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Tema: Signos extraños en el cielo...Cosas extrañas en la Tierra.

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  1. #1

    Signos extraños en el cielo...Cosas extrañas en la Tierra.

    En el correr de los tiempos se han producido en el cielo y en la Tierra muchos fenómenos maravillosos. Fenómenos absolutamente inexplicables hasta hoy.

    Esos fenómenos hacen pensar en la intervención de voluntades desconocidas. ¿Seres superiores entre nosotros?

    La antigüedad nos ha dejado testimonio escrito de muchas extrañas apariciones en el cielo: “cometas barbudos y de largos cabellos, antorchas, columnas, lanzas, espejos, batallas de nubes, dragones, lunas y soles dobles y otras cosas” (cito palabras de Ambroise Paré, “De Monstres et prodiges” (1575) (Monstruos y prodigios, edit, Siruela, Madrid, 1987).

    Hablemos un poco de nubes extrañas:

    Dice la Biblia (Éxodo 40, 34 a 38): “Entonces la nube cubrió el tabernáculo de la reunión. Y la gloria de Yavé llenó el habitáculo. Moisés no pudo ya entrar en el tabernáculo de la reunión, porque estaba encima de la nube, y la gloria de Yavé llenaba el habitáculo”. “Todo el tiempo que los hijos de Israel hicieron sus marchas, se ponían en movimiento cuando se alzaba la nube sobre el tabernáculo, y si la nube no se alzaba, no marchaban hasta el día en que se alzaba. Pues la nube de Yavé se posaba durante el día sobre el tabernáculo, y durante la noche la nube se hacía ígnea a la vista de todos los hijos de Israel, todo el tiempo que duraron sus marchas.”

    En Números (9, 15-23) se nos habla otra vez de la misteriosa nube y vuelve a describirse el sistema de avances y detenciones.

    En los textos bíblicos aparecen constantemente menciones a nubes sobrenaturales. Recordemos sólo para no alargar mucho el tema, el párrafo del Nuevo Testamento, Evangelio de san Mateo (17, 5): “aún estaba él hablando (Pedro), cuando los cubrió una nube resplandeciente, y salió de la nube una voz que decía: Este es mi hijo amado...”

    Dejemos los textos sagrados y avancemos en el tiempo.

    Eneas Silvius, autor muerto en el año 460. escribió que en año sexto después del jubileo, aparecieron entre Siena y Florencia “veinte nubes”, que generaban vientos, luchando unas contra otras, retrocediendo y avanzando como si hubiesen estado colocadas en orden de batalla, y durante esta lucha entre las nubes, los vientos realizaban su misión destructora, llegando a romper edificios y rocas y hasta a elevar por los aires a hombres y animales”.

    A veces se ven en el cielo nubes muy raras que por su forma recuerdan a los ovnis. El investigador Francisco Padrón logró unas extraordinarias fotografías. Y son muchos los testigos en el mundo que han observado nubes muy bajas, que parecen rondar las casas, haciendo incomprensibles evoluciones. Hay quien ha llegado a pensar... si tendrán “vida propia”...

    Científicamente se denominan cúmulos, nubes formadas desde los 200 hasta los 1000 metros de altura.

    Hay veces que se trata de una sola nube solitaria en medio de un cielo azul, que permanece sin variar de forma durante horas.

    ¿Son realmente nubes o son objetos volantes camuflados?

    Estos casos son frecuentes en las islas Canarias. Cuenta Francisco Padrón que en Tenerife, en el Valle de Ucanca, se vio una nube de aspecto sólido, en cuyo torno se fue dibujando poco a poco un cinturón luminoso. Y de pronto, la nube desapareció fulminantemente. Dice haber visto igualmente casos impresionantes en Cuzco y en Yucatán.

    Según los relatos de aviadores militares que han sobrevolado este tipo de nubes extrañas, han apreciado una serie de alteraciones en sus instrumentos. Un avión en ruta hacia Bilbao penetró en una de ellas. Al salir de la nube, se había producido una inexplicable y enorme pérdida de tiempo.

    Ha habido nubes misteriosas que se han materializado tomando un aspecto metálico. Y se han visto y fotografiado platillos volantes que han ido formando una nube a su alrededor, desapareciendo finalmente en ella.

    En el invierno de 1941, en un día claro y luminoso, un hombre observaba en los Alpes cómo iban escalando tres montañeros suizos una ladera nevada. Súbitamente apareció en el cielo azul una nube extraña, alargada, muy brillante. Parecía llevar una luz en su interior. Aquella nube se fue acercando, lenta auque continuamente, a los escaladores. Hubo un momento en que los ocultó a la vista de quien les observaba. Minutos después, cuando la nube rebasó el lugar, los tres hombres habían desaparecido.

    Avisadas las autoridades, se exploró la zona y pudo comprobarse que las huellas dejadas por los alpinistas cesaban bruscamente en determinado lugar, como su hubieran echado a volar. No se les encontró jamás.

    Parece lo lógico y natural que de las nubes no pueda caer sino agua, ya sea en forma líquida, ya de nieve o de granizo. Pero lo cierto es que a lo largo de los siglos y en diversas zonas geográficas se han producido lluvias absurdas de judías y guisantes, de piedras, de carne, de sangre... de peces y de ranas, de gusanos, lagartijas y serpientes de cascabel. Y de extrañas sustancias fibrosas que se han llamado “cabello de ángel” o “cabello de la Virgen”, de cilindros metálicos, de grandes piezas metálicas o de materiales extraños...

    En Italia, se dice que en el año 180 llovió leche y trigo en gran cantidad.

    En el año 458, según Julius Obsequens, llovió en Italia también carne, en grandes y pequeños trozos, los cuales quedaron sobre el suelo durante mucho tiempo sin pudrirse y sin cambiar de color ni de olor.

    Dice Lycosthenes que en Sajonia se produjo una vez una lluvia de peces y que, en tiempos del emperador Ludovico, durante tres días y tres noches, llovió sangre.

    En el año 989, bajo el reinado del emperador Otón. Tercero de este nombre, dicen las crónicas que llovió trigo. Ese mismo año cayó nieve roja como sangre cerca de Venecia.

    En 1565, llovió gran cantidad de sangre en el obispado de Dole. Igualmente ocurrió en el mismo año, en el mes de junio, en Inglaterra.

    Relatos contemporáneos hablan de un chaparrón en Bergen, en 1578, de ratones amarillos.

    En 1873 cayeron grandes piedras de granizo... “lentamente” cerca de Clermont-ferrand.

    En Iowa, en junio de 1882, durante una tormenta de nieve, cayeron bloques de hielo que contenían pequeñas ranas.

    En 1890 cayó una lluvia roja sobre Terranova.

    En Birmingham, en junio de 1892 cayeron pequeños sapos, en su mayoría ¡de color blanco!

    Aquel mismo año llovieron miles de mejillones en Paderborn.

    Una lluvia de carne y sangre se produjo sobre Sao Paulo en 1968.

    Y en este mismo año, hubo en la isla indonesia de Lambock una lluvia de ratas, sobre las tierras de arroz. ¡Caían en grupos de siete, dirigidas, al parecer, por una enorme rata blanca!

    Cientos de patos muertos inundaron las calles en Maryland, en julio de 1969.

    En 1980 llovieron cascadas de ranas sobre Atenas. Y en 1988 llovieron igualmente ranas en el pueblo de Frías de Albarracín (Teruel). Después de una fuerte tormenta, las calles de la localidad se vieron invadidas durante dos días por pequeños batracios pardos. Se recuerda en el lugar que bastantes años antes llovieron también ranas, pero entonces cayeron congeladas con el granizo.

    Y estos son solamente algunos casos tomados de una interminable lista de “lluvias” extraordinarias.

    Por supuesto, hasta el presente, no se han formulado teorías científicas convincentes que expliquen estos increíbles fenómenos. ¿Se tratará acaso –pregunto yo- de desechos y resultados de experimentos de los habitantes de otro mundo, tal vez cercano a nosotros, quizá de un mundo existente en el interior de nuestro globo?

    Hay otra clase misteriosa de lluvias: la de esos corpúsculos o copos blancos que se deshacen al caer, observados varias veces en Fátima en el tiempo de las apariciones. ¿Hay alguna relación entre este fenómeno y la “lluvia” producida en diversos lugares y momentos, como en Oloron (Bajos Pirineos) al paso de una formación de ovnis (un “cigarro” y varios discos), en 1952? Era como una estela que caía lentamente del cielo, deshaciéndose después. Pudieron verse durante varias horas unos bultos adheridos a los árboles, a los postes del telégrafo y sobre los tejados. Eran como hilos de lana o nylon, que se hacían rápidamente gelatinosos para, a continuación, fundirse y desaparecer. Un profesor de un colegio intentó analizar la enigmática sustancia, pero no pudo, ya que se sublimó antes de que llegara al laboratorio. Nunca se ha podido explicar aquel fenómeno.

    ¿se tratará acaso de la misma sustancia que la Biblia llama Maná, aquel alimento misterioso caído del cielo con el que el pueblo hebreo pudo alimentarse durante cuarenta años en el desierto?

    Hay muchos fenómenos “religiosos” que están esperando una explicación racional, si es que la hay.

    Por ejemplo, cuando se inauguró el primer templo mormón, en la tarde del 6 de abril de 1836, en Kirtland (Ohio), los habitantes del barrio pudieron ver una tremenda columna de fuego surgiendo por encima del edificio. Pero cuando llegaron corriendo con intención de apagar las llamas... sólo encontraron a los fieles, que dijeron acababan de recibir la visita de unos “ángeles”.

    Desde los tiempos más remotos de que el hombre tiene noticia, se han visto luces inexplicables cruzar los cielos. Hoy tenemos constancia de la existencia de naves aéreas, de origen desconocido, que llamamos ovnis... Se han fotografiado, se han detectado con los radares, se han visto aterrizar y hasta se dice que ha habido contacto con sus ocupantes. Pero siguen siendo un total misterio. Pare que esas extrañas máquinas se desplazan a velocidades increíbles, parándose en seco, haciendo ángulos de 60 a 90 grados. Según los científicos, los frenazos y aceleraciones de que se habla serían causa de muerte instantánea para sus tripulantes. Y sin embargo, parece que ha habido seres humanos que han viajado en tales naves...

    Pero consideremos toda la amplitud de los cielos. ¿Qué explicación tienen tantos fenómenos de que la historia ha guardado testimonio?

    En el año 312, Constantino, pagano, y todo ejército, vieron una cruz luminosa en el cielo.

    En Estocolmo, el 20 de abril de 1535, aparecieron “siete soles” al mismo tiempo sobre la ciudad, lo que fue tomado por un milagro. Hay un cuadro de la época que los representa, pintado por Olaus Petri.

    Según Lycosthenes, en tiempos del emperador Carlos V, durante el sitio de Magdeburgo, aparecieron un día, a las siete de la mañana, tres soles en el cielo. El del centro era muy claro, mientras que los otros dos eran rojos. Se mantuvieron durante todo el día y por la noche se vieron tres lunas.

    Esto mismo parece tuvo lugar en Baviera, en el año 1554:

    “La antigüedad, dice Boaistuau, no conoció en los aires nada más prodigioso que el horrible cometa de color sangre que apareció en Westrie el 9 de octubre de 1528. Este cometa era tan horrible y espantoso que producía en el pueblo tan gran terror que algunos murieron de pánico y otros cayeron enfermos. Este extraño cometa duró una hora y cuarto y comenzó a mostrarse por el lado del sol naciente después hacia el mediodía; parecía ser de descomunal longitud, y efectivamente era de color sangre. En su parte superior se veía la figura de un brazo doblado que sujetaba en la mano una gran espada, como si hubiese querido herir con ella. En el extremo de la espada había tres estrellas; pero la que estaba directamente en la punta era más clara y reluciente que las otras. A ambos lados de los rayos del cometa se veía gran cantidad de hachas, cuchillos, espadas teñidas de sangre, entre las que había gran número de rostros humanos repulsivos, con barbas y cabellos erizados, como los veis en la ilustración..”

    Según Josefo y Eusebio, “después de la pasión de Jesucristo, la lamentable destrucción de la ciudad de Jerusalén fue anunciada por varios signos, y entre otros un espantoso cometa en forma de espada de fuego reluciente, que apareció por espacio de un año encima del templo, como mostrando que la cólera divina quería vengarse del pueblo judío mediante el fuego, la sangre y el hambre. Tal ocurrió y hubo una hambruna tan calamitosa, que las madres se comieron a sus propios hijos; perecieron en la ciudad, a consecuencia del asedio de los romanos, más de un millón doscientos mil judíos y más de noventa mil fueron vendidos como esclavos.”

    En el siglo XVI, el citado humanista alemán Karl Wolffhart, más conocido por el nombre de Conradus Lycosthenes, editó el “Libro de los Prodigios”, escrito por Julio Obsequens, completándolo e incluyendo descripciones de fenómenos sucedidos en la Edad Media y hasta su propia época.

    Se dice allí que “un terrible signo apareció en el cielo, en forma de columna. Fue en la época del emperador romano Teodosio”.

    Refiriéndose al año 1520, dice que en Hereford, Inglaterra, se vio en el cielo “una colosal viga de fuego”. “Descendiendo hasta la tierra, quemó muchas cosas con su calor. Después, subió nuevamente al cielo y se vio cómo cambió su forma para convertirse en un círculo de fuego.”

    Más conocidos son los inexplicables sucesos acontecidos en Nuremberg y en Basilea.

    El día 14 de abril de 1561, al alborear –según dicen las crónicas-, “muchos hombres y mujeres” de la ciudad alemana de Nuremberg pudieron ver en las alturas unas bolas de color rojo sangre, azuladas y negras, y unos discos circulares, en gran número, junto al sol. Se vieron también dos o tres grandes tubos o cilindros que contenían o sostenían en sus costados bolas del mismo tipo. Entre estos objetos, aparecían cruces luminosas. De pronto, todos aquellos extraños elementos empezaron “a luchar unos contra otros”.

    También al amanecer, en Basilea (Suiza), el 7 de agosto de 1566, “se vieron unas voluminosas bolas negras que se dirigían a gran velocidad hacia el sol y que, después de dar media vuelta, chocaron las unas contra las otras como si entablaran combate; un gran número de ellas se volvieron rojas e ígneas y, a continuación, se consumieron y se apagaron”. El espectáculo celeste se prolongó igualmente durante más o menos una hora ante la vista de los asustados ciudadanos.

    Pero volvamos a la aparición de una espada en el cielo, porque me interesa establecer aquí algunas curiosas conexiones.

    En su historia Natural, Plinio nos dice que hay estrellas que nacen súbitamente. “Son estrellas-jabalinas vibrantes como una saeta, son un terrible portento. Las mismas estrellas, cuando son más cortas y se reducen hasta un punto, han sido llamadas “dagas”. Éstas son las más pálidas de todas y tienen un fulgor como el destello de una espada, y no tienen radiación alguna”.

    Bernal Díaz del Castillo, cronista de Hernán Cortés, refiere en su “Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España” que en 1527 los expedicionarios españoles contemplaron en el aire, sobre sus cabezas, una enorme espada larga, que no se mudaba del cielo durante más de veinte minutos. Copio textualmente:

    “Lo que yo vi y todos cuantos quisieron ver, en el año veinte y siete estaba una señal del cielo de noche a manera de espada larga, como entre la provincia de Pánuco y la ciudad de Tezcuco y no se mudaba del cielo, a una parte ni a otra, en más de veinte días”.

    En el texto chino “Las Cosas de Antaño”, de la Historia del distrito Linggui de la provincia de Guangxi, se cita asimismo un acontecimiento sucedido en 1561: “De agosto a octubre del año 46, bajo el reinado del emperador Jiajing, los habitantes de la villa Guiling vieron cada noche en el cielo una estrella que medía más de diez brazas, permanecía siempre suspendida en el aire, envuelta en vapor blanco. Era rectangular, parecida a un sable, y se dirigía lentamente del norte al sur.”

    Continuará 2º parte.
    Info: editorialbitacora.
    Saludos.


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    Última edición por Intruder; 23-10-05 a las 00:08

  2. #2

    2º Parte.

    SIGNOS EXTRAÑOS EN EL CIELO... COSAS EXTRAÑAS EN LA TIERRA
    Armando Galant

    ¿Fue un ovni la estrella que guió a los Reyes Magos hasta Belén? ¿Fue realmente un prodigio divino?

    Según los Evangelios, se trata de una estrella que se desplaza por el cielo y que se detiene:

    “Después de oír al rey, se fueron, y la estrella que habían visto en Oriente les precedía, hasta que, llegada encima del lugar en que estaba el niño, se detuvo.” (Mateo, 2, 9).

    En el libro de Set se habla de la futura aparición de esta estrella. Se dice que los Magos “oraban y alababan a Dios en silencio durante tres días”. Que lo hacían durante cada generación, esperando siempre, por si se daba el caso de que apareciera la esperada estrella de dicha durante su generación. Y que al fin apareció sobre el monte de la Victoria, “en forma de un niño pequeño y presentando la figura de una cruz” que se dirigió a ellos, instruyéndoles y ordenándoles que emprendieran la marcha hacia Judea. “La estrella les precedió durante dos años, y ni el pan ni el agua les faltaron jamás en su viaje.”

    El cronógrafo del siglo III Julio Africano, cuenta el descenso de una estrella en Persia, que guía a los Magos hasta Belén.

    Calcidio refiere que los caldeos vieron esta estrella viajando durante la noche.

    San Ignacio, en el capítulo XIX de su estudio de la Epístola de los Efesios, hace observar la “novedad de esa estrella, que hacía que cuantos la contemplaban se quedaran mudos de estupor.”

    En el siglo IV vivió un teólogo y exegeta llamado Diodoro de Tarso. Se refirió a la estrella de Belén diciendo que “no era una de esas estrellas que pueblan el cielo, sino una cierta virtud o fuerza urano-diurna, que había tomado la forma de un astro.”

    Se dice, por otra parte, en los Apócrifos, tomo II, que el viaje de los Magos duró trece días, sin que durante ellos descansaran ni se alimentaran, ya que no sintieron ninguna necesidad de hacerlo y les pareció que no había transcurrido más de un día. Se dice allí también que, según se aproximaban a Belén, se iba haciendo más intenso el brillo de la estrella, la cual tenía la forma de un águila, y volaba a través del aire agitando sus alas...

    Según la versión siríaca del Evangelio de la Infancia (VII, 1), en la noche del nacimiento de Jesús fue enviado a Persia un ángel que, en forma de brillante estrella, aparece ante las primeras figuras del reino. Y fueron guiados tres reyes por éste ángel hasta Jerusalén, donde preguntaron por el recién nacido. Allí fueron sometidos a interrogatorio por Herodes. A la salida de su palacio, se les apareció de nuevo la estrella, mas esta vez había tomado la forma de una columna de fuego. Al llegar a Belén, los tres Reyes Magos adoraron al niño y en la noche del quinto día de la semana siguiente a la Natividad, volvió a aparecérseles el ángel, en forma de estrella, guiándoles en el viaje de retorno a su país.

    Pero, atención. Cita Viaheslav Zaitssev un texto apócrifo que parece haber sido escrito en latín a mediados del siglo III y traducido después a otras lenguas: “La Narración de los Tres Reyes Magos”, en una versión del siglo XV, donde se dice que “durante todo un día, sin perturbar el aire, pendió la estrella sobre el monte Wans” y alude a ciertos libros según los cuales ¡Jesucristo salió de esa “estrella”!. “Pero esa estrella tenía alas como las águilas y muchos rayos largos que la movían en círculo cuando descendía hacia el monte Wans”.

    Haré observar aquí una circunstancia curiosa. En 1964 se descubrieron unos extraños frescos en el monasterio Servio de Decani, en Kosovska Metohija, Yugoslavia, en los que aparecen figuras de ángeles volando dentro de dos cápsulas, una situada detrás de la otra. El ángel que va en la cápsula delantera no tiene aureola y la posición de sus manos es la de estar manipulando algún mando. Mira hacia atrás como si estuviera atento al piloto que le sigue. Hay otros seres angélicos que parecen contemplar los objetos esféricos en vuelo y se tapan los oídos con las manos. En el centro se ha representado a Jesús crucificado y bajo éste podemos ver el fresco de la Resurrección. Jesús parece hallarse en un cohete a punto de ser disparado. La supuesta nave lleva incluso, en su parte superior, dos alas.

    En la Academia Conciliar de Moscú hay un icono de la Resurrección de Jesucristo en la que la figura de Jesús se encuentra en el interior de algo que parece una nave voladora posada en el suelo. De la parte inferior, sale humo por los dos lados, que oculta los pies de un grupo de ángeles.

    ¿Qué fue el gran prodigio solar de Fátima, contemplado por casi 70.000 personas? Al despedirse de los pastorcillos la “Señora”, ven éstos cómo la aparición señala con el dedo hacia el sol. Lucía levanta entonces la cabeza hacia el cielo e, imitando instintivamente aquel gesto, grita: “¡Mirad el sol!” Entonces, aquella muchedumbre ve aterrada cómo el astro diurno parece ponerse a girar sobre sí mismo, lanzando haces de luz en todas direcciones, que cambian de color. Finalmente, se vio que el sol se hizo de color rojo-sangre y en varios saltos sucesivos en zigzag pareció acercarse a la Tierra, donde el calor iba en aumento. Tras un último balanceo más lento, se remontó hacia el cielo y quedó inmóvil en la altura, brillando con su resplandor habitual.

    Pero no sólo en Fátima se dieron los fenómenos solares. Un día de septiembre de 1702, al mediodía, en Japón, el sol tomó una coloración sanguinolenta y durante varios días estuvieron cayendo del cielo extraños hilos que parecían de algodón.

    Veinte años antes de los sucesos de Fátima, danzó igualmente el sol sobre Tilly-sur-Seulles, un pueblecito de Normandía.

    Catorce días después de haberse aparecido la Virgen en Tyromestica )Checoslovaquia), el 27 de junio de 1947, a unos pastorcillos, muchas personas asistieron también al “milagro del sol”.

    Milagro que se reprodujo el 8 de diciembre de 1949 en Herolsbach (Baviera), presenciado por unas 10.000 personas, y en Acquaviva-Platani (Sicilia) el 15 de abril de 1950, igualmente ante miles de testigos.

    En este mismo año, el Papa Pío XII tuvo visiones similares, cuando paseaba por los jardines del Vaticano, estudiando varios documentos.

    Pero dispongo además de un testimonio de primera mano que añadir a estos casos. Una consuegra mía –que no conocía, por cierto, la descripción del prodigio de Fátima ni de los otros fenómenos similares-, hallándose en Argentina, en una visita al santuario de Nuestra Señora del Rosario de San Nicolás, en septiembre de 1987, fue testigo, junto a otras muchas personas, del mismo “milagro del sol”.

    Se dice que la Virgen se había aparecido allí repetidamente a una señora, quien, en secreto de confesión, lo manifestó a un sacerdote. Parece que éste vio también, finalmente, a la Virgen.

    Cuenta mi comunicante que, una vez en el templo, como eran muchos los fieles que en él se agolpaban, fue sugerido por el sacerdote oficiante salir a un campo lindante con la iglesia, al que se sacaría la imagen de la Virgen allí venerada, a pesar de estar lloviendo.

    Parece que apenas sacar la imagen al exterior, cesó la lluvia y surgió un sol espléndido (lo mismo que sucedió en Fátima momentos antes del prodigio). Poco después, maravillados y aterrados, todos los allí presentes contemplaban cómo el Sol giraba en un asombroso torbellino de luces, despidiendo destellos de colores... Y más aún: observaron de pronto que sobre los cuerpos de los presentes, sobre las paredes... aparecían imágenes luminosas de pequeños soles, al tiempo que mi allegada notaba un intensísimo olor a rosas que le parecía brotar de ella misma. Como me lo contaron, lo cuento.

    Pero si estos fenómenos no son bastante sobrecogedores, ¿qué decir de apariciones de ejércitos en los cielos? Y los antiguos estarían, por supuesto, mucho más atrasados que nosotros pero no tenían porqué ser todos unos estúpidos ni unos visionarios. Algo vieron los que contaron los casos que siguen. ¿Cuál fue la causa de los que sus ojos contemplaron?

    Dice Andreas Faber-Kaiser en “El Muñeco Humano”, donde relaciona muchos de estos fenómenos.

    “¿Es que una gran parte de nuestros historiadores se han vuelto locos, o mienten? Porque si eso aceptamos, hay que convenir en que su locura tiene cohesión, al repetirse los fenómenos que describen en diferentes épocas y en lugares distantes entre sí, en culturas que aparentemente nada tienen en común. Y además, si esa locura o engaño aceptamos, ya nos podemos poner todos a revisar la Historia de arriba abajo, ya que son esos mismos historiadores en los que confiamos para edificar sobre sus testimonios el bagaje de cultura que alimenta nuestros conocimientos”.

    En el segundo libro de Macabeos (5, 1-3) se lee la narración de este fenómeno en el cielo de Jerusalén:

    “Por este tiempo preparó Antíoco su segunda expedición contra Egipto; y por espacio de casi cuarenta días, por toda la ciudad aparecieron en el aire carreras de jinetes vestidos con túnicas doradas, armados de lanzas, a semejanza de cohortes, y escuadrones de caballos en orden de batalla...

    El historiador Flavio Josefo cuenta algo similar sucedido en el mismo lugar durante el siglo I de nuestra era.

    Y Mateo de París refiere algo parecido ocurrido en 1236, en su historia Anglorum:

    “También hacia esta época aparecieron en el cielo, a lo largo de las fronteras de Inglaterra y Gales, portentos de soldados armados soberbia, si bien hostilmente”.

    En textos de Tito Livio y Plutarco puede leerse que en el tiempo en que fueron cónsules Lucius Scipio y Norbanus, se oyó en Capua y Volturno “un gran ruido en el aire” y un espantoso ruido de armas, que duró por espacio de varios días, viéndose además cómo dos ejércitos luchaban entre sí”.

    Según Tito Livio, en el año 214 a. JC fue visto en Adria un altar en el cielo y alrededor de él formas de hombres con blancas vestiduras... Hubo quienes aseguraron haber visto legiones armadas sobre el Janículo, “lo que movió a la ciudad a correr hacia las armas”.

    Refiriéndose al año 213, dice que “en el río, en Terracina, se vieron formas de naves de guerra que no tenían existencia. En el templo de Júpiter Vicilino, en el territorio de Compsa hubo un ruido de como de armas, y el río, el Amiterno, era de sangre”.

    Dice Julio Obsequens que en año 140 a. JC, en Prenesta y Cefalonia “parecieron haber caído imágenes del cielo” y que en 106 a. JC “se escuchó un alboroto en el cielo y parecieron caer jabalinas de él”.

    Plutarco, en su obra “César” dice que, según el filósofo Estrabón, en el año 44 a. JC fueron vistas multitudes de “hombres incandescentes precipitándose de las alturas”.

    Cuenta Plinio que, durante el consulado de Mario, aparecieron “ejércitos” en el cielo, unos procedentes de Oriente y otros de Occidente, que combatieron mucho tiempo entre sí, rechazando los orientales a los occidentales.

    Al parecer, el hecho se repitió en 1535 en Lusalie o Lausitz, cerca de una aldea llamada Juben, hacia las dos de la tarde.

    El 19 de julio de 1550, en Sajonia, cerca de Wittemberg, apareció en el cielo una figura semejante a un ciervo, rodeada de dos grandes y ruidosos “ejércitos” que combatían entre sí, cayendo sobre la tierra una lluvia de sangre. El Sol “se partió en dos pedazos », precipitándose a tierra uno de ellos.

    Hay crónicas que cuentan que el 5 de diciembre de 1577 se vio en el cielo una nube de la que salió mucha gente “todos vestidos de negro, unos a pie y otros a caballo...”

    Según los códices del historiador catalán Jeroni Pujades, el 30 de septiembre de 1604, “en la madrugada ya clara, en la villa de Pons o cerca de ella, hacia las Belianas, todo el obispado de Urgell, se vieron en el aire, pero muy bajos, cerca de la tierra, grandes escuadrones de gentes de armas que batallaban con gran furor y ruido de armas.”

    Andreas Faber Kaiser, en “El Muñeco Humano” recopila como digo, estos y otros casos de extrañas visiones similares, en épocas y lugares muy diversos. Y reproduce también una historia tomada del libro “Historias prodigiosas y maravillosas”, escrito en francés por Pierre Bouisteau, Claude tesserant y François Beileforest y traducido al castellano por Andea Pescione. Se trata “de un prodigio que el año de 1579 se vio en Vizcaya, cerca de la villa de Bilbao”.

    Ya no estamos en los cielos, sino al nivel del suelo.

    “Y este caso es tan infalible verdad –se dice en el texto-, que humanamente ninguna cosa lo puede ser más, y el ilustre y docto varón, el licenciado Diego Álvarez de Solórzano, corregidor que era entonces de Vizcaya, en Bilbao, hizo del caso bastante información, con gran número de testigos, todos gente fidedigna, y de ello envío relación a la Majestad del Rey don Felipe, nuestro señor, de esta manera.”

    Dice el relato que el 16 de septiembre de aquel año, un vecino de la villa, rico e hijodalgo, llamado San Juan de Yssasi, estaba asomado a la ventana de su casa, mirando a unos hombres que estaban vendimiando y observó que parecían alterados, mirando atentamente hacia la otra banda de la hondonada.

    “Y él fue a donde estaban los vendimiadores. Y vio que en lo más hondo de un valle entre dos cerros (...) había una caverna o cueva.

    Y vio que de ella salían muchos cuerpos o bultos, como borregos o medianos carneros, unos con cuernos y otros sin ellos; unos eran de color blanco y otros tenían el color más oscuro, tirando a amarillo (...) y conforme iban saliendo de aquella cueva, se levantaban en el aire a la altura de cuanto con la mano se puede tirar una piedra y, allí se desvanecían y no aparecían más. El iban saliendo otros que, conforme se iban levantando por el aire, chocaban con los que ya descendían.

    “Y duró aquel combate como un cuarto de hora y, mostrando siempre la misma grandeza, al cabo de aquel tiempo todos juntos se bajaron a la boca de la cueva. Y en un instante pareció que allí uno de ellos se había convertido en un buey, así en la forma como en la grandeza. Y era de color hosco, oscuro tostado. Y sin detenerse, se metió por la espesura de un robledal que allí había. E iba con tal ímpetu, que mucho ganado que había por allí de vacas, yeguas y mulas, se espantaron y corrieron en diferentes direcciones. Y el buey nunca más apareció.

    “El cuerpo de aquel buey no parecía ser vano ni fantástico como eran los de los carneros, de los cuales fueron palpados algunos y resultaron “vacíos”, “no sólidos”, como así mismo lo mostraba la ligereza con que subían y descendían por el aire.

    “Pero el buey cuando corrió parecía que iba rompiendo el suelo y en el momento en que él hizo de sí aquella conversión, salieron de aquella cueva otros dos animales semejantes pero de mucha menor estatura. Y también ellos se emboscaron por el monte, aunque por diversos caminos.

    “Después de aquello se vio que de la cueva salió gran cantidad de langostas, las cuales subieron por el aire a la misma altura que habían subido los carneros, y allí se combatieron un poco entre sí, y después todas juntas fueron a caer en una vaguada que está frente a casa de San Juan de Issasi, consumiéndose de tal forma que no se vieron más”.

    ¿Qué pensar de todo esto? ¿Y qué pensar de las apariciones divinas? Aunque acepto la posibilidad de que sean auténticas y me gusta tratar el tema con mucho respeto, pienso también en la posibilidad de que seres de otra humanidad intenten regular nuestros actos valiéndose de proyecciones holográficas. ¿No pueden ser las rosas de oro que aparecen en los pies desnudos de la Virgen algo como unos electrodos que proyecten la imagen en el aire?

    A Mahoma se le aparece en el cielo una figura gigantesca, que va agrandándose hasta cubrir todo el horizonte.

    Las apariciones de Llanthony ocurrieron en una comunidad religiosa anglocatólica, en los terrenos del monasterio de Llanthony Abbey (Capel-y-Fin, Gales), entre el 30 de agosto y el 15 de septiembre de 1880. En la mañana del 30 de agosto de 1880 se apareció a una tal hermana Janet una sagrada forma fantasmal; en el crepúsculo del mismo día, cuatro niños de la comunidad cuyas edades oscilan entre los 9 y los 15 años afirmaron haber sido testigos de una aparición de la Virgen.

    El sábado 4 de septiembre, como respuesta a un Avemaría cantada, una luz que surgía de un arbusto se transformó en “una forma femenina rodeada de luz... con la cabeza y el rostro cubiertos por un velo”. Después, “apareció en la luz la forma de un hombre, desnudo, salvo lo que cubría un taparrabos... Cuando las dos formas se reunieron, desaparecieron”.

    El acontecimiento culminante de la serie de apariciones ocurrió el 15 de septiembre: cuatro personas vivieron una breve pero extraordinaria experiencia:

    “Apenas habíamos comenzado a cantar el Avemaría cuando los cielos y las montañas se abrieron en enormes círculos de luz, círculos que surgían de otros círculos. La luz se derramaba sobre nuestros rostros y sobre los edificios donde estábamos, y en el círculo central se encontraba una Majestuosa forma Celestial vestida con ropas flotantes. La forma era gigantesca, pero pareció reducirse a un tamaño humano a medida que se acercaba. La figura quedó de perfil, mirando al Santo Arbusto (el arbusto donde se apareciera la Virgen). La visión fue muy clara y los detalles también, pero todo sucedió en un abrir y cerrar de ojos.”

    ¿Tiene estos fenómenos alguna vinculación con la aparición que tuvo lugar en la Bahía de La Habana en abril de 1982? Todo el mundo pudo contemplar cómo surgía en el firmamento una imagen blanca de la Virgen, sonriente, con los brazos tendidos hacia abajo, que desapareció rápidamente. Era sencillamente un holograma proyectado desde un submarino estadounidense.

    Posteriormente volvió a aparecer la imagen sobre la bahía de Mariel. Fue tiroteada con armas de fuego.

    Para impresionar a los castristas y activar la conciencia popular, haciendo pensar en un cambio de régimen, los servicios de inteligencia estadounidenses habían situado el submarino en posición apropiada para esta increíble proyección.

    En 1905, en España, apareció una extraña joven, sin ninguna clase de alas, evolucionando sobre algunas poblaciones. Ocurrió durante todo el mes de junio. Parece que fueron más de 240 las personas que contemplaron a la muchacha voladora flotando en el cielo y desplazándose incluso contra el viento. Una testigo dijo haber escuchado “una canción angelical” procedente de la aparición. Dos británicos fueron también testigos del hecho y llegaron a organizar una infructuosa expedición al lugar donde creyeron haber visto descender a la joven voladora...

    Muchos son los misterios entre el cielo y la Tierra que esperan explicación. Sólo he entreabierto aquí algunos dosieres...

    No hace falta mirar el cielo para hallar arcanos con los que nada ha podido hacer la Ciencia hasta hoy. Los ruidos misteriosos escuchados en algunas cavernas y otros lugares del mundo... El misterio de la construcción de las obras megalíticas y de su razón de ser... El enigma de las gigantescas figuras de la llanura de Nazca... El permanente misterio ovni... y dos grandes secretos: el del Triángulo de las Bermudas y el de los círculos en los campos de trigo de Inglaterra...

    Los límites de este trabajo no me permiten ahondar en ninguno de estos temas.

    Sí diré que la evidencia del misterio de las Bermudas es manifiesta. En ese Triángulo, llamado también de la Muerte o Tumba del Atlántico, desaparecen personas, buques –incluidos grandes navíos de guerra. Y aviones. Se trata de algo muy real, pese a todos los detractores que este tema ha tenido.

    Además de haberse avistado muchos ovnis en el cielo, sobre esta misteriosa zona, se les ha visto también entrando y saliendo del océano.

    Ivan T. Sanderson descubrió que en realidad son seis de estos triángulos o áreas los que existen en el mundo, donde se producen desapariciones inexplicables pero comprobadas como ciertas. Tales triángulos se distribuyen en dos grupos de tres y están en la misma latitud. El primer conjunto está constituido por el Triángulo de las Bermudas, el más conocido y nombrado, una zona centrada en torno al Mediterráneo meridional y una tercera situada frente a las costas del Japón (llamada “Mar del Demonio”), las tres zonas entre los 30 y los 40 grados de latitud Norte. El segundo grupo está formado por zonas situadas frente a las costas de Australia, África e Hispanoamérica, entre los 30 y los 40 grados de latitud Sur.

    El capitán Don Henry fue un testigo que sobrevivió a un suceso en el que su barco estuvo a punto de ser tragado por una fuerza invisible. Parece que se observó una sombra negra que oscurecía la porción del cielo, situada sobre el lugar del hecho, como si algún objeto desconocido sobrevolara ese lugar.

    Se ha supuesto la existencia de bases submarinas de ovnis. Yo, voy más allá: pienso en la existencia de pasos submarinos y subacuáticos a un mundo interior.

    Del misterioso caso de los círculos en los campos de trigo de Inglaterra: Han ido apareciendo últimamente unas misteriosas formas geométricas sobre los campos de trigo, que nadie sabe interpretar. Unas veces son círculos concéntricos perfectos sobre el núcleo central; otras, se trata de un extraño dibujo en el que se alternan círculos con trazos rectilíneos. Y siempre, las matas de trigo aparecen aplastadas con increíble precisión para marcar perfectamente esas figuras, alguna hasta de 300 metros de longitud...

    Todos los fenómenos apuntados, en el cielo en el mar o en la tierra han de tener una relación y una sola explicación. Alguien, por supuesto, nos manipula.

    Según la hipótesis de Andreas Faber-Kaiser, “una civilización desconocida decidió fabricarnos en un remoto pasado. Luego, en determinado momento alguien –ya sea esta misma civilización u otra-, operó en nuestros antepasados una mutación que definitivamente determinó nuestras características actuales. Desde entonces hasta hoy, han estado controlando nuestra evolución. Pero no solamente se han dedicado a controlarnos, sino que en determinados momentos históricos decisivos para la marcha de la humanidad, han intervenido directamente para encauzarla en uno u otro sentido.” Dentro de este contexto, actuarían para impresionarnos, analizar nuestras reacciones, imponernos unas normas de vida...






    Según las teorías de Erich von Däniken, hay puntos en el espacio y en el tiempo preparados por nuestros “superiores” para la generación de visiones. Ciertos impulsos “extraterrestres” harían que estas visiones se produzcan en los cerebros. Esto explicaría el misterio concreto de las apariciones religiosas. “La propia visión o aparición –nos dice-, no es extraterrestre: al vidente se le “presenta” la imagen según él desea verla. El vidente árabe “ve” a Mahoma o a Fátima, la hija más joven de éste; el hindú “ve” a Brama, a Visnú o a Siva, el indio americano a su Manitú, y el vidente católico, a Jesús, a la Virgen María, a los ángeles, a los santos. Cada uno de los destinatarios de las apariciones proyecta las imágenes que fueron religiosamente fomentadas en su mundo de imaginaciones.”

    “Creo –dijo por su parte Bernard Lovell, director del observatorio de Jodrell Bank, en 1969-, que debemos aceptar el principio de que existen seres superiores en algún lugar del universo, que tienen una inteligencia, una civilización y un nivel científico prodigioso. Frente a ellos, seríamos simios o cualquier especie aún menos desarrollada... Mi criterio es que dentro de pocos años tendremos una confirmación definitiva...”

    Mi propia opinión es que estamos sometidos a la vigilancia y manipulación de una super-raza, dueña de una civilización que no se halla lejos de nosotros, ya que vive en un mundo interior, bajo nuestras plantas. Y que son esos seres, con sus increíbles técnicas, los autores de las nubes misteriosas, de los prodigios celestes, de las apariciones religiosas, de los vehículos espaciales, de los misterios de las cavernas, de los enigmáticos triángulos marinos, de los círculos de Inglaterra y de todos los arcanos que nos rodean, desafiando a la Ciencia.


    Algo parecido a lo que siempre hemos opinado en el foro, en distintos post que hemos realizado.
    El tiempo dirá que pasa.
    Mientras la Madre Tierra, está enojada, veremos que nos "cae" del cielo.
    Saludos.
    Última edición por Betty; 21-10-05 a las 18:11

  3. #3
    Vivo en el foro Avatar de Belloto
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    Me ha parecido un post excelente,enhorabuena.
    http://www.spanishred.com/image.php?type=sigpic&userid=399&dateline=1351294944

  4. #4
    Muy interesante.

    Muchas gracias.

    Un saludo.

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