sus 600 tanques a los 80 alemanes. La persecución del enemigo en retirada la encomendó Montgomery al X Cuerpo de Ejército, reorganizado ahora al integrar a las divisiones blindadas 1ª y 7ª y a la 2ª neozelandesa. Por su parte, el XXX Cuerpo de Ejército quedaría en reserva entre El Alemein y Marsa Matruh y el XIII se mantendría sobre el campo de batalla para realizar labores de limpieza. A pesar del retraso con el que comenzó la persecución, las fuerzas del Eje a punto estuvieron de ser cercadas en Marsa Matruh, pero la operación finalmente no llegó a completarse debido a la detención de la 1ª División blindada por falta de combustible.

Tanque alemán atascado en el barro
Este hecho permitió a Rommel organizar una retirada escalonada y bien defendida, facilitada por las excesivas precauciones de los británicos. A pesar de ello, cientos de vehículos y hombres a pie marchaban por la única carretera, dejando al lado vehículos averiados o sin combustible. Por si fuera poco, una fuerte lluvia producida el día 6 embarró la arena del desierto, circunstancia que, no obstante, favoreció a los perseguidos, pues paralizó durante un día entero los movimientos británicos. Llegado a Sollum bajo un constante hostigamiento aéreo, Rommel pudo hacerse con combustible suficiente para algo más de un centenar de kilómetros, dependiendo a partir de entonces de los suministros por aire. El 12 de noviembre pasó por Tobruk, mientras que el 19 lo hizo por Benghazi, encaminándose hacia Mersa el Brega. En plena retirada, Rommel tuvo conocimiento el 8 de noviembre de que se estaba produciendo la Operación Torch, el desembarco aliado en las costas norteafricanas.
Aunque arrolladora, probablemente la ocupación aliada del norte de África hubiera sido mucho más fácil de haber aniquilado Montgomery al ejército de Rommel en retirada, lo que hubiera evitado los violentos combates que se producirán más tarde en Túnez y, con ello, miles de muertes. El fatal resultado de la batalla en cuanto a víctimas humanas difiere según las fuentes citadas (Fuller). Rommel afirma que, entre el 23 de octubre y el 19 de diciembre, las bajas del Eje se elevaron a 35.700 hombres, desglosados en 2.300 muertos (1.200 italianos), 3.900 heridos (1.600 italianos) y 27.900 prisioneros (20.000 italianos). Para Alexander, que ofrece cifras entre el 23 de octubre y el 7 de noviembre, en el Eje se produjeron 10.000 muertes, 15.000 heridos y más de 30.000 prisioneros. El mismo Alexander sitúa las bajas inglesas en 13.500, entre muertos, heridos y desaparecidos, y más de 500 tanques.

Cementerio en El Alamein
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"Si los que hablan mal de mí supieran lo que pienso de ellos... hablarian aun peor"
"Que gran vasallo si hubiere buen señor..."
"Solo hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana. Y no estoy tan seguro de la primera"
Última edición por Elrohir; 27-Jan-2007 a las 11:00
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